miércoles, 2 de febrero de 2011

LEONARDO ES LA GIOCONDA

LEONARDO ES LA GIOCONDA

Es su risa la tuya y la Gioconda
muestra en sus labios rectos y tan leves
la ausencia de preceptos y de leyes
que completa la sed de tu memoria.

No son sus ojos bellos, que es tu gloria
lo que ensalza ese cuello tan de nieve
esa gentil tristeza que retiene
la niebla que en los ojos atesora.

Leonardo se alejó de la materia,
se desplomó en las sendas solitarias
del arte cenital en la miseria.

Fue el arte nuevo en formas necesarias
lo que da Vinci urdió con la figura,
fue la belleza sola, el arte, la hermosura.

martes, 1 de febrero de 2011

ME BASTA CON COPIAR

He vuelto a leer a Ortega. “España invertebrada”. Han pasado casi cien años desde que rumió los conceptos que componen el texto. Se nota el paso de los años también por sus páginas: han sucedido tantas cosas desde entonces… Pero hay partes tan frescas y tan limpias, que no hay ni que tocarlas. Voy a copiar un párrafo:

“Pues bien: la vida social española ofrece en nuestros día un extremado ejemplo de ese atroz particularismo (la explicación del Particularismo es clave en todo el ensayo). Hoy es España, más bien que una nación, una serie de compartimientos estancos.

Se dice que los políticos no se preocupan del resto del país. Esto, que es verdad, es, sin embargo, injusto, porque parece atribuir exclusivamente a los políticos pareja despreocupación. La verdad es que si para los políticos no existe el resto del país, para el resto del país existen mucho menos los políticos. Y ¿qué acontece dentro de ese resto no político de la nación? ¿Es que el militar se preocupa del industrial, del intelectual, del agricultor, del obrero? Y lo mismo debe decirse del aristócrata, del industrial o del obrero respecto a las demás clases sociales. Vive cada gremio herméticamente cerrado dentro de sí mismo. No siente la menor curiosidad por lo que acaece en el recinto de los demás. Ruedan los unos sobre los otros como orbes estelares que se ignoran mutuamente. Polarizado cada cual en sus tópicos gremiales, no tiene ni noticia de los que rigen el alma del grupo vecino. Ideas, emociones, valores creados dentro de un núcleo profesional o de una clase, no trascienden lo más mínimo a las restantes. El esfuerzo titánico que se ejerce en un punto del volumen social no es transmitido, ni obtiene repercusión unos metros más allá, y muere donde nace. Difícil será imaginar una sociedad menos elástica que la nuestra; es decir, difícil será imaginar un conglomerado humano que sea menos una sociedad. Podemos decir de toda España lo que Calderón decía de Madrid en una de sus comedias: Está una pared aquí / de la otra más distante / que Valladolid de Gante.”

Pues eso, que no me apetece ponerme tan negativo como Ortega. Pero solo porque no me apetece, no porque esté muy en desacuerdo con él.

lunes, 31 de enero de 2011

¿LOS MISMOS COLLARES?

Esta vez tocó turno al PSOE y reunió su convención en Zaragoza. Al calorcito del local que los resguardaba del frío intenso de este enero que ya se marcha, en coincidencia con el patrón de la ciudad del Ebro, allí estaba toda la plana mayor y la mediana. He visto algunas imágenes en televisión y en ellas se notaba similar entusiasmo que el que se había producido una semana antes en Sevilla. En realidad, no sé si el mismo entusiasmo o una convulsión interior un poquito más disimulada: No hay que olvidar que en invierno la temperatura no es la misma a orillas del Ebro que del Guadalquivir y, para qué engañarnos, ahora mismo, las aguas del Ebro bajan un poco más turbias que las del río de la Bética.

Pero en ambos casos se ha desarrollado el mismo esquema, la obra ha puesto en escena los mismos actos, el patio de butacas estaba ocupado por espectadores venidos de todos los lugares con la misma misión y con parecido entusiasmo, y los actores principales subieron a recibir los aplausos finales de representación. Para que nada fallara, los títulos de crédito, en forma de fotos o de entrevistas, respondían también a los mismos parámetros: todo había sido estupendo y el protagonista había estado formidable y merecedor del Oscar a la mejor interpretación.

Está bien que las agrupaciones se reúnan para darse ánimos y para revisar sus actuaciones; mejor que entre los próximos, en ningún sitio: son ellos los que tienen que quedar cuando lo demás falle y, además, una palmadita de ánimo mutuo siempre estimula y empuja a seguir en la actividad con entusiasmo.

