miércoles, 31 de diciembre de 2008

Y ME VI MÁS EXTENSO

Estas malditas brujas binarias del ordenador me acaban de borrar mis líneas y me dejan un buen enfado encima. De modo que resumo. He subido con Jesús, “Trucho”, hasta el Cancho de la Muela, para despedir el año bebiendo unos benjamines. Manolo está malito en casa y no nos ha acompañado. He pisado neveros en el ascenso siguiendo las huellas que me marcaba Trucho. En lo alto de la inmensa roca he mirado hacia el horizonte en todas direcciones y he sentido que el mundo se hacía chico, que me cabía en los brazos y que yo lo encogía un poco más para darle un abrazo agradecido. Me cabía todo el mundo, todo. Y me sentí contento por momentos, lo juro, me lo juro. Qué hermoso es no sentir rencor por nada. Yo sé que suenan ruidos por el mundo, que mi imagen no siempre es positiva, pero en esos momentos me refugié en mí mismo, y me vi más extenso.

Aún me queda otro paseo tranquilo cuando suelen las doce y el bullicio se apodere de todos los espacios. Bueno, de casi todos. A mí me dejarán un caminito oscuro cerca de la estación y allí andaré un ratito, por contraste, preguntándole al cielo qué tiene que decirme sobre la Nochevieja. Es paseo bien sabroso; lo sé por otros años.
Y en medio está mi madre. Iré a estar con ella esta tarde en Salamanca. Es ella mi otro mundo, una condensación de tantas cosas que me tiene cogida la medida y no me deja a solas ni un momento.

Así que desde el Cancho, desde la estación de ferrocarril de Béjar o desde Salamanca, me deseo y deseo a todo el que quepa en mi abrazo un feliz año. Pues eso.

martes, 30 de diciembre de 2008

YAHVÉ Y ALÁ JUEGAN AL TIRO AL PLATO


De la zona de Oriente Medio siguen llegando sones de guerra. Quizás desde la época de la leyenda de David y Goliat no han cesado del todo y las hondas siguen ejercitándose en un lenguaje que se conocen hasta los más inexpertos del lugar. Lo malo es que, desde hace algún tiempo, es David el que le ha arrebatado el poder a Goliat y le ha dejado con un palmo de narices y con su honda como consuelo, por si la quiere utilizar contra él mientras este se ríe y le da collejas a diestro y siniestro o, si se enfada -que tiene muy mala leche-, le sacude hostias por todas partes o sencillamente lo despelleja y lo deja tirado en el suelo a merced de los grajos.

Antes lo supervisaba todo Yahvé y distribuía juego desde el medio del campo según sus secretas leyes, aunque decían los papeles que siempre a favor del equipo de Israel, que para eso jugaba siempre en casa. Ahora le ha salido un competidor que le levanta la cara y le hace frente. Es Alá, que también organiza a los suyos y los entrena para ver la forma de que suban de las categorías regionales a una división nacional. De momento estos se entrenan en campos de tierra y con zapatillas rotas, juegan al tiro al blanco con piedras y la mitad de las veces se dan a sí mismos en la cabeza. Pero ahí siguen, impertérritos, tratando de despertar al monstruo con cosquillas y pequeños arañazos. Cuando este despierta y tiene hambre, se pega cada festín que deja a los del otro equipo diezmados y con cara de bobos.

En esto hay que reconocer que Yahvé lleva muchos años de ventaja. Y eso se nota. Las tácticas son más sofisticadas, los árbitros están bien aleccionados y las concentraciones se realizan en los mejores hoteles. En cambio Alá tiene que aprender mucho todavía. Le falta aún un buen libro de instrucciones, unas tácticas ordenadas, alguna equipación siquiera decente para sacarse una foto en color y alguna influencia en los organismos deportivos.

Mientras se despellejan los dos equipos, Yahvé y Alá juegan al tiro al plato en los campos palestinos, se toman una copita, Yahvé le enseña alguna táctica y Alá se queda algo amorcillado con los grados del alcohol.

N.B. La copa se la toman a escondidas para que no se enfaden sus clientes, pues estos tienen prohibido el alcohol y andan a pan y agua. Ah, y se descojonan de risa por el suelo, que los he visto yo.

lunes, 29 de diciembre de 2008

COLÓN, COLÓN, Y SUS HIJOS CRISTOBALITOS

Ayer tuve la oportunidad de oír durante unos breves minutos, a través de una emisora de televisión adicta al asunto, la perorata del cardenal Rouco a los asistentes a la plaza de Colón de Madrid. Una llamada inoportuna me impidió seguir todo el responso, pero lo fundamental lo oyeron mis orejas, y los medios se han encargado de difundirlo a los cuatro vientos.

Todavía hay que gastar el tiempo en obviedades como la de que tienen todo el derecho del mundo a manifestar y lanzar a los cuatro vientos sus opiniones y sus creencias. Por cierto, no es exactamente lo mismo una opinión que una creencia. Así que sea y no volvamos a ello.

Media jerarquía y un buen número de fieles, llegados con todo su esfuerzo desde todos los lugares de España, parecían querer reafirmar públicamente su concepción de la familia. Hasta ahí ¿quién puede oponer ninguna cortapisa? Que vayan y se diviertan, que se junten y se animen mutuamente, que vivan su vida y hasta que traten de animar a los demás a que también la vivan de esa manera. A nuestra manera, un poco lo hacemos todos con nuestras cosas. Hasta aquí yo también me sumo a los cristobalitos. Pero hasta ahí, ni un paso más.

El choque de civilizaciones se produce cuando queremos imponer nuestro modelo como único y para ello cercenamos las posibilidades y los deseos de los demás, siendo así que a nosotros no nos molestan para nada. Y aquí, una vez más, y el número ya es infinito, entran en juego los asuntos religiosos y los monoteísmos como ley de vida. Todos terminan en la exclusión y en el rechazo más absoluto Y en cuanto se les afloja un poco la cuerda -ahí está la Historia para demostrarlo-, en nombre de esos absolutos basados en elementos irracionales, desatan todo el diluvio universal en forma de torturas, muertes e injusticias sociales.

Que toda esta gente quiere solo el matrimonio entre hombre y mujer, coño, pues que lo ejerciten y no vayan tanto de putas de alto copete. Que no son partidarios del divorcio, coño, que no se divorcien (que se han aprendido el camino y no paran). Que el aborto les parece un crimen, coño, que no lo practiquen ni inviertan en acciones para construir clínicas en las que se aborte, aunque sus cuentas de resultados sean un poco menos orondas; que sumen esfuerzos para cambiar una ley aprobada en el parlamento por mayoría.

De nuevo se quiere imponer eso que llaman ley natural, que hacen aflorar y que interpretan a su manera y conveniencia, con sus sátrapas misteriosos y únicos, a la ley positiva, democrática y racional. Y así el entendimiento es difícil, o más bien imposible.

Tampoco quisiera yo simplificar demasiado el asunto porque la discusión ley natural frente a ley positiva viene de lejos y nada hay del todo solucionado, pero nunca desde esa irracionalidad y desde ese fanatismo. La ley natural, si tiene que ser, lo será desde la racionalidad, no desde las gilipolleces.

¿Por qué no se habla de la esencia del matrimonio como acto de convivencia y de amor? Los muy míseros se quedan en las formas y olvidan lo esencial. Tal vez porque
no tengan demasiado que ofrecer a tantos matrimonios “no tradicionales ni bíblicos” sino más bien mucho que aprender de su sensibilidad y de su vida. ¿Qué se han creído estos tipos, que los que no estaban en Colón no quieren a sus hijos ni se esfuerzan en la convivencia día a día? Eso sí que es un insulto farisaico.
Por cierto, ¿repasamos las relaciones familiares de Jesús con su familia según los datos bíblicos? Alucinantes.

Y una última y eterna pregunta que me formulo siempre: ¿Qué cojones saben Rouco y los suyos de familias? ¿Acaso tienen hijos estos padres? En fin.

domingo, 28 de diciembre de 2008

AQUÍ, SIN HACER NADA

Qué día de contrastes este de finales de diciembre. Mis hijos se marcharon y nos dejaron solos y solitarios, silenciosos y mustios. Es verdad que volverán enseguida, pero a estas despedidas no me acostumbro del todo nunca. Mi madre ha estado nerviosa cuando la he ido a visitar por la tarde, y no lo paso bien en esa situación. No entiendo para ella (creo que para nadie) ni un solo gramo de sufrimiento, y la certeza de que este se produce provoca en mí unos desajustes que no puedo explicar y que me sumergen en un pozo de niebla y de preguntas. Menos mal que al menos descubro voluntades que en otros tiempos me han parecido más remisas y que ahora las veo más solícitas y dispuestas a la compañía y a la ayuda. Algo es algo.

Y vuelvo hasta mi casa y me refugio de nuevo en mis adentros. Y me siento rarísimo también en este año de crisis que termina. Predican las doctrinas más al uso que hay que darle aire al dinero. De esa manera circulan los capitales y dicen que se genera más trabajo y más consumo. Yo no entiendo ni torta, y esto lo entiendo menos. ¿Qué hago yo con unos ahorrillos, conseguidos más por inercia, por estilo de vida y por falta de consumo que por deseos y estrategias? Pero si hasta mi amigo banquero José Manuel me riñe por no ponerlos en no sé qué cuentas que me rendirían no sé qué dinero. Y yo como un imbécil en una cuenta al día y sin intereses. ¿Y qué hago que no cambio de coche pues el mío tiene más de dieciséis años? Debería cambiarlo cada ocho para así generar más producción y más empleo. Me surge una duda metódica que seguro que alguien me podría solucionar: ¿Y por qué no lo cambio cada seis meses -o cada seis semanas- y así la actividad de fabricación se tornaría frenética? Incluso cada seis días ya que andamos en tiempos de crisis. Seguro que algo semejante habría que hacer con los alimentos. En vez de comprar dos kilos de fruta, vengan dos arrobas. Lo que no comamos lo tiramos por la ventana. Venga, que los árboles produzcan más y que se elimine el paro en el campo. Y si de edificar se trata, a por tres casas cada cual y se acabó la crisis del ladrillo.

Lo que digo, yo soy un tipo tan raro que no entiendo nada de nada. Así me va, claro. La verdad es que miro al mundo y no noto que le vaya tan bien precisamente. Hay gente que asegura que otro modelo de crecimiento y de vida es posible. Me gustaría estar con ellos. Es más, creo que lo estoy. Claro que entonces, la publicidad, el mundo del negocio por el negocio y la escala de valores que nos mece en la modorra sospecho que las iban a pasar putas. ¿Sospecho?

sábado, 27 de diciembre de 2008

EN UN EMPEÑO VANO

Te sigues preguntando sin descanso por esas fuentes que te proporcionen agua fresca para saciar tu sed. Porque sigues buscando el fin último para todo lo que sucede a tu alrededor y en ti mismo. Seguramente es un empeño vano pero tú desearías tener un momento de lucidez en el que por fin pudieras decir aquí me quedo porque esto es definitivo. Nada nuevo, claro, aunque el hecho de ser uno más en el empeño no te reste ni una miajinina de intensidad ni de angustia.

Porque andas siempre con la mosca detrás de la oreja, tal vez con el deseo más que con otra cosa, de que esto tenga un orden y alguna explicación más convincente. Y, si el autor es alguien -para ejercer de relojero, para ponerlo todo en hora o simplemente para procurar dar las campanadas-, ¿por qué coño no se explica mejor y de manera más sencilla? ¿Qué nos quiere ocultar? ¿Acaso la verdad es tan terrible?
Tu mente, pequeñita, se sorprende pensando en este asunto muchas veces. Siempre con la conclusión del sinsentido y de la angustia última, con el deseo de probar del árbol de la ciencia. O del que sea, coño, pero que te abra luces y desbroce caminos para que puedas hollarlos con sensación alegre y lejos de las dudas permanentes.

