lunes, 11 de abril de 2011

POR DECIR ALGO

Sigo asistiendo, entre entusiasmado y perplejo, a la expresión multiforme de la lengua, al intercambio de ideas a través de la confusión de la palabra, al crecimiento y hasta a la ceba de determinadas palabras y de algunos conceptos, a la matanza de otras y a su castigo en la celda del olvido, al parto sin cesárea de opciones que se abren paso y a algunos otros que se resisten y que necesitan los fórceps… En fin, que sigo dando fe de que permanezco atento al espectáculo grandioso del circo de la palabra, de que me sigo asombrando con la semejanza de la lengua con la vida. Al fin y al cabo, aquella no es más que el reflejo de esta, y, así como cambia esta, se modifica aquella para poder seguirla sirviendo como fiel portavoz.

El fenómeno es, por supuesto, bien conocido, está muy estudiado y aquí yo no aporto nada nuevo; solo insisto (porque lo repito con frecuencia) en que lo sigo mirando y hasta contemplándolo cada día. Se produce en todos los apartados y en todas las variables pero en algunos resulta especialmente visible.

Me sigue deslumbrando el campo de los deportes, ese nuevo circo clásico al que llevamos a los espectadores para que contemplen las fieras -o a que los deportistas contemplen a los espectadores como fieras, que eso es largo de contar- y en el que entretenemos el tiempo que robamos a cualquier pensamiento, que, por otra parte, podría resultar peligroso para las estructuras de poder. Aquí cualquier tonto conoce los nombres de los gladiadores correspondientes, a los que ensalza hasta el nivel de los héroes y está dispuesto a rendirles pleitesía con cualquier esfuerzo, mientras que se pierde en los primeros intentos de enlazar cualquier relación de causa y consecuencia, se olvida de que la cabeza se tiene también para pensar y todo lo fía a una patada bien o mal dada o a un golpe dado con mayor o menor acierto. Si con ello conseguimos además humillar al enemigo, entonces se suelta el instinto y se produce la catarsis más infrahumana imaginable. Así andamos.

Los encargados de encauzar todos esos mundos han logrado que la atención se concentre de tal manera en ellos, que ejercen un poder de convicción y de adiestramiento que para sí lo querrían los que dedican toda la vida a organizar cualquier parte de los razonamientos y de las investigaciones humanas. Como los dueños de las acciones, o en su caso del poder para nombrarlos, tienen escaso interés en que las formas sean correctas y cuidadas, muy poco importan esas formas y sí todo lo que comporte resultados de audiencia y cuenta positiva de beneficios.

El resto es ya aplicación de este trasfondo que se ha esbozado aquí. Por eso lo que importa es la exageración, la hipérbole, las burdas imitaciones del que habla y no sabe lo que dice, la tontería hecha categoría. Por ello, lo que podía ser camino para la riqueza de la lengua se convierte en innovación innecesaria, en suelta de exabruptos imprecisos en esnobismos que hacen a la lengua esclava de las modas de los imbéciles y mar de lodo en el que no siempre se puede beber agua limpia.

Después los modelos de exageración del circo de los deportes se trasladan al mundo de la moda, al de la política, al de la publicidad… y terminan por crear un ambiente polucionado, lleno de ruidos, de voces altas, de imprecisiones, de malos modos y hasta de enfrentamientos físicos. En todo caso, siempre de falta de serenidad y de pensamiento.

Hace muy pocos días, en un resumen -tal vez no más de un minuto-, oía todo esto: “X regresa de una lesión”, “X viene de ganar”, “X ha tumbado a un equipo”, “X ha regalado un gol”, X gana y recauda (refiriéndose a la recuperación de un balón)”, “la taladradora atlética”…

Después me doy una vuelta por las nuevas cadenas de la derecha casposa y ya mejor me doy una ducha de agua fría.

Pero no pasa nada. Solo existen el PIB y la subida de la bolsa. Y lo que no son cuentas son cuentos. Pues vale.

domingo, 10 de abril de 2011

DESDE EL PRIMER NIVEL

El ser humano anda empeñado durante casi todo el tiempo en encajar su situación en la sociedad en la que, como despojo de todos los despojos, le ha tocado vivir, en pasar un rato al retortero, en mirarse el ombligo y en dejarse llevar por la naturaleza para caer en el olvido.

