viernes, 7 de diciembre de 2007

ENTIERRO DE JUAN



Hoy he realizado varias cosas. Pero hoy, sobre todo, ha sido el día del entierro de Juan. Hoy ha amanecido un sol espléndido. Pero hoy es el día del entierro de mi amigo Juan. Hoy la tarde se ha puesto gris a eso de las cinco de la tarde y ha amagado lluvia. A esa hora enterrábamos a mi amigo Juanito. Hoy he cultivado la amistad con Jesús Majada en un paseo por las laderas y caminos que nos han llevado hasta el Regato de las Palomas. Pero hoy es el día del entierro de Juan. Hoy han venido Miguel Ángel y Merce un ratito a casa. Pero hoy es el día del entierro de Juan. Hoy he pensado en muchas cosas. Pero hoy es el día del entierro de Juan, de mi amigo Juan, de nuestro amigo Juan. Hoy han sucedido muchas cosas en el mundo. Pero hoy es el día del entierro de Juan.
Para el momento de darle sepultura preparé unas palabras que no pude leer porque me hallaba sin fuerzas. Jesús estuvo al quite y las dejó con clara voz en público. Gracias, amigo. Yo ahora las dejo también aquí por si alguien más las quisiera compartir y para que duren un poco más. Va por ti, amigo Juan. De tus amigos:

Querido Juan:
Hace ya bastantes días que nos dejaste secos y aturdidos al enterarnos de que la muerte te había tomado en sus manos sin avisarte y sin avisarnos, sin permitirnos siquiera un abrazo de despedida. Todos esperamos que, cuando la vieras cara a cara, no se mostrara demasiado altiva ni se ensañara contigo y con tu soledad y desvalimiento. ¿A quién representa esa muerte que no permite ni la excepción ni la más mínima súplica?, ¿cuál es su empeño al llevar a un ser vivo contra su voluntad y a medio camino de su carrera en la vida?, ¿por qué no hay justificación racional y solo realidad del dolor y certeza de la muerte?
Porque estabas a punto de cambiar tu destino y tus horarios; porque habías soñado un retiro tranquilo en la placidez de la costa, junto a algunos de tus amigos y junto a tus hermanas; porque ya tu recorrido laboral había sido extenso y habías dejado esfuerzos y sudores en Béjar, Bilbao, Barcelona y, sobre todo, Londres; porque te habías doctorado en torear la soledad y en saludar la compañía; porque tus amigos siempre gozamos de tu hospitalidad y de tu generosidad; porque tu casa siempre estuvo abierta y tu bondad al quite; porque tu escasa estatura se agigantaba en el plano moral; porque tu tono era bajo pero tus palabras altas; porque siempre fuiste ejemplo para nosotros de lo que es el cultivo de la amistad… Por todo eso y por tantas cosas más, Juan, Juanito, Juanitín, hoy te decimos adiós forzados por el hecho de la muerte. Pero nos resistimos a que ese adiós sea definitivo. La verdadera muerte tiene sus territorios en el olvido, “donde habite el olvido”, como decía el poeta. Nosotros queremos ponerle candados a ese olvido con la presencia del recuerdo, con el recuerdo que tú nos dejas, con la fuerza del ejemplo de tu amistad, con la alegría de saberte un buen tío, un tipo de fiar y en quien confiar. Un buen amigo.

También en Londres llueve mansamente
Ahora que acogen tristes estas tierras
Estas cenizas que despiertan penas
Desde el momento exacto de tu muerte.

Hoy tu voz, Juan, resuena en nuestras mentes,
Vivo ejemplo es aquel que aquí nos dejas,
Como es oscuro el suelo en que te quedas
Para entender nuestra amistad por siempre.

Has dejado sin risa nuestras vidas,
Tu corazón sin tráfico, tus ojos
Dispuestos para amar desde esta orilla.