Mientras tanto te sumerges en datos muy parciales e intentas capear el temporal como mejor te cuadre, desnortado, sin rumbo, a palo limpio, cayendo y levantándote sin saber si haces bien o estás equivocado. ¿Por qué esta soledad y esta pérdida absoluta de señales? Estás dispuesto a desprenderte de esa cosa rara que se llama libre albedrío y a convertirte en esclavo con tal de que se te enseñe el fin último de todo lo que haces. Sabes que lo que dices es acaso terrible, pero te sientes un muñeco de feria al que le dan todos los golpes en la cara. ¿Quién juega contigo a un juego tan macabro?

Acaso eres tú mismo que no sabes distanciarte ni poner una cerca entre estas ideas extrañas y el discurrir diario, ese que te aproxima a las cosas menudas en las que gastas el tiempo sin saber bien por qué ni para qué. Te acuerdas ahora de Kierkegaard y de Unamuno, de Sartre y de Nietzsche. Y te refugias en Séneca, que hoy te ha regalado la lectura de sus “Cartas morales a Lucilio”. Y así vas tirando, que no es poco.

viernes, 26 de diciembre de 2008

¿Y LOS VILLANCICOS?



Me pregunto por la causa que me explique por qué no escucho ni un solo villancico en los medios en los que me muevo. Da la impresión de que hemos pasado del todo a la nada, del día a la noche o de la noche al día. En los ambientes académicos se solía cantar algo a los postres de cualquier periodo o incluso se organizaba alguna muestra un poco más formal. Algo parecido sucedía en las casas en torno de las comidas. De repente parece que todo ha desaparecido. No me parece nada bien este hecho. Una tradición secular hay que modificarla con el tiempo justo, con la calma necesaria y con el sosiego y la serenidad que ayude a que no duela a nadie. Me parece mentira que seamos algunos de los que más abogamos por eliminar los dogmas y por no detenerse más que en los principios universales los que tengamos que defender también esto.

Hay piezas literarias con el marchamo de villancicos sencillamente admirables. Los principales creadores de nuestra literatura se han detenido a crear piezas de este estilo. Existen villancicos de todo tipo, algunos con un contenido social intensísimo: no todos son ñoños y melifluos. Suelo dedicar al menos una sesión completa con mis alumnos a recordar algunas de estas piezas en un recorrido que vertebra toda la historia de la literatura. Y ya me encuentro raro, precisamente al lado de los más pacatos y encogidos del lugar. Algunos años hasta he escrito alguna composición navideña como felicitación. Ya ni me atrevo a ello porque no encuentro el ambiente adecuado. ¿Por qué sucede todo esto? Por cierto, la historia del villancico como creación literaria es hermosísima y no siempre ha representado lo que representa ahora, o ya deja de representar. ¿La conocerá mucha gente?

En fin, que también en esta arista me encuentro extraño y sin rumbo, alejado de tanta moda que -según mi impresión- tanto se deja llevar para un sitio como para el otro. Así que, por un rato al menos, me refugiaré en Lope, en Montesinos, en Luis Rosales, en Miguel Hernández… y hasta en mí mismo, y me dejaré llevar por otros sones, y evocaré otras imágenes, y actualizaré otros tiempos y otros espacios, y volveré a la vida después de haberme engañado conscientemente.

Por lo demás, comidas y conversaciones, buenos ratos familiares. Otro hecho que, sin pasarse, yo también reivindico frente al chiste fácil o tal vez frente a las experiencias negativas que yo nunca he sufrido. Que lo digan si no mis más próximos sin los cuales mi vida sería otra cosa bien distinta. Y hasta nuestros You y Malik, que ya son de la familia también. Vale.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

HOY, PARA MÍ, DOS PARTES


Acabo de llegar de los Picos de Valdesangil (zona de Piquitos). Ducha, colocación de mis utensilios y a las teclas.

Hoy, para mí, el día tiene dos partes bien diferenciadas. La mañana me ha llevado a la cima, a contemplar la sierra cara al sol, a ver de frente el blancor de la nieve, a divisar las figuras del humo en la ladera del Castañar y en la Centena, a contemplar las inmensas llanuras del Sangusín y a sentir disgregados los pequeños pueblos por ellas, a imaginar las sierras de la Peña y los pueblos que se acuestan en su ladera, y a saludar de lejos la cima del Almanzor allá en Gredos. A mis espaldas quedaban todas las llanuras que se extienden hasta Salamanca y Ciudad Rodrigo. Qué panorama hermoso. Todo lo bañaba un sol de oro y una luz diáfana de las del otoño bejarano, ese otoño infinito en los días de luz. Desde aquel alto, la vista se perdía, pero el corazón se encontraba consigo mismo y con la naturaleza, con su pequeñez y con su consciencia de lo estrecho del tiempo y del espacio. Hasta allí hemos subido para brindar con nuestros benjamines (para nosotros pequeñas botellas de champán). Y lo hemos hecho mirando al infinito, procurando abarcar a todo el mundo sin excepciones. De hecho hemos alzado nuestros vasos de acero en honor de todo lo que cupiera en nuestra imaginación. Y aseguro que el brindis era un poco más gozoso de esta manera, que aquello sabía de otra forma y que el té de sabores que Manolo llevaba esta vez se había dejado tomar por la fuerza del tomillo de los Picos.

La tarde será otra cosa. Iré a ver a mi madre y sentiré su ausencia en esta noche. Y sentiré otras ausencias que se producen por primera vez. Y, como quiero querer y que me quieran, también brindaré por ellas, las abrazaré fuerte y acaso algún suspiro se escapará escondido.

Después, otra vez a la vida, a ver nacer los días y transcurrir las horas, a dejarme llevar por ese río que sigue sin descanso, a las lecturas, a charlar con mis hijos unas horas, a las tareas domésticas…, a ver pasar el tiempo. Que es lo que siempre pasa.

martes, 23 de diciembre de 2008

QUERER Y SER QUERIDO

Me sigo reflejando en mis anhelos, sigo queriendo ser mejor que ahora, abro los ojos, miro, me rebelo, me vuelvo hacia mí mismo y me hundo en mis sueños; luego vuelvo a la calle, me muevo entre las gentes y el asfalto, renuevo mis defectos y otra vez a empezar.

Quiero lanzar una botella al mar de las aceras, a las calles pobladas o desiertas, a las ondas, al viento, al infinito. Por si hay alguien ahí, en el otro lado, en la playa jugando con la arena, mientras las olas, con su rumor monótono, le acercan la botella con el mensaje dentro; por si alguien quiere escuchar la voz que llega con la tarde o al filo de la noche; por si alguien necesita decir las mismas cosas.
Son las fiestas que anuncian nuevo año, un hito más del tiempo, de esa ilusión tan inútil pero tan necesaria. Es la luz y es el ánimo, son las voces y el tiempo del recuento, es estación de viaje que va a ninguna parte, es la noria que sigue dando vueltas.

Necesito decir serenamente que solo me hiere el grito de un deseo: QUERER Y QUE ME QUIERAN. Es el rescoldo último de una hoguera muy grande que dejó quemar e hizo llamas demasiados productos de razón, exigencias basadas en derechos, tratados de armonía basados en reglas preñadas de excepciones, discusiones sin término, empeños desmedidos en llevar la razón, malos entendidos por no escuchar lo justo, egoísmos sin cuento y visiones sesgadas.

Cuando me falló todo, me senté al calorcito del sentido común, de esa poquita cosa que me hizo conducir como un desamparado de las grandes empresas, como una hormiguita que se siente serena con el primer trabajo, como un hagamos esto y después ya veremos. Y aun así sentí el peso de lo que habita el reino de la buena voluntad. Sin ella todo es nada, con ella todo es todo, porque desata nudos, abre caminos francos y serena las tardes de tormenta.

Es ahí, en ese espacio, donde habita la frase que me envío como deseo del año que comienza: QUERER Y SER QUERIDO. Simplemente. La dejo en la botella por si alguien quiere abrirla y compartirla conmigo. Si así fuera, descorcho la botella, lleno mi copa, la alzo al viento y brindo con quien sea. Un abrazo.

lunes, 22 de diciembre de 2008

UNA BRIZNA DE SOL

El día me ha cogido sentado en mi sillón, en soledad mi casa, en soledad conmigo, “estando ya mi casa sosegada” (dejémoslo solo en el nivel de la realidad física). Leía con placer un texto de autor desconocido para mí, “El silencio roto”, de Mariano García Torres. Daba ya casi fin al libro de cuatrocientas páginas. Llevaba un largo rato, no sabría decir cuánto, sumergido en otro mundo, en el de la novela y en el traslado que siempre hago de los textos de ficción a este mundo que habito (los quiero fundamentalmente para esto). De repente, algo se iluminó tenuemente. Una brizna de luz solar se había colado por los cristales. Y lo que hasta entonces había sido gris por todas partes se dividió en contrastes. En lo alto del lomo de la loba, desde la atalaya blanca de la nieve, se desprendía un destello de luz que se lanzaba directo, como una flecha encendida, hasta la hoja del libro.
Enseguida extendió sus dominios y la mancha dorada se fue ampliando por momentos hasta llenar de luz de oro lo que se ofrecía a mis ojos y a mi imaginación. Con el espacio crecía también la intensidad de la luz hasta cifrar el cuadro en un tono de oro. Un plano eran mis ojos, desde otro laberinto gris oscuro, que se iban azarosos hasta la página en luz. Otro era el del espacio que mediaba entre mi vista y las palabras. Y el último el del reino de la luz de las palabras.

Pero los planos se fueron sucediendo e intercambiaron sus funciones. Lo que antes era luz sobre la página se amplió hasta ocupar un espacio de claridad en el ambiente, en esa zona vacía que se cuela entre los ojos y la página. Y enseguida se fue a llenar de luz mis ojos, que ahora se quemaban en la hoguera y desde ella salían en busca de las ideas de la cuartilla. Qué sucesión de ángulos, qué caleidoscopio, qué milagro de luz.

Había tardado el sol en dar muestras de vida, tal vez acobardado por el cambio de ciclo, andaba allá escondido detrás de la montaña y vino sin aviso a jugar con las formas, con las letras, con mi vista y con el espacio a su antojo. Quizá en ese momento lo que era solo libro se transformó en hoguera y se me hizo patente que estaba ya en invierno, que todo eso de la luz y de la noche no era para echarlo en olvido, sino para vivirlo y para gozarlo en cada instante.

Y descansé del libro, alcé la vista al cielo, y vi el sol ya asomado y deslumbrante, y la montaña enfrente, con luces y con sombras, y la ladera sur con luz diáfana, y el día en movimiento, y las calles con gentes sin destino preciso, y la vida bullendo.

En esa vida, con el sol luciendo y jugando a su antojo, también todo lo mío. Estas notas al vuelo, la música de José Lidón que me acompaña, y un día por delante para que me lo coma a dentelladas. No sé si tengo hambre, pues hoy está mi casa sosegada.

domingo, 21 de diciembre de 2008

ESA NIEBLA TAN HONDA

Esa niebla tan honda, tan espesa, difuminó la luz a la hora en que tocaba mi regreso. Llegué con sol espléndido. Me esperaba mi madre. Y pronunció mi nombre en cuanto vio mi cara. Yo me puse tristón y hasta mis ojos acudieron las lágrimas. ¿Cómo no se me iban a saltar las lágrimas? Yo sé que son momentos de lucidez muy cortos, pero son los que son y me toca cuando me toca. Y me dejan tocado, muy tocado. Luego fueron paseos y caricias y besos y contemplarla hermosa, pequeñita, en su silla de reina, y ver morir la tarde, y sentir sus ratitos de enfado y de más nervios a última hora del día, y engañarla un poquito para decirle adiós y que no notara que me alejaba de ella hasta otro día, y volverme y traérmela conmigo, en mí, en mi pensamiento, y dejar que mi mente se diluyera en cábalas, y ahora mismo quererla aquí a mi lado y sentir la certeza de su ausencia. El cielo se hizo niebla, y frío, y noche, y ceguera, y ausencia.

