domingo, 2 de diciembre de 2007

OTRA VEZ LO DE ETA

De nuevo ruido de pólvora este fin de semana. Y de la misma parte, de la parte de los malnacidos de ETA. De nuevo se activa el círculo vicioso acción-reacción-acción.
¿Cómo se puede enseñar que no hay causa que justifique una muerte, y mucho menos un asesinato? Son demasiadas las variables que se ponen en juego con este asunto, además de las más acuciantes de las muertes. El Gobierno se halla en un cruce de caminos en el que le caen bombas desde todas partes. Tiran bombas los asesinos, tiran bombas los ultras, las tiran los nacionalistas aprovechando cualquier resquicio, las tiran los de la derecha que no ven más allá de la reacción por la fuerza, las tiran hasta los de la mejor voluntad que se sienten hartos de tantos años y de tantos esfuerzos dedicados a minimizar algo que no tiene solución racional. !!Es que la razón humana llega hasta donde llega, pero no es capaz de abarcar toda la realidad!! Y menos mal que así es porque la vida es demasiado rica en matices como para comprimirla en artículos y en versículos. Por eso hay que apelar a la buena voluntad y al diálogo, aunque solo sea para suavizar las consecuencias. ¿Cómo se puede negar a una comunidad su deseo de separarse de otra comunidad? Se le podrá negar de palabra o por la fuerza pero sus sentimientos serán los que quieran ellos. Por el mismo precio, ¿cómo se puede negar que en una comunidad las decisiones tienen que procurar alcanzarse por mayoría y que decide la comunidad y no solo una parte? Es este el famoso derecho a decidir que piden algunos. No hay posibilidad según las normas jurídicas. Por el mismo precio, ¿no habría, entonces, que extender ese derecho a cualquier minoría, por ejemplo de ámbito provincial, o local, o de barrio, o de familia, o de individuo? Como se ve, el derecho se reduce al absurdo. Y no he oído a ningún nacionalista que estuviera dispuesto a defender el mismo derecho para una provincia por ejemplo. !!Es que esto no tiene solución teórica por ninguna parte!! Si no se busca en la buena voluntad, en el diálogo y en la cesión mutua, no hay posibilidad de nada, salvo de sufrimiento y de muerte. Llevo casi toda mi vida viendo gastar enormes esfuerzos a este país para intentar arreglar esto por la fuerza, por la ley y por el aguante. Y ahí seguimos. Y seguiremos, por desgracia. No me imagino hasta qué lugar podríamos haber llegado si estos esfuerzos los hubiéramos dedicado a educación y a investigación, por ejemplo. El asunto este de los nacionalismos nos sale carísimo. El del nacionalismo periférico y el del español. Porque a mí tanto me da uno como otro. Las señas de identidad que no sirven para reafirmar el valor de cada individuo y para mejorar su condición de vida me traen al pairo. Los llamados héroes de la historia solo me interesan si sirvieron para defender a sus semejantes, nunca porque quisieran dejar un "mejor país" a sus sucesores. Eso de todo por la patria me suena casi siempre a vanagloria hueca y sin sentido, y en muchaws ocasiones a todo por la vanidad y por la pasta. Yo no quiero que nadie salve a nadie ni que se erija en salvador de nadie.
Escucho algunas tertulias en los medios de comunicación. Un tertuliano dice frecuentemente que los dos peores males de la humanidad en muchísimos años son los nacionalismos y las religiones (en plural, que no es lo mismo las religiones que el hecho religioso en el ser humano). Estoy muy de acuerdo con él. Vengo defendiendo desde hace mucho tiempo que las dos principales dificultades para el S XXI serán el agua y el Islam. Añádase el de los nacionalismos. De todo tipo. Cuando además los que se quieren retirar de la mesa de juego son los que van ganando, o sea, los más ricos, entonces todo rechina más y se entiende un poco peor todavía. Nos queda muchísimo por jugar, y no todas las botas de los jugadores son de goma, hay muchas que tienen punteras de acero. Y esas patadas hacen mucho daño.

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