domingo, 11 de julio de 2010

!! A POR ELLOS !!

Yo quiero ser normal. ¿Cuántas veces lo voy a decir? MI lema sigue siendo “querer y ser querido”. Pero para ello tengo que dejar tantos pelos en la gatera, que mis ánimos decaen con demasiada frecuencia y no encuentro el sosiego que persigo.

Por ejemplo.

Escribo estas palabras en la mañana del juicio final, en el día de la bestia, en el momento de la gloria y de la venida del espíritu. Naturalmente, quiero decir que esta tarde noche se celebra el partido final de la copa del mundo de fútbol. Y ahí está España jugándose los garbanzos, alcanzando la gloria, colgándose el laurel, subiéndose al carro triunfador, alcanzando el Olimpo, pasando de la categoría de simples mortales a la de héroes y acaso dioses.

Pues que no hay manera de integrarme en esa marea que lo invade todo. Entonces me da por analizar las causas y me sale un esquemita sencillo pero demoledor. Me gusta el fútbol (me gusta quizás más el baloncesto), veo partidos por televisión, tengo preferencia por algún equipo, creo que admiro el buen fútbol… Pero no logro entrar en el nivel del forofismo ni de la pérdida de cierta compostura. ¿Y por qué no, si parece que lo hace todo el mundo? Pues me salen razones, no sé si alguna tendrá peso o serán tontería mías, en cuyo caso tendría que hacérmelo mirar.

Veamos.

No conozco otro deporte que mueva más intereses económicos, sociales y hasta políticos que este asunto del balón que entra en la portería. Si esto fuera real (y tengo para mí que sí lo es), acaso habría que empezar a explicarlo desde estos parámetros económicos. Los medios de comunicación que tienen los derechos de las retransmisiones ya se encargan de convertir cualquier anécdota en categoría y en noticia espectacular: hay que darle al morbo, provocar sensaciones, convocar anunciantes y mejorar la cuenta de resultados económicos, que es lo único que realmente importa, no el deporte ni los deportistas. El análisis del vaticinio del pulpo es paradigmático. O sea, que, resumiendo mucho, todo es sencillamente mentira y a todos nos quieren embaucar -y nos embaucan- con los inventos de los medios.

Si este asunto de la manipulación fuera real (y también tengo para mí que lo es) habría que atender a qué fines está sirviendo y a qué intereses se supedita. Los medios de comunicación no los poseo yo ni los poseen los que tienen dificultades para llegar a fin de mes, los atesoran las grandes fortunas, aquellos que tienen sus propios intereses y un perfil social y político determinado y con escasas excepciones.

No logro entender por qué con tanta seguridad se habla del panem et circenses clásico y no se ve la misma estructura en estos asuntos de nuestros días. Tiene que ser mi torpeza que no da para más.

Que un hecho de esta naturaleza una simbólicamente a muchos miembros de una comunidad no es un hecho al que yo le encuentre inconvenientes. Me parece bien y no pondré pegas porque se produzca; que otros asuntos de importancia infinitamente superior (tiene que ser mi torpeza la que los ve así) no susciten nada más que separación o, en su caso, indiferencia, es algo que no logro encajar en mi aspiración al sentido común. Algunos ejemplos.

Se acaba de producir un fallo del Tribunal Constitucional ante un ejemplo estatutario. Las reacciones de unos y de otros me parecen de locos, y, que me perdonen, de analfabetos mentales (tiene que ser mi torpeza otra vez): ni jerarquización de leyes, ni división de poderes, ni serenidad por parte de casi nadie, ni constatación de que las leyes solo pueden recoger una parte de la rica realidad diaria, ni un poco de educación en las manifestaciones del otro asqueroso nacionalismo centralizado, ni nada de nada…

El Gobierno ha planteado una encubierta privatización de las Cajas de Ahorros. Era este uno de los pocos medios que vertebraban la socialización de la economía y de las actividades sociales de este país, a pesar de todos los pesares, que son muchos y muy dolorosos pesares. Solo una parte exigua de la izquierda se rebela por ello mientras que la derecha aplaude hasta con las orejas.

La productividad anda por los suelos y uno tiene la impresión de que seguimos en el país de la picaresca, ese en el que lo más aplaudido es aquello que conduce al provecho propio con el menor esfuerzo.

Y no quiero seguir poniendo ejemplos tan graves como actuales.

Pues dale con la roja, o con la nacional, que los hay que son rojigualdos hasta para esto.

Coño, que gane la roja, que yo me alegraré, pero que consideremos alguna cosa más en la que podríamos realizar algún esfuerzo para ponernos de acuerdo y convivir un poco más tranquilos y sin la mira puesta en el rabillo.

Porque mañana la injusticia social va a seguir ahí, los ERES van a continuar (y los pagamos todos, como todo lo demás, que esa es otra engañifa), la dignidad humana acaso va a seguir siendo un valor solo nominal y de libre cambio económico, los sueldos van a seguir siendo desiguales… Y la concepción de la vida seguirá discurriendo por las sendas del dinero, del PIB y de todas esas zarandajas, en una visión corta y miope que seguirá sirviendo a todos esos que ahora nos apabullan con juegos de circo y malabarismos a gogó.

O sea, que gane la selección, que viva España y todo eso. Pero que sigamos viviendo todos. Y, si puede ser, con un poquito más de espíritu colectivo.

!A por ellos! Habría que determinar con serenidad quiénes son ellos.

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