miércoles 11 de noviembre de 2009

ME CUENTAN

ME CUENTAN que has dejado
de invitarme a tus sueños,
que ya no me haces sitio
entre los pliegues tersos de tu cama.

Ahora en mí es todo invierno, todo frío,
todo es hielo en las ramas de los árboles,
puñales recubiertos como espadas desnudas,
todo es descenso térmico en el cielo.
Las estrellas tiritan sin encontrar cobijo,
los cielos, las ventanas, las farolas, los ríos,
el suelo y los tejados, las noches, mis sentidos.

¿Vendrá la primavera hasta mi casa
con el regalo de sus rayos tibios?
¿Tendré que acostumbrarme, sin remedio,
a esta vida de iglú sin tu cariño?

Acógeme de nuevo,
que tengo mucho, demasiado frío.

martes 10 de noviembre de 2009

TU SONRISA Y TUS LÁGRIMAS

ASOMABA a tus ojos
el fulgor desvaído
de unas delgadas lágrimas.
Era la última imagen
de un álbum de tristezas
que habías leído en silencio.
En el pasaje lento de las hojas
quedaban refugiados los recuerdos
de otras mejores tardes.

Ahora solo te puede la sonrisa,
esa mezcla de sal, de luz, de vida;
se asoma el sol luciendo en tu ventana
con sus mejores rayos
y no hay belleza como tu sonrisa,
y no hay rayo que iguale tu mirada.

lunes 9 de noviembre de 2009

TODOS LOS MUROS

Por fin veo un día abrir informativos con un asunto realmente importante. Otra cosa es el nivel de profundidad, de nostalgia o de demagogia con el que se haga, según los casos.

Veinte años de la caída del muro de Berlín. Parece que todo se lo ha tragado la tierra y, sin embargo, veinte años no es nada, ni bailando tangos. La caída de ese muro simbólico y físico tiene muchas lecturas y muchos niveles de interpretación y seguramente sumarlos todos en un revolutum no sería lo más honrado intelectualmente.

El primer nivel de análisis podría situarse entre los habitantes de las dos Alemanias. Seguro que la mayor parte de sus habitantes respondería en su día con el contento por ese hecho, pues en ellos actuaba un elemento emocional importante: tan solo habían sido unos decenios y los lazos familiares e históricos se imponían a todo lo demás. Seguramente por eso, la caída supuso una ruptura emocional y un reencuentro entre personas, familias, ciudadanos e historia compartida que de ninguna manera se podía ni se debía parar. No sé si la respuesta sería la misma hoy por parte de los que han vivido las dos situaciones.

Otro nivel es el de la caída de un elemento que dividía ideológicamente el mundo en dos grandes bloques y que los tenía espalda con espalda y muertos de miedo en todo lo que se llamó la guerra fría. Romper barreras, en cualquier sentido, suponía, y supondrá siempre, un añadido de emoción para todos que no se puede olvidar. Era un hito realmente histórico y los protagonistas físicos lo debieron entender así de manera casi espontánea. Haber intentado frenarlo habría supuesto seguramente un baño de sangre insoportable.

Veinte años más tarde los foros de gentes sensatas y no movidas por el interés comercial ni de simple imaginería deberían formularse diversas preguntas. Como el régimen que se desmoronó fue el del Este, no estaría de más analizar hasta qué punto sus mecanismos y sus raíces se habían deteriorado hasta dar lugar, casi de una manera natural e inevitable, a aquel hecho. Tampoco importaría que, a pesar de todo lo que ha llovido por todas partes, nos enfrentemos a la pregunta de si el comunismo ha aportado algo positivo a la historia o ha resultado un retroceso. Y acaso no seríamos incoherentes si formuláramos la misma pregunta al capitalismo, sobre todo teniendo en cuenta que este último régimen realmente lleva, salvo estos setenta u ochenta años y en territorios concretos y determinados, controlando nuestra vida y la de todos nuestros antepasados durante toda la Historia.