Muchos, además, aspiran a modificar su nivel, su casilla predestinada, para intentar salirse de los parámetros normales, aquellos que definen al ciudadano normal, del montón, aquel que nace, crece, deja alguna descendencia y en un día como tantos…

Esta fórmula de intento para ponerse en el escaparate, de dejar alguna huella, de servir de modelo para otras gentes, de realizar acciones menos naturales, no siempre obedece al impulso del individuo protagonista. Con frecuencia un ser cualquiera se ve abocado, por causas múltiples y externas a una rueda que, sin remedio, lo conduce monte abajo, como una bola de nieve que ya no puede detenerse y que se hace informe y llamativa.

Ese es el momento en el que podría parecer que está naciendo un héroe, un dios menor, un adelantado, un prócer, un ejemplo en un pedestal, un mito o simplemente un famosete.

Pero ese es también el momento en el que empieza tal vez a perderse un ciudadano, un simple mortal, una estructura de carne y hueso sometida a dolores y placeres de los de andar por casa, uno más entre todos los otros, uno de tantos, un par entre los pares y no un primus, uno más en las calles y en las aceras, un referente en el mismo nivel, un ser digno de amar y de ser amado sin recelos y sin sometimiento.

Los códigos de conducta tienen siempre una parte de aplicación individualizada pero en las sociedades se conocen las prácticas más frecuentes y se adivinan sin necesidad de aplicarles estudio alguno.

Habrá, tal vez, que meterse en la piel del héroe de vez en cuando, pero sin perder de vista el peligro de convertirnos en héroes de humo y de perdernos para la vida “normal” en cuanto nos dejamos llevar por una falsa corriente de aire favorable.

Cada vez que nace un héroe, muere en alguna medida el ciudadano.

viernes, 8 de abril de 2011

ROMANCE, EN DOS ACTOS, DE LA PUENTE DE MANTIBLE

ROMANCE DE LA PUENTE DE MANTIBLE
(Para mis amigos Jesús Majada y Antonio Merino,
que llevan muchas horas de entrañamiento mantiblero).

EN TIERRAS de Extremadura,
Extremos del Duero y llanos
de los lugares de Hispania
y del país lusitano,
se han escondido unos moros
con los tesoros robados
en Roma y allí escondidos
en tiempo de Carlomagno.
Fueron traídos del Oriente,
como reliquias y marco
que a las pasiones de Cristo
forma visible le han dado.

¿Dónde fueron a esconderse
los visires y soldados,
con botines y tesoros,
con reliquias y bordados?
A la puente de Mantible
que es lugar muy apartado
y de las aguas del Tajo
campamento muy cercano.

El río llega allí siempre
cadencioso, lento y claro
pues en tierras extremeñas
las aguas miran al Tajo
y aun en las honduras corre
recogido y olvidado,
aunque su nombre de Extremos
el Duero no lo ha olvidado.
Una puente muy antigua
sobre sus aguas se ha alzado
que da paso a fortaleza
con castillo blasonado.
Allí esconden sus tesoros,
allí viven disfrutando
las riquezas y despojos
que de Roma han transportado.
A todos manda y dirige
como señor soberano
un llamado Fierabrás,
de todos el más forzado.
Poco sospechan los moros
que hasta allí vienen cristianos,
los pares del rey de Francia
que sirven a Carlomagno.
Vienen con muchos guerreros,
con soldados de a caballo,
y en el lugar de Marmionda
hacen campamento al lado.

Allí viérades la lucha
de Fierabrás, mahometano,
y del temible Oliveros
de parte de los cristianos.
Mucho hieren en la lucha,
mucho se han herido en campo,
mucho admiraba a sus huestes,
la fortaleza de ambos.
En un golpe Fierabrás
ha desnudado la mano,
y la espada de Oliveros
en el campo la ha arrojado.
No lo mata en la contienda,
que matarlo no es su agrado,
le ofrece a cambio remedio
de su misterioso bálsamo,
aquel que tantas heridas
cura en tan pequeño espacio,
ungüento con el que Cristo
fuera un día embalsamado
y que guarda sigiloso
el arzón de su caballo.
No lo escuchaba Oliveros,
que caballero cristiano
no admite remedio ajeno
si no es por él conquistado.
Por eso torna a la lucha,
a prestar armas al campo;
tras larga lucha y fatiga
el bálsamo ha conquistado.
Ya se cura sus heridas,
ya su valor ha tornado,
ya derrota a Fierabrás
y lo convierte en cristiano.


