lunes, 30 de noviembre de 2009

IMAGINAR

IMAGINAR

Imaginar las horas de este día
como una vida entera de principio a fin,
certificar la ausencia de otros días
porque todo es presente sin remedio
de lo que pudo ser y no será,
trabajar sin descanso y sin sentido
sabiendo que esta noche
de nuevo son las sábanas el lecho
donde me he de enterrar por unas horas,
decir adiós al mundo cuando me puede el sueño,
no hacer recuento por si acaso
me enredo en unas cuentas
que no me dan exactos resultados,
sentir el tedio inútil de lo que nada ofrece,
de lo que nada pide, de lo que nada vale,
desear de vez en cuando, al apagar la luz,
que el sueño sea un camino de eterna despedida.

Y amanecer de nuevo
como de vuelta de algunas vacaciones,
que serán algún día eternas y ya únicas,
para empezar la suma con los mismos sumandos,
aprendiz imposible, suspenso pertinaz, Sísifo siempre.

domingo, 29 de noviembre de 2009

TAMBIÉN CONTRA ESTA DICTADURA

Me acaba de mandar Ana Raquel (no se olvida de mí: yo tampoco de ella: un beso) un vídeo delicioso. No sé de dónde ha salido pero poco importa eso. Son más de diecisiete minutos en los que se ve a Isabel Allende pronunciando un discurso en inglés (está subtitulado y uno mezcla como puede ambas lenguas y lo va pillando), con el tema de la desigualdad femenina. Tengo que suponer que lo hace conmemorando el día dedicado a la violencia de género o algo así.

El tema tiene demasiadas variables y no se puede despachar con unas líneas pero quiero destacar algo de lo que a mí más me llama la atención.

Parece evidente que todo esto se mueve a velocidades mayores y para mejor en los últimos años. Convendría pensar por qué durante prácticamente toda la Historia el asunto languidecía y todos los concernidos lo obviaban y lo trataban con sordina. La cultura tiene mucho que decir pues al fin todo es asunto de cultura y de costumbres. La religión se me echa encima inmediatamente como causa fundamental para que esto haya sucedido; su uso y abuso por parte del poder para que la escala de valores se adaptara al mantenimiento de ese poder creo que explicaría buena parte de todo el asunto. Si sigo repasando las religiones del Libro en la actualidad, no me sale nada diferente. Y son ya muchos siglos (otras religiones no se separan demasiado de este esquema) como para que lo mantengamos como si de algo genético se tratara.

Cuando se proclamó la ley de igualdad, algunos pronosticamos que era un paso adelante pero solo un intento literal más que real pues, si hay que arreglar esto, solo se conseguirá con el paso lento de muchas generaciones y con desajustes y pagas muy dolorosas por el camino. Los medios nos bombardean a diario con ejemplos de violencia que tal vez respondan en buena medida a ese desajuste entre lo “normal” durante siglos y lo que se quiere “normal” en nuestros días.

Tal vez por eso haya que haber incluido en la ley apartados que, desde mi lógica, son inconsistentes pero que apuntan, como ariete, al corazón de la convivencia. Tal es el caso para mí del asunto de la discriminación positiva o la igualdad en el número o paridad, que, teóricamente, me resulta una parida y que tengo que entenderla solo en este sentido.

Pero el vídeo se centraba en ejemplos en los que comparaba la belleza de Sofía Loren y su simbolismo con las actividades de mujeres del tercer mundo que dedican sus esfuerzos a la plantación de árboles con mujeres, a retirar mujeres de la prostitución no deseada o a enfrentarse con el poder religioso o civil en países musulmanes. Y ¡!por fin!! Isabel Allende se apeaba jocosamente de la belleza para quedarse con los valores humanos de las otras. Ya va siendo hora de que las propias mujeres reivindiquen su feminidad y promuevan los resultados estéticos, pero, sobre todo, de que den un paso al frente y se alcen contra la dictadura de la belleza física. Difícilmente este asunto va a modificarse sustancialmente si no se produce esta quiebra. Tampoco puede ser asunto de una o de dos generaciones, pero o es así o no hay manera de que cambie esto. Y ahí el cine, y ahí las pasarelas, y ahí el mundo de las fiestas y de los saraos, y ahí los programas llamados del corazón, y ahí el tiempo dedicado a lo que se dedica, y ahí las sumisiones a según qué cosas, y ahí la cabeza y la razón sobre los instintos, y ahí ciertas manifestaciones públicas de demasiados seres femeninos que me cuesta calificar sin sonrojarme, y ahí toda la escala de valores que no sabe uno hasta qué punto interesa o no interesa cambiar.

Y todo esto solo se puede plantear en sentido de colaboración, nunca en sentido de imposición de poder de un sexo sobre otro. Si así fuera, que a nadie le extrañe que haya seres del sexo contrario que se parapeten y defiendan sus privilegios. Entonces lo que nos espera es más de lo mismo: el fuerte seguirá haciendo lo que mejor le parezca.

