jueves, 11 de diciembre de 2008

CUIDADO CON LA MECHA

Abro los ojos y me lleno de imágenes que me llegan de Grecia y de Madrid, pero que, en otra perspectiva, también me vienen de cualquier otro sitio. Con gente nerviosa y agridulce, dispuesta a cualquier cosa a poco que la inciten. Andan los tiempos revueltos y con un ciclón encima que no parece que se mueva si no es para dejar nubes más negras. Y las comunidades se miran asustadas, sin saber de qué modo hacerle frente a tanta agua y a tanta ventisca. No sirven ahora ni las buenas ni las malas voluntades, ni los personalismos ni las versiones más sociales del asunto. El personal no sabe por dónde tirar en esta encrucijada. Sencillamente eso. Y se encoge y se aquieta y se anula y se asusta. Y parece que no responde ninguno de esos mecanismos que empujaban al mercado. Los que nos movíamos más poco a poco, con coches ancianitos, con gastos escasos y con pestes frecuentes al sistema (no sé si no seríamos etimológicamente los antisistema), tampoco sabemos cómo comportarnos. Desde luego, tampoco es para sacar pecho: no tiene ningún sentido. Pero sí tal vez nos podríamos permitir volver a recordar que el sistema habrá que rehacerlo y revivirlo, que hace demasiadas aguas por todas partes y que cíclicamente volverá a repetir estas desmesuras. Y siempre a costa de los más débiles. Esta vez los más débiles tal vez sean demasiados y veremos en qué medida nos podemos desentender de ellos. No será fácil. Ni conveniente, coño.

Ya no valen paños calientes ni soluciones regionales ni localistas; en el envite anda embarcado todo el mundo. Releía esta tarde páginas de “En torno al casticismo” de Unamuno. Desde su espíritu, siempre abierto, agonista y contradictorio, clama por el progreso, por la apertura: “Tenemos que abrir de par en par las ventanas al campo europeo para que se oree la patria. Tenemos que europeizarnos y chapuzarnos en pueblo.” Para ser sinceros, don Miguel aplicaba esta idea a otras realidades (nacionalismos, inquisición, costumbres, ciencia, arte…), pero no vienen mal en este contexto, a pesar del siglo transcurrido.

La demagogia acecha desde la estrecha boca de los patrioteros. La mecha está preparada y conviene no acercarle ninguna cerilla, si no es la del razonamiento y la de la amplitud de miras. No es fácil encontrar dirigentes dispuestos a ello. Peor para todos.

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