En esta convención se reunían candidatos a parlamentos regionales de casi toda España. Es bueno poner en común políticas y estructurar cuadros de actividades, ahormar peculiaridades y señalar límites y prioridades. Supongo que algo de esto se habrán llevado para casa los principales representantes y espero que lo tengan en cuenta en sus programas y en sus campañas.

A un espectador normal muy poco le llega de todo esto. Casi todo parece que se ha ido en jugar a las quinielas acerca de si el líder, siempre el líder, está en condiciones o no de seguir, en ocultar los rostros que no conviene mediáticamente que aparezcan y en dar sentido de unidad y de sumisión, de lealtad y de desistimiento ante lo que viene de la boca del dirigente de turno.

¿Quién ha preparado esas ideas comunes que se supone que se llevan los líderes autonómicos y que van a respetar en sus respectivos territorios? ¿Estaban ya hechas o se han discutido en la convención? ¿Realmente se van a seguir en todos los territorios o se van a olvidar según convenga o no bailar la sardana o echarse una jota? ¿Cómo han sido elegidos esos aspirantes regionales? ¿Cuál es la dinámica de actuación dentro de las formaciones políticas? ¿Ha existido alguna opinión divergente o crítica con el líder del partido? ¿Cuáles? ¿En qué sentido? ¿Es real que todo el partido esté apiñado en torno del líder actual? Si no fuera así, ¿por qué serenamente no lo manifiestan? ¿Este apoyo incondicional al líder implica que no hay en la formación ninguna otra persona que pudiera sustituirlo sin que ardiera Troya por ello? ¿Qué esconden realmente estas adhesiones incondicionales? ¿A los medios de comunicación no les interesa otra cosa que ese morbillo asqueroso del nombre del líder? ¿Por tan bajo precio se venden a la pasta? ¿No tienen capacidad para analizar e investigar otras cosas de mayor calado? ¿Tan vagos son? ¿Es que en esta comunidad no hay lectores interesados nada más que por lo superficial y por lo morboso? Ay, los medios de comunicación; ay, las estructuras de los partidos; ay, la democracia interna de los mismos, o la falta de ella; ay, la morbosidad del ciudadano llamado normal; ay, qué comunidad esta…, y aquella…, y la de más allá.

Yo no querría ser sospechoso pues mi mirada apunta claramente hacia la izquierda, y mucho menos me apetece aparecer como equidistante, pero hay esquemas que se repiten demasiado, que presentan demasiadas similitudes, que tienen un saborcillo picante parecido, que huelen como si fueran el mismo guiso. Y a mí eso no me gusta demasiado.

Ya Platón clamaba por un gobierno de los mejores. Leo estos días a Ortega y se me vuelve aún más aristocrático en cuestiones políticas e intelectuales. No sé hasta qué nivel tienen razón. Ya pensaremos. Y diremos. Y escribiremos.

domingo, 30 de enero de 2011

TRES O CUATRO PORQUÉS

Me sucede con mucha frecuencia. No por número, que uno no anda todas las veces que quisiera metido en esos fregados, pero sí en tantos por ciento. ¿Qué te ocurre, buen hombre? Pues que tengo la impresión de que, cada vez que hay oportunidad de reflexionar acerca de un texto literario o de otro que aporte pensamiento, el personal se echa para atrás, duda y se encoge, no se anima a participar en una discusión ni aunque sea en pequeños grupos, y lo que podría abrirse y dar frutos se queda como mucho en intentona y en un déjalo estar que no merece la pena.

Me apena bastante este asunto por varias razones.

Hay una evidente aunque de no demasiada importancia, la de que a mí me va esa marcha y, en cuanto puedo, meto la directa e intento provocar el diálogo y el intercambio. Ya se sabe, para semejantes casos, remedio casero: ajo y agua.

Pero las demás, si es que son varias, que creo que sí, se me escapan, o, si las controlo, me dejan un poco negativo y criticón. ¿Por qué la gente se anima tan poco? ¿Puede ser asunto de falta de confianza? Si es por esto, ¿cuáles son las razones de esa falta de confianza? ¿Falta base de conocimientos? ¿Es asunto de carácter? ¿Tiene que ver con la falta de costumbre en estos asuntos? ¿Está este uso fuera de los tiempos y de “lo que se lleva”?

Y yo qué sé. Hay gente que hasta por escrito parece que le molesta que se opine y que se glosen pareceres y se expongan ideas y juicios; a mí mismo me cuesta cada día más enjuiciar severamente cualquier hecho, y procuro hacerlo con muchas atenuaciones y sin buscar nunca ningún enfrentamiento directo.

Pero es que el remedio termina siendo peor que la enfermedad. Sin reflexión no hay juicio, sin juicio no hay perspectivas de cambio, sin perspectivas de cambio, existen menos posibilidades de prosperar, sin posibilidades de prosperar todo se estanca y los bien instalados seguirán en su torreta sin nadie que los azuce y con los demás anestesiados y solo súbditos de la tontería y del ídolo.