Por lo demás, aquí está el solsticio de invierno. Ya no será lo menos sino lo más. Abrigaremos toda la esperanza de que esto irá hacia arriba, de que sencillamente, como sin hacer ruido, cualquier día sentiremos lo tibio y lo vital apareciendo. Para irle dando tregua, vendrán todos los días de vacaciones, de cenas y comidas, de regalos, de sonrisas fingidas y de risas abiertas, de compromisos varios, de promesas sin tino, de bebidas y guiños a la crisis. Y mañana el día de la lotería. Qué barbaridad. Pero eso será mañana.

sábado, 20 de diciembre de 2008

¿PARA QUÉ VALE LA HISTORIA?

Hacía mucho tiempo (tal vez un año) que no acudía a las reuniones del Centro de Estudios Bejaranos. Esta mañana he gastado unos ratos en una de esas convocatorias. Nuevo número de la Revista, Discursos pendientes, Asuntos económicos… Cada día me siento menos cerca de sus actividades. Creo que hay gente que sigue arrimando esfuerzos y esto es de alabar, sobre todo en una ciudad en la que las energías se van en otros menesteres. Vale, enhorabuena. Pero también me parece evidente que todo allí tiene un sesgo claramente histórico y que todo lo que se aporta en palabra y en papel se hunde en el pasado

A mí todo eso me deja demasiado frío. Todo lo que no tenga una repercusión clara en el presente me parece casi sin sentido. Cada día me reafirmo más en la idea de que hay una desigualdad demasiado evidente entre los esfuerzos que se gastan en la descripción de los elementos de tipo histórico y su aprovechamiento en los tiempos actuales. ¿De qué me sirve una investigación en la que se llegue a describir al detalle cómo era la captación de aguas en el S XVII si no extraigo alguna consecuencia para aplicarla al S XXI? Me invento el ejemplo pero podría poner muchos reales. Pues lo dicho, que me aburro bastante. Lo contradictorio del asunto (así soy yo una vez más) es que luego me las leo todas y termino con un dosier enorme de asuntos que tienen que ver con el pasado de esta ciudad y de esta comarca. Comprendo que, sin el pasado, no se entiende el presente, pero creo que el esfuerzo hay que aplicarlo sobre todo al tiempo real, a este en el que me toca sufrir y gozar. En el fondo acaso sea un aristocrático asquerosín pues veo a los historiadores como obreros estajanovistas, como ratones de biblioteca que después me dan a mí el trabajo elaborado para que yo lo deguste desde mi butaca, en la terraza y mirando al tendido.


Si yo tuviera poder, seguramente eso supondría que tenía que haber pasado por el trayecto de su adquisición, de su goce y del acecho ante su posible desaparición. No poseerlo al menos me evita el sufrimiento de andar siempre guardándolo, la sospecha de que los demás me acechan y la probabilidad, casi la seguridad, de que mi situación irá a peor. No está tan mal. Casi lo vamos a dejar así. Entre otras razones porque, aunque deseara otra cosa, no sé de qué manera podría lograrla. Me parece que estas palabras son de Tierno Galván: “El poder es como un explosivo: o se maneja con cuidado o estalla”. Pues eso.

FIN DE TRIMESTRE

La jornada se me fue de enseñanza y de educación. Fin de trimestre y vacaciones a la vista. Creo que son como unas tres semanas sin pensar en los horarios y apartados de las imágenes cotidianas. Qué suerte y qué privilegio. A ver si dedico más atención a alguna actividad que tengo abierta y cierro algún proyecto inacabado.

Comí con algunos de mis colegas. No entiendo el celo de tantos por reunirse en Salamanca para pasar un rato en una cena, y el desprecio por hacerlo en Béjar, lugar en el que todos trabajan, pequeña ciudad en la que viven sus alumnos y, al fin y al cabo, sitio en el que se ganan los garbanzos. No quiero describir la opinión que todo esto me merece, pero no es demasiado buena precisamente. Estoy, además, seguro de que estos hechos repercuten en la labor de cada día y en la calidad del trabajo que se desarrolla. Pero allá cada cual. Lo único que describo es que no me acostumbro a que siempre suceda lo mismo. Vinieron Paco y Ana, antiguos compañeros, pero imprescindibles siempre. También lo hicieron Antonio y Aniceto, que siguen conservando raíces en el Centro.

Y nos extendimos al calorcillo de una sabrosa comida con soneto de carta con menú, de unos buenos chupitos y de un té especial con sabor a canela que me sirvió Mariano. Y luego el karaoke con los más allegados y los más resistentes. Y las primeras luces de la noche. Y la vuelta hacia casa. Y el sentimiento del final de un trayecto. Y…

Hace tan solo un rato he tenido una charla con un padre y nuestra conversación giraba en torno de la educación también. No le han ido bien los resultados a su hijo. Y medíamos aristas de diversos colores, y sumábamos variables a la educación, y nos hacíamos un poco culpables todos, y concluíamos en lo confuso que se presenta ese mundillo.

¿Alguien puede imaginarse lo que tiene que suponer para un adolescente estar sometido a diario a ocho o diez voluntades diferentes según los profesores? ¿Nos ponemos a rodar la película del profesor que hace de su persona el protagonista de su trabajo? ¿Y de su asignatura el epicentro del mundo? Qué confusión tan enorme la del alumno. Si además él no arrima de su parte un poco de constancia y de trabajo, todo se nos vuelve cuesta abajo.

Qué mundo tan complejo y tan apasionante. Veremos en enero.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

EL ZAPATAZO

Un guiño al exterior y enseguida para adentro. Qué metáfora más hermosa la del periodista irakí jugándose el tipo a zapatazo limpio contra Bush. Y el otro alelado esquivando y sin saber de dónde le llovía el olor. Había que haberle mirado la entrepierna.

No me gusta ningún signo de violencia, aunque esto, como mucho, solo se le parecía, pero muy poco tenía de tal. Sin embargo, se vino a cumplir la famosa verdad de que en ese país se escondían armas de destrucción masiva. ¡Allí estaba el arma! Dispuesta a hacer caer del pedestal al amo del imperio, al imbécil, analfabeto, borrachín y visionario. Vaya que si había armas de destrucción masiva. ¡Los zapatos! ¡Eran los zapatos! Anda y que no llevaba metralla el zapato… Pero ahora las armas apuntaban en dirección contraria. El pobre descalzo derribando al zapatones, el pobre mofándose del rico, el ingenioso demostrando al mostrenco que la fuerza se esconde a veces en lugares humildes.

Sospecho que la mano que guiaba el proyectil era muy numerosa, que el zapato era empujado por muchas personas, que llevaba mucho mal olor en su interior y que el que hacía de diana se va a llevar el zapato para los restos. A mí todavía me duele un poco el músculo. Debe de ser por la falta de costumbre en eso de lanzar objetos.

Seguro que en mi vida individual también lanzo zapatos y me los lanzan. Tengo que aprender de esta metáfora. Es tan reveladora…

martes, 16 de diciembre de 2008

SIQUIERA POR UN RATO

Qué hermosa está la sierra de mi pueblo cuando ha pasado la tormenta y el cielo se queda sereno y despejado. Hasta en el mar oscuro de la noche brilla con fuerza en su blancura intensa. Ese lomo apretado de la loba se ha cargado de nieve y ahora se aprieta helada contra el suelo, con este frío intenso, sereno y luminoso que domina los días. Hacía mucho tiempo que no nevaba tanto en estos pagos, todavía en el otoño, con esa perspectiva larga y honda de todo el invierno por delante. Me gusta contemplar con lentitud esta postal que se ofrece a mis ojos desde esta mi terraza. Allí arriba, los cielos; aquí abajo, las luces dispuestas en un belén hermoso y soñoliento. No imagino a las gentes por las calles, sino al amparo tibio de las calefacciones, los ojos en los ojos, tal vez dando sentido a cualquier desahogo. Que lo disfruten todos.

El cielo está sereno y yo también lo estoy. Una paz más intensa me ha cogido esta tarde. Ya era hora. Siquiera por un rato. Mis horas de lectura. Mi encuentro ocasional y agradecido con Moustaki: Le meteque; Ma solitude (avec ma solitude); Il y avait un jardin; Et pourtant dans le monde… Hacía mucho tiempo que no escuchaba su música. Y con ella me he ido de viaje figurado a la Salamanca de hace tantos años, a sus calles, a sus aulas, a mis ilusiones, a mis desilusiones. Y en ella me he actualizado por un rato con mi madre otra vez. Y he vuelto hasta mi estudio. Y he pensado en mí mismo, como siempre. Y me he visto en un ser privilegiado. Y he vuelto con presura hasta Ávila donde hoy hace tres años (¡Dios mío, ya tres años!) culminó una página importante que ya ofrenda sus frutos. Y eso me reconforta. Y repaso con gusto el par de poemas que dejé ayer escritos. Y dejo aquí constancia de que me siento bien.

El tiempo y el espacio, esos dos guardianes de todo lo visible y lo invisible. ¿Es que uno está en la vida, o está la vida en uno?

lunes, 15 de diciembre de 2008

CUANDO YA SÍ ES VERDAD



¿De qué me sirve a mí proclamar a los cuatro vientos que la igualdad de oportunidades es esencial para la convivencia humana? En primer lugar tendría que estar convencido de que estoy ante una verdad, que se ha conformado en mí con un tejido teórico tal que, al menos la sienta como tal con más fuerza que la que me pueda arrastrar a pensar que no es verdad.

Pero, aun así, ¿es ya suficiente para considerarla verdad, una verdad activa que me obligue a conducirme en mi vida de una u otra forma? Es este un segundo escalón que no siempre se produce, por falta de compromiso o por puro egoísmo. Solo cuando accedo a él podré estar seguro de que esa verdad la poseo y la he incorporado a mi escala de valores. Para ello seguramente la tengo que haber practicado muchas veces hasta hacerla rutina y perderla en la inconsciencia y en el automatismo. Es entonces cuando ya no necesito plantearme su bondad o su maldad. Su puesta en práctica no admite vacilaciones ni recuentos teóricos, sencillamente empuja a obrar y ya está. Es como cuando se consolida una regla de escritura o de ortografía: “hablar” se escribe con hache porque sí, porque lo he leído y lo he escrito así mil veces y porque acaso en alguna ocasión hasta aprendí su etimología. Ahora no necesito acudir a ningún artilugio retórico. Mis manos se deslizan en busca de la hache y ya está. Los porqués empiezan a ser inútiles porque fueron útiles en otras ocasiones, cuando todo eran balbuceos y primeros pasos. De manera que no se anulan las búsquedas, pero sí se atemperan y se dejan dormir para dar paso a la actividad.

Acaso tú dediques demasiado tiempo a las preguntas y bastante menos a los verbos y a la actividad. Te lo debías plantear. Este mismo planteamiento para salvar otro minuto de la quema, sin embargo, te está embarcando en otro porqué y en otro ratito de teoría. Vaya por Dios.

domingo, 14 de diciembre de 2008

MIS DERROTAS

Me siento derrotado con demasiada frecuencia. Mis derrotas tienen muchas caras, bien lo sabes, pero casi todas apuntan a la imposibilidad de exponer lo que siento con la misma claridad con la que me duele en mis entretelas. Los ejemplos se me acumulan pero, incluso para enumerarlos, me frustro.

Ayer volví a estar con mi madre unas horas en su estancia salmantina. No puedo trasladar a estas líneas más que algunos apuntes de lo que vi y sentí. De hecho, ayer no tuve ánimos para dejar ni una simple frase en esta ventana y hoy apartaré el asunto y lo dejaré solo en este enunciado. Lo acotaré otra vez en un grito resumen: Te quiero mucho, madre. Mucho, mucho, mucho. ¿Qué me frustra, el pudor, el carácter, una educación mal entendida? No lo sé.