No serán para siempre tus despojos
Recuerdos y cenizas sin sentido,
Sino amistad eterna y amor vivo.

Y aquí responde Juan con Juan Ramón Jiménez:

“Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
Cantando…
Todas las tardes el cielo será azul y plácido;
Y tocarán, como esta tarde están tocando,
Las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
Y el pueblo se hará nuevo cada año;
Y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
Mi espíritu errará nostálgico.

Y yo me iré y se quedarán los pájaros
Cantando”.

Con estas palabras poéticas nos quedamos, con ellas te dejamos. Y con este aplauso que agradece todo lo que significas para nosotros.

4 comentarios:

Jesús Majada dijo...

Luego, a las nueve, Juan invitó a cenar a hermanos, cuñados, sobrinos y amigos en el "Ruta de la Plata": dieciocho estábamos en total. En muchos momentos nuestras conversaciones evocaron momentos vividos con él.
Éste fue el brindis tras el que alzamos la copa:
"Queridos compañeros:
No os extrañéis de esta palabra, compañero, que aquí traigo no por descuido o capricho, sino que la utilizo a boca llena. Y es que no encuentro otra mejor para denominar la relación que nos une. Porque "compañero" -que viene de "con" y "pan"- es el que comparte el pan. Y cuantos estamos aquí con Juan hemos compartido el pan en Béjar, en Barcelona, en Bilbao, en Cáceres, en Málaga.
Nunca antes habíamos coincidido todos y, sin embargo, todos nos conocíamos, porque a sus amigos Juan hablaba siempre de sus amigos.
Igual que lo hicimos con él muchas veces, ahora compartimos pan, mesa, mantel y vino.
Paco, Carmen, Gonzalo, Isabel, no estéis tristes; tampoco vosotros, Manuel, Begoña y Manuel; no estemos tristes, queridos compañeros. Al contrario, disfrutemos del momento. No es poco que después de mes y medio de su marcha, reúna Juan aquí, en Béjar, tantos amigos a beber vino y a compartir pan.
Seguro que él, con su sonrisa callada, circunspecta, siempre discreta y amable, está satisfecho de esta amistad, está contento de esta compañía.
Así pues, brindemos y bebamos el vino por Juan, SIEMPRE CON JUAN.

Sinda dijo...

SIEMPRE CON JUAN
También yo estaba invitada a la cena en el "Ruta de la Plata", y he faltado a la cita. Siento que debo disculparme, pero Juan sabría entender que otras personas me han retenido lejos, así como que él sigue vivo en mí.
Por eso, a través de esta terraza bejarana que Antonio nos brinda, quiero deciros que, desde la distancia, Juan me ha unido a vosotros, y que me habéis acompañado durante este largo fin de semana.
Abrazos, amigos

David dijo...

Rostros y Nombres. Porque todos habíamos oído hablar de todos. Sin saberlo nuestro Juan ya nos había unido hablándonos de su familia y sus amigos. Pero por fin, ese 7 de diciembre pudimos todos poner cara a esos nombres y realmente se sentía como si ya nos conociéramos de tiempo, porque todos tenemos un pedacito de Juan dentro. Me alegro también conocer la cuna de Juan, su Béjar tan amado y oír a Isa y Mari Carmen explicarme cosas de la niñez de Juan, de cómo se lo llevaba el viento en el castillo... eh Mari Carmen?
Por ultimo Antonio, déjame utilizar esta tribuna, para agradeceros a todos la amistad, familiaridad y recuerdos que nos habéis brindado. Ya solo me queda, agradecer en nombre de mi padre y en el mío propio, vuestra hospitalidad, gracias Juanma, Begoña, Paco, Gonzalo, Isabel y Mari Carmen.

Barcelona 9 de diciembre 2007

Antonio Gutiérrez Turrión dijo...

Gracias a ti, David, y a todos los que vinisteis. Pusisteis serenidad y calma. Y la verdad de lo que significa la amistad. Un abrazo.