jueves, 10 de marzo de 2011

TODA TÚ FUISTE LLUVIA

Cómo me araña el tiempo en las pupilas
y me conduce a la estación del miedo.

Eran tus ojos agua, tus cabellos
fuente de lluvia cálida y sagrada,
como lluvia de mayo eran tus labios
sembrando la humedad sobre mi cuerpo.
Fuiste un río
de espuma navegable hasta los hondos mares.

Hoy los mapas anuncian potente anticiclón
aguardando que vuelva la borrasca
y anegue mis pupilas, que son rocas
y no ven ese río que se entrega
en la tórrida sed de las arenas.

martes, 8 de marzo de 2011

NOS CONVOCA LA LLUVIA

Nos convoca la lluvia en su salmodia,
al cobijo menudo de sus gotas
que anegan los caminos y diluyen
las huellas que mis pies dejan en ellos.
Hay castaños desnudos y esqueléticos
aún, por el efecto del invierno,
pero florecen ya a la luz los prunos,
se adornan los almendros, las mimosas
se visten, pudorosas, con luces de papel.

Llueve con una mansedumbre silenciosa,
como dando sus ecos a este oído
que aguarda vuestros pasos,
invadidos también por la pasión del agua.

¿No recordáis los días
de la eterna pereza en los caminos,
donde el tiempo cesaba en su existencia
y se espaciaba el suelo en la tormenta?
Eran piña las manos, vuestras manos,
que araban cada surco de la tarde
juntas, en un empeño de relámpago.

Retorna con dulzura la esencia de las sombras,
mi cuerpo se desnuda y echa ramas
de lluvia y de recuerdos
(¿no lo veis cómo crece y se hace líquido?),
y ando y ando por todos los caminos
mientras el agua anula mis pisadas,
y espero vivamente vuestras huellas
para sumar la alquimia del pasado.

Convoco vuestro cuerpo para siempre
bajo esta calma lluvia que se duerme
flotando entre la niebla, leve y densa,
en medio del silencio, salmodiando
ese tenue sonido que se niega
a perderse en el viento, con la pena
de ver que hay sensaciones que la lluvia
tampoco ha conseguido convocar.

lunes, 7 de marzo de 2011

LO DE LOS CIENTO DIEZ

No tengo mucho tiempo de echarme a la carretera. Y eso que viene el buen tiempo y algo habrá que hacer en los ratos que queden libres. Lo cierto es que, cuando lo hago, camino sobre todo de Ávila, en un viaje que no me cansa porque me aguarda mi familia, noto cómo el depósito de gasolina de mi coche o aumenta o los litros encogen porque me cuesta cada vez más dinero.

El caso es que anda todo el mundo con el asunto de la reducción de velocidad en las autovías, como algo en lo que nos fuera la vida. Algunas notas breves se me ocurren.

La primera es la comprobación de que, en este país, todo el mundo se convierte en técnico de cualquier cosa en escasos momentos. Yo no puedo deducir nada diferente a la vista de las opiniones que escucho por todas partes y a todo el mundo. Salvo que lo que se busque sea el linchamiento indiscriminado y sin argumentación de quien haya dictado la norma. Sería cosa mala porque eso colocaría a los calumniadores en el nivel de los mal nacidos y de los sinvergüenzas. Tampoco doy por sabios a los ministeriales; solo exijo prudencia y argumentos, no tiro al plato.

La segunda la tendré que comprobar, pero ya la puedo prever (se escribe así: PREVER, no preveer. ¿Lo leerá y lo aprenderá alguien?). Si ahora me adelanta todo el mundo por la carretera, ¿qué va a suceder a partir de ahora?

La tercera es la de alentar a que se discuta todo lo que haya que discutir y hasta algo más, pero procurando ver el bosque y no solo el árbol, que ya llega la primavera, coño, y es bueno estar alfabetizado para tomar el sol a gusto. Quiero decir que es bueno, como se hace en cualquier comentario de texto que se precie, entender lo que se nos dice, pero, sobre todo, lo que se nos quiere decir. O sea, que quiero decir -hoy quiero decir muchas cosas, o al menos muchas veces- que lo importante es lo que pueda simbolizar esta norma. Y se me ocurren al menos dos niveles importantes, muy importantes. Son estos:

a) La bondad o la maldad de prohibir o de reglamentar. ¿Hasta dónde hay que llegar con la normativa en nuestras sociedades? Recuérdense, al respecto, un par de cosas: I) La reglamentación no puede abarcar toda la realidad; la realidad es siempre mucho más rica y variada. II) Los poderosos siempre se agarran a la norma porque tienen medios para forzarla y para que se interprete según sus conveniencias. Por ahí se puede tirar mucho del hilo.

b) ¿Se puede tener en cuenta nuestra dependencia del petróleo y los derroches de nuestras sociedades que derivan del uso de los carburantes? ¿Alguien quiere levantar la mirada y ver algo más lejos que el cuentakilómetros de su coche? ¿Para qué los coches de altas gamas y potencias si no pueden desarrollar sus potencialidades? Todo un modelo de vida.