Las luchas se reproducen
en el campo de batalla.
Cinco pares quedan presos
y en la mazmorra se hallaban;
si Foripes no ejerciera
como linda enamorada.
Hermosa entre la hermosas,
de Fierabrás es hermana
y de Guido de Borgoña
había quedado prendada.
Por eso de la mazmorra
a los pares liberaba
y con el tesoro oculto,
el mayor que hay en España,
se refugia con los pares
en torre bien resguardada.
Allí viven sus amores,
allí sus canciones cantan,
allí Floripes y Guido
sus amores degustaban.
Pero los moros con fuerza
empujan, luchan y atacan
pues la que piensan traición
nunca piensan perdonarla.
Se suceden los ataques,
se suceden las batallas,
se suceden estrecheces
de sol, de sed y de agua.
El asedio es ya muy largo,
la moral es ya muy baja
pues incluso entre los pares
deja huella la batalla.

No puede negar su auxilio
Carlomagno, el que los manda,
y emprende lucha y asedio
que a los moros hiere y mata.
Su fuerza es grande, su guardia,
sus gentes y sus mesnadas
invocan su fe en su Cristo,
como gente de cruzada.
Los campos son ríos de sangre
que bajan de la montaña.
Por la puente de Mantible
el emperador pasaba
cuando el grito sarraceno
llamaba a la retirada.
No permite Carlomagno
que tal se considerara
y toma presos a todos
los que en el campo hallara.
Cuando declina la tarde,
la batalla terminaba.

Casi todos se convierten
a la religión cristiana
y al que no acepta su acuerdo
la cabeza le cortaba.
Floripes, solemne, en misa,
su cabeza bautizaba,
los Pares, agradecidos,
“Gloria Patri” recitaban
y al otro día con don Guido
Floripes se desposaba.

Ya el emperador reúne
a la flor más codiciada:
sus pares y sus reliquias
que tan bien reconquistara.
En ocasión tan solemne,
pues como en corte se hallaba,
allí reparte ese reino
que Hispania todos lo llaman.
La mitad para Floripes,
con don Guido desposada,
para que conozcan todos
que Floripes ya es cristiana,
a Fierabrás la otra media
con condición bien sellada
de otorgarle de su bálsamo
la fórmula que ocultaba.

Ya todos gozan y ríen,
ya todos cantan y bailan
en fiesta que dura alegre
varios días y semanas.
A la puente de Mantible
gentes moras y cristianas
guardan memoria por siglos,
en cuenta de tanta hazaña.
Y en el siglo veintiuno
este juglar que les habla
requiere a vuestras mercedes
la bendición, la soldada
y un traguito de buen vino
para que la sed saciara.

miércoles, 6 de abril de 2011

EN FIN, HOY NO HAY EN FIN QUE VALGA

Ayer dediqué un rato (el texto no lleva ni una hora de ocupación) a la lectura del librito “!INDIGNAOS!”, escrito por Stéphan Hessel y prologado por José Luis Sampedro. Viene a ser algo así como un grito intenso e inmediato a los jóvenes franceses -y, por extensión, a los jóvenes del mundo- para que reflexionen y actúen después de mirar, de ordenar y de extraer consecuencias. Apenas hay elaboración ni desarrollo de la idea; el autor lo ve todo tan evidente, que no se contiene y grita, grita sobre lo sencillo, sobre lo que en la vida le apabulla, sobre lo que le parece que no puede continuar en los parámetros actuales.

El autor y el prologuista andan en las últimas etapas de su camino vital y parece que no quieren dejar pasar sus últimas oportunidades sin desahogarse, sin dejar el lastre de conciencia de no haber gritado lo que le estalla en su interior.