E incluso lo vestirá de colorines para que el esclavo (o aquí la esclava) aplauda con las orejas. O con otros apéndices. Vale.

sábado, 28 de noviembre de 2009

ME AHOGA EL SISTEMA

Viajé a Salamanca para encontrarme con mis hijos y con Sara. La movilidad produce todo esto y facilita los encuentros. Cuando estamos todos juntos, parece que el mundo me da igual, que no existe nada más allá de nosotros, que las reglas del juego se me olvidan y que lo que tanto me importa en otras ocasiones ahora me resbala y lo siento lejos de mí por un buen rato. Con la presencia de Sara todo se mejora y a la vez se envuelve en una atmósfera positiva y cordial. Verla sonreír es para todos una gloria, y verla despertar y mostrar su carita de sorpresa es todo un espectáculo. Sara tiene una suerte extraordinaria que solo la concede el azar y la pura casualidad. Todo el mundo está con ella, pendiente de ella, mirándola a ella, comprándole regalos a ella y atendiéndola a ella. No tiene rivales con los que competir y todo se lo lleva ella: los mimos, los cuidados, los besos, los achuchones, las miradas, los piropos…, todo.

Hemos pasado una parte de la mañana en lugares de compra, en esas superficies en las que se almacena material para cubrir las necesidades de toda la provincia y que a mí me hacen pensar siempre que las visito lo mismo: la inutilidad de este sistema productivo y comercial en el que andamos instalados. La explanada de los coches estaba abarrotada, pero no tanto las tiendas y las superficies. Acaso el fin de mes, tal vez la crisis, puede que aquello se haya convertido sencillamente en un lugar de aparcamiento… En algunas tiendas no había nadie. Paseando por ellas pienso siempre en la cantidad de energía humana que queda desperdiciada con eso de la competitividad. ¿Para qué me sirven las personas que atienden un local pequeño si no entra nadie y pasan el día limpiando los escaparates o haciendo crucigramas?¿No los podría utilizar yo para que se formasen o para que atendieran otras necesidades reales de la comunidad (enseñanza, sanidad, obras públicas, producción de alimentos…)? ¿Para qué quiero yo que fabriquen tantos miles de unidades de televisores si el mío se sigue viendo bien y seguramente tendrá quince o veinte años? ¿La producción exagerada no obligará a hacer campañas de promoción y de acoso cada día más brutales con tal de conseguir que cada uno de nosotros cambie el producto continuamente? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué escala de valores es esa? ¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿No habrá alguna vez alguna mirada social y comunitaria? ¿Tan difícil es de ver?

¡!!Y fuimos a El Corte Inglés!!! No conocía el centro de Salamanca. Ni falta que hacía. Un edificio algo más pequeñito que otros de la gran urbe, pero con los mismos mecanismos ¿Qué dirán ahora los de los centros más pequeños? ¿No se darán cuenta de que no pueden competir, de que están perdiendo el tiempo miserablemente y de que lo mejor que pueden hacer es cerrar? ¿Pero a tanto lleva la presunción que no nos deja ni reconocer algo tan evidente? Con unos pocos centros comerciales tendríamos suficiente para Salamanca y para toda la provincia. ¿No podemos aprovechar a los miles de personas que malamente sobreviven en estas actividades y dedicarlas a otros menesteres? ¿Por qué nos permitimos tales despilfarros? ¿Por qué tienen que languidecer y además pasar los días viendo la forma de conquistar los clientes del que tiene su tienda al lado o maldiciendo de sus sueldos escasísimos? Vivimos en un sistema que mantiene a una buena parte de la población enfadada por no triunfar en sus negocios y que gasta sus energías mejores para nada. ¿Es que nadie va a levantar la vista y dar alguna voz social?

El panorama no ofrece un futuro halagüeño: andamos procurando recomponer el sistema que nos tiene como nos tiene, tratando de apuntalar a los que más tienen para que sigan regulando el mercado a su gusto y desde sus caprichos personales, y a los dirigentes que oponen algún reparo y procuran algún pasito social nos los comemos con los medios de propaganda. ¿Por qué no dan paso a las voces que cuestionan el sistema? ¿Quién dijo que había libertad de expresión? ¿Dónde anda la igualdad de oportunidades? Cuánta mentira y cuánta patraña.

Me ahoga la ciudad. Creo que en ella se muestran aún mejor las contradicciones de la sociedad en la que nos movemos. Me gustaría vivir en un lugar solitario y olvidado.

Me ahoga el sistema. No puedo teóricamente con él. Y eso que me traiciono y vivo dentro de él y en alguna medida de él.

viernes, 27 de noviembre de 2009

DESAGRAVIO PARA J.A.S.P.

