lunes, 31 de agosto de 2009

LIBROS

Intentaré anotar aquí el nombre de los libros que voy leyendo como simple referencia. Comienzo en los primeros días del mes de mayo de 2009.


.- El peluquero de Dios; Antonio Crespo Massieu; Edit. Bartleby Editores. Relatos. 3-05
.- Las preguntas de la vida; Fernando Savater; Ariel. Ensayo. 4-05
.- Primera persona; Omar Pimienta; Litteral Libros. Poesía. 5-05
.- Revista Separata (Revista literaria mejicana)
.-Como una novela; Penna
.- Diccionario de dudas; José María Cumbreño
.-Memoría; Ben Clark
.-Siete casas en Francia; Bernardo Atxaga
.-Poesía para jóvenes; Mario Benedetti (relectura)
.-Reflexiones sobre la poesía (no es título exacto); Ada Salas.
N.B. Todos antes del 19 de mayo.
.-Mal de escuela; Penna. Ensayo? 21-05
.- 101+19 120; Ángel González 22-05 Poesía (relectura)
N.B. Vuelve a producirse un vacío hasta el mes de julio (se me ha olvidado apuntar).
.- Adonay, adóname; Mª Fuencisla García Casar. Relato breve. Julio.
.-101+19=120; Ángel González (otra vez). Poesía. Julio.
.- Panthera Onca; Felis Bernandesii (mejicano). Relatos breves. Julio.
.-Vox 2.0; Varios. Poesía y relatos. Julio.
.-Poemas; Carmen Martín Gaite. Poesía. Julio.
.-Arresto domiciliario; Margarito Cuellar (mejicano). Poesía. Julio.
.-Anatomía de un instante; Javier Cercas. Novela. Julio.
.- Voces del extremo. Poesía y tecnología. Varios. Julio.
.-La aventura de pensar; Fernando Savater. Ensayo. Julio.
.-Libro cero; Fernando Díaz San Miguel. Poesía. 07-16.
.-Mi padre; Isabel Bono. Poesía. 07-17
.-Que el fuego recuerde nuestros nombres; Antonio Orihuela. 07-17
.- Gomorra; Roberto Saviano. 07/23
.- Dibujos al carbón de la flor y la abeja para Amy; Dante Medina. Poesía 07/24
.- El tesoro de los saberes olvidados; Jacqueline de Romilly. Ensayo 07/25
.- San Manuel Bueno, mártir; Miguel de Unamuno. Novela 07/29
.- Odisea; Homero 08/03
.- El Quijote; Cervantes 08/23
.- Antígona; Esquilo. Teatro. 23/08.
.- Edipo Rey; Esquilo. Teatro 24/08.
.- Vida de don Quijote y Sancho; Miguel de Unamuno. Ensayo. 08/26
.- No me pidas que cante cuando vengas; Vicente Martín Martín. Poesía. 08/26.
.- Los hijos de los hijos de la ira; Ben Clark. Poesía. 08/27.
.-Década; Andrés Neuman. Poesía. 08/28.
.-10 ateos cambian de autobús; José Ramón Ayllón. Ensayo? 08/29.
.- Paisajes e impresiones. Un recorrido por la Reserva de la Biosfera de las Sierras de Béjar y Francia; VV.AA. ¿? 08/31.

Se me ocurrió, a comienzos de mayo, anotar el nombre de los libros que, en forma completa, leía. Es un ejercicio que debía haber realizado mucho antes. Quería fijarme, para algún periodo al menos, en varias cosas: ritmo de lectura, elección de géneros, repetición de libros, concentración de temas…
Se me olvidó la obligación al segundo mes de asumirla, o sea, en el mes de junio. No importa. A estas alturas, recojo lo perteneciente a tres meses y sobre esta lista tendré que hacerme algunas consideraciones personales.

Algunas me saltan al camino enseguida, otras las rumiaré en silencio.

a)Concentro mi atención en poesía y ensayo. Es algo que viene de largo y no me desagrada. Supongo, por ello, que seguiré en el empeño, sobre todo en la creación y en el ensayo filosóficos.

b)No incorporo casi nombres de novelas “actuales”. También es otra tendencia que tiene tradición. Un ejemplo: casi nunca abro un libro y lo cierro antes de terminar su lectura; sin embargo, sí lo he hecho, a las cien páginas, con uno de los títulos de esa saga Milenium (¿se llama así?), que más que una saga parece una plaga.

c)Las obras clásicas siguen pesando. Y acaso deberían pesar más pues, a estas alturas, no estoy para cualquier aventura.

d)No estoy seguro de que este sea mi ritmo de lectura; hay momentos mejores y los hay peores, pero esto me importa menos, que nadie me atosiga salvo mi conciencia.

e)Seguramente sigo “disgregando” mucho los temas y las ideas. Es el viejo asunto de aprendiz de todo y maestro de nada.

f)Echo un cálculo de lecturas multiplicando tiempos y libros y me sale… ufffffffff.

g)¿Y si hubiera especializado mis atenciones lectoras desde siempre en un tema?

h)No hay apenas títulos de obras en otras lenguas. Como si uno estuviera recluido en su propia casa y no pudiera lucir palmito con otras culturas. Habría tanto que decir acerca de este asunto… Cuidado con los manifestantes, mejor que no provoquen.

i)Hay relectura, pero no sé si tanta como en otros periodos.

En fin, que muchas cosas. Me siento relativamente satisfecho. Si cada libro, por malo que sea, esconde siempre alguna buena enseñanza (don Quijote dixit), tengo aquí un buen puñado de ideas. Otra cosa es que las sepa asimilar, y más tarde aplicar. Veremos.

BUENOS MODALES

En un viejo cuaderno guardo páginas breves, cuajadas de amarillo. Esta era una:

“Que descanses”, me dijo,
y sujetó la colcha entre
nosotros.
“Igualmente”, le dije,
y empujé con violencia
la ropa hasta los pies.

"La ley física exige
que para un buen descanso
es necesaria antes
una fatiga extrema;
de modo que al trabajo."

Y apenas rechistó
hasta el día siguiente.

sábado, 29 de agosto de 2009

"DIEZ ATEOS CAMBIAN DE AUTOBÚS"

Es el título de un libro escrito por José Ramón Ayllón. Lo compré ayer en Salamanca. Y lo hice sin fijarme demasiado. De hecho, creí que la dirección que tomaría sería exactamente la contraria de la que en realidad ha seguido. Pero me sirve perfectamente.

Hay quien tiene olfato de mercado y lo aprovecha. La sociedad de libre mercado le aplaudirá. El asunto de la publicidad en los autobuses incitando a la reflexión sobre la existencia de Dios y publicitando esta frase: “Probablemente Dios no existe…” le ha servido como reclamo para el título y para la intención del texto.
Viene a describir diez casos de personas conocidas que, desde el ateísmo o el agnosticismo, se convirtieron a una proclamación entusiasta del cristianismo y, mira tú qué casualidad, exactamente al catolicismo. Parece como si se quisiera contrarrestar la propaganda de los autobuses o incluso el autor quisiera dar testimonio de sus propias creencias.

He dedicado unas horas hoy a su lectura. Siempre que leo páginas de este tipo me encuentro con elementos comunes que me dejan en la confusión: en todos ellos se trata de una experiencia personal que se vive, no tanto desde la inteligencia como desde los sentimientos.

Enseguida se me vienen a la mente algunas preguntas. Por ejemplo: Si se trata de experiencias personales, ¿cómo se pueden trasladar a los demás desde esa particularidad? Si la experiencia es interna y sensitiva solo, ¿de qué manera podremos cifrarla en elementos de razón para que pueda ser entendida e imitada por las demás personas, y para que todos tengamos un patrón al que atenernos en nuestras conductas?

Tengo que defender, a pesar de todo, que a la experiencia personal, si es sincera y no es ningún subproducto de la tontería y de la imbecilidad, hay que concederle mucha importancia. ¿Quién puede desistir de lo que siente dentro de sí? Pero ya nos estamos moviendo de nuevo en el esoterismo y en la oscuridad, en la sumisión y en la interpretación de algo que no controlamos. He suscrito numerosas veces que la vida es muy variada y no puede cifrarse solo en los preceptos escritos, y que hay elementos de razón que el corazón no entiende y al revés. Pero, si no aspiramos a la curiosidad de descifrar todo, corremos el peligro del todo vale y de la imposición del poderoso y de aquel que tenga una situación privilegiada para interpretar los otros elementos no racionales. Y aun lo que es peor, la de esclavizarnos a ese Dios que inventamos.

Así que, ¿la experiencia con ese Dios posible tiene que ser individual solamente? No me cuadra en el sentido común, ese contra el que ayer mismo Unamuno despotricaba tanto y que yo ahora reclamo. ¿Qué soledad es la mía si no puedo relacionarme con mis semejantes y no puedo contarles mis experiencias de todo tipo? ¿O acaso hay privilegios de ese Dios para con según qué seres humanos? Esto es un juego demasiado macabro ¿Por qué no todo más clarito y lleno de energías positivas? Porque, para más inri, muchas de estas personas, nuevos conversos, explican la existencia del mal como algo necesario para que se justifiquen la salvación, la cruz y el advenimiento del Cristo. ¿De verdad que no es esto un juego demasiado simplista y hasta miserable? O sea que ahora resulta que nosotros somos realidad negativa necesaria para que se cumpla la recuperación espiritual posterior. En ese caso, va a resultar que los redimidores somos nosotros y precisamente desde el soporte del dolor y del mal. Qué diarrea mental resulta todo esto. Suplico una explicación algo más sencilla para mi mente sencilla y deseosa de luces y no de sombras ni de sustos y amenazas.
Ese posible Dios no puede haberse tomado esto como un juego en el que actúa de gato y nosotros de ratones. Conmigo por lo menos no. Esto es algo más serio. Y Él mismo, si es, también lo tiene que ser.

Y luego ya hablaremos de cómo se manifiesta este Dios a los hombres, porque para estos tipos tampoco existen otras posibilidades que las del Dios del Nuevo Testamento.

viernes, 28 de agosto de 2009

CUMPLEAÑOS

Son los confines grises de la tarde
-siempre la tarde a cuestas con la noche acechando-.

Entretejen suspiros lentos pájaros
en medio del ramaje.
Me cobija la sombra de un castaño
y miro la extensión del parque entero.

Desde un lateral húmedo y sombrío
llega un rumor de pasos de otros días
que apenas si confirman lo que ha sido y no es.

El viento cuenta pasos de otra esquina
con más fuerza en su voz:
sostienen vidas nuevas, vigorosas,
que animan los vagidos de otra vida
dormida en un carrito.

Hace un poco de frío y desde el cielo
se dibuja una luz clara, diáfana.

Todos los ecos limpios de los pasos
dirigen sus alientos a mi banco,
me abrazan con sus sones y me invitan
a ocupar mi lugar en el fluir del tiempo.

Los miro tiernamente, les prometo
seguir sintiendo el eco de sus ecos
cada tarde en el parque de mi vida.

Las estrellas se encienden, baten palmas,
la tarde se hace noche, se iluminan
las calles de mi alma.

jueves, 27 de agosto de 2009

ESTE POZO INAGOTABLE

¿Cuándo se acaba de escribir un libro? NUNCA. ¿Y cuándo se acaba de leer un libro? NUNCA. Estas afirmaciones las tengo bastante claras. En cuanto el autor originario da su labor a la estampa, comienza la labor de los lectores. Cada uno de ellos escribe un nuevo libro; y cada uno de ellos lee un libro nuevo. De la lectura, sea cual sea la intensidad y la concentración de la misma, queda un poso que hace actuar más o menos a la persona lectora más tarde. Por eso creo que ni la lectura de un libro ni su lectura terminan nunca.

A veces el lector se apodera del libro y termina haciendo con él otra obra de arte o de chapuza, según su entender, de acuerdo con sus necesidades y al amparo de sus capacidades. Por eso, un libro es lo que escribió el autor originario -que todos somos un poco sus autores- y lo que de él han ido haciendo después los lectores.