Por aquí, y por caminos similares, nos podríamos tal vez encontrar. De otra manera, resulta muy difícil. Tan difícil como que yo adelante a los conductores en la carretera. Y tan fácil como que ellos me adelanten a mí.

Mientras tanto, como siempre -aludo a un chiste de Forges de hoy mismo-, “¿Tú qué opinas de lo de los 110… Directivos del IBEX 35 que cobran más de 2 millones de euros al año?”

Pues eso.

domingo, 6 de marzo de 2011

PINCHITOS VARIADOS

Como cada vez que inicio una ocupación nueva y que se presiente duradera, se me viene encima una preocupación que me ocupa demasiado y me baja un poco la moral. Estoy seguro de que, en el fondo, no es otra cosa que muestra de la timidez que me ocupa siempre, sobre todo en cuanto se plantea la relación directa con los demás. Enseguida se me muestran diferencias evidentes, formas de hacer las cosas que acaso no son del todo iguales, maneras de enfrentar dificultades, ordenamientos distintos de espacios y tiempos…; en fin, toda esa amalgama de variables que exige la convivencia. Siempre he pensado que la convivencia, en general, resulta muy difícil cuando las personas se llevan bien; si no se llevan bien, entonces se torna casi imposible.

Pero tengo que venirme arriba porque, por encima de todo, están las intenciones y las voluntades positivas, y, tras los días más confusos, vendrán los días más luminosos y claros, las acciones más automatizadas y todo lo mejor que se pueda esperar. Seguro. Todo se necesita, el pequeño desahogo emocional, el ánimo que uno mismo se impone y el paso de los días que todo lo regula.


Estuve ayer en Ávila, otra vez, al lado de mi nieta y de mis hijos, viendo cómo va entregando sus días a la vida, dándose cuenta de más cosas cada semana, sintiéndose contenta con nosotros, mimosa con sus padres, rodeada de amor por todas partes, con una infancia hermosa y llena de cariño. Tiene Sara muchísima suerte con sus padres y espero que también con sus abuelos. Solo le falta un poco de impulso para comerse (esta vez literalmente) todo lo que su cuerpecito necesita. Ya deseo de una vez el mejor tiempo, ese en el que los cuerpos también parece que se alargan y se estiran, se llenan de color y movimiento, y crecen al compás de todo en el calor y en el descanso, olvidando catarros, malestares y todo lo que apoca e impide verse libre de las preocupaciones. Vamos, Sara, que quiero verte grande.


Por las calles de Ávila, calles frías aún en estos primeros días de marzo, algunas gentes deambulaban vestidas con no sé qué ropajes y disfraces. Era sábado de carnaval. No hacían otra cosa que lo que a esas mismas horas se repetía en todas partes. Cuando volví a Béjar, ya bien entrada la noche, en la Corredera quedaban los restos de alguna concentración de disfrazados. Por las otras calles se desperdigaban también grupos de apariencia extraña y ruidosos.

Sigo sin entender muy bien este aquelarre y esta necesidad casi compulsiva que tiene tanta gente de vestirse de algo tan diferente. Creo que conozco bastante bien el origen de estas fiestas y su significado originario. Y, a pesar de todo, no entiendo tanto alboroto. No quiero criticar a nadie, solo digo que me encuentro muy extraño cuando me acerco físicamente a estas manifestaciones, que no me dicen casi nada personalmente, que no participaría sin esfuerzo en ellas. Sobre todo, me parecen patéticas las figuras de personas muy entradas en años que se vierten en figuras extrañas y de intención procaz. Me causan cierta pena. Bien sé que todo tiene su explicación y que la gente se desahoga y se vacía. Yo me alegro de que todo el mundo se divierta como pueda. Sencillamente digo que no es mi caso y que hay escenas que me causan pena. Solo eso. Y nada más que eso. No miro con los mismos ojos los disfraces de jóvenes y niños, que me agradan al verlos y que me hacen sentir cierta nostalgia.

Así que a divertirse, y a disculparme el desahogo. Ando un poco caído de moral. A ver si asienta el tiempo y me hierve la sangre de ánimo y de contento. A ver.

jueves, 3 de marzo de 2011

LA FE DEL TONTO (DEL OTRO TONTO)

Hoy me he levantado con la fe del tonto que sabe que el frío sigue apretando y que la primavera sigue tarda, he mirado por la ventana y la sierra se me ha ofrecido con la niebla pegada a su lomo, lo que por aquí se llama “la vaca en la sierra”, incluso el sol es tenue entre las nubes. Me aguarda una jornada diferente, sobre todo en la segunda parte, pues comienzo oficialmente las horas de voluntariado, que ya serán cotidianas.

Pero algo me ha ayudado a dar la vuelta a mi vista cansina. Leo en cualquier panfleto que el Papa, en la segunda parte de su Catecismo, exonera al pueblo judío de la muerte de Jesús. Después he leído líneas en las que intenta dar cuenta del porqué de este perdón. Supongo que todos los judíos del mundo descansarán hoy aliviados del peso que sobre sus cabezas pesaba desde hace dos mil años.