De vez en cuando echo una ojeada a estas páginas que van quedando atrás, como los días del otoño que son un buen recuerdo de los días de verano. No siempre estoy de acuerdo con lo que he escrito en todos sus matices y no me importaría en algunos casos modificar algunas palabras de las ya escritas.

Casi todas las palabras de este diario las hago públicas y las expongo sin vestidos al frío y al calor de los demás. Eso me obliga a tener un poquito más de precaución pero no siempre ando listo y ágil. El blog tiene pocas participaciones escritas de los lectores, pero más seguimiento en su lectura.

Hace unos días escribía unas líneas sobre una conferencia en el Casino en la que se hablaba de Hemingway. Tanto Jesús Majada como José Antonio Sánchez Paso han hecho algunas aportaciones al asunto que yo agradezco. Por si algo se prestara a malos entendidos, quiero precisar lo siguiente:

Reconozco en ambos a dos personas que sobre este asunto -y seguramente sobre muchos otros- conocen mucho más que yo y están mejor preparados para opinar.

En realidad, del tema solo controlo los conocimientos generales sobre Hemingway y las noticias que Jesús Majada ofrece en su libro sobre los viajeros por España, entre ellos el escritor americano, ejemplar que ahora no encuentro.

Nunca me referí a la conferencia en sentido académico sino en tono jocoso y divertido y acentuaba el hecho novedoso de compartir algo de bebida en medio de la disertación. Por ejemplo citaba a fray Liciniano como fray nosequién. Y en este plan.

Cuando escribía que el conferenciante no tuvo su mejor día, quería significar que el mejor día no se produce cuando se rebaten datos en el mismo momento por un testigo presencial, pero nunca que el conferenciante no estuviera a la altura.

Estoy seguro de que tanto Jesús como JASP han entendido el sentido de mis palabras. Me gustaría que todos los demás lo hubieran entendido también y en el mismo sentido.
Me hace gracia la palabra “magro” utilizada por JASP para indicar un resultado escaso. Si supiera que a mí, no hace muchos años, alguien quiso casi colgarme de una cuerda por utilizar la palabra en ese mismo sentido pero aplicada al sueldo que recibía esa persona… (ella había entendido un sueldo importante e inmerecido).

Sí mantengo como serio y para considerar ante una mesa la opinión de que no siempre se ajustan los esfuerzos con los resultados. O con lo que yo espero de esos resultados. Pero esta es opinión personal y ante esto solo cabe argumentar tranquilamente. Habrá tiempo y ocasión.

Y que vale ya de aclaraciones. Desde cierto momento de mi vida sufro como una especie de síndrome de Estocolmo y me da pavor que nadie me interprete mal.
Lo diré una vez más: solo aspiro a querer y a que me quieran.

Otro brindis por todos.

jueves, 26 de noviembre de 2009

HAY TARDES

HAY TARDES

Hay tardes de paraguas que ocultan cualquier beso.
Tal hecho se produce -perdona la obviedad-
cuando el viento y el agua se adueñan de los parques
y las aceras muestran fantasmas que caminan
en círculos oscuros de lesa tempestad.

Es un mar que se mueve
con sus flores de loto sin sosiego,
es un mundo de pájaros
que ha bajado a jugar.

Esta tarde, tan gris y tan vacía de ti,
yo he querido vestirme mi escafandra
para bajar al mar de tus sargazos,
para enredarme en ti y, a ras de tierra,
volverme un huracán,
despojarte de ti y de tu paraguas,
dejarte al descubierto
y dejar que la lluvia
nos unja y nos invada de ilusiones
de la materia dulce de sus aguas,
de la mentira intensa de sus besos.

TAL VEZ, QUIZÁS, ACASO

TAL VEZ, QUIZÁS, ACASO.

Aquel día fuiste tú quien me invitó a cenar.
Andaban los faroles humeantes de niebla
y el otoño instalado en mi tristeza.
Quizás fuera tu instinto de pez
en aguas limpias, o ese sexto sentido
que a veces me regalas sin pedírtelo.

El caso es que me viste cabizbajo,
me miraste serena, mantuviste
tu mirada un instante prolongado.

Yo debí confesarte en mi silencio
todo lo que guardaba como un tesoro oculto.

“Venga, esta noche vamos –me dijiste-
y les damos de lado a los horarios
-pues todo será nuestro-
y a las preocupaciones que las zurzan,
que están llenas de rotos,
ponte el traje de risa y de batalla
y déjate llevar por la tormenta.”

Acaso te miré desconcertado,
como pillado en cuerpo de delito,
pensé en un pub del centro
y luego en unas puertas con sordina
tras las que cabalgar sin meta fija.

Tal vez me vi rendido ante tus ojos
y dije “vale,
vámonos a la noche y al suicidio.”