Tengo la impresión de que esta parcela no opera de manera muy distinta a como lo hacen las demás de la vida. Sospecho que andamos cada vez en una velocidad de crucero en la que no aceleramos casi nunca, no siendo que nos obligue la nueva velocidad a cambiar cosas y a implicarnos en asuntos que nos rozan pero que no nos dan, que sabemos que están ahí pero que preferimos ignorar. Al menos hasta que no nos sintamos en necesidades personales. Me parece que es una muestra más -muy importante muestra- de esa soledad e inseguridad que veo acelerada en los últimos años y que nos encierra en nosotros mismos sin abrir muchas ventanas precisamente a lo que pasa por ahí fuera. Quiero decir a todo lo que nos inunda desde fuera.

Las participaciones son escasas en cuanto se trata de interpretar y de aportar visiones mínimamente razonadas, en cuanto nos toca abstraer y pasar de la descripción al concepto, en cuanto tenemos que dar el paso de lo particular a lo universal. Asunto bien distinto es la participación para hacer masa, para perdernos entre los números, para ser uno más de los de la moda, para seguir por instinto la costumbre.

No es fácil, entonces, hallar un simple rincón en el que salvarse del tedio, con unas cuantas personas dispuestas para juego del raciocinio, en medio de unas risas, que no están para nada reñidas con el juego de las ideas.

Y el tiempo va pasando, y en medio de ese tiempo todo fluye a su antojo, o casi todo.

Perdón por esta queja de un tonto inadaptado y un poco atrabiliario.

viernes, 28 de enero de 2011

"QUE YO SOY NORMAL"

Hoy tocó presentación del libro de Felipe Comendador. Este es el texto que utilicé, acompañado de las correspondientes morcillas y pausas que a mí me gustan tanto.

QUE YO SOY NORMAL

Béjar, 2011/01/28 Espacio cultural No Te Salves

Se supone que yo debería explicar, brevemente y con suficiente claridad, qué es lo que encierra este libro que hoy se presenta, tanto en la forma como en el contenido, con el fin de animaros a todos a su lectura y degustación. Cada vez me resulta más difícil entrar al comentario de cualquier texto, pues reviso mi capacidad y no encuentro apoyos suficientes como para sentar en público demasiadas ideas y, además, intentar que estas tengan urdimbre, no disparaten mucho y reflejen una estampa no muy equivocada de lo que se pregona. Al fin y al cabo, aún sigue vigente aquello del color con el que se mira y mi vocación no es precisamente la de juez, si no es conmigo mismo, que ese es otro cantar muy peliagudo. Pero vamos a ello.

Me permitiré de entrada una muy breve y sencilla reflexión filológica que me sugiere el título de la novela. Piénsese en esa palabra que lo encabeza, “Que”, y obsérvese que nos obliga sintácticamente a hacer derivar la oración de otra anterior, principal y supuesta, y que eleva el tono fónico y emocional de su significado: algo así como “Oiga, que yo soy normal”, o acaso algo así como un grito desesperado: “Pero que yo no soy un bicho raro, que yo soy normal”. Véase, además la necesidad que se ha tenido de resaltar la presencia de la primera persona, (“yo”), como reafirmación de la oposición entre esa primera persona y las otras personas; algo así como si se quisiera determinar que el único realmente normal es el que protagoniza esta historia. Y, por último, el doble valor que en castellano comporta la palabra “normal”. Su primera acepción hace referencia a aquello que se ajusta a la norma legal. Pero existe una más, acaso más utilizada en la lengua oral, que se refiere a lo más común, a lo que hace más gente, a lo más usual, tenga esto que ver o no con la norma. ¿A cuál se está refiriendo el autor, a que el protagonista se sujeta a las leyes y no las conculca, o a que él actúa como lo hace casi todo el mundo? El autor tendrá su respuesta y cada lector la suya, pero la perspectiva en la lectura cambia según se le aplique una u otra.

Esto como para abrir boca y para dar sentido o confusión al título de la novela.

En la contracubierta del libro rezan unas palabras de presentación que pueden servir tanto como las que yo aporte como aproximación certera al contenido de las casi trescientas páginas que forman el volumen. Yo me acojo a ellas y, si acaso, las gloso un poco y las interpreto según mi saber y entender. Bien veréis, por tanto, que no haréis otra cosa que perder unos minutos escuchándome, siendo así que en media página podíais haber despachado el asunto.

