domingo, 17 de mayo de 2009

NADA MÁS ASOMBROSO

Se me escapan los tiempos de las manos porque se me van los días de mi vista y los espacios me evitan rápidamente. Echo cuentas de un día, de una semana, de un mes o de un año, y todo se me va en un suspiro, sin reposo y sin tiento. Me faltan los minutos para vivir más denso y más completo. Ya se fue otra semana, otro fin de semana y otros días de mayo. Me gustaría que estos días no terminaran nunca pues miro a todas partes y me lleno con todo, y no puedo reposar la mirada como me gustaría. Todo rebosa vida y plenitud.

Hoy tocó día en Ávila, con mi Miguel Ángel y con mi Merce, y con mi Sara, que no asoma la oreja por más que yo la llame. Está casi a la puerta, termina sus maletas, ha sacado el billete, el coche ya está a punto, están mis brazos prestos para que no se caiga o se lastime… Pero se hace un poquito de rogar. Acaso ya barrunta que este mundo es muy vario y no todo es jazmín ni terciopelo. Ahí sigue escondidita en el vientre materno. Pronto será ya nuestra.

Porque, por ser persona, será lo más hermoso, lo más contradictorio, lo más ilusionado y lo más rechazable, todo lo que distingue al ser humano. Son palabras de Sófocles y me siguen sirviendo: “Muchas cosas existen y, con todo, nada más asombroso que el ser humano. Él se dirige al otro lado del espumoso mar con la ayuda del tempestuoso viento sur, bajo las rugientes olas avanzando, y a la más poderosa de las diosas, a la imperecedera e infatigable Tierra, trabaja sin descanso, haciendo girar los arados año tras año, al ararla con mulos. El hombre que es hábil da caza, envolviéndolos con los lazos de sus redes, a la especie de los aturdidos pájaros, y a los rebaños de agrestes fieras, y a la familia de los seres marinos. Por sus mañas se apodera del animal del campo que va a través de los montes, y unce al yugo que rodea la cerviz al caballo de espesas crines, así como al incansable toro montaraz. Se enseñó a sí mismo el lenguaje y el alado pensamiento, así como las civilizadas maneras de comportarse, y también, fecundo en recursos, aprendió a esquivar bajo el cielo los dardos de los desapacibles hielos y los de las lluvias inclementes. Nada de lo porvenir lo encuentra falto de recursos. Solo de la Muerte no tendrá escapatoria. De enfermedades que no tenían remedio ya ha discurrido posibles evasiones. Poseyendo una habilidad superior a lo que se puede uno imaginar, la destreza para ingeniar recursos lo encamina unas veces al mal y otras al bien.”

Todo la está esperando, lo bueno y lo menos bueno, lo peor y lo menos malo. Como a todos nosotros.

Hoy pasaba despacio con mi coche por un pueblo pequeño. Una niña caminaba sola por una calle estrecha. La miré tiernamente. Me dejé transportar a otros tiempos futuros.

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