Me sucede lo mismo con demasiados asuntos. No escribo todo lo que se me ocurre de mi profesión porque no quiero herir a nadie. Y, sin embargo, de vez en cuando me cargo con enemigos que me recriminan mis opiniones y me piden más contención. Al menos en un par de ocasiones en mi vida se han enemistado conmigo por defender no opiniones personales sino de instituciones en las que participaba. En otra ocasión penosísima, alguien me retiró su amistad por un malentendido que se podría haber ahorrado sencillamente con el silencio por mi parte y con un poco de buena voluntad por la suya.

En fin, de nuevo la duda y la vacilación, la medida entre el valor individual y la percepción de que en mi esencia y en mi actuación están también los demás, el derecho a manifestarme sin ataduras y la contención al comprobar que otras situaciones próximas a mí son dignas de atención y de mejora también. Y el seguir a tientas por estos días procurando mantener algo de dignidad y un poco de respeto. Vale.

viernes, 12 de diciembre de 2008

UN MINUTO DE VÍSPERAS

Las religiones monoteístas se sustentan en la afirmación de un dios único, eterno y supremo en todo. De este modo, el resto es un denodado intento de alinear cualquier pensamiento o actividad en la pirámide que conduce a ese dios y que desciende de él hacia el resto de los seres. Al ser humano, como al resto, le queda el consuelo de que, si encuentra el encaje, se abandona en una especie de paraíso de la perfección. En todo caso, siempre le quedará la voluntad del hacedor para compadecerse de él y para concederle la gracia y el lugar adecuado en la pirámide.

En ese camino descendente, ¿en qué medida se ve degradado y anulado el ser humano como autónomo y hacedor de su propia vida? La conciencia humana duerme y olvida, actúa y deja de pensar, se anula y se abandona. De aquí a lo del opio del pueblo apenas hay un pequeño paso. ¿Es inhumana la religión? ¿Resulta contradictoria con el progreso? ¿Conviene a la estructura del poder para que no se “disgreguen” sus elementos y se vuelvan díscolos y protestones? ¿Qué dice la Historia al respecto? Las luchas y las desgracias más terribles se han producido siempre entre los partidarios de las religiones monoteístas. ¿Por qué?

Qué diferente es el concepto de lo religioso de la concreción de las religiones. Y de las liturgias ya es mejor ni hablar, a pesar de su vistosidad. Y de los preceptos y de las jerarquías, buff. Y de Rouco y sus secuaces, bahhhh.

Y, a pesar de todo, las noches nos siguen asustando. Y el paso del tiempo también. Y el dolor nos sigue preocupando. Y la degradación también. Y los deseos de perduración, otro tanto. Y el olvido nos espanta. Y el grito de auxilio nos sale muy intenso. Y seguimos sumergidos en la duda. Y no damos por buena la realidad mostrenca y evidente. Porque hay mucha chapuza y no nos resignamos a dar por bueno todo. Y menos desde la explicación impuesta por los sátrapas. Y por eso volvemos tantas veces a darle vueltas a este casi infinito sinsentido.

jueves, 11 de diciembre de 2008

CUIDADO CON LA MECHA

Abro los ojos y me lleno de imágenes que me llegan de Grecia y de Madrid, pero que, en otra perspectiva, también me vienen de cualquier otro sitio. Con gente nerviosa y agridulce, dispuesta a cualquier cosa a poco que la inciten. Andan los tiempos revueltos y con un ciclón encima que no parece que se mueva si no es para dejar nubes más negras. Y las comunidades se miran asustadas, sin saber de qué modo hacerle frente a tanta agua y a tanta ventisca. No sirven ahora ni las buenas ni las malas voluntades, ni los personalismos ni las versiones más sociales del asunto. El personal no sabe por dónde tirar en esta encrucijada. Sencillamente eso. Y se encoge y se aquieta y se anula y se asusta. Y parece que no responde ninguno de esos mecanismos que empujaban al mercado. Los que nos movíamos más poco a poco, con coches ancianitos, con gastos escasos y con pestes frecuentes al sistema (no sé si no seríamos etimológicamente los antisistema), tampoco sabemos cómo comportarnos. Desde luego, tampoco es para sacar pecho: no tiene ningún sentido. Pero sí tal vez nos podríamos permitir volver a recordar que el sistema habrá que rehacerlo y revivirlo, que hace demasiadas aguas por todas partes y que cíclicamente volverá a repetir estas desmesuras. Y siempre a costa de los más débiles. Esta vez los más débiles tal vez sean demasiados y veremos en qué medida nos podemos desentender de ellos. No será fácil. Ni conveniente, coño.

Ya no valen paños calientes ni soluciones regionales ni localistas; en el envite anda embarcado todo el mundo. Releía esta tarde páginas de “En torno al casticismo” de Unamuno. Desde su espíritu, siempre abierto, agonista y contradictorio, clama por el progreso, por la apertura: “Tenemos que abrir de par en par las ventanas al campo europeo para que se oree la patria. Tenemos que europeizarnos y chapuzarnos en pueblo.” Para ser sinceros, don Miguel aplicaba esta idea a otras realidades (nacionalismos, inquisición, costumbres, ciencia, arte…), pero no vienen mal en este contexto, a pesar del siglo transcurrido.

La demagogia acecha desde la estrecha boca de los patrioteros. La mecha está preparada y conviene no acercarle ninguna cerilla, si no es la del razonamiento y la de la amplitud de miras. No es fácil encontrar dirigentes dispuestos a ello. Peor para todos.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

PLATO ÚNICO

Conozco escritores cuyo empeño exclusivo es servir casi en cualquier comida el mismo plato. Siempre se eligen carnes, su sabor es femenino y el muslo es la parte que regala sus presentes. El ser es acaso solo cuerpo y, en cualquier caso, es lo primero que posee. Pero uno tiene la impresión de que con las partículas que forman ese cuerpo se pueden articular otras posibilidades que no pasen siempre por la entrepierna, en vivo o en diferido, que tanto monta. No quisiera resultar pacato ni parecer que es algo que no me interesa. Por supuesto que sí. Pero me niego a darle la exclusiva a ese camino, se presente en forma grosera, en forma generosa, en forma sutil o en forma trascendida.

Me sucede a veces con autores a los que estimo mucho. Dejaré aquí el ejemplo de Antonio Gala en su última novela “Los papeles de agua”, obra de la que me interesa mucho, muchísimo, la primera mitad, pero de la que me empacha un poco la segunda mitad. Y quizá sea un poco por esto. Tengo algún otro ejemplo de proximidad que me guardo en el tintero.

El ser humano es un ser amante, pero también es un ser pensante, razonante, y también social y mortal, y egoísta y solidario a veces, y… Y todas estas variables lo mueven en la vida y lo moldean, y lo hacen ser un rato así y otro asá.
Por cierto, una variable que presenta este autor en casi todas sus obras tiene que ver con el amor entendido como entrega sin límites, sin reservas y sin un pequeño rescoldo de razón o de egoísmo. Este tipo de amor parece una imagen del amor místico, pero no sé si se compadece con el amor humano y entre humanos; no sé si no termina desvirtuándose y haciendo de la mujer un objeto en manos de un capricho (creo que casi siempre las más pasivas son las mujeres, aunque no importaría que fuera al revés). En fin, qué sé yo…

“Y morirme contigo si te matas, / y matarme contigo si te mueres, / porque el amor cuando no muere mata, / porque amores que matan nunca mueren.”

martes, 9 de diciembre de 2008

VELAR TU SUEÑO DÉBIL

Y estoy pero no estoy. Porque quiero sentarme a tu lado, velar tu sueño débil, darte la mano un rato, reñirte por no callar las horas de silencio, besarte muchas veces, decirte que te quiero más que nunca, rendirme de cansancio, despertarme otra vez para mirarte, convencerme otra vez al contemplarte de lo inútil de todo y de lo hermoso que es sencillamente poder decirte madre, oír los ecos del mundo y no querer saber nada de él, rozar los escalones de la razón y desviarme por el vacío del corazón. Y oírte, oírte, oírte. Sencillamente eso. Certificar de nuevo que nada tiene sentido si no es vivir para querer y para ser querido.

Hoy entiendo muy bien que hay cosas inefables. Por eso ya me callo. Te seguiré hablando por conducto interno. Yo sé que tú me escuchas y me entiendes.

lunes, 8 de diciembre de 2008

NO SÉ CÓMO EXPRESARLO

Solo me quedan brumas de este día por todo el horizonte. Pero en medio del mar surgió una vela que flameaba al viento, un punto en el confín del horizonte, un refugio y un faro, una estrella en la noche y una serena fuente inagotable.

He ido a ver a mi madre a Salamanca. Mis ratos a su lado se acotan y se encierran, se protegen de todo y se hacen fuego, se desdoblan contemplando su rostro, que se hace más pequeño con el paso de los días. Otra vez sentadita en su butaca, como una muñequita tejida de algodón, susurrando palabras todo el tiempo, marcando relaciones inconexas, abriendo sensaciones y destellos para dejarme imbécil, como en pasmo: “Es mi hijo, mi hijo”. Y yo dándole abrazos, besándola sin tino, queriendo que me sienta tacto a tacto.

Mañana irá a quedarse por un tiempo al centro inaugurado del Alzheimer, muy cerca de la casa de mi hermana. Sé que es el mejor sitio por múltiples razones, pero hay algo que me duele por ahí dentro, y me duele muy fuerte. No sé cómo expresarlo con palabras. Por eso me sumerjo en el silencio. Te quiero mucho, madre.

domingo, 7 de diciembre de 2008

OTRA VIDA CON NUEVAS DIMENSIONES



Cuando el álbum de un día lluvioso te recoge en casa, aprovechan la música y las páginas para llenar el tiempo, para incitarte a ellas, para soñar con ellas y velar otras imágenes más lejanas, y algunas muy próximas, tanto que ya se asoman.

De modo que mejor la vida que la creación y mejor que la lectura. Seguramente. Los platos segundo y tercero siempre sustituyen al primero y, cuando uno los coge con demasiado apetito, es que algo ha fallado en el primero. Pero también se afirmaba que se creaba para crear más vida y acaso más intensa que la otra, e incluso, en un alarde de solidaridad o de chantaje, para repartir vida entre los demás.

El caso es que hay vividores que no pueden sentirse viviendo si no es con la creación, porque es en ella donde sienten el cuajo de la sangre, la vida en borbotones, el cuajarón caliente, el miajón más profundo, el pálpito más denso.
Y así es como se ve nacer y crecer otra vida con nuevas dimensiones, una vida que salva y que condena, que encierra y que condensa, que enseña los detalles, que salva de la quema al menos un minuto, que purifica o enfanga pero que no clora sin más, que analiza y descubre lo que no se esperaba, que confirma o evita los mejores presagios, que mete el fotoshop a lo gris y anodino, que va y viene a su antojo a despecho del tiempo y del espacio.

Del intento tal vez se vuelva sin lana y trasquilado porque nunca se sabe cómo acabará todo. Pero es que no es la meta lo que importa sino el aliento del camino, el soplo de sensibilidad que anima cada paso. Con un punto de aviso para las demasías pues el exceso tal vez lleve al desvalimiento y al abandono. Y entonces, coño, se vivirá más denso pero acaso hubiera sido mejor haberse quedado mojándose bajo la lluvia.

N.B. Luego llega Manolo con sus fotos y me hunde en la miseria al compararlas con las mías. Ahí va una suya. Gracias, amigo.

sábado, 6 de diciembre de 2008

OTRA SIMPLE PREGUNTA



Cómo juega la vida con nosotros. Parecemos simples pasajeros que nos subimos a un coche, que le marcamos una dirección al conductor, le entregamos por adelantado todo nuestro dinero y, al cabo de unos metros, ya nos está llevando por la ruta que le da la gana.