Mucho bocado para treinta líneas, claro. Volveré a apuntar, sin embargo, que no tengo tan clara ninguna postura, que el régimen comunista ha aportado muchos elementos de progreso y de enseñanza, que no es lo mismo el “socialismo real” que el socialismo teórico, que hay seguramente diversas maneras de llevar a la práctica estas teorías, que la injusticia sigue campando por sus respetos en todo el mundo, que cada día las desigualdades son más evidentes, que no se puede mantener ningún régimen con dirigentes perpetuos o semiperpetuos, que el culto al líder es insostenible desde cualquier punto de vista y el régimen comunista parece que lo favorecía claramente, que conceptos como la plusvalía siguen ahí dándonos en las narices, salvo que o seamos tontos o nos hagamos los imbéciles, que prefiero una dictadura del proletariado (con explicación) antes que las que sufro de las oligarquías y de los monopolios, que un mundo con una sola superpotencia, controlado desde un país, corre el peligro de ser peor que el mismo mundo controlado desde dos potencias, que el capitalismo sin rostro humano es sencillamente degradante para todos, que habrá que seguir buscando fórmulas para valorar a todos los seres que componen una sociedad de la misma manera y darles igualdad de oportunidades real y no formal y mentirosa, que necesitamos como el comer algún grupo de conciencia social que nos despierte del dormir continuo en el que andamos anegados a través de todos los medios de presión, entre los que destacan los medios de comunicación, siempre al servicio de los poderosos, que si no cambiamos el espíritu egoísta por algún barniz comunitario y social esto es la selva y un grito continuo de sálvese quien pueda, que necesitamos enfrentarnos a los hechos con franqueza y sencillez, pero con la razón por delante y dispuestos a enfrentar la realidad y sus transformaciones sin miedo y guiados por esa verdades que hayamos razonado y lejos de otras influencias irracionales, que mata mucho más quien aniquila posibilidades diariamente y convierte la sociedad en una desigualdad aborrecible, que si no creemos en el ser humano como tal, en todos, por el hecho de serlo, corremos el peligro de amodorrarnos, de envilecernos y de olvidarnos de todo aquel al que la vida le haya tratado mal, que las unidades económicas nos siguen marcando la pauta de nuestros cambios sociales y que no analizarlas es dejarse engañar, y hay muchas fuerzas y medios dispuestos a engañarnos y a dirigirnos a su antojo, que actualizar teorías es siempre bueno y seguir defendiendo principios también, que…

Qué forma tan boba de trivializar en los medios algo tan importante como eso llamado la caída del muro de Berlín. Otra forma de amodorrarnos. Y que les pregunten a los que vivieron y viven las dos condiciones, que también tendrán algo que decir desde esas vivencias personales. Demasiadas variables como para fulminar estos asuntos con tres palabras.

Y que caigan todos los muros, no solo los visibles que por ahí quedan, algunos haciendo frontera con el imperio, sino sobre todo los invisibles pero dolorosos de la pobreza, de la desigualdad de oportunidades, de la degradación humana, de la falta de libertades reales y de tantos males como habitan entre nosotros. Por esto sí que levanto mi copa.

domingo 8 de noviembre de 2009

LA TARDE NO SE ENCUENTRA

LA TARDE NO SE ENCUENTRA

Envejecen las piedras de los mares,
que se ofrecen rendidas,
como cantos rodados,
a las arenas lentas de las playas;
dan sus postreros signos los cerezos
con sus hojas rojizas a los vientos;
la luz de tu mirada
refleja en gris la vida que fue otro día alba pura;
la tarde no se encuentra
ni en fuentes ni en regatos con frescura;
tus sentidos giran al ritmo lento
de mi usual respiración; es la lluvia
un pañuelo goteando la tristeza
desde la luz sutil de una ventana;
nunca cambia la hora
si no es para encoger el reino de la luz.