Tal vez, quizás, acaso…

martes, 24 de noviembre de 2009

UNA CLAVE ARTÍSTICA

A pesar de todo esto que llaman crisis y que desiguala tanto a las comunidades para acrecentar las desigualdades entre unos pocos poderosos y el resto empobrecido, la vorágine social sigue sin descanso. Y siguen apareciendo vidas, desapareciendo otras, el sol sale todas las mañanas y se deja ver en el horizonte, en un otoño interminable, la masa sigue embrutecida con los partidos y adorando a las megaestrellas de turno, esas cuya única aportación a la sociedad en su carga de veneno anestesiante, los medios de comunicación siguen marcando la pauta a su antojo y acentuando o diluyendo la escala de valores por la que nos tenemos que regir, y cada cual consigue a su manera la supervivencia.

Y en medio de esa supervivencia, continúan aquellas manifestaciones que también forman parte de esta vida compleja y difusa en la que nos movemos.
Por ejemplo, el arte sigue, su comercialización también, sus beneficios igualmente, los creadores se empeñan y se afanan en crear, los mediadores y los acaparadores encuentran en él una forma extraordinaria de hacer negocios, no siempre demasiado limpios, y algunas otras personas dedican esfuerzos a analizar este asunto, que sigue ahí a pesar de todo y de casi todos, sobre todo a pesar de cualquier idea que sea solo eso, idea, y que no tenga conexiones reales con el tráfico del arte. O sea, estas mismas líneas, por ejemplo.

Estoy seguro de que son sobre todo las variables externas las que mueven a la propia creación y la empujan en un sentido o en otro, hasta crear modelos de arte según sus conveniencias, o sea que, también en el arte, la base económica y comercial es la que explica casi todas las demás variables. Aquel artista que mejor sepa adaptarse a las exigencias externas del mercado será el que destacará y el que será colocado en la cúspide del canon. Al fin y al cabo, hay muchos artistas que podrían superar las pruebas necesarias como para exhibir sus productos con dignidad, con dignidad externa, claro. Pero la oferta, también aquí, es superior a la demanda, y esa oferta tiene que orientarse según los pedidos. Y los pedidos no dependen del creador sino de las demás fuerzas, sobre todo de las económicas.

De hecho, el canon estético ha sido variable y la historia del arte, de cualquier arte, nos enseña que es siempre cambiante y que cada época maneja su ideal estético particular.

Si uno echa una ojeada a la literatura -sucede igual en las demás artes-, descubre que, hasta el S XVIII todo se iba en imitar lo antiguo, de tal manera que el Barroco, por ejemplo, no consiste en presentar realidades nuevas sino en presentar las ya existentes aunque desde una forma diferente. La sorpresa se conseguía no por la novedad sino por lo inesperado, por esa forma desconocida de acercarse a la misma realidad de siempre.

Seguramente fue el Romanticismo el primer movimiento, y la primera etapa de la historia de la creación, en la que se produjo una ruptura no solo de la forma sino también de los contenidos, de tal modo que ya no solo se rompía con las formas anteriores sino también con las concepciones de aproximación a la realidad y a la pulsión vital. Seguramente, en este sentido, se trata de la primera etapa moderna.
Desde entonces todo se nos va en negar al padre, en renegar de todo lo que hemos aprendido y hasta de quienes lo hemos aprendido. Y un artista sube al estrellato siempre que sea distinto, no visto antes, con una concepción novedosa de las formas y de la propia concepción de la obra.

Y, si bien se mira, la ruptura se acentúa con aquellos períodos que más se acercan a los actuales pues parece que el tiempo va poniendo una pátina de polvo en los modelos, de tal forma que, pasado un largo período, se pueden recuperar los modelos de nuevo, siempre que se presenten como una realidad nueva y como negación de una línea continua de tradición.

Me gustaría trasladar estas simples pero extensas ideas a la vida cotidiana también pues no solo valen para la literatura o la pintura sino para las producciones aparentemente más próximas y banales. La moda lo ejemplificaría muy bien. Unos buenos zapatos tienen que marcar ruptura formal e intentar a la vez mostrar ser representantes de una nueva forma de ver la vida. Lo malo es que la fugacidad de estas visiones y las imposiciones externas de tipo comercial y económico nos conducen a que esas visiones sean casi instantáneas y con escasa base teórica. Por eso, en la práctica, cada poco tiempo cambiamos de formato, respondiendo a lo que nos marquen los mercados, y todo el año es carnaval y andamos en rebajas.

¿Cuántos creadores se someten a estas normas? ¿En qué grado se someten todos y cada uno? ¿Hasta qué punto pueden huir de ellas? ¿Quién soy yo para aplaudir o para criticar las posturas individuales? Desahogos y reflexiones de una o dos páginas. Pero que afectan a demasiadas personas y a demasiados ámbitos de la vida. Vale.