miércoles, 3 de marzo de 2010

APRENDIENDO A REZAR

Las religiones tienen una de sus caras más visibles en la liturgia y en los rezos. Al fin y al cabo, todavía la palabra continúa siendo la base de la formalización de conceptos y el ser humano lo es solo desde el momento en el que alcanzó la articulación de los sonidos y la conceptualización de las imágenes y de las realidades externas. Por eso, una de las mejores formas de acercarse a esas religiones es la de prestar atención a sus textos.

Me parece que los fieles, con demasiada frecuencia, tan solo repiten y repiten los textos, y escasas veces se detienen a indagar sobre el significado de los mismos. Tengo que conceder que la palabra, a pesar de sus virtudes, es una forma débil de concretar la realidad y que, por tanto, todo lo debemos leer y oír con benevolencia. Pero veamos.

Una de las oraciones más breves de la religión católica es el llamado Padre Nuestro; seguramente es la oración por excelencia. A mí me plantea muchos placeres y también muchas preguntas. Ahí van solo algunas:

a)Padre nuestro: La palabra padre implica muchísimas posibilidades: engendrador, cariñoso, protector, ordenador, repartidor… No ofrece un balance significativo negativo sino muy al contrario; aunque mucho habría que decir de engendrador por ejemplo. ¿Y nuestro? ¿Es que no lo es de los demás? ¿Nos lo apropiamos? ¿Y vuestro y suyo?

b)Que estás en el cielo: ¿Estás o eres? En nuestro idioma es algo muy distinto. Si estás, ¿estás de paso? ¿Dónde está eso del cielo? ¿Es toda la realidad el cielo? Porque parece sugerir la palabra, en singular, que hay otros lugares distintos. Y si estás en el cielo, ¿esto de la tierra qué tal se te da?, ¿cómo lo entiendes?, ¿vienes de visita?, ¿cuándo?

c)Santificado sea tu nombre: ¿Esto significa que todo lo que huela a Ti (no dirás que ahora no lo santifico: lo escribo con mayúscula) tiene que ser tomado en tono sagrado y, por tanto, misterioso y oculto? ¿Qué sería lo contrario? Parece que se dota a la palabra Dios de un aura misteriosa y extraña. O, en tono vulgar, algo así como niño, mírame y no me toques.

d)Venga a nosotros tu reino: Por lo menos hay que pensar que, en algún momento, andamos apartados de ese reino, y que se extenderá hasta nosotros no se sabe muy bien por arte de qué. ¿Es que andas siempre en batallas? ¿Y rey por qué? Nosotros solo súbditos inclinando la rodilla y repitiendo sí boana. No estoy seguro de que el régimen monárquico sea el más apetecido, sobre todo por aquello de las desigualdades y de los súbditos. ¿Porque no será por lo de la prensa rosa y los actos oficiales esos de la representación y de salir en la foto, verdad?

e)Hágase tu voluntad: ¿Tenemos nosotros voluntad? Y, si la tenemos, ¿para qué nos vale si pedimos que se cumpla la tuya? Menos mal que se supone que siempre será la tuya una voluntad positiva. Seguro que no encajará en ella lo de arrasar a enemigos, lo de favorecer a unos sí y a otros no o lo de crear dolor sin sentido.

f)En la tierra como en el cielo: Ahora está ya más claro que el cielo es una cosa y la tierra otra diferente. ¿Dónde has puesto las fronteras? ¿Y eso del infierno? ¿las leyes son distintas en según qué sitios? Qué lío.

g)Danos hoy nuestro pan de cada día: Mira, esto del pan sí lo entiendo porque comprendo que será aquello del término no marcado; o sea, que vale para todos los alimentos. Ya ves que necesitamos comer cada día. La verdad es que, como lo vamos a necesitar mañana también, no estaría de más tenerlo asegurado, porque para mañana tenemos que volver a la petición. Como un día te encontremos de mal humor…

h)Perdona nuestras ofensas: ¿A quién hemos ofendido nosotros? Se supone que a ti. Es poca cosa porque nuestra capacidad es muy reducida y no ofende quien quiere sino quien puede. Yo creo que este perdón lo tenemos conseguido. Está chupado este encargo.

i)Como nosotros perdonamos a nuestros deudores: Aquí veo al menos dos asuntos peliagudos. Tu manera de perdonar tiene que ser como la nuestra. Me parece, no lo tomes a mal, que es manifiestamente mejorable la forma que utilizamos entre nosotros pues no perdonamos con ninguna facilidad. Me gustaría que cambiaras de método. Y eso de nuestros deudores no creas que lo entiendo muy bien. ¿Quién me debe a mí? ¿Qué me debe? Perdona pero creo que aquí los humanos nos ponemos demasiado chuletas al pedir que los métodos de un dios se rebajen a los usos humanos.

j)No nos dejes caer en la tentación: ¿Qué es eso de la tentación? ¿A qué tentación se refiere la oración? Ya sabes que hay gente que dice que realmente lo que nos tienes que dar son tentaciones, o sea, deseos de hacer cosas y de movernos en la vida, de activar nuestra voluntad y nuestras posibilidades. Y, si hay tentaciones, ¿quién nos tienta? ¿Quién tiene la desfachatez de hacer tal cosa sabiendo que ahí estás tú para darle con la vara entre las piernas?

k)Y líbranos del mal: Yo no sé definir el mal, pero creo que sé sentirlo. Así que vale, líbranos de él. Claro que uno andaría mejor si no hubiera necesidad de libraciones por el hecho de que, si no existiera ese mal, no caeríamos en él.

De modo que, por todo ello, y por muchas más preguntas que me dejo en el tintero, no sé si decir con ilusión AMÉN.

2 comentarios:

Jesús Majada dijo...

"A pesar de lo que digan, la idea de un cielo habitado por caballos y presidido por un Dios con figura equina repugna al buen gusto y a la lógica más elemental -razonaba los otros días el caballo.
Todo el mundo sabe -continuaba en su razonamiento- que si los caballos fuéramos capaces de imaginar a Dios, lo imaginaríamos en forma de jinete."

(No son palabras mías, sino de Augusto Monterroso)

mojadopapel dijo...

No había tenido tiempo de leer esta entrada tuya hasta ahora, y no veas cómo lo he pasado de bien con estas elucubraciones tuyas sobre el padrenuestro...eres genial Antonio.