Quizás ningún ejemplo tan luminoso como el de “don Quijote” de Cervantes. ¿De Cervantes? Y nuestro. Por lo menos mío. Y de todos. Yo he terminado su relectura física hace un par de días y, durante ella, he sido coautor del mismo. Pero es que además ha quedado en mí un poso que me servirá para otros muchos momentos de pensamiento y hasta de actividad. Lo dicho: nunca termina ni la escritura ni la lectura de un libro.

He querido añadir una opinión más a la mía, para que me sirva de contraste y para alargar un poquito más mi opinión. Y he ido a tiro seguro. He abierto las páginas de la obra de Unamuno “Vida de don Quijote y Sancho” y me he engolfado en su lectura durante otro par de jornadas. Yo sé muy bien que con don Miguel puedo discutir porque es un provocador y a mí me va la marcha. Y con la interpretación de cada capítulo he discutido, pero me he dejado también anegar de otras posibilidades. Y las de este estupendo loco, también Miguel, son siempre de tronío. Esto sí que es apoderarse de la obra hasta hacerla totalmente suya. Al final, termina siendo Cervantes un pretexto para que este otro don Miguel, de Unamuno, dialogue con el Caballero y con el Escudero, para reñirles, para pedirles encargos, para aplaudirles, para agradecerles… Esto sí que es un comentario de texto. Casi como el de la Coplas Riojanas.

Pero no puedo ser yo el que se queje de esta actitud pues mi empeño no anda lejos del suyo, y, a mi discusión con Cervantes, sumo en esta lectura mi discusión con Unamuno. Qué hermosa sería una discusión a tres bandas. En mi caso sobre todo para escuchar, aunque no sé si me aguantaría demasiado, con lo que a mí me gusta echar mi cuarto a espadas.

De las inagotables ideas que me sugiere Unamuno, copiaré, a modo de muestreo, solo algunas frases:

Cap. XIII: “Hay algo más íntimo que eso que llamamos moral, y no es sino la jurisprudencia que escapa a la policía; hay algo más hondo que el Decálogo, que es una tabla de la ley, ¡tabla, tabla, y de ley!: hay un espíritu de amor.”
“La vida de la vida de los hombres fue eternizar la vida.”

Cap. XVII: “Por un quizá empieza la fe que salva.”

Cap. XXIV: ”La locura, la verdadera locura, nos está haciendo mucha falta, a ver si nos cura de esta peste del sentido común que nos tiene a cada uno ahogado el propio.”

Cap. XXXI: “Si mi fe me lleva a crear o aumentar vida, ¿para qué queréis más prueba de mi fe?”

Cap. XLV: “Sí, todo nuestro mal es la cobardía moral, la falta de arranque para afirmar cada uno su verdad, su fe, y defenderla.”

Segunda parte

Cap. XXIV: “El efecto práctico es el único criterio valedero de la verdad de una visión cualquiera.”

Cap. XLVI: “El héroe es poeta en acción, es el poeta héroe en imaginativa.”
“Lo absolutamente individual es lo absolutamente universal.”

Cap. LVIII: “La creación toda es algo que hemos de perder un día o que un día ha de perdernos, pues ¿qué otra cosa es desvanecernos del mundo sino desvanecerse el mundo de nosotros?”

Cap. LIX: “Nuestra moral corriente está manchada de la abogacía, y nuestro criterio ético estropeado por el jurídico.”

Cap. LXIV: “Y no hay otro infierno que este: el que Dios nos olvide y volvamos a la inconsciencia de que surgimos.”

Cap. LXXIV: “…pero dinos, desventurado don Quijote, tú que despertaste del sueño de tu locura para morir abominando de ella, dinos: ¿no es sueño también la muerte? ¡Ah!, y si fuera sueño eterno y sueño sin ensueños ni despertar, entonces, querido Caballero, ¿en qué más valía la cordura de tu muerte que la locura de tu vida? Si es la muerte sueño, locura y solo honda locura fue tu anhelo de inmortalidad.”
“¿Dio su espíritu (don Quijote)? ¿Y a quién se lo dio? ¿Dónde está hoy?, ¿dónde sueña?, ¿dónde vive?, ¿cuál es el abismo de la cordura en que van a descansar las almas curadas del sueño de la vida, de la locura de no morir? “Oh Dios mío; Tú que diste vida y espíritu a don Quijote en la vida y en el espíritu de su pueblo; Tú que inspiraste a Cervantes esa epopeya profundamente cristiana; Tú, Dios de mi sueño, ¿dónde acoges los espíritus de los que atravesamos este sueño de la vida tocados de la locura de vivir por los siglos de los siglos venideros…?”
“!La vida es sueño! ¿Será acaso también sueño, Dios mío, este tu Universo de que eres la conciencia eterna e infinita?, ¿será un sueño tuyo?, ¿será que nos estás soñando? ¿Seremos sueño, sueño tuyo, nosotros los soñadores de la vida? Y si así fuese, ¿qué será del universo todo, qué será de nosotros, qué será de mí cuando Tú, Dios de mi vida, despiertes? ¡Suéñanos, Señor!”

Qué festín para mi mente. Y para tomar cartas en el asunto, que no estoy, ni mucho menos, en todo de acuerdo y me va la pelea, y mucho más con un ser tan fantástico y tan contradictorio como Unamuno. Pero él tenía centenares de páginas y yo solo tengo estas líneas y muchas limitaciones. Tiempo habrá. Que amanecerá Dios y medraremos.

Me tienta volver a la lectura del texto de Trapiello “Al morir don Quijote” sobre la continuación del Quijote. Qué sé yo… Los demás textos académicos o de estudio de la obra me convocan menos.

miércoles, 26 de agosto de 2009

...QUE VALEN LA PENA

Me he confesado muchas veces como un ser cargado de privilegios en la vida, pero con frecuencia aparezco a los ojos de las demás personas como un tipo serio y reservado al que no es sencillo entrarle ni buscarle las cosquillas. Me interesan las opiniones que los otros tengan sobre mí porque creo -también lo he comentado muchas veces- que, hasta en la definición -¡!siete mil millones de personas en este pequeño planeta!!-, el ser humano no se puede apartar de lo que son los demás con los que convive, con los que comparte el espacio y con los que va conformando el tiempo. Pero querría aspirar a ser un pequeño héroe fijándome más en lo que me dicta mi conciencia, aunque sea a costa de la opinión contraria de los demás y de algún que otro pelo que se va dejando en la gatera de los beneplácitos y de la sonrisa floja de los primeros momentos. Tengo muchos ejemplos para imitar, pero, como estos días el tiempo lo ha hecho un poco don Quijote, sea él el que me ampare, que se fue por el mundo contra toda lógica y contra toda opinión políticamente correcta. En mi descargo, o en mi debe, que esto nunca se sabe del todo, confieso también que no tengo interés en ir por el mundo pidiendo perdón, pues algún esfuerzo sí he realizado y no tengo conciencia de que se me hayan regalado demasiadas cosas. Mi vida diaria, por otro lado, apenas plantea exigencias, y cubrirlas con dignidad no supone demasiados dispendios precisamente. Vale.

Pero a veces me siento y lanzo la vista hacia lo lejos. Entonces se me ofrece el panorama en sentido etimológico, y me veo envuelto en una suma de contradicciones que no me las salto ni con el mejor entrenamiento. Y se me viene el cielo encima con un montón de variables que me anegan. Su repaso me lleva mucho tiempo. Hoy solo enumero alguna como ejemplo:

a) Me muevo en una articulación social que me permite llegar a fin de mes con alguna holgura y que me evita andar preocupado durante demasiado tiempo de los elementos inmediatos para la subsistencia. O sea, que vivo del sistema con cierta facilidad.
Y, sin embargo, cada día descreo más de este sistema. Hace algunos días proponía a un familiar esta pregunta: ¿Qué clase de sistema es este que me permite a mí andar relativamente despreocupado y a otros los tiene presos del tiempo y angustiados por la inseguridad del futuro? Mi calificación es muy negativa y cada día tengo más claro que esta formulación social es tan manifiestamente mejorable como lo eran los terrenos del Plan Badajoz.

b) ¿Qué podría yo decir del sistema religioso y de los topicazos en los que se mueve y se sustenta? Y, a pesar de todo, tengo que reconocer que algunos hitos de mi vida y de los que me rodean no se explican sin su presencia.

c) Me muevo profesionalmente en un sistema educativo que, como mucho, clasifica -y con muchísimas deficiencias- a los alumnos en mejores y peores pero no gasta sus mejores energías en descubrir y potenciar las posibilidades de cada individuo. O sea, que en este sistema creo menos, si esto es posible. Pero cobro a fin de mes y me someto a sus horarios y hasta respondo cuando me preguntan con uno de sus títulos como profesión.

Y así podría seguir hasta describir un glosario extenso de asuntos que me llenan de contradicción.

Menos mal que mi ojo derecho se compadece de mí y me da fuerzas para pensar que, a pesar de todo hay elementos positivos que pueden convertir mi vida en una fiesta continua y en un éxtasis permanente. La existencia de la propia vida es ya un milagro continuado del que tengo que aprovecharme hasta rendirme y morir de éxito. Y la vida me ofrece a cada instante la posibilidad de entusiasmarme con mil cosas.

Esta mañana he ido a Salamanca a pasar un rato con mis hijos y con la princesita Sara. Toda la mañana se me convirtió enseguida en un motivo de gozo y de placer. Escuché alguna canción de cantautores por el camino y ellos me dieron la pista -como tantas veces- de lo hermoso de la vida.

Copio aquí algunos versos de la canción de Sabina “Más de cien mentiras” que me pegan un buen empujón:

“Tenemos memoria, tenemos amigos, / tenemos los trenes, la risa, los bares, / tenemos la duda, la fe, sumo y sigo, / tenemos moteles, garitos, altares… // Tenemos un techo con libros y besos, / tenemos el morbo, los celos, la sangre, / tenemos la niebla metida en los huesos, / tenemos el lujo de no tener hambre… // Tenemos el mal de la melancolía, la sed y la rabia, el ruido y las nueces, / tenemos el agua y, dos veces al día, / el santo milagro del pan y los peces… // MÁS DE CIEN PALABRAS, MÁS DE CIEN MOTIVOS / PARA NO CORTARSE DE UN TAJO LAS VENAS, / MÁS DE CIEN PUPILAS DONDE VERNOS VIVOS, / MÁS DE CIEN MENTIRAS QUE VALEN LA PENA.”

martes, 25 de agosto de 2009

¿EDIPO REY? ¿DE QUÉ?

“¿Cuál de los crímenes está ausente? Vuestro padre mató a su padre, fecundó a la madre en la que él mismo había sido engendrado y os tuvo a vosotras de la misma de la que él había nacido.” Habla Edipo, el padre de Antígona, a sus hijas en otra de las más importantes tragedias de Esquilo: “Edipo Rey”.

Leer este texto supone, en efecto, darse de bruces con todo un cúmulo de desgracias en la persona de Edipo, que tiene que enfrentarlas sin comerlo ni beberlo, y que abre el camino para toda la saga de acontecimientos que acompañan a la familia y que han quedado como modelo de desgracia, de mal agüero y de superposición y enfrentamiento de leyes para toda la cultura de occidente.

En este caso, me quedo, de cuatro posibles temas fundamentales en la obra (la fuerza del destino, la relación incestuosa, el heroísmo y la asunción de la culpa con el autocastigo), con el de la fuerza del destino. ¿Qué ha hecho este buen hombre, Edipo, para merecer tanta desgracia y para dejar en herencia tanto desastre? Nada que pueda ser evaluado desde el punto de vista humano, desde la razón y el sentido común. Son los dioses, el oráculo, las fuerzas ocultas…, el destino, los que han decidido que todo suceda de esta manera. Y solo han dejado una puerta abierta que sirva de ventilación entre ambos mundos: la del adivino Tiresias, que parece servir de vocero de los dioses.

¿En nombre de qué fuerza este personaje tiene que cargar con esta losa tan pesada? Sófocles no llegó a este planteamiento, pero sospecho que esta obra supuso una aproximación a la época de los sofistas, a ese momento de la cultura clásica griega en la que la razón comenzó a hacer acto de presencia y a poner en solfa a los dioses, aunque en algún periodo fuera para buscar recovecos a la realidad a través de la lógica y la palabra.