Yo camino sin rumbo conocido,
con tenue luz de fondo
colgada en le plafón de una farola.
Miro al suelo y camino.
Silencio. Noche oscura.

sábado 7 de noviembre de 2009

SI...

Si aquella tarde no hubiera leído el anuncio en aquel periódico que casi nunca ojeaba, si no me hubiera fijado en el anuncio que ocupaba casi toda la página y que la llenaba de color, si no me hubiera sobrado tiempo para repasar mis papeles, si el teléfono hubiera sonado con la llamada que esperaba, si no hubiera decidido repasar con mi vista tu figura, sin no me hubiera coincidido aquel fin de semana tan a trasmano y lejos de mis lugares habituales…

Si no hubiera visto repetida tu figura en los carteles, si no me hubiera correspondido aquella fecha para cerrar el acuerdo, si no hubiera coincidido en aquel hotel de las afueras de la ciudad, si no me hubiera comido la curiosidad por conocerte y por ponerte cara frente a mí y realidad a mis imaginaciones, si no me hubiera sentado tan pronto para cenar en la misma esquina del comedor, si no hubieras aparecido con aquel vestido de gasas y con cara de distraída, si te hubieras sentado de espaldas a mi mesa y no de frente, si el camarero hubiera sido más diligente y no hubiera tardado tanto en servir cada plato, si no te hubiera visto envuelta en las volutas del humo de tu cigarro, si no hubiera necesitado pedirte un brindis y algún recordatorio…

Si el ambiente no hubiera sido tan caluroso y la noche no se hubiera llevado todos los olores al jardín, si aquel aire tropical hubiera tenido alguna pausa, si no hubieras sonreído con aquella sonrisa de terciopelo que me dejó desarmado, si no hubieras vuelto tu cabeza hasta dejarla apoyada en tu hombro como pidiendo perdón, si tu pelo no se hubiera desdibujado en la brisa, si la melodía de la música hubiera sido otra…

Si tus labios no hubieran sido dos gaviotas volando sobre el mar, si la gente no hubiera dibujado parejas en todo el jardín, si tu cuello no hubiera sido tan esbelto y tu nuca tan mullida, si tu cintura no se me hubiera mostrado al natural, si tus movimientos no hubieran simulado tan suave contoneo, si no me hubieras dicho que todo estaba bien, si la luna se hubiera vuelto opaca y el cielo un tanto gris, si tus piernas no fueran dos columnas que sostienen tu templo…

Si el reloj no se hubiera olvidado de marcar el tiempo, si tus brazos no hubieran cogido mis brazos, si tu piel no me hubiera llamado, si no me hubiera embarcado a navegar por tu cuerpo, si mi euforia no hubiera encontrado su certeza, si tu sonrisa no me hubiera diluido, si tu cuerpo no hubiera sido deseado por todos los que cruzaban la noche, si tu habitación no hubiera estado tan próxima, si el ritmo no se hubiera acelerado, si hubiéramos pensado en que aquella tenía que ser la última copa, si no nos hubiéramos olvidado de todo, incluso de nosotros, si hubieran existido el pasado y el futuro, y no solo el presente cifrado en aquellas horas, si una fuerza ciega no se hubiera desatado, si todo el cielo no hubiera bajado en un momento a contemplarnos, si no nos hubiéramos perdido en los brazos del horizonte, si hubiéramos encontrado la calma y el sosiego…

Si la mañana nos hubiera devuelto al tiempo y al espacio, si hubiera remitido la fuerza cegadora, si mi recuerdo fuera tan solo eso, un recuerdo…

viernes 6 de noviembre de 2009

"DECISIONES CONSCIENTES"

“Cada una de las grandes transformaciones conscientes que tuvieron lugar en la historia y prehistoria fue consecuencia de decisiones conscientes, pero las decisiones conscientes no tuvieron por objeto grandes transformaciones.” Nuestra especie; Marvin Harris.

Resulta sobrecogedor echar una ojeada a la enorme cantidad de transformaciones que se han producido en los últimos decenios. En todos los sentidos, pero sobre todo en el mundo de la técnica, esto es, de la ciencia aplicada. Parece como si el ser humano se hubiera instalado en una carrera desenfrenada por rodearse de nuevas realidades o, mejor, de nuevas formas de la misma realidad. Tal es el alucinamiento y la sorpresa qua apenas nos da tiempo de describirlas. Mucho menos, por supuesto, de pensar en ellas, en sus causas y en sus consecuencias.

Lo cierto es que muchas de ellas en forma individual, y todas en conjunto por supuesto, han transformado la vida de una manera cuando menos sospechosa.

Sirve casi cualquier ejemplo, pero valga para estas líneas el del automóvil. Uno imagina la cara de sorpresa, el estado de ánimo compulsivo, la embriaguez anímica y el grado de satisfacción de los primeros impulsores y apenas les puede poner ningún pero. Era una nueva realidad, un cambio extraordinario, de la rueda tirada por animales a la rueda movida por su cuenta y a una velocidad insospechada hasta entonces. Milagro. Y de los grandes. Claro que fueron decisiones conscientes las que llevaron a poner el primer coche en la calle; decisiones que ocuparon a muchas voluntades, y seguro que en todas habitaba el deseo de dar un buen empujón en el bienestar de la humanidad.

Pero el vehículo se puso en la calle. ¿Y después? Después tuvieron que llegar las carreteras, y la autovías, y las fábricas de coches, y las calles atestadas y sin dar tregua al peatón, sin competidor hasta entonces, y las caravanas, y los atascos, y las horas para llegar al puesto de trabajo, y los residuos, y los gases, y el efecto invernadero, y el cambio climático, y las casas de seguros, y la publicidad acosadora, y los planes renove, y las letras, y las marcas, y las presunciones, y los talleres, y la organización de los tiempos libres, y las posibilidades de vivir y convivir desde lugares distantes, y la subdivisión de los trabajos, y…

Todo un mundo diferente. ¿Los que estaban en la línea de salida del automóvil soñaban con algún esbozo de lo que iba a suceder después? El ejemplo es demasiado evidente como para responder negativamente sin ninguna duda.

¿Es difícil imaginar -con los antecedentes que tenemos-una revolución histórica a partir del mundo de los ordenadores? Parece evidente que no. Pero, ¿quién puede señalar sus dimensiones y sus consecuencias? A la vista de otros ejemplos, seguramente nadie.

Estamos necesitados de personas que levanten la mirada y que vean en el horizonte algo de lo que puede suceder más adelante, que pongan límite a la sucesión boba de hechos que parecen tener su límite en ellos mismos y dejan sin resuello a los usuarios, encantados por los cantos de sirena de los mismos. No es fácil que las leyes del mercado lo permitan pues son insaciables y todo se les va en las cuentas de resultados. Pero es que hay límites que no podemos sobrepasar si no queremos quedarnos con todo al aire y expuestos a nuestra propia destrucción. Nos va nuestro progreso cultural en ello, e incluso nuestra propia supervivencia. Parece que esto no cotiza ni social ni políticamente…, pero es tan necesario…

“Las decisiones conscientes no tuvieron por objeto grandes transformaciones”, pero las desencadenaron. Y lo siguen haciendo. No controlarlas desde unos parámetros sociales conduce al caos. Y en él nos podemos perder todos nosotros, como individuos y como especie.

¿Quién dijo que el mercado lo soluciona todo? Valiente imbécil, valiente subnormal.

jueves 5 de noviembre de 2009

UN DÍA SIN PAN

“Esto es más largo que un día sin pan” sigue rezando un dicho castizo.
A mí se me ha cumplido literalmente y hasta con creces. Unas treinta horas sin probar bocado por culpa de una colonoscopia. Y bien poco que me ha importado esto porque ha habido algún rato en el proceso bastante más complicado.