¿Por qué hay tanto intérprete que retuerce las explicaciones hasta caer sin remedio en la mayor sima donde se cuecen lentamente todos los ridículos? Ojo, que este señor pasa por ser un intelectual de los de mayor rango entre los últimos Papas. Cómo serían los otros. Yo no soy judío, pero también descanso después de esta concesión del perdón y de la absolución. Como que he mirado al cielo y ahora lo veo más luminoso. Qué sensación de paz y de sosiego. Ya decía yo que esta angustia vital tenía que tener alguna raíz oscura y pecaminosa. Pero bueno, todo sea por la causa.

De modo que se absuelve al pueblo judío de la muerte del Cristo. Por lo que se deja decir el susodicho, solo fueron unos cuantos, los del círculo del templo y los amigotes del tal Barrabás. Que digo yo que también tendrán sus descendientes y a esos no los salva de la culpa ni el que la fundó. Habrá que investigar no siendo que nos quede por ahí alguna brizna de sangre barrabaseña o de los entresijos de Caifás. Otra vez la angustia vital.

¿Por qué maltratan a la religión de esa manera? ¿Es porque no hay por donde cogerla en cuanto se desmenuza un poco? ¿Es porque sus escudriñadores y sátrapas no llegan más allá del nivel elemental tirando a nulo? ¿Es por las dos cosas a la vez? Esto sí que es angustia vital.

Ahora, por lo visto, se reconoce que algunas frases evangélicas “no expresan hechos históricos”. Acabáramos, pollo. Ya nos vamos bajando del tejado. Interpretamos cuando y como nos parece y nos conviene. “No podía estar todo el pueblo presente” para la condena. Qué descubrimiento matemático tan espectacular. Creo que además se podría haber añadido que no eran asamblearios: la afirmación habría quedado más social.

¿Cuándo podremos dar con una religión algo más clara y menos ridícula, que no nos obligue a sonreírnos por lo bajini cada vez que alguien se atreve a la interpretación de lo que acaso no la tiene y es mejor no tocarlo para que no se extienda el olor?

Algo vamos ganando. Primero fue Galileo, ahora el pueblo judío. Vamos impartiendo bendiciones y perdones como si nos halláramos en la silla del juicio final. ¿Por qué tanta ridiculez? ¿No tengo yo derecho a expresar mi sorpresa ante argumentaciones tan grotescas y sin ninguna solidez? ¿Es esto perseguir a la Iglesia y a los cristianos? ¿No me persiguen ellos (quiero decir parte de ellos) a mí con su falta de sentido común?

La religión y el templo, la monarquía y el reino, la aridez vertical de la razón… Mejor no meneallo. Lo peor es que la bola ha engordado tanto, que se parece al monstruo formidable de la administración; y así no hay quien lo enfrente. Y mucho menos con ridiculeces tan groseras.

Ya me lo decía mi padre: Los judíos son muy malos, que mataron a Nuestro Señor. No llegó a saber nunca, pobrecito, que solo fueron unos pocos. Vaya por Dios. Y por la suma inteligencia del sumo pontífice. ¿Quién me le devuelve ahora esa pequeña espina que se llevó clavada para siempre?

SOLO LA ENFERMEDAD ME DA LA VIDA

SOLO LA ENFERMEDAD ME DA LA VIDA

Solo la enfermedad me da la vida
cuando enfermo de ti y de tus ofrendas,
y gozo más si logras que comprenda
las llagas que se vierten en mi herida.

Y es el morir el logro de la dicha
perfecta en que me abismo si me queda
un tiempo de recuerdo y de conciencia
en que sentirme vivo cada día.

Dolerme de tu ausencia me conforta,
gozar de mi congoja es mi dolencia
y hasta el aire es penar sin tu presencia.

Es el dolor la alcoba en que se aloja
la cara de la Esfinge y la esperanza
de hallar la solución a tanta nada.

martes, 1 de marzo de 2011

ASPIRO A MI CONCIENCIA EN EL FUTURO

Solo tengo conciencia del pasado,
de todo lo que fue, si me contemplo
y quiero darme fe de mi existencia:
aquellos juegos niños e inocentes,
la luz tan cegadora que me cegó más tarde,
cualquier quehacer minúsculo, una noche
mirando cómo miran las estrellas,
la sensación de devorar el mundo,
creado expresamente para que yo lo nombre.

Te he contado más veces con detalle
cómo era el territorio
que me estaba forjando paso a paso.
Ahora todo es más grande porque el poso
da más sabor y ensancha los sentidos,
me duelo más cuando más me contemplo.

Pero quiero que viva mi conciencia
en el futuro incierto que me acecha;
sé que solo seré mientras me piense
y me piensen los otros,
mientras habite el aire un solo eco
de lo que fui forjando lentamente.

Pensadme y no olvidéis que yo también me pienso;
entonces seré alto en vuestra altura,
bueno en vuestra bondad, feliz si hay alguien
que quiera ser feliz con mi memoria.
Y todo será seña de la conservación,
conciencia universal, sueño con causa,
presente del pasado y del futuro,
fuego que quema, eternidad en calma.