Resulta estremecedor imaginarse la situación en la que queda Edipo. Él mismo desea haber muerto en sus primeros años en lugar de haberse salvado pues “no hubiera llegado a ser asesino de mi padre, ni me habrían llamado los mortales esposo de la que nací. Ahora, en cambio, estoy desasistido de los dioses, soy hijo de impuros, tengo hijos comunes con aquella de la que yo mismo -¡desdichado!- nací. Y si hay un mal aún mayor que el mal, ese le alcanzó a Edipo.”

Asusta pensar en qué medida la vida de cada uno está sometida a fuerzas incontroladas y hasta qué punto los logros y los fracasos no dependen en gran medida de la suerte, del azar, de los dioses o del sursum corda. Y, por si fuera poco, no es infrecuente comprobar cómo las desgracias, que nunca vienen solas, se acumulan en las espaldas de algunas personas.

Delimitar aquellos aspectos que dependen de nuestra voluntad y de nuestros actos, para actuar con fuerza sobre ellas, y no caer en la desesperación ante aquellos aspectos que se nos escapan, no resulta un mal programa de vida. Pero, ¿cuáles son esos aspectos? ¿No corremos el peligro de dejarnos llevar y de desistir ante demasiadas cosas por el fácil sentimiento de que poco podemos hacer? ¿Y no nos encierra este peligro en cierto egoísmo, que nos empuja a solucionar nuestras dificultades, dejando en el olvido buena parte de todo lo que sucede a nuestro alrededor?

Tal vez esta obra nos vuelva a situar en el enfrentamiento entre la razón y esas otras fuerzas que llamamos de diversas formas: destino, dioses, fe… Parece que el ser humano anda buscando su salvación trabajando en el árbol de la ciencia del bien y del mal, aunque sea castigado por ello. Cada día que pasa le vamos comiendo un poquito más a la manzana. Pero también cada día que dejamos de comer la manzana recupera su fuerza y parece volver a su estado primitivo. Hay demasiadas fuerzas interesadas en ello.

Dos consideraciones secundarias de las muchas que se me ocurren a partir de la lectura de esta obra:
a)El tema, como los grandes clásicos, se repite con mayor o menor fortuna a lo largo de los siglos. ¿Qué es, si no, “La vida es sueño”?
b)Andan en Italia a la caza de un afortunado que se ha llevado, en un golpe de suerte, no sé cuántos millones de una lotería. ¿Por qué este morbo en este caso y tanta desidia para con todos los otros a los que les sucede algo que apunta a lo de Edipo, aunque no sea con una carga tan negra y negativa?

Ay, la condición humana…

lunes, 24 de agosto de 2009

¿DERECHO NATRUAL O DERECHO POSITIVO?

“Al que tiene en mayor estima a un amigo que a su propia patria no lo considero digno de nada.” Son palabras de Creonte en la obra de Esquilo “Antígona”. Así se las gasta el tirano. Y así se las gastan algunos que tienen una concepción de la patria que acongoja.

Antígona, la heroína, llevada por el amor a su hermano Polinices, se salta a la torera las leyes positivas y se somete a otras de carácter sobrehumano: “No fue Zeus el que las ha mandado publicar, ni la Justicia que vive con los dioses de abajo la que fijó tales leyes para los hombres. No pensaba que tus proclamas tuvieran tanto poder como para que un mortal pudiera transgredir las leyes no escritas e inquebrantables de los dioses. Estas no son de hoy ni de ayer, sino de siempre, y nadie sabe de dónde surgieron. No iba yo a obtener castigo por ellas de parte de los dioses por miedo a la intención de hombre alguno.”

Tradicionalmente, Antígona se ha llevado todas las simpatías. Pienso que, sin embargo, repasando fríamente, el asunto no se puede despachar de un plumazo. Es verdad que las normas, dictadas por un tirano, pierden toda virtualidad y defensa, pero lo que aquí se dilucida es algo un poco más denso, creo: nada menos que el enfrentamiento entre derecho positivo y derecho natural. Menudo papelón. La disputa es vieja, casi eterna, y dura hasta nuestros días. Hay juristas que no se apean del derecho natural y otros procuran ignorarlo para dar empuje al derecho positivo, nacido de la razón y del consenso de los hombres. Desde ahí, los usos pueden ser tan diversos y disparatados, que hay que tener ojo con lo que se hace. A las religiones, por ejemplo, les interesa sobremanera la primacía del derecho natural. Es su forma de asirse con fuerza a un creador exterior, que se sitúa por encima de la razón y que deja la creación y la interpretación de la cosas a juicio de los sátrapas correspondientes. De ahí al abuso social y político hay menos de un paso.

Parece, no obstante, que una postura prudente es la de reconocer que no toda la realidad se puede someter a las leyes escritas, y que, además, la interpretación de estas leyes escritas también se somete al abuso de interpretación que de ellas hacen los poderosos a través de sus legiones de abogados. La vida es algo más que los preceptos, es más rica, es más amplia, es más densa, es menos fría, es más variada.
Pero negarse el hombre a perseguirla con la razón y con el razonamiento y el consenso es rendirse y presentar bandera blanca ante el enemigo de la mente, de la convivencia y de los avances sociales.

He pasado unos ratos esta tarde, escondido en la bodega de mi cuñada Julia, huyendo de los calores sofocantes y al fresquito, en las páginas de Antígona y en las consideraciones de lo que puede representar el derecho positivo y el derecho natural. Y no sé si no me he calentado aún más la cabeza, porque no me resulta el asunto nada sencillo, sobre todo cuando intento imaginar la práctica. Y juro que lo repaso con frecuencia.

Fijar en la mente de cada individuo unas normas generales de conducta, que acaso estén más diluidas que los preceptos particulares y cuyo asentamiento mental no es fácil de rastrear termina por resultar de lo menos negativo. Tal vez por eso Antígona replica en cierto momento: “Mi persona no está hecha para compartir el odio, sino para el amor.” Y el propio hijo de Creonte, Hemón, le espeta a su padre: “Tú gobernarías bien, en solitario, en un país desierto.”.

Antígona nos enseña el valor de la misericordia y de la compasión, la necesidad vital de dar gusto al corazón por encima de cualquier norma positiva, y el sentimiento del deber cumplido, aunque haya que arrostrar consecuencias fatales para el que actúa.

El Corifeo termina con estas palabras: “La cordura es con mucho el primer paso de la felicidad.” Para los que, por vía negativa y por exclusión, terminamos por creer solo en el sentido común y en la buena voluntad, estas palabras nos sirven de consuelo.

domingo, 23 de agosto de 2009

PONME A LA GRUPA CONTIGO

“Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios, hasta llegar a su último fin, especialmente las vidas de los hombres, y como la de don Quijote no tuviese privilegio del cielo para detener el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba.”

O sea, que he dado fin a la lectura o relectura, que yo no sé muy bien qué cosa sea esta repetición, del libro de don Quijote de la Mancha. Ni siquiera sé qué número hace la de este verano, ni me interesa nada saberlo.

Solo sé que deja en mí un regusto cada vez más dulce y más de macedonia pues creo que cada vuelta que le doy me ofrece más sabores a mis sentidos y me deja un agridulce final pues me viene a suceder lo que a Sancho, al ama y a la sobrina: “Oyolo don Quijote con ánimo sosegado (el médico le ha aconsejado que atienda la salud de su alma), pero no lo oyeron así su ama, su sobrina y su escudero, los cuales comenzaron a llorar tiernamente, como si ya le tuvieran muerto delante.”

Y me sumo a las palabras de Sancho en el lecho de muerte para sugerir al caballero lo mismo que él hace: “No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese de esa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado…”

Alzo mi vista, merodeo por los tiempos actuales y vuelvo a quedarme solo con aquellos que representan la lucidez y el espíritu de este desfacedor de tuertos, de este hombre entregado a favorecer a los demás sin buscar nunca el interés propio, de este ser dispuesto a cambiar el mundo solo con la fuerza de sus ideales y con su empeño desmedido. Y encuentro en la intrahistoria a muchos de ellos, sencillos, cumplidores, apartados del foco y del micrófono, de los puestos más altos y más tontos y aplicados a todo lo pequeño. No salen en las fotos ni son noticia nunca, o casi nunca; no cobran los salarios millonarios ni exhiben sus lindezas sin pudor como único trofeo en que asentarse, no son jaleados por la legión de esclavos agradecidos que sustentan el sistema que tanto les oprime… No son locos, no son quijotes. O acaso sí.

Pero yo sé muy bien que este loco lunático, montado en Rocinante, con esas armas viejas, abrazado solo a su empuje y a su espíritu, ha de durar por muchos siglos, tiene que seguir siendo la esperanza del hombre convencido de sí mismo, dispuesto a ser, por encima de cualquier otra consideración, precisamente hombre. Le van a llover palos en todas las estaciones, se burlarán de él gentes de todas las clases, no serán noticia diaria, la sociedad, en fin, hará olvido aparente de ellos. Pero los tiempos los ensalzarán, los sacarán a la calle muchas veces, terminarán señalándolos con el dedo de la esperanza, con la señal del héroe en el que apoyarse para seguir viviendo con alguna dignidad cualquier vida.

Y si la pluma de Cide Hamete nació solo para ensalzar la figura del caballero y se colgó cuando dio fin a su escritura, su fama sigue intacta y no puede colgarse pues no tendrá final.

Me acojo, sin reservas, a las palabras admirativas de León Felipe para con don Quijote y también suplico un pequeño huequecito en la montura del caballero:

“Por la manchega llanura / se vuelve a ver la figura de Don Quijote pasar… // Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura, / y va ocioso el caballero, sin peto y sin espaldar… / va cargado de amargura… / que allá encontró sepultura su amoroso batallar… / va cargado de amargura… / que allá “quedó su ventura” / en la playa de Barcino, frente al mar… // Por la manchega llanura / se vuelve a ver la figura / de Don Quijote pasar… / va cargado de amargura… / va, vencido, el caballero de retorno a su lugar. // CUÁNTAS VECES, DON QUIJOTE, POR ESA MISMA LLANURA / EN HORAS DE DESALIENTO ASÍ TE MIRO PASAR… / Y CUÁNTAS VECES TE GRITO: HAZME UN SITIO EN TU MONTURA / Y LLÉVAME A TU LUGAR; HAZME UN SITIO EN TU MONTURA, / CABALLERO DERROTADO, HAZME UN SITIO EN TU MONTURA / QUE YO TAMBIÉN VOY CARGADO / DE AMARGURA / Y NO PUEDO BATALLAR. / PONME A LA GRUPA CONTIGO, / CABALLERO DEL HONOR, / PONME A LA GRUPA CONTIGO / Y LLÉVAME A SER CONTIGO / PASTOR… // POR LA MANCHEGA LLANURA / SE VUELVE A VER LA FIGURA / DE DON QUIJOTE PASAR…”

sábado, 22 de agosto de 2009

DE SANCHO Y LOS CARGOS PÚBLICOS

Me sigo deleitando en la lectura del libro de don Quijote. Son tantas las enseñanzas y los placeres que encuentro en él, que me gustaría que mucha más gente los descubriera y los compartiera.

Hoy, por ejemplo, la cosa va de cargos públicos. Sancho ha pasado sus diez días de gobierno insulano y anda harto de sus muchos quehaceres y de sus escasos comeres. Decide poner fin a su aventura y, para su desventura, cae con su rucio en una gruta de la que, después de pasarlas más estrechas que lo que la tierra le mostraba, es rescatado por la casualidad de un entrenamiento que su amo realizaba para otra extraordinaria peripecia, de la que también se extraen enseñanzas muy provechosas.
Cuando soma la cabeza y ve luz, un estudiante que allí estaba dijo: “-De esta manera habían de salir de sus gobiernos todos los malos gobernadores: como sale este pecador del profundo del abismo, muerto de hambre, descolorido y sin blanca, a lo que yo creo.”

Por supuesto que no estaba el horno para bollos, y Sancho replica: “-Ocho días o diez ha, hermano murmurador, que entré a gobernar la ínsula que me dieron, en los cuales no me vi harto de pan siquiera una hora; en ellos me han perseguido médicos y enemigos me han brumado los güesos, ni he tenido lugar de hacer cohechos ni de cobrar derechos; y siendo esto así, como lo es, no merecía yo, a mi parecer, salir de esta manera.” Cap. LV.

Y Sancho vuelve a la carga en el Cap. LVII: “En efecto, yo entré desnudo en el gobierno y salgo desnudo de él, y así podré decir con segura conciencia, que no es poco: “Desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano.”

Cualquiera que haya leído sosegadamente este libro recordará cuántas y cuáles fueron las estrecheces que el escudero sufrió en su gobierno.

Traslado la imagen a cualquier gobernante actual y no me sale siempre una imagen muy positiva. Leo hoy mismo, por ejemplo, que un tal Aznar, aquel que consiguió poner al país al borde de un ataque de nervios, recibe de uno de sus ¿trabajos? más de cien mil dólares anuales; me desayuno casi todos los días con ejemplos de cargos que terminan acogiéndose a informaciones privilegiadas para obtener beneficios personales; rebajo la mirada, la dejo más corta, y me encuentro con gentes que embaúlan varios sueldos de trabajos que nadie sabe cómo pueden compaginar, salvo que sean solo de apariencia y no de entrega y constancia. Y en muchos casos, hasta fingen realizar sus actividades de forma altruista.

Sancho no engañaba a nadie ni se engañaba a sí mismo: estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de conseguir el cargo de gobernador de la isla para obtener todos los beneficios personales posibles. La práctica nos lo ofrece harto y desengañado. La realidad actual nos muestra la aparente disposición de muchos a trabajar de forma desinteresada pero en la práctica los vemos enchufados a varias fuentes desde las que llenan sus bolsillos personales. Vaya por Dios, qué mal está el mundo: todo al revés: los que quieren no y los que dicen no querer sí.

Este Sancho posee más virtudes que las que parece.

Sé que la plantilla no se le puede aplicar a cualquier cargo público. Yo mismo defiendo con frecuencia esta actividad frente a casi todas las demás porque me parece que, a pesar de todo, hay mucha gente que emplea muchas horas en beneficio de los demás, mientras que en casi todas las demás profesiones anda todo el mundo, por definición, en busca del beneficio personal. Habría que andar al tanto y separar el polvo de la paja. Y dar cartelera pública a todos los ingresos. A todos. Y no hinchar el pecho, que nos lo pueden desinflar.

viernes, 21 de agosto de 2009

COMO EL MUSGUITO EN LA PIEDRA, AY, SÍ, SÍ, SÍ

Comenzar un nuevo día con Sara en esta casa es otra cosa. Es un día de fiesta sin descanso, es un aguardar a que abra los ojos y se deje coger y acariciar en su piel de bebé, es ver la vida que comienza, es anotar que todo puede ser y que aún no es, es olvidar que hay penas por el mundo.

Hoy es un día de esos. Hasta que se nos vaya, cuando caiga la tarde, hacia otros sitios. Mientras tanto, me aprovecharé de ella y de sus incipientes risas.
Y seguiré en el cauce de los días, con la rapidez del paso del tiempo y con la lentitud de mis sensaciones en estos días de calor sofocante.

El tiempo de verano es época de mayor cumplimiento de los ritos y de las costumbres, de esos tópicos en los que las comunidades están encerradas y que configuran sus espacios y sus tiempos mucho más de lo que pueda parecer a primera vista. Cualquier día es bueno para pensar un poco en ellos, pero estos días de desenganche laboral y horario lo son un poco más.

El azar de la lectura me lleva, una vez más, hacia una de las costumbres que más configura la identidad de esta comunidad. Se trata de la leyenda de “Los Hombres de Musgo”. Desde la creencia más imbécil y bobalicona hasta los intentos de documentación más singular y de erudición más menuda hay para todos los gustos. Y estamos en el S XXI.

Recojo del Quijote un par de manifestaciones que no hacen otra cosa que confirmar algo sencillamente elemental y que cualquier mente que aspire al abecé tendría que aceptar y dejarse de cualquier otra digresión.

Capítulo XX, segunda parte. Estamos en el episodio de “Las bodas de Camacho”. Sancho ya está haciendo de las suyas y su boca se le hace agua ante tanta abundancia comestible. Se le han sacado de una tinaja “tres gallinas y dos gansos” (dejemos que las hipérboles también se solacen, que andamos de boda) y ya tenía permiso para embaular todo lo que su cuerpo le permitiera. Y en estas estaba cuando comenzaron las danzas a entrar en la campa. Una de ellas era la “danza del artificio y de las que llaman habladas”. Y… “Delante de todos venía un castillo de madera, a quien tiraban cuatro salvajes, todos vestidos de yedra y de cáñamo teñido de verde, tan natural, que por poco espantaran a Sancho.” ¿Es que no queda claro que se trata de un motivo natural de adorno para cualquier fiesta, fundamentalmente de primavera o de verano? Este artilugio y vestimenta eran absolutamente normales en cualquier mascarada o festejo de la época. No hay más. Ni falta que hace.

La segunda muestra está aparentemente más diluida para la cita textual pero termina por ser más frondosa por abundante. Cualquiera puede sumergirse en los capítulos del castillo de los duques (tal vez la parte que definitivamente catapulta a toda la obra hasta el nivel más elevado en todos los sentidos) y encontrará en ellos carros y carretas, disfrazados de todo tipo, trifaldis y disciplinantes, clavileños y boscajes. En fin, para dar y tomar salvajes y hombres de musgo y hoja.

Luego viene toda la parte interesada y localista, la tontería inmensa de la reconquista con hombres disfrazados de esta manera, la unión de la milicia y de la iglesia en el mismo poder, su exaltación pública en la procesión… Y la unión sumisa del vulgo, explotado pero contento, en hilera y aplaudiendo hasta con las orejas.

Creo que pronto se publicará un libro que rastrea la existencia de este tipo de monstruos en la época medieval y moderna. No llegará mucho más allá de describir muchos más ejemplos, que se añaden a los dos indicados en estas líneas, y a las mismas conclusiones que las que dicta el sentido común. Pero acaso parezca todo un acontecimiento. Y hasta tal vez abra los ojos a algún ciego de los que no quieren ver. Si al menos sirve para eso…

jueves, 20 de agosto de 2009

FINGIMIENTO

Es el mundo una hermosa verdad perecedera.
Lejos aquellas tardes con la verdad eterna,
con las sombras y el sol acompasados,
dispuestos a explicar cualquier verdad:
no existían dudas.

De los despojos lentos de aquel tiempo
solo quedan los restos
que perviven apenas escondidos.

Mi corazón debe fundar su amor en esta vida,
acariciar sus muros desconchados
como pintor en forma y a destajo,
dibujar arabescos en los muros,
gritar de gozo al mundo,
a ese mundo que anida en el crepúsculo,
camino de la noche, y ser lo mismo
que un fragor de palomas en el aire
o un olor a jazmines por el suelo.

Y así pasar las horas lentamente,
con el dolor y el gozo parte a parte.

miércoles, 19 de agosto de 2009

OTRA VEZ EN SUS PÁGINAS

Otra vez cedí a la tentación. Me quedé un rato sin página concreta y me sumergí de nuevo en mi Quijote. Y de esto hace ya bastantes días. De hecho ando ya por la segunda parte; nada menos que en el capítulo XXIII. Parece como si muchos días de mis meses de agosto estuvieran reservados a pasarlos cerca de este texto tan amplio, tan extraño, tan fantástico, tan universal, tan encogido en algunas cosas, con tantos fallos menores y con tantos aciertos mayores.

Me apetecería un montón dedicar un curso a leerlo con calma con un grupo de personas. Aquí hay materia para razonar hasta el día del próximo diluvio universal. Y me gustaría compartirla. Estaría dispuesto a proponer guión de comentario para cada capítulo. Y allí saldría lo humano y lo divino, lo grande y lo pequeño, lo sublime y lo mezquino, lo bello y lo feo, el egoísmo de cada ser humano y sus ratos de bonhomía.

Y todo -y esto sería lo más interesante para mí, y seguramente para cualquiera- no para el ser abstracto o intemporal sino para cualquier ser que puebla las aceras por las que caminamos y por las calles que hollamos cada día. Sería fantástico comentar las bondades o las maldades del gobierno, por ejemplo, personalizándolas en Cipri o Alejo. O la estructura familiar de cualquiera de nosotros. O la actividad de la justicia pensando en nuestros juzgados. O las imposiciones de la iglesia. O el sistema político en el que nos movemos. O la estructura de nuestras bodas. O los noviazgos. O los efectos de la lectura. O la importancia de las letras y las armas. O… Este libro lo contiene todo, absolutamente todo; es una esponja que secaría el mar si quisiéramos exprimirla.

Para asuntos de este tipo no tendríamos que jubilarnos nunca. Nunca. Creo que, al final, atraeríamos a los aledaños del libro incluso a aquellos más reticentes y les haríamos sumar sus opiniones desfavorables para hacer algo aún más completo.
Ando con don Quijote saliendo de la cueva de Montesinos y dispuesto a contar todos sus encantamientos debajo de tierra. Se ha dejado descolgar por Sancho y el primo del licenciado, sabedores de la mentira y la patraña de todo el negocio. Y los dos colegas no le conceden ni una pizca de conmiseración. Pocas veces Sancho se muestra más socarrón que cuando lo despide: “!Dios te guíe y la Peña de Francia, junto con la Trinidad de Gaeta, flor, nata y espuma de los caballeros andantes! ¡Allá vas, valentón del mundo, corazón de acero, brazos de bronce! ¡Dios te guíe, otra vez, y te vuelva libre, sano y sin cautela a la luz de esta vida que dejas por enterrarte en esta escuridad que buscas!” Por alguna extraña razón, se me vienen a las mientes aquellos versos de don Antonio Machado tan irónicos: “Buen don Guido, ya eres ido, y para siempre jamás”. O incluso esos maliciosos ánimos que se ofrecen a cualquiera cuando se conoce que el fin no es precisamente ventajoso para el animado.

Y eso que el bueno de Sancho enseguida se raja y se pone llorica cuando, al tirar de la cuerda, no encuentra resistencia y sospecha que don Quijote se puede quedar adentro. Mentiras, encantamientos, la verdad a contrapelo, la huida hacia adelante. Todo, si es que está todo en etas páginas. Y casi en cualquiera de las del libro.

Estos ratos me ayudan a soportar mejor los calores sofocantes de estos días y los malos humores que ciertas visitas a Salamanca me producen. Y no diré más. Que mañana también amanecerá Dios y medraremos. Y además, dentro de un ratito, vendrá mi Sara a verme. Y este tesoro pequeñito sí que es resumen de todos los resúmenes.

martes, 18 de agosto de 2009

¿SERÁN LOS CALORES? VAMOS, ANDA

Me matan estos calores. Y los otros. Todos me dejan agotadito y sin resuello. Estos días el sol se ha apoderado de todos los rincones y hasta en la sombra parece que anda el fuego buscándote. No me imagino los lugares abiertos y sin refugio. Ufff.

El caso es que mi ritmo de lectura y de escribir líneas decrece y se hace como apaisado y sin nervio real, el seso se me abotarga y ando como en supervivencia hasta que las temperaturas quieran ponerse en un nivel más normalito.
Me sucede exactamente lo contrario de lo que les pasa a muchas personas que dicen tener el ánimo siempre dispuesto para cumplir sus ideales y entregar sus afanes en beneficio de los demás. Aunque hoy leo un informe en El País en el que se dice que la crisis está llevando al ejército y a la policía a muchos aspirantes sin vocación. Vaya por Dios. Yo que siempre había pensado que todo este personal era inmaculado y estaba dispuesto a entregar todo por la patria. A ver si esto es que no es del todo verdad. Si no lo fuera, habría que mandar quitar del frontis de los cuarteles eso de “Todo por la patria”. Creo que incluso antes se completaba con la palabra Dios, “Todo por Dios y por la patria”.

El caso es que también en los últimos tiempos he oído que andan los guardias civiles pidiendo mejoras físicas en sus cuarteles para aumentar su seguridad. Y, además, hago memoria y tengo la impresión de que cada dos por tres se alza su protesta porque no están de acuerdo con sus ascensos. Y, por si fuera poco, andan como locos detrás de las medallas para colgarlas en sus pechos y para conseguir con ello una pasta añadida que llevarse al bolsillo.