Solemos marcar frecuentemente en nuestras mentes la pregunta “por qué” y nos creemos que los que manosean y dan vueltas a esa pregunta son los mejores, los que merecen la pena y los que, en cualquier momento, pueden servirnos de guía y de referente. Yo quiero seguir pensando que es así. Pero es que siempre, tras ese “por qué”, existe un “para qué”. Y ahí sí que ya la pérdida es total y el sol nos da la espalda y se oculta tras el horizonte para dar paso a la noche. Acota uno un tramo cualquiera de la vida, repasa su desarrollo y certifica que el final no tiene demasiado que ver con lo que se proyectó al principio. Y aun hay algo más grave: suponiendo que el resultado obedeciera en alguna medida a lo que se esperaba, a ver quién es capaz de darle sentido a todo lo vivido pensando en el futuro.

Porque la vida sigue y el futuro no se apiada del pasado ni lo tiene en cuenta para nada. Un ejemplo me basta. Hoy he caminado a los pies del Pinajarro, mirando hacia su cresta y observando cómo se me echaba encima de mi cabeza. Estaba muy bonito, majestuoso, con nieve en la cima, con sus barbas de gris entre las nubes, con toda la ladera hacia el oeste, dibujando en la luz el infinito. Lo miraba y pensaba en el pasado. Él estaba, habitaba ese pasado; yo no tenía cabida en esa memoria. Lo miraba y pensaba en el futuro. Él estaba, habitaba ese futuro; yo no tenía cabida en esa memoria del futuro.

Tal vez esté instalado en la desilusión. Qué sé yo. Tiendo a pensar que más bien, por un momento, me sitúo en la cota de la realidad.

Hoy es día, por cierto, de cumpleaños en la Constitución Española. Día de felicitaciones y de actos huecos. Tal vez no sería vano aplicarle estas dos preguntas también.

viernes, 5 de diciembre de 2008

SIEMPRE COMO REFUGIO



Diversas razones, aparentemente de menor importancia pero de peso sumadas todas, me han mantenido en estas tierras durante los días del puente. Otra vez será.

Con un poco más de tiempo por delante y con la tranquilidad del horario perdido, he paseado por las calles de Béjar y he bajado hasta el parque de la Antigua. La tarde-noche estaba limpia, las calles también, y la luz sepia ponía un suave contraste en la oscuridad que me hacía sentirme a gusto. Como la temperatura ha subido, la sensación de no ser un intruso en la calle me ha dejado con una serenidad y una lentitud en el paseo bien propias de otra estación. Qué gusto ver las luces salpicando el monte. Parecía como si en la ladera del Castañar se hubiera encendido un Belén y ahora estuviera iluminado. Después, la subida lenta por la calle Mayor y los comercios semivacíos, para mí siempre con la sensación de que este sistema es una locura y de que sobra prácticamente toda la parafernalia y el esfuerzo humano dedicado al mundo de las apariencias en vez de al mundo de las necesidades.

Y la noche siempre como refugio y momento de dejar unas breves palabras sobre la página en blanco. Nunca sé muy bien si son de simple escritura o de reflexión. Porque reflexionar, es decir, escribir, es para mí lo mismo. Y nunca sé tampoco muy bien si es por gritar que vivo o por dejar constancia de que, en realidad, no estoy vivo y yo lo sé.

jueves, 4 de diciembre de 2008

EL FRACASO DE LA VIDA REAL



“Qué grima me provoca pensar, solo pensar en el mal moral y en el mal físico, en lo necesario y lo contingente, en la libertad o la necesidad, en los efectos y las causas, en el origen del mal y en la armonía preestablecida, en la gilipollez de que este mundo pueda o no ser el mejor de los posibles… ¡Basta!”

Así piensa Deyanira, el personaje que se revela en “Los papeles de agua”, la última obra de Gala. ¿He escrito alguna vez que este autor me gusta por la densidad de pensamiento más que por la estructura narrativa de sus obras? Seguramente tampoco será precisamente el mayor innovador formal de nuestra literatura, pero creo que su vida sustenta el tono de sus obras. Y, a día de hoy, es lo que a mí me interesa, lo que me da confianza y me mantiene en la aventura del texto. De hecho, lo leo con gusto y subrayo muchas de sus líneas y de sus ideas. Su sensibilidad me parece exquisita. Y su esquema mental también.

Por supuesto que este ser, Dayanira, desafiando la importancia del pensamiento, no está haciendo otra cosa que pensar y dar forma ordenada a estas ideas. Ya apunta a lo que será en páginas posteriores la base de su escritura y de su actividad: el significado y el valor de la creación literaria y del escritor como creador. Vieja dificultad esta. Y apasionante siempre.

Se escribe solo y solitario. Se escribe para uno mismo, pero, sin la presencia sentimental de los otros, uno corre el peligro de cansarse demasiado pronto. Y, lo más importante, al escribir estamos certificando el fracaso de la vida real y el intento de alcanzar otra vida nueva, acaso más densa y más clara.
Cerraré con otras palabras de la misma obra que apuntan es esa dirección: “Ver la vida literariamente no es cegarse a la vida, sino verla más clara. El que escribe no vive para contar: cuenta para vivir más y, de paso, contagiar más vida a los que leen. Escribir no consuela de nada: no, no cura, sino que reabre las heridas: es una llaga nueva por la que, como por un ojo, se ha de ver todo de nuevo; por la que, como por una boca, se ha de contar todo de nuevo; revivir lo que de veras no se ha sabido vivir.”

Eso, revivir literariamente, mentalmente, lo que no se ha sabido vivir. Acaso en una vida más densa, eso sí, pero siempre posterior a la vida real.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

NI SIQUIERA ESO



Muy de guindas a brevas se renuevan algunos elementos que, en el proceso educativo, deberían suponer la toma de conciencia de cuáles son los pilares en los que se asienta el quehacer diario, si es que este tiene alguna otra misión que la de cobrar a fin de mes, con paga extra en diciembre. Es el caso de una cosa que llaman Proyecto Educativo de Centro. Tendría que ser la piedra angular sobre la que se asentaran los distintos esfuerzos, el referente al que volver en cada momento para justificar por qué se toman unas decisiones y no otras.

Cuando se trata de centros privados (nunca he sabido qué quiere decir exactamente eso pues unos reciben subvenciones de los impuestos de todos: los concertados, y otros educan personas que andan en la vida como todos los demás), nadie se escandaliza porque preconicen y aprueben hasta un ideario, aunque no se esté de acuerdo con él. Pero cuando se trata de centros públicos, todo cambia de color. Cuesta asumir autonomía en el trabajo, no se quiere oír hablar demasiado de ideas (más bien nada) y sí mucho de conocimientos (siempre en el campo del alumno y nunca en el del profesor).

En el lugar al que acudo a diario a mi trabajo he intentado tímidamente hoy, en un grupo reducido, que se defendiera la incorporación, en el frontispicio del documento, de alguna referencia a las leyes que sustentan el Proyecto y de algunos principios que regirían el desarrollo del documento y de su aplicación en la práctica. Nada que no esté en las leyes y en el sentido común: aspirar a “formar alumnos responsables, críticos, dar primacía siempre a la razón, aspirar a la solidaridad y a la igualdad…” En fin, nada especial, esas ideas que se hallan en cualquier declaración de intenciones o preámbulos de cualquier ley o conjunto de derechos. Me ha parecido ver reticencias por todas partes, en forma sobre todo de evasivas como la escasa necesidad de que se insista en ello, por ejemplo, o de que la ideología no es lo mejor. Coño, si les da igual, ¿por qué se niegan a que figure? ¿Cómo se puede circular por la vida dignamente si no es con una ideología? Por supuesto, los que esto defienden tienen la que apunta a la derecha.

Lo que hay detrás, por supuesto, son, de nuevo, diversas formas de entender la enseñanza, la vida y, desde luego, ideologías bien distintas. Otra vez aquello de enseñar contenidos o enseñar contenidos para algo (para formar personas con las cualidades apuntadas arriba). Es una vieja historia que por aquí perdemos siempre los mismos. Qué le vamos a hacer. Al menos que no sea por no apuntarlo.

martes, 2 de diciembre de 2008

LEJOS DE TANTAS COSAS



Lo conocí hace años. Era un alumno díscolo pero no por hacer cucamonas a la pava de turno. Qué va. Algo me hizo sospechar que su mente andaba barruntando que aquello de los versos de Guillén (“El mundo está bien / hecho”) había que tomárselo a título de inventario y que quizá no estaría de más echarle una ojeada por si acaso. Porque sí que leía, y a veces comentaba con un sentido extraño.

Después de mucho tiempo, volvió a aparecer cercano y atrevido. Publicaba sus textos y sus dibujos, siempre llenos de chispa y de sorpresas, en el mismo semanario en el que yo repasaba ideas también con la palabra. Pude conversar con él bastantes veces. Y ya observaba síntomas de que la vida se le empezaba a ir en excesos. Pero yo conversaba con él muy a mi gusto en casi todas las ocasiones. Sus ideas andaban a destajo, sus dibujos también, su ritmo era su ritmo, ya tan lejos del ritmo más mostrenco. ¡Aquel “Una copita de absenta” qué buen sabor despedía!

Había perdido su pista hasta que esta mañana me lo encontré sentado en una acera, tomando el sol de frente y apoyado en el dintel de una puerta. “¡Coño, Antonio, cuánto tiempo sin verte, dame lumbre!”. “Apunta con el cigarro al sol que seguro que, al cabo de un rato, se prenderá solo”. Y después su mirada, y su tono de voz, y su esencia perdida, y su empeño en contarme lo que no le hubieran dejado sus palabras, y el intento de abrazarme y de besarme, y su mente y su cuerpo cargados de malos compañeros, y…

Aguanté cinco minutos, pero no pude más. Y allí quedó voceando, bailando justo en medio de la plazoleta, asustando a los muchachos que volvían a casa a la hora de comer, con su mundo en el cuerpo, lejos de tantas cosas, no sé con qué dominio de sus cosas (o tal vez sí lo sé), con escasos deseos tal vez de volver al camino.
Lo volví a recordar en otros tiempos y noté un sentimiento de tristeza. Es de noche y no sé por dónde andará ahora. Le deseo suerte. No sé decir más cosas.

lunes, 1 de diciembre de 2008

AMANECERÁ DIOS Y MEDRAREMOS



Acaba esta tarde un nuevo viaje novelesco tras los pasos de don Quijote y de Sancho. Hay gente que anota orgullosa las veces que hace cima en el Almanzor de Gredos o en cualquier pico de esos ochomiles que andan por el mundo. Yo he salido de gira ya bastantes veces con estos dos aventureros porque me han dejado seguirlos de paquete. Pero los sigo con un gusto creciente. Soy aguador o chico de recados y juro que no me importa porque me siento bien en su compaña. ¡Me enseñan tantas cosas! ¡Me río tanto con ellos! Bueno, a veces me pongo un poco serio y, en ocasiones, imito a Sancho haciendo algún puchero. Incluso de vez en cuando los paro y los increpo, les pido explicaciones, les aplaudo, les animo a seguir con sus peleas, incluyo algún amago de respuesta… Qué sé yo, me entrometo en sus cosas porque sé que son mías también en algún modo.

Volverán al reposo de los anaqueles, dejaré a don Quijote que descanse. Pero habrá de tener aniversario. Yo haré de milagrero y resucitará para volver conmigo y con su Sancho a hollar otros caminos y a desfacer más tuertos. Hay tantos por el mundo…

Mientras tanto, echaré unas palabras con Cervantes. Hablaremos de cosas de menos importancia. Le alabaré su empeño en dejar bien atados los detalles en la segunda parte de su obra. Yo la veo mucho más madura que la primera. Y, sin embargo, le daré un buen tirón de orejas por algunos descuidos que me parecen del todo imperdonables. Tomaremos un vino sosegados y le pediré explicaciones por la irrupción sin nada preparado del Caballero de la Blanca Luna en las playas de Barcelona, de su estampida dejando a todos a buenas noches, y, sobre todo, del vencimiento de nuestro caballero y sus consecuencias, semiescondidas en otros acontecimientos de poca monta, sin darle siquiera el molde de un capítulo entero y distinto. Seguro que me responderá que en su ánimo pesaba más el mundo narrativo de los episodios que el de la reflexión general, que él escribía a comienzos del siglo diecisiete y no a principios del veintiuno, y bla, bla, bla. Tendríamos para hablar durante mucho tiempo. No todo me complace, pero hay tanto de bueno en esta obra…

En fin, amanecerá Dios y medraremos.

domingo, 30 de noviembre de 2008

CON EL DEDO HACIA ABAJO


¿Hemos hablado algún día sobre la crueldad humana? ¿Te has parado a pensar en la sutileza con la que los humanos consagran sus acciones más crueles?