Empujan ambos a mirar y a ver la dictadura de los mercados y del dinero en toda nuestra cultura, la deshumanización en la que la avidez de consumo nos está anegando y la falta de perspectiva en la que nos estamos estrellando. Es tan fácil como ver, pensar y decidir.

Están convencidos -yo también- de que una mirada interesada en comprender nos tiene que llevar a una visión negativa de nuestros días y de nuestra sociedad, y que esa visión negativa nos obligará a INDIGNARNOS contra el estado de cosas. No proponen fórmulas concretas de indignación; si acaso las restringen en el sentido de renegar de la violencia física. Por lo demás, hay tantas formas y posibilidades de indignarse…

Reniegan sobre todo de la indiferencia, del “paso de todo y ya me las apaño”, del que me dejen en paz porque son todos iguales, del ya me ocupo de lo mío y que cada uno se ocupe de lo suyo… Reniegan, en el fondo, del egoísmo mal entendido.

Acuden a elementos generales, a principios desde los que empezar a construir; exactamente desde el contenido de los derechos humanos. Parece nada pero es todo. Y Hessel ejemplifica con la situación de Palestina.

Me gusta que esta gente, desde la última madurez de su vida, desde el cenit de sus posibilidades, desde la atalaya que ya ve la noche, se desnude, aunque sea de esta manera tan elemental e impulsiva. Su autoridad moral los avala, su experiencia vital los sostiene, su sabiduría los ilumina, su sentido común los convierte en ejemplos.

Muchos dirán que son solo palabras y no hechos (no sé por qué me acuerdo ahora de un eslogan del PP). Benditas palabras las suyas y las de todos aquellos que nos empujan a recordarnos, en el sentido del étimo, a espabilarnos, a velar y a no dormirnos, a dar alguna voz de vez en cuando, a gritar en otras, a quitarnos la modorra, a abrir la mirada, a pensar que algo mejor nos aguarda, a cambiar algo de lo que nos corroe, a que la serenidad sea fruto de la incertidumbre aceptada pero no consecuencia del egoísmo, del desinterés y de la comodidad del imbécil.

Qué jóvenes tan estupendos estos nonagenarios que siguen en la brecha y en la agitación de las conciencias. Qué buenos senados de ancianos harían y cuántos buenos consejos nos darían siempre. Qué poco que ver sus gritos con los de los boceras de los medios a los que se les conceden todos los altavoces del mundo. En fin, hoy no hay en fin.

martes, 5 de abril de 2011

PARA NO TOMARLO A BROMA

Anoto, de un solo día, de un solo periódico y de un solo artículo, algunas lindezas aplicadas al Presidente Zapatero: “zombi”, “muerto”, “estofa socialista”, “…catastrófico infantilismo”, “colmillo afilado”, “walking dead = muerto andante”.

Todos en un solo artículo de unas cuantas líneas.

Pero esto no es un caso aislado. Si tomara como ejemplo otro periódico, me saldrían seguramente más insultos en cantidad y en espesor. Añádase el dato de que prácticamente todos los periódicos son de derechas (las acciones son del capital y el capital es lo que ha sido siempre) y el sumando de que los demás medios obedecen a las mismas órdenes, y nos da como resultado un espectáculo extraordinario de zafiedad, de encabronamiento y de mala baba insoportables.

Y esto que en medios escritos podría quedar circunscrito a minorías (en este país se lee lo que se lee), si lo pensamos para los medios oídos y vistos, nos da un resultado todavía más desastroso. Hoy mismo leo que el tal Miguel Ángel Rodríguez anda en juicios, una vez más, por insultos asquerosos al doctor Montes.

Así andamos, así anda el patio y así se bebe el café de cada día. El ambiente se enrarece hasta la polución más absoluta y todo se contamina mucho más que los alrededores de las centrales nucleares en Japón. Después todo se traslada al día a día y hasta subvierte la manera de comprar el pan o de dar un paseo en estas tardes primaverales, la gente huye de la noble dimensión política y el campo queda propicio para que los poderes del dinero se adueñen de las lindes y del campo entero.

Se escudan en una llamada libertad de expresión. Como si la libertad de expresión tuviera algo que ver con la zafiedad, con la inquina, con la chulería y con el matonismo.

No les condenarán casi nunca porque la condena por manifestaciones verbales parece difícil de concretar y de trasladar a sentencias condenatorias. De hecho yo también pienso que las palabras no ofenden, lo que realmente ofende son las intenciones, los tonos, la chulería, y todas las circunstancias fangosas en las que se pronuncian.

Por eso no espero condenas. Tampoco me alegra nada que nadie sea condenado; sobre todo cuando no hay propósito de enmienda, y estos personajillos a lo único que aspiran es a inflar más aún su globo de mierda y de porquería. Parece que luchan en una competición en la que el ganador (ese concepto que tanto les gusta a ellos, que están hechos de ganadores y de perdedores) es el que más mierda sea capaz de lanzar al muñeco. Pobrecillos. Qué indigencia mental la suya. Qué nivel de miseria en su interior.

Lo peor es el clima que logran crear en el campo en el que siembran a diario tanta cizaña. Hay muchísima hierba a la que no dejarán crecer nunca si no es con la mala baba como caña y con la acidez en cada poro. Y hay otra hierba que, en vez de mirar a todo el horizonte, tiene que echar todo su esfuerzo en no verse contaminada por la que crece a su lado. En términos sociales, consiguen en muchos lo contrario de lo que quieren, si es que quieren algo distinto a su individual beneficio a costa de lo que sea: que no se critique serenamente lo que se crea negativo en la acción del Gobierno por verdadero temor a ser confundidos con esa jauría a la que la comunidad le trae al pairo porque lo que se persigue es un fin a costa de cualquier medio.

Tienen casi todos los medios para ello. Algunas esquinitas como esta todavía no.

Pero hasta en estas nos condicionan con sus hipérboles inmundas y con sus mentiras continuadas.

Necesitamos máscaras para poder respirar. Y un poco de enfado para decir basta.

¿EXISTEN LOS ENFOQUES, NO LOS TEMAS?

Pienso a veces si las cosas nos exceden, si nada es permanente, si todo es según el color, si nada es del todo consistente. Me gustaría rebelarme contra esto pero cada día me siento más inseguro a la hora de opinar sobre casi todo.

Pienso, por ejemplo en una idea. Me sirve cualquiera. Sea la de “pobreza”. Tendría muchas dificultades para definirla. Muchos más para actuar sobre ella. ¿Existe, entonces?

Estoy seguro de que no sería sencillo acercarse a una buena definición de esta idea. Porque existe el etimológico de la palabra, pero también el social, y el político, y el religioso, y el de vecindad, y el simplemente económico. ¿Quién es realmente un pobre? No quiere ser esto ninguna provocación, y menos en los tiempos que corren, pero supongo que también será pobre, y de solemnidad, el pobre de espíritu, y el falto de bagaje intelectual, y el sometido a las imposiciones religiosas, y… ¿O no?

¿Y cómo actuar sobre la pobreza, si tantas dificultades se tienen simplemente para llegar a su definición? El religioso buscará refugio y riqueza, según su criterio, en los consuelos religiosos; el comprometido político hará hincapié en la distribución de la riqueza y de las oportunidades; y el intelectual en las alforjas cargadas o vacías con criterios de razonamiento. Incluso sobre la misma realidad de la pobreza física, cada uno enfocará su mirada hacia una arista diferente.

¿Podría extraer alguna conclusión de este simple esbozo? Puede. Con la misma prudencia que vengo adivinando en el mismo esbozo. ¿Cuál? Acaso esta: Tal vez no existen las cosas –y menos los asuntos, los llamados temas- sino solo los enfoques que cada uno de nosotros da de una pretendida realidad objetiva y externa.

¿Y de aquí no se infiere la necesidad del sentido común y de la buena voluntad, ante la imposibilidad de aferrarse a elementos de verdad absoluta? ¿Cómo casar, si no, tantos enfoques, tan diversos todos, tan imbéciles muchos, tan contrapuestos algunos?