No, definitivamente creo que esto de todo por la patria hay que revisarlo. Y revisar la historia de todos estos cuerpos, a los que se los llama beneméritos y hasta gloriosos y no sé cuántas otras cosas. Y la estructura jerarquizada en su funcionamiento, en la que lo que importa no es el desarrollo del pensamiento sino el de la docilidad y el del sometimiento a la orden del superior, o sea, el aborregamiento y la anulación del criterio y de la personalidad.

En realidad he propuesto alguna vez sustituir el lema de “Todo por la patria” por este otro: “Todo por la pasta”. Yo no tendría nada en contra; más bien al contrario, entendería que su trabajo se atendría a las mismas miserias y grandezas que el de los demás. Ni una más. Y, a la altura que corre la historia, reivindico para otras profesiones que tienen que ver, no con la fuerza, sino con la sanidad o con la educación, un reconocimiento y un medallero más grande y lustroso. ¿O es que los demás no hacemos nuestro trabajo en beneficio de la patria, ese concepto tan vago como peligroso si no se define con serenidad y razón?

Yo trabajo en un cuerpo que aspira (o debería aspirar, que ese es otro cantar) a conformar unas mentes reflexivas y críticas, preparadas para resolver los conflictos no a palo limpio sino con razonamientos y diálogo. Ni punto de comparación, coño. Y no andan los tiempos buenos para este colectivo. Ni para otros, que todos, de una forma o de otra, contribuyen al funcionamiento mejor o peor de la comunidad. ¿O no contribuye el trabajo de una cajera a que todo vaya mejor o peor?

Cuánta tontería y cuánto tópico para que todo siga igual y nada se mueva. Y en estos cuerpos jerarquizados y aficionados a la medalla (quiero decir a la pasta sobre todo), muchísimo más.

Así que abajo los cuarteles y hágase con los soldados y con los guardias civiles ciudadanos al servicio de los demás por un puñado de euros. Y, como los demás, orgullosos, o al menos conformes, con entregar a la comunidad más o menos lo que la comunidad les entrega a ellos. Ni más ni menos. Y menos gansadas y patrañas burdas. Que no podemos caernos todos y todos los días del guindo.

Por lo demás, mejor es no repasar la historia, que la temperatura está muy alta y la sesera se puede recalentar.

lunes, 17 de agosto de 2009

SE CASÓ YOUSSOUPH CON SANDRA

El sábado se casó Youssouph. Este hecho supone el final de un largo proceso que comenzó hace casi cuatro años con un viaje penoso y largo desde sus tierras de Senegal hasta España, buscando mejores formas de vida. El desierto, la patera, la proximidad de la muerte, la soledad, la tempestad de otras culturas, la esperanza de encontrar lo que realmente tal vez no exista en Europa… Demasiadas cosas comenzaron entonces.
Desde ahí, el camino ha sido largo y tortuoso. Yo he tenido un papelín secundario en toda esta película, pero creo que he seguido el rodaje desde una situación privilegiada y conozco bastantes elementos de la producción.

Estuvimos de boda, una boda intercultural, variada y diferente. Yo no gasto demasiado tiempo en prepararme para cualquier asunto de este tipo: una camisa, unos pantalones y todo está ya hecho. Por eso, ayer por la tarde tuve unos minutos para pensar en lo que significaba esta boda. No fue mucho rato pero lo dejé resumido en unos versos que les entregué a los novios. Son inmediatos, impulsivos y sin redondear pues el tiempo se echó encima y hubo que atender a alguna otra cosa. Que les sirva de felicitación.

AMOR EN ARCOIRIS
(Para Sandra y Youssouph en el día de su boda)

Porque esto fue una historia de una sola vez.

Fue subirse en carroza
y convertirse en rey ya para siempre,
fue cruzar los colores
y aparecer un cuadro en arco iris,
fue pedir una brújula
y confundirse el norte con el sur.

Las aguas de los mares fueron puente
proceloso y extenso. Los desiertos
enseñaron la sed y la sequía
de la frontera norte.
Salvarlos fue costoso.

Las praderas del norte
no siempre tienen hierba en sus riberas
ni dejan que las lluvias
unjan la tierra para que aumente el pasto del ganado.

Pero la sed aprieta
y hay que romper las cercas y vallados.

Llegó después el frío de estas sierras,
las tardes al cobijo de otros seres
que ofrecieron sus aguas y sus prados
donde calmar la sed.
Y todo fue alegría y regocijo,
plantar cara a la vida palmo a palmo,
desafiar al viento
y violar el empuje de las leyes.

Lo demás ya fue amor,
y acaso será amor por mucho tiempo.
Ese amor tiene nombres muy concretos:
Youssouph y Sandra son.

Pero eso es otra historia, es vuestra historia.
Enhorabuena.

domingo, 16 de agosto de 2009

GREDOS (y IV)





Cargados con imágenes y anegados de las cumbres de Gredos, seguimos el descenso charlando de lo propio y de lo ajeno, templando el cuerpo con el paso y con la mejor temperatura, sintiendo que la vuelta no es la ida, pues vienes y no vas y eso no es solo una perogrullada, dando rodeo a las peñas para encontrar donde poner el pie, mirando y contemplando que cada poco rato todo se va quedando más arriba, anotando los nombres de todos los picos pues Eloy y Manolo se los conocen todos palmo a palmo.

Hasta llegar por fin al Refugio, que conserva nombres de falanges o movimientos de otras épocas. Allí nos encontramos con una pareja que nos estaba aguardando inquieta pues se habían olvidado en la cumbre una cartera y la traíamos nosotros (el buen hombre había vuelto a ascender para buscarla pero le avisaron de que nosotros la habíamos cogido y la traíamos, por más que bajáramos por otra pendiente).
Y, casi sin descanso, vuelta a coger la ruta de regreso bordeando la laguna. A lo lejos veíamos descender a toda la cuadrilla de muchachas que habíamos visto ascender por la mañana.

Adiós a la laguna, adiós al agua de Gredos, adiós a aquel rincón tan escondido, adiós a aquel silencio.

Y mi cuerpo cansado, cada vez más rendido y menos seguro de sí mismo, pues si cansa la subida, la bajada se queja mucho más en las piernas y en las rodillas.

El ascenso de los Barrerones se nos fue en dilucidar si el método deductivo es mejor que el inductivo o al revés. Fui yo quien propuso la discusión. Como si mi mente estuviera en condiciones de hurgar en tales cosas. Qué le vamos a hacer. Menos mal que Manolo volvió al tema de los blogs en internet. La fuente que hay en la parte más alta de la ladera nos sirvió de descanso, de alivio para la sed y de atalaya desde la que mirar de nuevo a la laguna y a todo el circo.

La tarde declinaba. Íbamos a perder pronto la perspectiva de la montaña para dejarla en el recuerdo. Mejor con unas fotos. Son las últimas. O casi las últimas. Las últimas esquinas de la foto de fondo se van perdiendo. La vista ahora se marcha en otras direcciones, hacia el este, hacia los Galayos y la Mira, hacia las tierras de Ávila, hacia todo el valle del Tormes, hacia el puerto del Pico, tras el que adivinamos el pavoroso incendio de hace tan solo unos días, hacia el infinito en horizontal.

Otra vez la Fuente de los Cavadores nos sirve de descanso y de reparación de fuerzas. Manolo prefiere no parar y proseguir camino sin descanso. ¿Y Eloy? Eloy se ha despistado. ¿Qué está haciendo? Es que no se ha dicho nada de las cabras de Gredos. En realidad, en esta ocasión, apenas si ha aparecido a nuestra vista una decena de ellas. Pero cerca de la fuente, a la llamada de la hierba y al cobijo de las matas de escobas, ha aparecido un atajo de machos en todo el atardecer. Eloy se ha ido a sacar fotos. Lo veo entre las escobas buscando perspectivas y lo contemplo acercándose sin que los machos se espanten. Como él es buen fotógrafo, prefiero dejarlo en sus tareas y yo sigo camino en el descenso después de beber unos vasos de agua.

Ahora camino solo durante tal vez un par de kilómetros. Repaso imágenes e impresiones del día, dejo perder mi vista en el paisaje, en el amplio paisaje de Castilla, del centro de esta Iberia, tan reseca en estos días de agosto; y me pierdo en la historia y un poco en su intrahistoria, en ese día a día de todas estas gentes que la pueblan y que la poblaron en los pasados tiempos. Ellos son también Gredos, son macizo hacia el suelo y anhelo hacia los altos de estas sierras; y veo bajar el Tormes casi exhausto por el valle y perderse en la llanura para encontrarse casi mar en el pantano de la Maya o saciando la sed de Salamanca; y sueño con las sierras de Béjar, antesalas de todo este macizo, pero también eternas.

Al cabo de un buen trecho, Eloy y las muchachas del ascenso nos han dado plantón por algún atajo y caminan delante. Son los últimos tramos antes de llegar de nuevo a la plataforma, donde aguarda mi coche y hasta donde llega mi cuerpo fatigado, lento y vacilante.

Todavía hay un ratito para charlar con todas estas chicas, tan risueñas y alegres, tan dogmatizadas desde tan temprana edad, pero que dejan siempre en mí esa duda perenne de lo inútil de su teoría y de lo gratificante de su práctica. Este asunto me llama y me provoca, pero estamos en Gredos y es ya tarde.

El regato desciende con un ruido continuo. La tarde se hace noche. La luz se va apagando. Con el motor en marcha, nos sumergimos en la carretera del valle. Ya nos aguarda Béjar. Yo me llevo de Gredos muchas cosas.

Fotos Eloy Hernández.

Para Manolo Casadiego y Eloy Hernández, que me acompañaron en el camino; y para Jesús Tiedra, que me acompaña otras muchas veces.

sábado, 15 de agosto de 2009

GREDOS (III)







Mis amigos Eloy y Manolo habían pensado una ruta que tenía como destino la cresta de los Cuchillares para volver hacia el camino y la ladera de los Barrerones. Seguramente lo habían ideado pensando en mí y en previsión de que no terminara demasiado agotado. Pero alzar la vista y ver majestuoso al Almanzor allí en la cumbre fue todo un desafío. Les obligué a cambiar la ruta y a poner rumbo a la cima. Estábamos en Gredos y la cumbre más alta se presentaba irresistible.

Entre rocas inmensas, bajadas a empujones desde el cielo, bordeando la pequeña corriente que escurría aún de las entrañas de las piedras, fuimos plantando cara a una ascensión tan placentera para el ánimo como sudorosa, ardua, cansada y agotadora al fin para el cuerpo. Cada metro de ascenso era un triunfo y cada parada obligada una mezcla de sorpresa por la nueva perspectiva que se ofrecía a la vista y la dureza de ver la cuesta empinadísima que se venía sobre nuestras cabezas.

Había montañeros en ascenso y montañeros que volvían satisfechos y sudorosos después de haber hecho cumbre. Casi todos me regalaban alguna palabra de ánimo, tal vez porque veían que mi cuerpo andaba ya muy fatigado y que ascendía muy lentamente.
Como a media ladera, comenzaron a sonar unas voces de mujeres jóvenes que parecían mostrar no cansancio sino alegría y casi jolgorio. Aquello suponía para mi cuerpo exhausto casi una provocación. Pronto las vimos cerca de nosotros. Efectivamente, eran jóvenes de unos veinte años que ascendían como cabras monteses y a un paso más propio de un paseo por un parque que de una ascensión por aquel muro de piedra. ¡!!Y venían todas con una falda que les cubría ampliamente las rodillas y casi les llegaba a los tobillos!!! ¡!Allí, en plena sierra, gateando hacia el cielo!! De nuevo la sospecha. Las saludamos y las dejamos subir y abrirnos senda. Ya hablaríamos arriba. Mi cuerpo seguía lento, muy cansado, con la fatiga a cuestas, con el ánimo continuo de Manolo y de Eloy.

