jueves, 16 de octubre de 2008

CADA DÍA DESCREO DE MÁS COSAS

Me encuentro con los padres de algunos de mis alumnos en una reunión que se celebra siempre cuando el curso está ya en marcha. Y otra vez reverdece el valor y la situación del mundo de la enseñanza y de la educación.

Cada día descreo de más cosas y de más estamentos, me encierro en mí mismo y en mis actividades y preocupaciones personales y participo menos en muchos de los asuntos en los que me gustaría decir y apuntar opiniones. Ni siquiera en este foro me atrevo a abrir variantes. Solo constato que sigue siendo un mundo apasionante, que buena parte de la salvación social está en el buen desarrollo de la enseñanza y no en la crisis financiera, que en ese mundo, y solo en ese, es en el que se puede enseñar al ser humano a pensar y no a devorar en su propio beneficio, que la sociedad se la juega según aplique un modelo educativo u otro, que todos los estamentos tienen y tenemos culpa en lo bueno y en lo malo, que hay docentes a los que parece que en las comidas, o tal vez ya en el desayuno, les echan bebidas subidas de alcohol según las sandeces que predican y los derechos que exigen, que trabajar en el aula es oponerse radicalmente a casi todo lo que se promociona de puertas para afuera, que resistir en el tajo no resulta tan fácil, que la educación y la administración cada día se pegan más fuerte la una a la otra, que todo sigue girando en torno del sentido común y de la buena voluntad, que sobra casi todo en contenidos y en burocracia, que da igual social y económicamente trabajar bien o no dar un palo al agua, que… No tengo ganas de seguir.

Allí se juntaron unos cuantos padres, con un montón de preocupaciones al hombro, con el futuro incierto de sus hijos, sin saber cómo sortear todos los obstáculos que la sociedad les plantea, con todo el egoísmo seguramente también acompañándoles, perdidos ante tanta burocracia, ajenos en gran parte a lo que les transmiten a sus hijos. ¡A sus propios hijos! ¡De sus propios impuestos! ¿Por qué los profesores nos ponemos gallitos si somos la última sardina de la banasta? ¿Por qué, si simplemente somos unos trabajadores a tiempo parcial que dependemos de un material sensible y de un contrato con la sociedad que nos paga? Pero ¿quiénes nos hemos creído? No quiero seguir por esta senda. Tan alejado me hallo que cada día suspiro por la fórmula que me retire a mis cuarteles de invierno.

Pero como no soy del benemérito cuerpo ni de las patrióticas fuerzas de no se sabe qué cosa pues ahí seguimos. Vale.

No hay comentarios: