sábado, 16 de febrero de 2008

"ESTOS DÍAS AZULES Y ESTE SOL DE LA INFANCIA"


Asistí ayer a la representación teatral "Collioure". Naturalmente, hacía referencia a los últimos días, sufridos más que vividos, de don Antonio Machado y su familia. Siempre he reconocido a don Antonio Machado (me gusta ponerle el don) como un gran maestro. Sé que tiene resabios del S XIX, que su empeño mayor no fue precisamente la vanguardia ("ni soy un ave de esas del nuevo gay trinar") por la vanguardia. Me da igual, lo proclamo una vez más como maestro en la formas y en el pensamiento. Por eso lo releo tanto; por eso esta representación me ha cogido con una relectura del Juan de Mairena recentísima; por eso acudí presto a la llamada del teatro, y por eso me sentí en él como un espectador privilegiado. Teníamos compañía profesional, de esa que lleva en su seno actores conocidos y esas cosas. A mí eso me importa poco, pero siempre se nota al fin en algunos detalles. Algo no me dejó complacido del todo: el texto se nutría sobre todo de los conflictos familiares y personales del poeta en esos penosos últimos días. Es verdad que, en esas situaciones, cualquier ser humano se humaniza más, se hace más "normalito", se rebaja y se torna contradictorio y casi nada, a merced de la enfermedad y de los intereses más inmediatos y mostrencos. Nada hay de malo en ello, solo humanidad y más humanidad. Pero del poeta yo quiero conservar su obra y su pensamiento hondísimo, su reflexión y su interpretación de la vida. También en sus últimos días. Por eso me hubiera gustado ver un texto más trufado de poemas y de pensamientos breves de ese montón ten enorme que acumula en su Mairena por ejemplo, o esos textos poéticos tan densos que hay en su poesía. Además, me pareció un texto bastante neutro, que no es lo mismo que neutral. La figura de su hermano Manuel, desde el otro bando, creo que distorsiona un poco la importancia del maestro y lo que realmente representó. Por otra parte, la presencia de parte de su familia y sus lógicas intervenciones empequeñecieron en parte la realidad de don Antonio y de su madre.
A pesar de todo, fue un rato intenso de teatro y de sentimientos. Y de machadismo. Y yo, como siempre que se trata del maestro, estaba en plan esponja, absorbiendo todo y empapándome con todo. Había mucha emoción para mí en muchas escenas y los recuerdos y experiencias se me acumulaban. Un empujón más para volver (otra vez más) a los textos de Machado, aunque, repito, he dejado hace escasos días su Juan de Mairena.

Y el sábado me ha pillado de nuevo con la mochila a cuestas camino de Llano Alto, la central de la Abeja, Candelario, el camping Cinco Castaños, la Jarilla, la Dehesa,Puente Nueva y vuelta a Llano Alto. Con días como hoy y con acompañantes como Manolo, que tiene una charla amena, una buena máquina en ristre y mucho almacenado en la sesera, el camino se hace casi un paseo hermoso por una franquicia del paraíso. Nada de frío ni de calor (cero grados al canto), un cielo hoy un poquito menos azul y el valle del Cuerpo de Hombre que nos ha servido de cauce en el que estirar nuestros pies y cansarnos. El mejor tributo para sentar los reales en Llano Alto y tomarnos unas cervezas mirando a la sierra blanca. Ya antes la Dehesa había sido testigo de nuestro abundante piscolabis y de nuestra llamada de recuerdo y testimonio para Jesús "Trucho, que se había quedado en casa malito. El paraíso, si es que existe, tiene por aquí muchas franquicias y todas están abiertas casi siempre. Nosotros, por si acaso no pillamos la original abierta, solemos entrar en estas casi todos los sábados. Juro aquí que se compra muy buen género y muy barato. A estas palabras las acompaña alguna fotografía de los establecimientos que frecuentamos. Por si ustedes gustan.

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