Anoche me llevaron a cenar con un grupo que hacía recuento de sus actividades al aire libre en el último año. Allí llovió el jamón del cielo, el chorizo del palo y el salchichón de la vejiga del cerdo. Después, y guardando todas las normas de la elegancia, se sirvieron pescados que saciaron las hambres. Entre esta acción y el tigre devorando a su presa claro que hay diferencia. Diferencia de formas, por supuesto porque, al final, el vencido siempre termina en las mismas condiciones, sin vida y cuarteado. Eso sí, con filetes muy finos o en lonchas bien cortadas. Los buitres y las hienas son los mismos pero aguardan su turno educadamente, empiezan a comer a la vez y se limpian le morro con bastante frecuencia. Todo pura elegancia.

No siempre es tan sencillo guardar las apariencias. Sobre todo cuando los enfrentados son dos seres humanos y tomamos partido por uno de ellos. Imaginar, por ejemplo, un partido de fútbol, con sus preparativos, su escenario encendido, los miles de gargantas dando voces, el desarrollo de la pelea y el vencimiento de uno u otro lado, es una experiencia única. Si lo adobáramos imaginativamente con el desarrollo paralelo de cualquier acto de bondad, el resultado sería insuperable. Tenemos que invocar esa experiencia, que no nos cuesta nada.

Hoy prefiero soñarla nuevamente con don Quijote al frente del relato. Segunda parte, Cáp. LVI En una de las bromas de los duques, el lacayo Tosilos está a punto de enfrentarse a don Quijote, siempre dispuesto a todo para no conseguir nada. Es una lucha de dos caballeros -aunque uno sea fingido- en toda regla y en campo adecuado. El joven Tosilos se enamora repentinamente (demasiado repentinamente para encajarse en la verosimilitud) de la hija de doña Rodríguez y deja de haber caso. Y como no hay caso, no hay torneo de caballeros. Y como no hay torneo, ninguno puede salir vencedor en el campo ni aniquilar al contrario. Y entonces… “los más quedaron tristes y melancólicos de ver que no se habían hecho pedazos los tan esperados combatientes, bien así como los muchachos quedan tristes cuando no sale el ahorcado que esperan porque le ha perdonado o la parte o la justicia”.

Y miro a mi alrededor y veo los partidos de todos los deportes en los que importa más el sufrimiento ajeno que el festejo propio, o contemplo el ajetreo de los partidos políticos y me sale lo mismo en muchos de sus componentes, y observo lo que ocurre en los negocios y no me da otra cosa, y soporto la vida en continuo empujón y tente tieso, a codazo limpio por hacerse un lugar frente a los otros.

En fin que la cena se sirvió pulcramente. Pero le faltaba un poco de pimienta. O no.

sábado, 29 de noviembre de 2008

AUNQUE EL FINAL SEA EL MISMO

El frío, la nieve, el agua y mi comodidad me han dejado en tierra y hoy no he cogido el tranvía que me llevaba al campo. Manolo y Jesús son más intrépidos y no se han arredrado. ¿Por dónde habrán echado el pie? Los he recordado mientras me sumergía casi en lo más hondo de mi sillón, al amparo del calorcito y observando cómo el exterior se ponía oscuro y neblinoso.

Pero yo necesito pocos ánimos y menos herramientas. Un libro me basta para dejarme llevar por esos mundos. Si le pongo un fondo musical algo agradable, entonces me eternizo. Ando tras un compendio de asuntos filosóficos. Un poquito de historia y un algo de teoría. Me confieso y me reconozco cada día más a gusto rondando por un rato esos misterios. Al fin y al cabo, uno es también muy raro, casi como esos seres que se dedican -quién lo iba a pensar- a remover conceptos y a hacer conjeturas sobre asuntos que a los demás les vienen rodados en el curso de su ignorancia o de su desprecio. Es que hay gente pa to.

Revisaba conductas de los cínicos, repensaba conceptos de Platón (yo creo que, para bien o para mal, este es el culpable de casi todo), me asomaba a Aristóteles, hacía una paradiña en San Agustín, repescaba las dudas de Descartes… En fin, me daba un baño de luces y de sombras.

Lo que más me impresiona es el esfuerzo de todos estos tipos por repensar la vida desde su propia mente, el rehacer el mundo con sus propios esfuerzos, el entender que el norte es preguntarse siempre por todo, con el peligro de estrellarse o de quedarse perdidos en la cuneta. Qué distintos de “toda la epidemia que puebla las aceras”, con perdón. Al fin y al cabo, el mundo se mueve con cuatro tópicos, controlados por cuatro poderosos pero seguidos sin apenas análisis por el resto de la gente. Estos sí lo intentaron, pusieron cara al tiempo y al espacio, trataron de encontrar algún porqué que les iluminara en el camino. Tal vez para atizar el sufrimiento, pero lo intentaron. Esto es lo que me atrae de todos ellos. Aunque el final sea el mismo.

Qué tío aquel cínico Diógenes que, ante la pregunta de Alejandro Magno, nada menos que el emperador de emperadores, de si podía hacer algo por él, le respondió: “Apártate porque me estás quitando el sol”. ¿Te lo imaginas? Lo mismo hasta se quedó dormido como un niño. Y yo con él y con el regustillo de cantarle una nana para que descansara, o el deseo de pedirle un autógrafo.

viernes, 28 de noviembre de 2008

RAZÓN Y DESENCANTO

Hoy la atmósfera ha estado de aguanieve. Lo mejor es el sillón y el calorcito de la calefacción. Desde que vine de clase hasta bien entrada la tarde he tenido monocultivo: la lectura de un libro con formato de diario.

“Razón y desencanto” es la segunda entrega de Diego Fernández Magdaleno que camina en esta dirección del diario o el encuentro personal consigo mismo. Tenía en la memoria su “El tiempo incinerado” como algo muy reciente, pero leo en la solapa que es de 2005. Cómo pasa el tiempo. “Porque el tiempo pasa, que es lo que siempre pasa”. Pues me lo he bebido de un solo trago, casi sin levantar la vista de sus páginas. Es la espina dorsal de dos años de vida, la médula y la sustancia inyectada en vena, el despojo de todos los despojos en sentido positivo, en metáfora robada a Ángel González, la criba de la mina, lo fetén de lo fetén.

A mí me interesa la literatura del libro, pero me interesa mucho más el ser humano que la sustenta, y la sensibilidad que adensa cada imagen, y la madurez que muestra cada idea, y la cultura que adivino en cada página. Alguna vez he escrito que la creación corre paralela siempre al tenor que pueda ofrecerle la vida real del creador. No me apeo mucho de esta afirmación. Diego es un pianista sencillamente genial; cuando yo le he oído tocar, juro que he sentido unos escalofríos especiales y unas sensaciones diferentes. La mecánica te puede dejar frío, la sensibilidad es otra cosa. Creo que sé de qué hablo.

Hay, por supuesto, mucho mundo de música en este libro, de profesión y de amor por este arte. Pero la espina dorsal es otro asunto. Todo se difumina en el telón de fondo de la muerte de su padre. Hay anotaciones bellísimas con esta imagen siempre que me han puesto en el límite del llanto. Por desgracia, también sé algo de esto. Es la línea del tiempo, que se paró en una fecha pero que dejó huellas para siempre. En la otra esquina, la gozosa noticia de la vida que sigue: el nacimiento del hijo y el horizonte abierto.

He subrayado muchas líneas. Elijo esta que sigue: “Martes, 18 de abril: Al apagar la pequeña lámpara de la mesilla, pienso en mi padre. Las rendijas de la persiana intuyen la eterna soledad del cementerio. Tere duerme, feliz por su futura maternidad. La vida en sus extremos. Razón y desencanto”.
Mi más sincera enhorabuena. Por el libro. Pero, sobre todo, por lo que se proclama y certifica desde él.

Y una nota de aviso y de agradecimiento. El libro tiene fecha de 30 de noviembre de 2008 en imprenta. Yo lo leo hoy día 28. Antes de salir del horno. Es la magia de tener una imprenta a mi lado y de tener un amigo como LF Comendador, que me regala todo a manos llenas. Hoy volví a salir de la imprenta con otro lote de libros. Gracias, hermano.

jueves, 27 de noviembre de 2008

BATIRSE EN RETIRADA

Me dices que tienes la impresión de batirte en retirada en demasiados campos y tengo que creerte por ese tono con el que me lo cuentas. Por ejemplo me afirmas que no hace mucho tiempo te sentías cerca de un alto porcentaje de las personas que trabajaban contigo, y que, si no compartías muchas de sus ideas, al menos tenías ratos en los que pegabas la hebra con alguno, os abstraíais un rato y salvabais el mundo por momentos. Y allí cabían los asuntos sociales, la política, el deporte, las costumbres, los jóvenes, la educación, el tiempo y alguna que otra guindilla de filosofía. Porque antes tenías la impresión de que había gente que hasta leía y pensaba; vamos, que tenías la sensación de que había “gente pa to”.

Me planto y te recuerdo que tú para estos asuntos has sido siempre un poco escogido, que has seleccionado y hasta te has mostrado sin pudor bastante… refinado, que has despotricado siempre de este y de aquel, y que te has manejado desde una esquina del salón, como viéndolas venir y con algún antifaz siempre puesto. Pero, como te conozco como si te hubiera traído al mundo, te tengo que reconocer verdad en lo que dices y anotar un punto de melancolía en tus palabras.

Pero no desesperes, tal vez tengas la culpa de lo que dices que te ocurre. No es posible que la gente no tenga capacidad para abstraer un poco ni para levantar el vuelo por encima de las ideas más gruesas ni de las situaciones más mostrencas; debe de ser que lo esconden y tú no sabes provocarlo, que exiges aquello a lo que no tienes derecho y le pides a la vida lo que no te va a dar nunca. Refúgiate entretanto en esos ejemplos que salvas de la quema y aprovecha sin pausa sus valores. Y no te pongas mustio. Hay lo que hay, colega. Y estamos en otoño, casi invierno.

No me mires con cara mandarme a la porra, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma…

miércoles, 26 de noviembre de 2008

DESDE MI TERRAZA

¿Alguien conoce algún viaje más fantástico que el que don Quijote y Sancho realizaron sobre Clavileño? En un santiamén volaron por los aires, se acercaron al sol, anduvieron no sé cuántos miles de leguas, se sintieron aireados por unos fuelles que tan bien estaban preparados para que surtieran ese efecto, oyendo voces desde las más encumbradas alturas, ascendieron por todas las regiones aéreas y dieron causa para las más generosas risas entre todos los que los estaban contemplando en el jardín. Y, para rematar, todavía Sancho se empeña en hacer creer -pillín y echado para adelante él- que, como primer astronauta de la Historia, ha contemplado la Tierra como grano de mostaza y a los hombres como simples avellanas.

En este inmenso pozo, del que tantas veces saco agua sabrosa, hoy recojo el cubo lleno de la magia y de la fantasía, de la imaginación y del poder multiplicador de la creación. Cada día me cuesta más ponerme en marcha y organizar cualquier salida que no tenga principio y fin en mis pies. Tengo pendiente un viaje largo, y a fe que he de hacerlo pues lo necesito. Apenas aguardo una simple indicación para realizarlo. Pero no es el deseo espontáneo el que me anima sino la promesa. Mi geografía se ha estrechado bastante, mis paseos diarios tienen las distancias bien medidas y alcanzan escaso recorrido. Los fines de semana me redimen de tanto asentamiento.

