martes, 17 de junio de 2008

SOLO LO SIMPLE


¿Quién está en disposición de componer un decálogo que nos acerque a la felicidad? Con solo que me acerque yo me doy por satisfecho. Lo hermoso es el camino, la meta siempre frustra. Por eso hoy me propongo al menos pensar en una frase que me parece honda: “Intentaré comprender todo lo simple”. Es verdad que la vida es trabazón, que no hay nada aislado y apartado, que todo se conjuga en línea curva, que la circunstancia forma parte de la definición de las personas. Pero también es cierto que cada día me encuentro con demasiadas dificultades que no sé cómo hacerlas mías ni cómo dominarlas para sentirme a gusto. A veces tengo hasta miedo de no interpretar justamente o de no estar a la altura de las circunstancias. Y lo tengo porque muchas veces interpreto los datos con demasiada prudencia, con el corte que da estar instalado en la inseguridad, con la creencia cada vez más arraigada de que, aunque las cosas son muchas, las leyes que rigen su existencia y su comportamiento quizás no sean tantas, al menos no tantas como las que pretenden tantas gentes que todo lo interpretan mirando su propio beneficio.
El sol sale y se pone cada día, el horizonte siempre está ahí, las gentes nacen y pasan, las fuentes refrescan y el aire es el sustento trece veces por minuto. Mientras tanto, casi todo el mundo se afana en dibujar arabescos en la realidad, en poner mosquiteros a la tarde, en velar con un burka a las personas, en no darse por enterados que no hay más realidad que querer y ser queridos, en agrandar sin fin las diferencias, en divagar y en gastar esfuerzos por cargarse de perras, en aparentar sin tasa delante de los demás, en establecerse en grupos y apuntarse al de los que más tienen, en levantar castillos donde apenas hay chozas, en dar pábulo al cuento, en enredar con todo, en complicar la fiesta de la vida.
Si hago caso a los clásicos, me compongo de agua, aire, fuego y tierra. Lo demás es compuesto y derivado, almacén de elementos que se encuentran, azar del universo, casualidad y acaso. Y siempre poca cosa y poco rato, un milagro continuo de la vida, un despertar y verme en el camino, aún en el camino de la vida, un peregrino eterno, que encuentra su hospedaje en cualquier sitio, que goza de la luz de ese camino, que ve cómo sucede cualquier cosa sencillamente porque así es la vida, porque es bueno que ocurra simplemente, que se sacia de agua y que respira como lo hace una peña o un jilguero. Sencillamente eso: “una mesa de paz bien abastada”.

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