lunes, 30 de junio de 2008

EL ESPEJO CIRCULAR

Como una vez al mes,
en sesión vespertina de los viernes,
me siento en una silla, disimulo
unas frases al uso, cuatro tópicos,
para dar la salida a la rutina
del trabajo sin par del peluquero.

De pronto me descubro encorsetado
en la pared de enfrente del espejo:
aspirante a alopécico, ojeroso,
a merced del cepillo y las tijeras
y al compás de una música lejana.

Y cuanto más se monda mi cabeza
más revive la infancia que me habita.
¿Dónde está aquel mi pelo tan garrido
que ensortijaba en mechas,
que devoraba noches,
que salpicaba estrellas,
que nimbaba la tez de mi cabeza?

Ahora todo son canas,
nieve en cumbres y en valles, sotobosque
de semen vegetal
y muchas calvas
donde no crecen ya ni los espinos.

Me miro, me remiro, me contemplo,
suspendo mis palabras,
dejo con su labor callada al peluquero,
remunero su esfuerzo justamente
y me marcho en silencio calle abajo
rechazando la luz de los espejos.

N.B. Y esta semana toca sin remedio.

1 comentario:

antonio dijo...

¿Qué importancia tiene el pelo? Lo que importa es lo que bajo él se oculta, y de eso estás "sobrao". Un abrazo.