Pero algo bien distinto es la imaginación. Con ella me desplazo en sexta marcha o a paso de tortuga, no encuentro dobles filas ni camiones cargados en línea continua, los semáforos no están inventariados y no hay necesidad de echar cadenas. Todo es libre y abierto, despejado, infinito. Y, cuando me fatigo de mirar el paisaje, invento otro distinto, lo extiendo y lo parcelo a mi capricho, lo lleno de colores o de sombras, me asiento donde quiero, lo cerco, lo cultivo, lo planto y lo cosecho. Y todo sin sudores, que me canso y no estoy para tanto sacrificio.

Claro que luego vuelvo hasta mí mismo, como don Quijote y Sancho volvieron al jardín, del que no se habían movido ciertamente. Y me aguarda la estrecha realidad. Y ya me cuesta más cruzar la calle sin ser atropellado o mirar sin sentirme perplejo y asombrado. Y un poco triste y acaso hasta con deseos de volver a montar en Clavileño y darle a la clavija de la imaginación y del olvido.

martes, 25 de noviembre de 2008

DE PASOS IMPRECISOS POR LA VIDA

“Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto: el cielo estrellado que está sobre mí y la ley moral que hay en mí.” Son palabras de Kant en su Crítica de la Razón Pura.

Y me dan ganas de dejarlas sin glosar para no estropearlas. Me interesa, no obstante, resaltar que en ambas partes aparece la figura de la primera persona, la palabra “mí”, la realidad individual desde la que se mira todo o acaso desde la que se crea todo. Seguramente tendría también que precisar el significado de “cielo” hasta ampliarlo a toda la realidad física, y acaso metafísica. Tal vez. Desde ella, con ella, en ella, por ella, sin ella, ante ella, contra ella…, toda la ley moral que me sostiene, que me achica y me agranda, que me da algún sentido, que me aniquila o me sublima, que me hace levantarme cada mañana con algunas sendas señaladas, con algunos caminos prohibidos y con algunas metas que alcanzar.
Así que miro al cielo y me reflejo en su existencia, miro al suelo y me contemplo como una parte más. Y en esa contemplación me siento empujado a por lo menos no perturbar del todo la armonía o el caos que representa todo. Ahí empieza mi ley moral, transida de dudas y de torpezas, de pasos hacia adelante y hacia atrás, de huidas y de apariciones, de egoísmos y de participaciones…, de pasos imprecisos por la vida.

Podría pensar mi moralidad y desde ella extender la mirada hacia la realidad. No me parece honesto ni real este orden. Pero no me importaría admitir sugerencias ni dialogar y argumentar acerca del asunto. ¿Con quién?

lunes, 24 de noviembre de 2008

UNOS TÍOS OPTIMISTAS

A menudo imagino la situación de mis antepasados y los coloco en su espacio y en su tiempo, acoto una variable pequeñita y me detengo en ella. Por ejemplo: ¿cómo se dibuja la vida de los hombres de la Edad de Piedra a partir de los utensilios usados para la comida? Cuchara, tenedor, cuchillo, plato, vaso servilleta, silla, cazuela, fuego, nevera… ¿No resulta alucinante todo lo que imagino? Y eran los abuelos de los abuelos de aquellos que fueron abuelos de mis abuelos. O sea, mis antecesores. ¿Cómo puedo yo imaginarme siquiera la existencia de un plato? ¿Y entonces los líquidos? Y, a partir de ahí, todo lo demás: la vivienda, la vestimenta, los alimentos, las relaciones sociales, los asentamientos, las enfermedades, la mortalidad… Todo, todo, todo.

Deduzco enseguida lo inútil y equivocada que puede resultar la explicación de cualquier período histórico desde el presente, sin realizar el esfuerzo de “ponerse en su lugar” y valorar desde sus parámetros y no desde los nuestros. Y entonces la Historia se me presenta como una sucesión de cambios casi discontinua que se agota en sí misma, por más que nos esforcemos en darle continuidad y en rescatar por todas partes causas y consecuencias. Y entonces me embarco en una pendiente que se desploma hacia el abismo y hacia la inutilidad y la sinrazón de todo o de casi todo. Y divido los tiempos en instantes. Y me pierdo otra vez entre la bruma de la duda y de la angustia.

Cuando pienso en estos antecesores, tengo que hacerlo concediéndoles un grado de optimismo casi infinito, pues no entendería su supervivencia si los contemplo desde este mi presente. ¿Cómo podrían haberse mantenido desde una consciencia de sus limitaciones absolutas? Y ahí están, dándome continuidad a mí también. Y yo dándoles las gracias por haberlo intentado, a pesar de todos los pesares. No quiero pensar ahora en el futuro por que no me asalte la angustia. Tuvieron que ser unos tipos absolutamente optimistas.

El instinto de conservación puede mucho, acaso tanto como lo que vale la vida entera.

domingo, 23 de noviembre de 2008

YO TAMBIÉN, MADRE

Otra vez he estado con mi madre en Salamanca. Y otra vez la he visto muñeca en su sillón, tranquila en medio de la tempestad de los últimos días, dispuesta al beso y al abrazo, a la caricia física, al contacto directo con los demás, presa en la necesidad de sentirse acompañada, exigente con la presencia continua de otra persona junto a ella, con la ternura en todas sus palabras. Y, a pesar de todo ello, con una dirección en su mente que la lleva por caminos brumosos y escondidos.

He vuelto con mis hijos y con Nena para sentirnos juntos, para notar que todos somos uno, para anotar que vamos a quemarnos en cariño, para medir mis ojos destilando las lágrimas en cuanto se marcharon, para medir la vida hasta en cuatro generaciones al unísono. La carita de mi madre se arruga poco a poco, sus ojos miran lejos, ya su ternura es toda para todos, sin poner ya reparos ni preguntar por nada, su cuerpo empequeñece, se aquieta y pierde fuerzas. Yo la abrazo de nuevo con mimo y con ternura.

Fuera todo era extraño. Una cita obligada me llevó hasta el Campus donde encontré riadas desbordantes de personas. Varios miles buscando un aprobado para unas escasas plazas de trabajo público. Entre ellas, muchas personas con caras de apetecer más la jubilación que el trabajo. ¿Qué sistema es este que mantiene a tanta gente durante toda su vida pendiente de un hilo, mendigando un trabajo para poder subsistir? Qué locura y qué fraude. ¿Qué escala de valores se propicia? ¿Qué podemos pedir a estas personas? ¿Qué hacen que no salen a la calle con signos de llevarse el mundo por delante?

Como el mundo está loco por completo, después los restaurantes hasta el techo, con colas esperando sentarse para comer un poco. Qué risa con la crisis. Con lo bien que se come en casa propia.

¿No hay quien piense un poquito en todo esto? ¿No tendremos la suerte de salir de la crisis con un vestido nuevo, con unas ilusiones diferentes, pensando en otras cosas bien distintas?

Yo también, madre, me siento muy distante de todos estos mundos tan extraños.

sábado, 22 de noviembre de 2008

MÁS LEJOS QUE EL PROPIO RECUERDO



Acordarse de algo que queda tal vez más lejos que el propio recuerdo. De vez en cuando me sorprendo con un terreno acotado en el que aparecen personas y objetos con cierta nitidez. Desde su realidad concreta, el espacio se va extendiendo y el tiempo comienza a delimitarse y a ponerse barreras. Entonces comienza la historia, una pequeña historia, cualquier historia que sale de la tumba y vuelve a representarse para mí.

Tal vez el recuerdo, aquello que etimológicamente y hasta en sentido real vuelve a pasar por el corazón y alcanza vida, posea continuidad y lo único que hace es dormitar y dejarse perdido y en silencio en cualquier rincón oscuro. Quizás nunca pierda del todo el hilo y sobre todo su talla de presencia y de valor en la vida de una persona.

Hay, no obstante, un debilitamiento, un cambio de estado natural, un diluirse de las cosas que las convierte acaso en líneas ideales que las acercan al plano del concepto. Entonces el recuerdo en menos individual, los hitos se oscurecen, todo se va en ser magma o sustancia salada en lo inmenso del mar. Está seguramente, pero no es muy sencillo dar con ello, sacarlo de la mezcla, devolverle las formas y arrojarlo a los límites del tiempo y del espacio. Tal vez no sea tan evidente que esté porque acaso transite ya por los límites del ser o acaso de la nada.

Es seguro, a pesar de las dudas, que a veces vuelven a mi mente vagos conceptos, objetos y figuras que ya no son para el recuerdo claro, para la trabazón lógica sino para la niebla, para la bruma, para la sugerencia. Tal vez sea el tiempo, una vez más, el que cumpla sus estragos, acaso sea una selección natural también de las ideas y las imágenes. El caso es que todo se va almacenando en el inmenso silo del olvido.

viernes, 21 de noviembre de 2008

"TÚ LLEVAS LA PALABRA"



Como casi todos los viernes, me llama Manolo por teléfono. El objetivo es acordar el paseo del sábado y soltar un parlao rápido. Ha acordado con Jesús echar la mañana por el Sangusín. Yo no me opongo porque son ellos los que conocen todos los rincones; me dejo llevar y basta. “Ya tengo comprada la carne”, me comenta el colega. “¿Y qué llevo yo?”, le pregunto a Manolo. “Tú llevas la palabra”, me responde tan tranquilo.

Le agradezco la respuesta, que no merezco, y me quedo pensando en lo importante que resulta el intercambio sereno y algo ordenado del pensamiento a través de la palabra. Cuando esto se cumple con un poco de éxito, casi todo lo demás se convierte en secundario y hasta en prescindible. Cualquier fotografía rescatada del álbum de mis recuerdos siempre tiene como música de fondo la conversación. Me paro a evocar y emergen numerosas ocasiones sazonadas por el intercambio de las palabras. He pasado horas hablando, deseando que el reloj no corriera por seguir en la conversación, fuera de día o de noche, andando y desandando el camino por seguir en la charla, haciendo muchos kilómetros con la esperanza de llenar unos ratos al amparo del diálogo. Y, en el lado negativo, los peores fracasos siempre los relaciono con el silencio, con la falta de palabra, con la ausencia del intercambio para ponerse de acuerdo y para deshacer los malos entendidos.

Así que, Manolo, iremos a la charla y llevaré la palabra. Y tú llevarás la tuya, siempre interesante. Y Jesús cargará con la suya. Y hollaremos caminos. Y nos sentaremos a la lumbre para comer la carne y beber esos licores que tan bien nos sientan. Y sentiremos una vez más el peso y el valor de la palabra. Venga.

N.B. Procuraré, no obstante, arrimar a la mochila un buen vino para beberlo cara al cielo, como lo hicieron Lázaro de Tormes o Sancho. El cielo nos envidiará.

jueves, 20 de noviembre de 2008

DE BONA VOLUNTATE



Releo, de nuevo y van…, las largas aventuras de Don Quijote. No quiero resucitar refranes ni consejas pero esto es como aquello, “… todo es comenzar”. Me pilla una situación favorable en tiempo y ocupaciones, me da por abrir sus páginas, y me zambullo en ellas durante largas horas. No siempre me gusta lo mismo, tengo que confesarlo, creo además que está repleto de elementos formales y doctrinales discutibles, pero es un pozo sin fondo y siempre tengo el caldero preparado para que aparezca en el brocal lleno de agua.

Andaba esta tarde sosegándome en los capítulos primeros de la segunda parte. He llegado hasta el XIII. Está a punto Don Quijote de vencer al único caballero que se le ofrece como tal en el camino, el caballero del Bosque, caballero de los Espejos, el disfrazado de tal, Sansón Carrasco, y su figurante escudero Tomé Cecial. Sancho y Tomé se cuentan sus penas en un aparte regado con el queso y el buen vino envasado en bota, con la cual Sancho pasó buen rato mirando las estrellas. Y, alabando a su amo, destaca de él estas cualidades: “Digo que no tiene nada de bellaco, antes tiene un alma como un cántaro; no sabe hacer mal a nadie, sino bien a todos, ni tiene malicia alguna; un niño le hará entender que es de noche en la mitad del día, y por esta sencillez le quiero como a las telas de mi corazón, y no me amaño a dejarle, por más disparates que haga”.

Tengo la impresión de estar rodeado a diario de personas que fían su aprobación a los aciertos o a los errores, sin tener en cuenta el grado de voluntad que se haya puesto en el intento. Y me parece absolutamente injusto. Tanto más si esa consideración la veo en boca de gentes cuya capacidad se muestra tan limitada y su argumentación justiciera la apartan en cuanto se trata de juzgar su propia actividad. Esto de triunfar y de fracasar tiene muchos padres y en el depósito final se mezclan muchas posibilidades. La vida depende de tantas variables azarosas que se nos presentan sin haberlas llamado, que el guiso no se puede degustar sin entender bien todos los condimentos.

Por eso quiero, de la mano de Sancho, reivindicar el valor de las buenas intenciones, de la voluntad abierta y de la figura que viene de frente sin maldades ni dobleces. No corren buenos tiempos para reivindicar voluntades sino para perseguir como sea resultados. Yo, sin embargo, quiero seguirle ofreciendo un trocito de mi voluntad y de mi manera de ser a las buenas intenciones. Me gustaría pasarme un poco más de tierno y bonachón que de listillo.

En fin, amanecerá Dios y medraremos.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

DOS MIAJONES ME ASALTAN Y ME INCITAN



A veces me pregunto por la persistencia en la escritura diaria en estas notas de mi blog. Y hay mitad y mitad de gusto y de exigencia. Ya no me encuentro a gusto si durante un ratito diario no tecleo unas líneas. La costumbre es fuente de ley y aquí tal vez se cumpla este principio. Así que me desquito y mato el gusanillo. Pero hay otro empujón, otro miajón oculto que me asalta y me incita. Lo he dicho varias veces: necesito salvar al menos un minuto de las horas del día, cualquier nota a pie de página que me eleve y me haga sentir en otro nivel más denso, que me acote el tiempo o el espacio para poder lanzarlo desde su comprensión.

Por eso tengo claro que escribo sobre todo para mí, para pensarme un poco, para desdoblarme y contemplarme un poco, escudero a caballo y caballero en rucio, por esos caminos que surcan el calendario. Y por eso me detengo un día aquí y el siguiente en otra esquina, sin orden ni concierto aparentes, al pairo de lo que en el momento se me ocurra, o acaso obedeciendo los impulsos de aquel detalle que se me quedó pintado en la retina.

Esa falta aparente de trabazón y lógica me provoca ventajas y me señala desventajas bien notables. De vez en cuando releo y siento la frescura de lo que me señala la brevedad de un día, de lo que apunta a un simple detalle y apenas desarrolla un breve esbozo. Pero también constato que las señas, los hitos, las luces y las sombras, se repiten constantes y obsesivos. Son esas cuatro cosas en las que anda uno engolfado sin saberlo, o sin ser demasiado consciente de ello, durante los cuatro días que dura este camino. Sé muy bien que se dibuja un álbum de fotos que, lentamente, conforman un reportaje bastante fiel de lo que uno es. O sea, poca cosa. Porque escribo al dictado del impulso, de lo que surge y grita en el momento. Por eso la obsesión y las repeticiones, por eso la misma idea con distintas versiones, por eso el balbuceo, por eso la aparente dispersión.

Me interesa volver para mirarlo, para verme y sentirme, para dejar un surco de semilla para mis allegados, para decir que anduve fatigado, levantándome a veces y cayendo de nuevo, tratando de dar luz a tantas dudas, o al menos a señalar la sensación de tantas oscuridades, solicitando auxilio tantas veces… En fin, viviendo a golpes, como cualquier humano.

Por supuesto, me gusta compartir con otras gentes, sentir sus manos cerca, comprobar que, en el fondo, tienen los mismos males y gozan con sucesos semejantes. Que no hay ser que se defina sin la presencia de todos los demás, sin compartir las luces y las sombras. Pero sé que al principio y al final estoy en cuerpo y alma. Qué le vamos a hacer, soy un fan de mí mismo, un egoísta fiel y convencido, un egotista que aspira a revolver contra sí mismo todo lo que haga falta. Un Quijote y un Sancho al mismo tiempo. Un mal tipo, seguro. O acaso no sea tanto.

martes, 18 de noviembre de 2008

ES LA VIDA QUE PASA



¿Ves como va pasando todo el ruido y se queda en rumor acomplejado, después en simple eco y más tarde en silencio y en olvido? Mira hacia cualquier sitio, acota cualquier tiempo, espía cualquier trayecto de la Historia. ¿Qué te queda de todo? Apenas un recuerdo. Y eso que en los pliegues de una difusa capa recogida, o en páginas ajadas de algún álbum, se mantienen imágenes que conservan el brillo y se revelan con tonos bien cumplidos. Tú guardas unos cuantos y los abres casi todos los días. Esas miradas fijas te mantienen, te salvan y te empujan hasta el reino del llanto o de la risa.

Hay otros recorridos que apuntan en sentido bien distinto, pues son primero espera, luego un susurro débil, debilísimo, más tarde se convierten en murmullo y crecen hasta el nivel del canto y hasta del griterío.

Es la vida que pasa, se sucede, va en camino infinito de ida y vuelta, se asoma y se recoge, da pistas o apabulla según toque, reniega de nosotros o nos presenta el lazo de la seducción, se oscurece o destella, exige o nos reparte a manos llenas, nos mira y se sonríe seguramente, o acaso simplemente nos ignora.
Es la vida que pasa, es la vida que pasa, no lo dudes. Y con ella el amor, también el odio, los vaivenes del día y de la noche, el tiempo que se pasa, que es lo que siempre pasa. Obsérvala, no tiembles ni te ocultes, enfréntala con ánimo de ser su compañero, viólala a cada instante, que está hecha para ti. Y cuando te maltrate, engáñate a ti mismo y piensa que es un guiño o un trago pasajero, finge como poeta aunque sepas que estás en la mentira y le darás belleza y unas gotas de cierta intensidad.

Es la vida, quizás solo tu vida, un sueño entre las nubes del camino.

lunes, 17 de noviembre de 2008

HE JUGADO CASI TEMBLOROSO

He jugado casi tembloroso a acariciar las formas primigenias de una figura en ciernes que se anuncia en los colores de una ecografía. Todo el campo se ofrece a los brazos de la imaginación. En esas formas cabe todo el futuro, en esos puntos en blanco y negro se encierran todo el silencio y toda la oscuridad. El tiempo y el espacio han roto su infinitud, han hecho un hueco y se han apiadado de unas células. En ellas todo el germen de la vida, todo el porvenir a cuestas, todo el misterio en reino. Ojo, se abre el paréntesis, se concreta un proyecto, se ilumina un espacio. Aún parece que todo es de algodón y que se escurre entre las manos de la fantasía. Pero tomará cuerpo y afirmará la sed de su presencia. Y otra vez el espacio y el tiempo jugarán a ser niños y a romperse entre juegos, entre amores y odios. Ojalá cuando entienda la luz sea la del rayo del amor entre los suyos y cuando oiga el sonido sea el de la melodía de las buenas palabras que convoca a la paz y a la justicia.

Espero que le sirva el poema aunque fue imaginado hace ya tiempo:

LLEGARON de muy lejos
Los primeros vestigios de la noche.
La piedra, demolida por la espera
De siglos en el centro
De aquella red tejida por la nada,
Se sorprendió extendiendo sus junturas
Hacia el eco indeciso, susurrado,
Acunado a sí mismo en el regazo
De su imprecisa sensación de ser.

Desde el otro confín del horizonte,
Donde se une el deseo con la tiniebla,
Se fue acercando sigilosamente,
Como arañando brumas,
Hasta hacerse presente en los dominios
Del reino del olvido.

Tus ojos comprendieron, tus oídos
Sintieron que una ruta, marcada
Por la voz de otros gemidos,
Te aguardaba en su seno. No podías
Negarte a su susurro. Tras los ecos
Llegaron nuevos ecos y, a su lado,
Nuevos ecos, y ecos y más ecos.

Y te erguiste hacia el cielo,
Buscando hacerte fiel, enderezarte,
Tocar tus manos tibias, sorprenderte
Tú mismo hacia lejanas tierras.

Ni surcos, ni senderos ni sandalias;
El cielo y las arenas
Contra las exigencias
Del tiempo y del espacio.

Y un eco debilísimo y seguro
Tirando de tus carnes
Hacia otro puerto extraño y misterioso.

domingo, 16 de noviembre de 2008

O HUIR EN OLVIDO DE OTRAS COSAS




Contra envidia, caridad; contra lujuria… ¡Contra lujuria, nada! Cuando era niño me hicieron aprender toda una serie de contras y de recontras de carácter religioso que felizmente he olvidado. Pero vaya que si hay contras.

Por ejemplo yo hoy he puesto, contra al desencanto de ayer (muy relativo porque cada día espero menos de casi todo), otra salida a la naturaleza. Lo he confesado en muchas ocasiones: no sé si, en el fondo, es salir al encuentro de algo o es huir en olvido de otras cosas. El caso es que, de bon matin -es por mandarle un saludo y un beso a Sinda-, salimos en coche hacia el paisaje de la Peña de Francia. Y por sus faldas, hollando las laderas que ascienden desde la Alberca, hemos pasado el día, hemos sacado fotos, hemos comido al abrigo de la Peña el Huevo, hemos contemplado paisajes inmensos, nos hemos llenado de sabor a pinos y a pinares, y hasta hemos recorrido las venas del valle de las Hurdes. Y juro que otra vez me he llenado de sensaciones de todo tipo. Solo recojo una. En su caída hacia Extremadura, desde el puerto del Portillo, desciende vertiginosamente un paisaje milenario que da entrada y sirve de portón casi infranqueable a las Hurdes. Todo el mundo conoce algo de historia de esta comarca. No sé si se conoce en el mismo grado el avance importantísimo que estas tierras han logrado en los últimos años. Ni tampoco cuántos pueden considerar que realmente las primeras divisiones de comunidades las provocan los accidentes naturales. ¿Quién no iba a entender la suspensión del tiempo en una comarca hundida entre profundos valles y aislada y taponada por los cuatro puntos cardinales? Esto sí que podría ser una autonomía o una nación y no otras realidades tan artificiosas. Estos costillares en el centro de la Península señalan mejor que nada la división entre el norte y el sur de la piel de toro. Desde aquí se puede mirar a una vertiente y a otra. Por aquí duele España en todo su espinazo. Al fin y al cabo, por arriba y por abajo, todo termina meciéndose en el nivel del mar. Estas son otras cotas, y son otras señales contra la faz del cielo. Hoy la Peña de Francia servía de mirador, y la sierra de Béjar ofrecía su telón de fondo blanco al extraño teatro de la vida. Por el medio, los pueblos, serranos todos, del sur de Salamanca y del norte de Cáceres.

En la plaza mayor de la Alberca, y en pleno noviembre, unos balcones nos recibieron con estas maravillas naturales. Los dieciséis kilómetros de ruta bien merecieron la pena, la sierra también, y los buitres, y la niebla de fondo, entre el suelo y el sol del cielo, y el gris ya muy oscuro de las hojas, y los grandes pinares, y las numerosas pedreras, y la imagen soñada de Unamuno pensando allá en la altura, y el silencio profundo del convento de San José en lo más hondo del valle…, y el ansia de infinito que invadía al caminante.

Lo demás poco importa.