En mis anteriores ascensiones, había hecho camino por la Portilla Bermeja, pero hoy lo hacemos por la Portilla del Crampón, por el camino más recto, pero más empinado, por el más costoso, por el más agotador. Comencé controlando un poco el tiempo de subida pero terminé perdiendo la noción y solo me ocupaba de ir ascendiendo unos metros, de descansar un poco y de volver a iniciar la escalada, pues escalada debería ser subir por una escalera que apenas si tenía algún paso en el que apoyar los pies. ¡Cien pasos más y otro descansito!, me animaba Eloy. Y mi cuerpo se animaba a realizar otro nuevo esfuerzo. ¡Venga, que ya llegamos!

!!!Y llegamos al fin!!! Llegamos para dar vista a la vertiente sur que mira la Tiétar, ahora vacío y secano, solo hilera seca en medio de la mole y de la falda. El aire era otro aire. Y el cielo era otro cielo pues las nubes se habían hecho más negras y todo amenazaba lluvia.

Nos quedan unos metros, ahora ya de escalada y de gateo, de subir por los riscos y de encogerse entre las últimas rocas. Dejamos las mochilas para que no estorbaran y solo llevamos la cámara de Eloy. Había que hacer cumbre como fuera. Y yo no sé cómo fue pero la hicimos. ¡!!Hice cumbre en el Almanzor, en Gredos!!! Me sujeté a la cruz que hay allí plantada, giré mi vista en todas direcciones, Eloy me hizo unas fotos y comenzó a llover. ¡!!Lloviendo y en la cumbre de Gredos!!! Aquello me parecía una unción sagrada, como un regalo hermoso de los dioses, como una estampa única, como un placer intenso. Fue muy poco el tiempo que allí estuve pero qué panorama y qué sensaciones tan densas. Todo era perspectiva descendente; allí arriba, solo el cielo, el agua y el aire; lo demás, todo lejos y distante.

Enseguida la vuelta hasta un refugio debajo de una roca. ¡Cómo pude bajar aquellos cincuenta metros, destrepando las rocas! Prefiero no pensarlo. Al cobijo del una roca vi llover mansamente, contemplé cómo se mojaban las mochilas un poco más abajo, oí cantar a aquellas jóvenes que nos habían acompañado un ratito en la escalada una canción de iglesia, me atreví a cantar una estrofa del “Veni, Creator” y por un momento deseé que siguiera lloviendo mucho tiempo. Las muchachas nos informaron de que pertenecían a una agrupación religiosa que se llama Regnum Christi. No era difícil adivinar algo parecido. Hicimos alguna chanza con los rezos, con la vida y con el infierno y las dejamos allí en lo alto mientras nosotros comenzábamos el descenso lentamente.

Manolo y Eloy decidieron que la bajada la hiciéramos por la parte noreste, visitando la Galana y el Ameal de Pablo. ¡Qué feliz ocurrencia! ¿Cómo hubiera yo podido bajar por aquel pedregal inmenso por el que había ascendido tan penosamente? Tenía por bien cierto que el descenso sería más suave por cualquier otra parte. Y qué bien que la práctica me demostrara que tenía razón.

Con precaución y calma, fuimos dando rodeo a la base del pico y fuimos faldeando hacia la Galana. A cada pocos metros me giraba para medir la altura del coloso, de la cumbre y del pico en el que había estado un rato antes. El cielo seguía gris y encapotado. Amenazaba nueva lluvia y dejó caer gotas pero con menos fuerza que en la cumbre. ¡!Había estado allí arriba!! ¡!En aquel picuruto!! ¡!En el mismito cielo!!

Tal vez las tres y media. La Galana. El Ameal de Pablo. Qué coloso de roca casi negra este último muro. A su altura leímos y recordamos a Unamuno, ese ser egotista, amante de las cumbres, que había subido a Gredos, exactamente hasta aquel punto, para sentir la entraña de su España, el ideal sublime y quijotesco, sus ansias infinitas de inmortalidad. Yo me sentí un poquito también Unamuno pues acaso algunas de mis comezones íntimas no andan lejanas de las suyas. Algunas, que no todas.

Comimos compartiendo lo que había en nuestras mochilas, mirando a todo el circo, y viéndolo de frente, porque la altura así nos lo mostraba. El frío de la lluvia me dejó tiritando pero mi cuerpo agradeció el descanso. Había dormido muy pocas horas la noche antes y mi cuerpo no estaba para bailes.

N.B. Fotos de Gredos II y III de Eloy Hernández.

viernes, 14 de agosto de 2009

GREDOS (II)




Hacía mucho tiempo que no caminaba por esta sierra. ¿Cuánto? Me sorprende enseguida el arreglo que se ha hecho del camino. El suelo ha quedado consolidado con piedras bien dispuestas, apoyadas en traviesas de madera que, en forma transversal, van cuadriculando el terreno. Así, lo que antes era un camino de tierra en muchos trechos ahora lo es solo de piedra. ¡Nada menos que desde la Plataforma hasta la Laguna Grande! Se entiende la finalidad que se persigue (se supone que la de encauzar los pasos de todos los caminantes por la misma senda y hollar el menor espacio posible) y procuramos respetarla.

La sierra de Gredos es siempre muy visitada y en verano lo es mucho más. Pronto el camino se convierte en una hilera de montañeros que se van encogiendo y estirando según las perspectivas. El camino asciende y el horizonte se muestra cada vez más amplio, casi infinito. Hacia el norte, hacia el este, hacia el oeste. Solo el sur queda vedado a nuestros ojos: estamos en la ladera norte y subimos en busca de la cumbre.

La subida hacia la Laguna no ofrece demasiada dificultad. Está la mañana luminosa y amplia. El sol luce en lo alto y el sudor aparece. Una fuente, que ha sido encauzada y llevada a la vera del camino desde tal vez doscientos metros, nos saluda de pronto. Está mirando al noreste, como vigilando todo el horizonte. Yo cumplo mi ritual de beber en las fuentes de los campos y las sierras. Su agua está fresquísima. Hasta ella llega resollando una hermosa joven a la que animamos para que continúe el camino. Estamos casi arriba y ya el Circo de Gredos no está lejos.

Y cuando se le antoja, pues a ver quién pide cuentas a la naturaleza, nos damos de bruces con el Circo completo: La Laguna, el Risco de las Hoyuelas, la Portilla de las Hoyuelas, el Cuchillar de los Cerraíllos, los Hermanitos, el Casquerazo, la Portilla de los Machos, la Solanilla, el Cuchillar de las Navajas, Portilla Bermeja, Portilla del Crampón (¡ay esta portilla!), el Ameal de Pablo, la Galana, los mil picos, cada uno con su nombre… Y el majestuoso Almanzor. Todo un museo de toponimia, pero, sobre todo, de belleza natural. El Circo es un rincón perdido para el mundo, escondido por siempre entre los hielos, silencioso en el sostén de los glaciares, cuna para los hielos y las nieves, espejo de los soles en sus piedras, hondón siempre de sueño en la Laguna, piedras descuartizadas que se mantienen erguidas en perfecta arquitectura, imagen y figura de sueños infinitos, ara picuda señalando al cielo, picachos que se contemplan como hermanos desde siempre, refugio para el alma y el silencio, anhelo para el que quiere estar más alto todavía, la cuna donde mece sus devaneos por un rato el que hasta allí se acerca, el gran padre de Iberia y de Castilla, la densidad rendida y derrotada en los cantos rodados de todas sus laderas…

Nos quedamos un rato mirando la grandeza de aquel sitio. Yo quise hacer un corte de lesa geografía y quedarme en el Circo, solo en aquel rincón privilegiado. No lo tenía muy fácil pues mi vista se iba también río abajo, de valle en valle, buscando el horizonte. Me pesaba el contraste de la altura y el valle, del copo de nieve hecho agua y rodando por el mundo, del aire de la altura y el arregosto cruel de la llanura, del silencio profundo y el tráfago constante de las calles…

Siempre será ese cielo hacia el que apuntan todas aquellas rocas y el suelo en el que se asientan, el gris de sus pedruscos y el lago en que se mecen las aguas lo que me llevaré de Gredos, ese cielo mirando por las cumbres, como asombrado por ese enorme intruso que se quiere llegar hasta sus reinos, y ese color tan gris de soledad eterna guardado en aquel sitio tan remoto.

Después de algunas fotos en actitud lectora (el Quijote y Unamuno son los culpables), seguimos camino en descenso hacia la Laguna. Y ya siempre mirando sorprendido hacia el agua y hacia las rocas de las cumbres. Como a mitad del descenso de los Barrerones, nos topamos con un numerosísimo (¿50, 60?) grupo de muchachos y muchachas muy jóvenes. Enseguida nos llamaron la atención por su indumentaria. Vestían boina roja y en ella llevaban el escudo con el yugo y las flechas. Venían uniformados y en hilera y a cada uno que pasaba nuestra curiosidad crecía. Eloy se decidió a confirmar lo que ya sospechábamos. Preguntó y le respondieron. Se trataba de un grupo de ¡!carlistas!! venidos de Valencia. Su media de edad no superaría los doce o catorce años. Me puse triste pensando en lo que se estaba afirmando en aquellas mentes tan jóvenes, en el mundo y en la escala de valores que sustenta todo tipo de organizaciones de esta clase y en la complicación que supone cercenar las posibilidades y las variables desde tan temprana edad. ¡!Cómo les enseñarán la historia, por ejemplo, a estos pobres niños!! De repente se me vino encima una buena parte de la última historia de España. Si querían afirmar aquello de Dios, Patria y Rey (los suyos, por supuesto), no habían elegido mal lugar para inocularles los dogmas y para inyectarles en vena las proclamas. Pero no sería la única “aparición” del día.

En esta época del año, la laguna está más baja y en calma. Bordearla por el camino no supone ninguna dificultad. Es lo que hacemos hasta colocarnos en el camino que nos aúpa a la Esmeralda, ese pequeño charco que tan bien ganada tiene su fama por el color de sus aguas. En el charco se baña un grupo de personas. Nosotros nos apartamos unos metros para tomar un tentempié más a gusto. En reposo, comemos, miramos hacia el cielo y se nos vienen encima los picos de las cumbres. Cada mirada es una sorpresa.

jueves, 13 de agosto de 2009

GREDOS (I)



El Tormes empieza a olerse y a sentirse un poco más allá de Palacios de Becedas. Seguramente ya con los aromas teresiano y unamuniano de Becedas. Pero es en Barco de Ávila donde se visualiza.

Ayer estuve en Gredos. Anduve de la mano de Manolo y de Eloy. Ellos habían estado toda la semana anterior hollando los Pirineos y encajan en la montaña como una muñeca rusa en su serie. A mí, sin embargo, que amo la montaña (o más bien la naturaleza en general) pero no soy montañero de costumbre, me habían de anegar de paisaje y de simbolismo todo el día camino del cielo y del suelo.

Eran tal vez las ocho y media de la mañana cuando cruzamos el Tormes por un puente remozado y amplio, guardado por dos centinelas en forma de rotondas. El río se ha hecho niño y se muere de sed en estos días de agosto calurosos. No hay nada allí bravío; solo remanso y calma, piedras al descubierto esperando ser anegadas por las crecidas de otros días. El río allí es la muestra líquida de todo el amplio valle que queremos visitar, la última lágrima de todos los suspiros monte abajo, la nieve derretida que se acuerda del cielo allá en lo alto. Pero hoy está reseco y tiene sed. A ver si llegan pronto las primeras lluvias y todo se hace limpio y generoso.
“No hace mucho calor”, le digo al señor que me despacha gasolina. “Ya va mediado agosto y, salvo algún día que se escape perdido, tiene que ir refrescando poco a poco”, me contesta. Hoy es fiesta en El Barco. No pregunté qué se celebraba. A mi mente regresaron enseguida los finales de julio y las fiestas de Santiago, con aquellos paseos nocturnos desde los pueblecitos en los que habíamos asentado los campamentos. Hace ya tanto tiempo…

Pero vamos a Gredos. El coche enfila la carretera del Puerto del Pico, del Parador, de Hoyos del Espino. Este valle del Tormes es ante todo fresco; pero es también muy largo y tiene carretera de las de ir con calma y sorteando curvas y recovecos. Buen contexto para la charla y para el resumen de la excursión a Pirineos que Eloy y Manolo han realizado la semana anterior. Y para recordar los simbolismos de los picos de Gredos y su historia.