Ayer me metí para el cuerpo una comida normal y ya desde las seis comencé a ponerme en capilla. Me aguardaban unas sustancias melosas diluidas en dos litros de agua y las tenía que beber en dos horas para limpiar mi estómago y mi colon. La primera parte pasó bien pero la segunda se plantó en mi cabeza y yo me encaré con ella, hasta el punto de desistir cuando iba por el segundo vaso. Siempre he sido un mal enfermo y no iba a ser de otra manera en esta ocasión. Así que me fui a acostar con el estómago vacío y con el recuerdo desagradable de la sustancia melosa. Mis tripas para entonces bailaban sin cesar un baile movidito. Estaban ya vacías y eso era lo importante. Así que a esperar.

No pasé del todo mal la noche, aunque todo era esperar a que pasaran las horas hasta el momento de la indagación.

La mañana se me fue en lecturas ganadas a las horas para evitar que mi mente se metiera en huertos prohibidos y que mi imaginación me llevara a imágenes sin sentido. Pero el cuerpo pide pan y aquello era más largo que un día sin él. Y nos dieron las diez, y las once, las doce, la una, las dos y las tres, pero en situación bien diferente a la de la canción.

No me asusta el hambre, a pesar de todo, y nos fuimos a Salamanca entre el día gris y la intención de lluvia. Conduje sin reparos, seguro de que lo peor ya había pasado en casa y sabiendo que, en este caso, el camino era peor que la llegada.

Poco tuve que esperar en la sala hasta que una enfermera me llamó para colocarme un gotero en un brazo. Y a esperar turno. Con el hambre a cuestas y con el nerviosismo de lo que supone una sedación y la incertidumbre de los resultados de la prueba.

Había que distraerse con algo porque aquello iba para largo, a la vista de los que, delante de mí, aguardaban para lo mismo. Así que se me ocurrió engolfarme de nuevo en la lectura. Esta vez de un poemario que me transportó hasta el Tibet y a sus ciudades, a su religión y a sus conventos, a su espíritu y a su clima. Todo era también en el libro un poco nebuloso, como si me fuera preparando para perder la consciencia. Terminé la lectura del poemario en el justo momento en el que me llamaron para realizar la prueba. No es probable que nunca más vuelva a preparar una actividad de este tipo con la lectura de poemas exactamente hasta el momento en que me condujeron como corderillo a la sala en la que me esperaban varias personas.

Saludos, algunas preguntas, la máscara de oxígeno y el anestesista que se me acerca. “Te molestará un poco la entrada de la anestesia por el brazo, pero será muy poco tiempo”. Se excedió el anestesista pues apenas tuve consciencia de que comenzaba a entrar en vena la sustancia que me dejaba inconsciente. Caí sin descabello.

Lo demás sería como tuviera que ser porque yo no supe nada de ello. Apenas entendí que volvía otra vez en mí cuando me sentaron en una silla para que me recuperara.
Todo había pasado y apenas estaba a la espera de la recuperación total que no tardó en llegar

Con resultados positivos, todo tenía menos importancia y se veía de mejor color.

Siempre se corren dos riesgos en este tipo de pruebas: cualquier posible complicación en la prueba y el resultado incierto.

Con más hambre, con más ánimos, con los resultados en la mano y anochecido ya el día, salimos a la calle y trasladamos el sobrecito a otro médico. Casi eufórico, me agarré al volante y ejercí de conductor también a la vuelta. Un poco temerario, la verdad. Aún tuve tiempo para practicar un poco la lengua del imperio y de sentarme para disfrutar de una copiosa cena.

Había estado más de veinticuatro horas sin pan. Se me hizo todo largo. Ahora estoy satisfecho y contento. Me gustaría dormir bien y olvidarme de colonoscopias durante varios años. Espero.