miércoles, 9 de diciembre de 2009

¿DIONILÍNEO?

Tal vez nadie como Nietzsche se haya ocupado de estos dos conceptos tan amplios y tan llamativos: lo dionisíaco y lo apolíneo. Extraordinario conocedor él del mundo griego, sobre todo de su tragedia (él afirma que con la tragedia lograron armonizar las dos tendencias), asegura que hasta Sócrates y Platón predomina la visión dionisíaca y que, a partir de ese momento, se impone la visión apolínea, que nos ofrece la claridad, la luz, el orden, la perfección, la medida, el equilibrio y todo aquello que de su cultura más florida ha llegado hasta nosotros. La visión dionisíaca se manifiesta en la confusión, la deformidad, el caos, el instinto, la irracionalidad, la aristocracia, la libertad… Piensa que esta versión es la que recogieron el idealismo, el cristianismo, el judaísmo y, más modernamente, la ciencia positiva y el socialismo. Y se opone rabiosamente a ella.

Controvertidísimas estas afirmaciones que, en alguna medida, andan en la base de excesos como ese que después fue el nazismo, entre otras cosas.

Toda la historia se puede interpretar en un balanceo entre ambos extremos, en un intento por equilibrar y volver a desequilibrar lo anteriormente equilibrado. Es la teoría del péndulo en la historia y de las modas y los cánones en la creación artística.

Afirmaciones de este calibre seguramente necesitan matizaciones en sus partes más esquinadas, pero no es mi intención. Hoy solo quiero dejar la puerta abierta para pensar en el modelo de vida que mi sociedad ha elegido y la diferencia que se pueda observar en los individuos pensados de uno en uno.

En el nivel de la tribu, uno tiene la impresión de que existe una mezcla extrañísima de elementos de razón con elementos instintivos. Así, a los esfuerzos por ordenar la sociedad, se suman las exigencias por cumplir sensaciones e instintos inmediatos por parte de los que se olvidan de la vida en comunidad y por parte de aquellos que, en el sistema social, andan fuera del poder y consideran que su única misión es la de oponerse por oponerse, o por parte de aquellos cuya estructura ideológica consiste en cumplir lo inmediato y salir del paso pensando que mañana ya se hará lo que haya que hacer.

En el nivel individual, me parece que lo dionisíaco se impone con más fuerza y el beneficio inmediato manda sobre todo, de manera que dejamos a los demás lo que pueda suceder más tarde descargando responsabilidades individuales.

¿Qué tiene de cortapisa para el impulso lo apolíneo y en qué medida lo dionisíaco nos impide planificar e idear lo presente y lo futuro? Las variantes que se ofrecen son demasiadas y nada sencillas. Parece que un equilibrio entre ambas fuerzas se debería imponer. Saber alcanzarlo en cada momento y en cada contexto no es sencillo.

¿Qué pasa si esta oposición la trasladamos al arte? ¿No estamos tentados a imaginar que el arte tiene que ser exceso e instinto? Pero entonces ¿qué decir de toda la cultura griega, tan apolínea ella y tan equilibrada? ¿Y la de todos los períodos clásicos? ¿Y qué hacemos con el romanticismo y todos sus similares, por el contrario?

Ni sobrio ni ebrio, sebrio. Ni apolíneo ni dionisíaco, ¿dionilíneo? Pero nunca equidistante.

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