Algo más de las nueve. Estamos en Hoyos del Espino. ¿Es el pueblo emblemático? No lo sé. Es el pueblo desde el que sale el ramal que nos lleva a la Plataforma, desde la que se inicia la subida, es también el lugar en el que se halla instalado un centro de interpretación de la naturaleza, es el referente desde el que se controla todo Gredos, es el lugar del alto río, de un amplio campamento… En Hoyos nos aprovisionamos de pan y seguimos camino.

En cuanto se acaban los pinares, nos damos de bruces con el campo pelado, solo acolchado con escobas y un poco de monte bajo. Algunos coches bajan con montañeros que han pasado la noche allá en la sierra.

Las nueve y media en punto. La Plataforma de Gredos está casi llena de coches.Desde allí iniciamos el camino a pie. Con el ánimo alto y las fuerzas intactas. A ver cómo se da el día.

N.B. Añado y añadiré unas fotos que proceden del ojo y de la cámara de Manolo.

martes, 11 de agosto de 2009

LA CORRUPCIÓN DE SÓCRATES

Platón, Aristóteles y Jenofonte nos dan cuenta y noticia de la existencia de Sócrates, de su vida y de su forma de proceder. Aquel muchacho, hijo de cantero y de comadrona, que se salió a la calle para conversar con los demás, con aquellos que se consideraban sabios, y que acaso estaban muy bien instalados en la estructura social y política, y que pronto comprendió que realmente no sabía nada (“solo sé que no sé nada”) porque todo quería repensarlo sin prejuicios y al cobijo de lo que le fueran dictando la razón y el sentido común.

Nunca dio clase de once a una, ni acumuló trienios, ni pidió traslados, ni fue nombrado doctor honoris causa. Vaya por Dios. Y, por si fuera poco, lo condenaron a muerte por no reconocer a los dioses y por corromper a la juventud. Por no hacer, ni siquiera escribió un libro, pues pensaba que cada uno tenía que escribir su propio libro, el más importante, el de su vida.

Es que, perdona, colega, pero se te ocurren unas cosas… Pero ¿qué es eso de no creer en los dioses? ¿No ves que entonces se nos caen los palos del sombrajo y todo se derrumba como si estuviera hecho de paja? ¿En quién se apoyan, en ese caso, los poderosos para mantener el orden que les conviene con el fin de que no sufran merma sus intereses? ¿Y encima querías corromper a los jóvenes? ¿Querías que pensaran? Qué cabroncete. No jodas, no hagas esas cosas. Con lo bien que andan con eso del botellón, con las fiestas de los pueblos, con los horarios laxos, con el ir tirando, con ir preparando el camino para encontrar un huequecito en el sistema al menor precio (ya sabes: una carrerita, un puestito bueno, un sueldito a fin de mes, el cochecito, los colegas, unos días en la playa…), o, como mucho, con asomarse un poquito al sistema pero volverse con la sensación de que eso no hay quien lo cambie y hay que aprovecharse de él como mejor se pueda.

Supongo que te habría gustado más haberlo intentado con las personas mayores, pero entiendo que lo dejaras por imposible. Cualquiera remueve de sus asientos a los esclavos agradecidos, que apenas sobreviven pero que alaban y corean a los que con el mismo o menor esfuerzo se alzan como héroes entre sus semejantes. Parecen anestesiados y con el mono subido de dar palmas a los que los mueven como si fueran marionetas. Y ya pedirte hacerlo con los sátrapas, que monopolizan las interpretaciones de esos dioses en los que tú no creías, y con los poderosos que los mantenían, es cosa de no creer y no hay para qué decirlo..

Es que mira que tienes unas cosas… O sea que quieres que la gente piense, que pese, que sopese, que relacione, que describa pero que saque también consecuencias… Pero ya sabes, amigo, que esto tiene dos peligros tremendos. El primero es que iguala a todos los seres, pues todos tienen la capacidad de pensar y de organizar su propia existencia a partir de ese pensamiento. Qué barbaridad, qué revolución. Ríete de la Revolución Francesa. El segundo es casi consecuencia del primero: si el ser humano se echa a pensar, se nos puede convertir en un ser muy peligroso pues puede protestar y querer cambiar lo que no le parezca correcto. Y el sistema es el sistema, compañero. Déjalo y no lo cuestiones. Vive y deja de meterte en líos.
Lo ves, buen hombre… Es que pides unas cosas… Y todo esto hace dos mil quinientos años. Qué fuerte.

Y qué grande, y qué estupendo, y qué maravilloso.

¿Sabes que intento con alguna frecuencia cultivar tu método inductivo para alcanzar alguna consecuencia y me doy de bruces con los demás? A la segunda o tercera pregunta, ya se me impacienta el personal y me responde con cajas destempladas: ¿Pero adónde quieres ir a parar con tanta pregunta? Dame la solución o dime lo que tengas que decirme ¿Sabes con quién me suele resultar más positivo? Pues con algunos de mis alumnos, con los más jóvenes sobre todo. Cuando terminamos de hacer una tarea, me suelen preguntar: “¿Y ahora qué hago?” Y yo les respondo: “Y yo qué sé, lo que te pida el sentido común, tú verás”. De momento se quedan asombrados, pero al poco tiempo los veo que se ponen a hacer cosas. Y casi siempre, claro, lo siguiente guarda relación lógica con lo anterior. Son juegos lógicos inmediatos y cortitos. En otras ocasiones hacemos reflexiones un poco más extensas, regidas por la lógica y por la provocación.

Este mundo de las prisas y de los resultados inmediatos invita poco a ello, pero andamos en prácticas. En las que sabemos hacer, que tampoco son muchas, lo reconozco. Yo no espero que nadie nos condene a muerte por corrupción. Pero también ahora condenan, aunque sea al silencio, que no es condena leve.

Así que gracias, tío, que sigas corrompiendo mucho tiempo, y que nos des aliento cuando en pequeñas cosas tratemos de imitarte. Vale.

lunes, 10 de agosto de 2009

¿ADÓNDE QUIERES IR A PARAR?

Este asunto de las palabras debería servir para facilitar la comunicación. ¿Hay que insistir todavía en eso? Y controlar el sistema que organiza las palabras (su articulación fónica, sus componentes morfológicos, sus relaciones sintácticas, sus precisiones significativas, sus contextos, sus cambios y adaptaciones…) supone afinar un poquito ese instrumento de comunicación. Afanarse, entonces, en su conocimiento y en su buen uso parece que no es mala ocupación porque, en el fondo, supone controlar la fórmula que nos hace más humanos y menos animales instintivos.

La existencia de la palabra termina confundiéndose con el propio pensamiento. Pero no es el pensamiento, o al menos no es todo el pensamiento; es la cara que ofrece a los demás nuestro pensamiento, es lo que de nosotros mismos dejamos ver, la foto que los demás van a recoger de nosotros. Y, desde luego, no siempre coincide con lo que nos gustaría que los otros se llevaran como referente de nuestra organización mental.

Seguramente esto explica que nos pasemos buena parte del tiempo aclarando malos entendidos y tratando de precisar aquello que en realidad quisimos decir y que no fue entendido así por quien nos escuchaba o nos leía. Estoy absolutamente seguro de que muchos, muchísimos, de los enfados que se producen se solucionarían con una repetición serena de las palabras que en cualquier ocasión anterior se han pronunciado y que el interlocutor ha entendido de aquella manera.

La comunicación es asunto complicadísimo en el que intervienen múltiples elementos: emisor, receptor, código… Cada cual tiene que ocuparse de que su parcelita funcione lo menos mal posible. Y, aun así, los “ruidos” seguirán siendo notables. Entonces solo quedan el sentido común y la buena voluntad de las personas sensatas e inteligentes. Sin estos dos elementos, casi nada sale a flote.

Pero, ¿adónde quieres ir a parar? Y yo qué sé. ¿Es que tengo que ir a parar a algún lugar? En realidad, sí quiero ir a parar, pero me cuesta ser más concreto, precisamente por eso del sentido común y de la buena voluntad. Me quedaré en el genérico y afirmo que, en cualquier comunicación (conversación o escrito), es elemental escuchar, dejar hablar e intentar decodificar serenamente lo que nos transmita nuestro interlocutor. Aunque parezcan tonterías: en muchas ocasiones lo serán. Si físicamente no se produce la transmisión de palabras (o sea, si no se deja hablar), ¿cómo coño se puede decir más tarde que la opinión del interlocutor es buena o es mala, respetable o despreciable? Tengo la impresión de que, demasiadas veces, actuamos por prejuicios, que vete a saber por qué extraños (o menos extraños) motivos se han fijado en nuestra mente.

Pero cuando actúan estos prejuicios, corremos el peligro de desbarrar y de convertir la realidad en un cuadro sin marco y lleno de polvo, en un juego al servicio de nuestras necesidades inmediatas, que quedan demasiado al descubierto.

Me propongo mejorar en las conversaciones, dando más tiempo a la escucha que a mi propia palabra. Me guardaré, no obstante, una barrera: no quedarme puramente en el silencio. Al menos esto sí se me debería permitir. A cambio, reclamaré que no se usen mis pretendidas palabras en ningún sentido, al menos las que no haya pronunciado.

Estoy de vacaciones. Largas, muy largas. Estas líneas de hoy podrían servir de introducción en el estudio de la materia de un curso escolar y parece que hoy no tocan. Pero, aunque estamos en verano, también tocan: este asunto no tiene vacaciones en los humanos.

SOBRE UN ARTÍCULO

Me encontré esta mañana con un artículo de Julio Llamazares en El País que me dejó bastante reconfortado. En síntesis, venía a reivindicar el valor del espacio, de los espacios, del campo y de los paisajes, no como conformadores melifluos de historias de miel y arrope, tipo La Bejarana, sino como sustancia misma del ser humano, como ropaje que envuelve y certifica, como elemento permanente que nos aloja y nos convive. Porque vive con nosotros y nos hace vivir como ella quiere.

Repasaba Julio Llamazares algo de la historia literaria y del valor que a la naturaleza se le ha ido dando en ella. Coincido en que, fundamentalmente, poco hay de estos valores en nuestra literatura antes de los viajeros románticos por España, de nuestro propio romanticismo y, sobre todo, de nuestro 98. Yo considero maestro imprescindible a Antonio Machado sobre todo -entre otras variables- por esto.

Tengo la impresión de que, en la creación actual, sobre todo en la poesía, no corren vientos favorables para volver a la importancia y al valor de los espacios. Los espacios actuales son sobre todo urbanos y, donde esté una noche de copas y de amor en un bar, que se quite un atardecer que anuncie el fin o el ocaso de cualquier hecho. Qué le vamos a hacer, así están las cosas.

No creo que haya que luchar contra la realidad social enclaustrada en las ciudades. La sociedad es la que es, la configuración urbana también. Sencillamente reivindico la posibilidad de los espacios como concreción de las ideas. Incluso de las ideas más permanentes y definitivas. Una “aurora de dedos rosados” estaba ya en Homero, y las “mil gracias derramando/ pasó por estos sotos con presura” las dejó san Juan para los restos.

Sospecho -tal vez porque lo deseo- que hay que volver a ello.

domingo, 9 de agosto de 2009

SEMANA DE CINE

El anterior equipo de gobierno del ayuntamiento de Béjar puso en marcha, hace ya trece años, una llamada semana de cine español. A él se debe la iniciativa y que nadie se la robe. Nunca deberíamos hacer como ellos han hecho, en una actitud vergonzosa que tantas veces denuncié: apropiarse de todo lo que les dejaron iniciado y casi conseguido los demás. El actual equipo de gobierno ha tardado en dar continuidad a esta actividad. No conozco cuáles han sido las causas pero celebro que se haya recuperado y se siga con ella.