Quizás debería haber cambiado el ejemplo de “pobreza” y haber tenido cualquier ocurrencia, porque, en los minutos en los que he estado redactando estas líneas, la pobreza, con el enfoque que sea, ha matado a muchísimas personas en el mundo. Mea culpa.

domingo, 3 de abril de 2011

PENSAR / SENTIR

Cómo se van los días, entre impulsos confusos y divagaciones parciales que aspiran unos a solucionar exigencias del momento y otras a asentar algunas verdades que duren un poco más en el tiempo y que nos permitan volver a ellas cuando la mente se activa y se ve libre de prisas, urgencias e impaciencias. Y qué diferente proceder el del entendimiento y el de la imaginación. ¿O acaso habrá que decir el del corazón?

Como ser humano, aspiro a dar a mis acciones alguna base racional, algún sustento teórico, que me dé seguridad y me mantenga en un nivel de cierta permanencia. Pero sé también, y muy bien, que la razón es pobre y menesterosa, que la palabra que la explicita lo es más y que la realidad es mucho más compleja y rica en matices que lo que alcanza a organizar la razón.

Por si fuera poco, me resulta apabullante comprobar que los elementos a los q ue intento aplicar la razón se mueven como en una playa en día de olas y que no encuentran sujeción y anclaje duradero, pues, cada vez que las miro, tengo la sensación de que la imagen que me proyectan es distinta a la de la anterior ocasión en la que por ejemplo les había aplicado mi mirada.

Si trato de aplicar a la realidad LUNA mis criterios racionales, me vuelvo confuso al observar su tamaño cambiante ante mis ojos según su cuarto de exposición, o la perspectiva angular de mi mirada, o la engañosa velocidad con la que parece moverse ante mis ojos. Ya sé que son criterios visuales e ilusorios, pero son percepciones diferentes según los casos.

Si trato de aplicar mis sentimientos a la realidad luna, entonces no me acerco a la razón de ninguna manera. ¿Qué tienen que ver mis sentimientos “amorosos”, o pretendidamente románticos, o de iluminadora de sentimientos ciegos cuando la noche oscurece todo, o de guía en la soledad, o de soledad buscada, o de espejo celeste que mantiene la luz eternamente, o…

Si es que es poco, o es nada, lo que hermanan razón e imaginación ante esta realidad.

El esquema se me complica si pienso en la diversidad que se produce si extiendo la posibilidad de inteligencia y de imaginación para otras personas. ¿Cómo puedo pensar que las demás personas van a acercarse a la realidad luna con los mismos parámetros que los míos? Ni en el nivel del raciocinio ni en el de la imaginación.

¿Se esfuma, pues, la realidad por una alcantarilla subterránea? ¿Cómo puedo aprehenderla y hacer de ella bandera con la que poder entenderme con mis semejantes?
Y, si esto no es posible, ¿qué consuelo me queda en el inevitable intercambio con los demás: el aislamiento, la imposición, la petición de auxilio, el descreimiento, el desprecio…?

Añadiré otra especia para que el guiso resulte más sabroso. ¿No soy yo mismo un musgo que se llena de agua o se seca según las circunstancias? Yo soy un ser cambiante, seguramente todos lo somos, y hay momentos de euforia y momentos de desesperación, ratitos de esperanza y ratitos de desesperanza, minutos de amor y minutos de desamor, horas de desahogo y horas de morderte los dientes, a veces se saborea el éxito y a veces se muerde el polvo de la derrota, unas veces perdona uno con sensación de alivio y otras parece que anda con ganas de venganza…

Todo difuso y nublado, todo espumoso y a punto de marcharse por el aire, todo buscando sendas por caminos angostos.

Sigo reivindicando solo dos elementos: el sentido común y la buena voluntad. El primero me aproxima al reconocimiento de que las cosas aspiran a la permanencia desde cierta sencillez y a entender que la vida se mueve muchas veces en parámetros fáciles si aplicamos un poco de analogía y de relaciones simples entre los elementos. La segunda me ofrece consuelo para todas las veces -y son muchas- en las que la solución de base racional me deja insatisfecho o no me ofrece luces suficientes para ver el camino de una supervivencia a la altura del ser humano.

Lo demás, todo es magma que busca su aposento y me lleva a la rastra a su vera para sentirme inerte, pequeño y asustado.

Otra vez en la duda del maestro: “Piensa el sentimiento, siente el pensamiento.”