No soy un gran cinéfilo precisamente, a pesar de que sé muy bien que el S XX no se puede explicar sin este arte y sus aportaciones. Es un tema sobre el que he dejado escritas ya bastantes páginas, repitiendo casi siempre la misma tesis: el cine norteamericano, y sobre todo la industria que lo rodea, ha producido muchísimo más mal que bien para la cultura universal. También para la española, por supuesto. Todo tiene que estar sometido a sus esquemas, a su escala de valores, a sus intereses comerciales, a sus circuitos; su último interés es apoderarse de todo el mercado y obligar a los demás, desde su posición dominante, a tragar con todo lo que les echen. Y lo han conseguido casi del todo.

Yo suelo asistir a las proyecciones de esta semana. Lo hago por varias razones, y una de ellas, no la menor, es la de que apenas proyectan películas españolas durante el año en Béjar. ¿De dónde sacan, entonces, las estadísticas que dan como resultado que la gente no acude a ver las películas de este país? Con esos perfiles también saco yo los resultados que me interesen. No los hacen mejor ni los que preparaban los perfiles académicos de nuestra Escuela para dar paso a familiares y amigos hasta no hace demasiado.

En España, como en todos los sitios, se ruedan películas buenas y malas, regulares y bodrios. Pero son nuestras películas, reflejan nuestra propia realidad, aparecen nuestras virtudes y nuestros vicios, nos podemos ver representados en ellas perfectamente. Y, si se trata de aportar principios y caracteres universales, nuestra cultura es mucho más vieja que la del imperio americano, que es históricamente de ayer mismo y se mueve solo a golpe de dinero y más dinero. Claro que esto tal vez abriría los ojos a más de uno, lo echaría a pensar, y entonces…

Igualmente es mentira lo de las subvenciones. Las grandes compañías distribuidoras (americanas y con sedes secundarias en todos los países) apabullan con sus promociones, desarrollan una escala de valores de estrellas y estrellitas en la que han sumergido como imbéciles absolutos a los medios de comunicación de todo el mundo y, a través de ellos, a una parte importantísima de la población, precisamente a la que menos defensa intelectual posee. La consecuencia es la que es: si hay que estar tres días para conseguir la presencia de un “astro” de Hollywood y hay que abrirse de piernas ante él, pues se hace; si se ofrece una reflexión sobre lo que nos rodea, desde nuestras posibilidades, y a un euro simbólico la entrada, pues el cine a media asta y gracias. Lo peor de todo es que también muchos de nuestros directores, guionistas y actores aspiran a la estructura de los del imperio, y se someten a la tontería que sea con tal de saciar su vanidad y su empobrecido ego. Con este panorama, no es fácil el cambio y la recuperación.

No estoy del todo satisfecho con la calidad de las proyecciones de este año, aunque siempre más que con el casi cien por ciento de las que vienen de Hollywood. Tengo la impresión de que los autores de cortos se dejan llevar por la impaciencia y se ven desbordados por los ritmos narrativos. Parece que siempre quieren contar en un corto lo que necesita para ser narrado un largometraje. Y cada molde tiene su ritmo y sus exigencias, como sucede con el cuento y la novela, por ejemplo.

Amateurs; La buena nueva, El menor de los males, 14 Fabian Road, han sido los largos; Miente, Machu Picchu, Todos somos Adrián, La aventura de Rosa, los cortos.
Me quedo con el guión y la iluminación de 14 Fabian Road, y con el corto La aventura de Rosa.

Para hoy queda el bodrio de la Bejarana. Pero aún iré. Y, si hay coloquio, diré algunas palabras que acaso no gusten a todos, pero que tienen que empezar a abrir los ojos sobre tonterías y añoranzas que no tienen ningún sentido. Al menos para pedir que no se nos imponga a todos lo que se empeñan en alimentar los más faltos de criterio. Veremos.
N.B. Fui y resultó incluso más bodrio de lo que ímaginaba.

viernes, 7 de agosto de 2009

EL BOSQUE, MENOS QUEMADO

He paseado por los pinos quemados esta misma mañana. Tenía ganas y, sobre todo, curiosidad por conocer en el propio terreno lo que había quemado el fuego.
Ya se nota el decrecer de los días y, a eso de las ocho, las sombras lo invaden casi todo aún. Mi paseo matinal me ha dejado un poco más tranquilo de lo que estaba antes de pasear por este bosque arbolado. Ha sido la ladera sur la que ha sido pasto de las llamas. En esta ladera, en la que ya se han producido otros incendios, iba creciendo una rala vegetación de pinos y acaso algún roble y castaño. El fuego ha parado su crecimiento de raíz.

Pero creo que el mal no es tan grande como el que me parecía desde mi terraza, por más que cualquier incendio es siempre negativo. La rapidez de las llamas y, sobre todo, la inclinación de esta ladera han hecho que el fuego haya corrido a gran velocidad a ras de suelo, y apenas se haya parado en consumir las copas de los pequeños árboles. Aún menos lo ha hecho con los pinos grandes de la parte alta. De este modo, se puede confiar en la recuperación de bastantes plantas de las quemadas y hay que esperar que no serán demasiadas las que se pierdan y se sequen del todo. Unas buenas lluvias pronto ayudarían mucho en este sentido. Lo peor es que cualquier lluvia arrastrará hacia el río el escaso poso de tierra que aún queda en esa ladera y, entonces, no será sencilla la repoblación en esas condiciones.

Ni me imagino la posibilidad de que el incendio haya sido provocado: nada se puede ganar con quemar aquello y no es fácil entender que haya mentes tan desviadas como para divertirse viendo cómo se quema el campo. Aún los tocones humeaban esta mañana y enseñaban los restos de los troncos quemados. Un coche de bomberos se acercaba a la zona, como para dar fe de que aquello no se iba a reanudar.

La cara más oscura se ofrece desde la carretera de Candelario. Desde allí tengo que hacer algunas fotos para dejar testimonio directo y real del incendio. Mi cámara anda buceando por el Mediterráneo o tomando el sol en Málaga. A ver si puede ser el lunes. Mientras tanto, aprovecho algunas imágenes de mi amigo Luis Felipe.
Desde mi terraza sigo casi con la misma vista del conjunto de los Pinos y de la sierra. El incendio se me ha ocultado por detrás del primer plano. Sé que el mal está ahí mismo, detrás del primer horizonte, pero si ha preferido ocultarse un poco a mi vista, yo no puedo hacer otra cosa que agradecérselo. Parece que todo quiso detenerse en el límite que da paso al depósito del agua, al predio de la Canaleja, a los centros de María Díaz y Campyco, y al centro del propio bosque de pinos.

Todo será menos negativo cuando lleguen las lluvias y empiecen a tomar cuerpo las primeras hierbas verdes. Porque la naturaleza seguirá su curso como si nada hubiera sucedido. Sus aires y sus ritmos continuarán impasibles, aunque nosotros nos sintamos estremecer ante cualquier aviso suyo.

Yo seguiré subiendo por los pinos, pasearé al amparo de sus aires frescos y puros, miraré desde ellos la presencia de la sierra, veré verdes los valles, intuiré el bullicio y la pereza de las gentes de la ciudad y pensaré Dios sabe en qué. Estos ratos perdidos por sus suelos son ratos menos perdidos.

jueves, 6 de agosto de 2009

CUANDO EL MONTE SE QUEMA...

Mi terraza es polisémica y parece una sinfonía; desde sus asientos, lo mismo toca un oboe que se escuchan las notas de un fagot, a veces suena un violín y de vez en cuando se desafina una guitarra. En numerosas ocasiones es para mí el punto de apoyo que reclamaba Arquímedes para intentar mover el mundo, mi pequeñísimo mundo. La orquesta a veces anda afinada y otras veces chirría un poco.

Ayer anduvo un poco tristona porque los ojos no vieron lo que querían ver y lo que han visto tantas tardes y mañanas. Eran poco más de las cinco de la tarde. De pronto, una columna de humo se elevó hacia el cielo. Y enseguida, las llamas en lo alto. Avisé a los bomberos rápidamente: “Hay fuego en los Pinos” … "¿En qué parte? Los Pinos son muy grandes” … “Coño, si se ve a simple vista, en la ladera que da al río”. Colgué y me puse a esperar cómo evolucionaba todo. Desde mi terraza todo lo contemplaba nervioso.

Los primeros minutos parecen cruciales para el dominio o el descontrol de cualquier fuego. Los bomberos tardaron poco tiempo en llegar y algún helicóptero lo hizo como a los quince o veinte minutos. Desde entonces todo fue una lucha continua por orientar el fuego y tratar de que no se acercara a los sitios edificados.

Con mis prismáticos y mi situación privilegiada, casi me doctoré en el tratamiento de incendios. Vi cómo los helicópteros regaban incansablemente los perímetros, de qué manera las avionetas refrescaban las copas de los árboles, cómo el fuego era atacado teniendo siempre en cuenta la dirección y la fuerza del viento, siempre a su favor y nunca en contra, cómo se atacaba la parte baja y jamás la parte más alta, de qué manera las cuadrillas reforzaban precisamente esos lugares a favor del viento, cómo se alineaban los helicópteros recogiendo agua, primero del pantanito que hay en Riofrío y más tarde en la piscina de la Cerrallana, en qué forma las avionetas descargaban productos ignífugos en las zonas más caldeadas y cómo, en fin, todo se ordenaba para conseguir de la mejor manera dominar la fuerza del fuego, que no es más que una fuerza más de las que muestra la naturaleza.

La tarde me dio para mucho: para visualizar los trabajos, para considerar lo poco que se tarda en consumir lo que luego cuesta muchos años recuperar, para pensar una vez más en la escala de valores que nos estamos dando y que estamos promocionando, en el lugar secundario que ofrecemos a la consideración de la naturaleza como componente de nuestras vidas, en lo efímero y en lo consistente, en lo que significa el monte continuo y el monte con cultivos cortafuegos, en la importancia de prevenir para no tener después que curar tantas heridas, en…

La ciudad se ha levantado hoy comentando los hechos y envuelta en el humo que aún anda suspendido sobre nosotros. El incendio se ha vuelto a producir en el mismo paraje en el que hace años ya había hecho de las suyas.

De mi archivo rescato algunas palabras escritas hace ya nada menos 18 años (cuántos cientos de páginas por el medio!!) que tienen como referencia precisamente los Pinos. Era noviembre de 1991:

“…El camino se divide y nosotros tomamos la dirección de la derecha, quizá por la inercia del circuito deportivo. Los pinos lo ocupan ya todo. Ahí están, saetas inmóviles que apuntan hacia el cielo. El sol apenas encuentra resquicio para llegar hasta el suelo. Las palabras de nuestra conversación suenan aquí con otro eco.

Pero, apenas hemos caminado unos minutos, cuando los árboles se espacian y se hacen menos tupidos. Enfrente se dejan ver las laderas por donde serpentea la carretera de Candelario. Hacia abajo, todo se desploma en vertical hasta el río, que deja llegar un lejano rumor de sus aguas. El verde perenne de las hojas de los pinos se mezcla con lo oscuro de los hermanos secos, ramas peladas al viento, cadáveres en pie… Por ningún sitio se ven señales de replantación de árboles, solo cepas serradas recientemente. Enseguida pensamos que retirar lo inerte está bien, pero no recomponerlo con vida y savia nueva es empeorarlo todo… Monte arriba seguimos admirando la fuerza de los pinos verdes y los claros de los pinos muertos. Una vuelta hacia la derecha nos allana el camino y nos lleva hasta el depósito del agua.

Parada obligatoria en su azotea. El pinar, desde aquí, está a nuestras plantas. Su espesura contrasta con la claridad de la sierra y del valle, que se estira hasta el pantano. Aquí hablamos de nuestras cosas, miramos, admiramos, y respiramos el aroma de los pinos, de estos pinos de Béjar, testigos mudos durante muchos años de paseos y sentires, de ilusiones y desahogos, de secretos compartidos y de consuelos reparadores.”

Han pasado casi veinte años desde entonces. Veremos qué se puede decir del mismo paraje cualquier rato de estos, cuando el humo nos deje volver a hollarlos.

N.B. Creo que es ya el cuarto incendio que veo comenzar desde mi terraza. En todos he avisado rápidamente a los bomberos. Me dan ya ganas de solicitar alguna medalla al mérito civil, o de las artes del fuego, o de la rapidez con el teléfono. ¿No se las dan a esos que dicen realizar todo por la patria cada vez que realizan una maniobra? Pues eso.