Leeré esas palabras: “Que soy normal puede ser perfectamente un tratado completo de filosofía intranscendente, una clase caótica de estilo literario, un ensayo mellado sobre una vida hecha, un juego entre la memoria real y la memoria inventada, un diario constrictor (como la boa aquella), un ejercicio precreativo, un drama jocoso o dos novelas cortas y un diario mal mezclado en la Turmix de casa… también puede ser nada, que ya es algo.”

Hala, como soltando bendiciones y arreglando el mundo por todas partes. Y, sin embargo, estas palabras abarcan mucho de lo que esta novela aporta y resumen muy bien los caminos por los que se debe transitar en su lectura.

La apoyatura externa desconcierta al lector menos avezado pues no hay aparente historia lineal que llevarse a los ojos ni hay héroes que venzan al destino, ni enseñanza moral clara que avive los sabores o los sepulte en agrios o amargos.

Hay un joven que recuerda sus días en Salamanca y en alguna otra ciudad estrecha y apartada, en el más simple camino biográfico; hay un enfermo que desgrana sus horas en un psiquiátrico y va dejando poso y pensamiento en un diario; y hay un claro aprendiz de novelista, El hombre Burberry´s, que ensaya un ejercicio metaliterario que viene a quedarse en solo ensayo y en fracaso.

No es difícil pensar que es el mismo personaje el que sustenta a los tres sujetos de las narraciones, y el impulso siguiente es suponer al propio autor detrás de cada uno de estos personajes. No sería lo más importante pero cada cual puede hacer el ejercicio de aproximación que quiera: no le resultará ni difícil ni equivocado seguramente.

Las tres facetas le permiten al autor formular estéticas distintas en la misma novela y, sobre todo, le facilitan la incorporación de casi cualquier material. De hecho, una buena parte de ese material ya había visto la luz en una novela inaugural de hace unos años (“El tipo de las cuatro”), y algunos de los textos de corte diarístico los conocíamos los que seguimos su blog en internet. Hay que estar preparados, por tanto, para el cambio de estilo, para el cambio de ritmo, para el cambio de propuesta formal y conceptual. No es frecuente un atrevimiento tal pero la sorpresa se somete a reacciones diferentes según el receptor que a ella se enfrente.

Es este para mí el fundamento formal más importante y novedoso de esta novela. De hecho, podemos pasar de una expresión formal y bien pautada -aunque siempre en un tono conversacional- a una expresión concisa, conceptual y reflexiva (la propia del diario), pasando por la expresión chorro y repetitiva del intento fallido de novela, muy próximo al monólogo interior. Ahí hay materia prima para saborear.

Leeré una pequeña muestra de cada uno: Estilo conversacional: Pg. 14. Estilo reflexivo, ajustado al diario: Pg. 34, 11 enero. Estilo chorro: Pg. 128-9. El comentario más detallado lo dejo para la perspicacia de cada uno de los lectores.

Pero debería dejar alguna reflexión acerca del contenido. ¿”Que yo soy normal” puede ser un tratado de filosofía intranscendente? No me importa aceptar el envite y firmar a pie de página. El personaje que moldea los tres aspectos viene a intentar demostrarnos que, a pesar de todas sus excentricidades y de toda la división y partición de su personalidad (Ya se ha señalado la existencia de al menos tres caras del personaje) los hechos de su vida obedecen a unas premisas comunes para casi todos los mortales y que él lo único que ha hecho ha sido realizarlas en otros parámetros. En su niñez y juventud, se dedicó a soñar y a dejarse llevar por los impulsos: ¿qué niño o joven no lo hace en mayor o menor medida? En otro momento de su vida intentó la creación y hasta se la planteó como método: ¿qué persona que se precie de tal no acomete en alguna medida la aventura?; en este caso, como metáfora, es el de la creación literaria y en otros muchos la del cambio de realidad personal; y en este caso resulta fallida como fallidos resultan tantos intentos en la vida.

Por fin, desde un estado de fracaso físico y mental (el manicomio), aparece la reflexión más honda, esa que aparece cuando los parámetros del tráfago de la vida han fracasado y el ser humano sensible se cuestiona los principios más generales y universales; es entonces cuando aparece formalmente el estilo epigramático del diario.

De modo que aquello que parecería un conjunto de elementos intranscendentes termina dando cobijo a un proceso vital de ecos negativos y de principios que terminan con la queja del título; algo así como el quejío del que protesta: ¡Que yo soy normal! y estos hechos que presento no son más que recuelos y posos de lo que la realidad vital me ha ido deparando.

“¿Es una clase teórica de estilo literario?” Ya se ha dejado constancia de la variedad de estilos y de las razones a las que obedece esa variedad. También se ha afirmado que esa variedad me parece uno de los principales valores de la novela. No insistiré más en ello.

“¿Y un ensayo mellado sobre una vida hecha?” Pregúntenle al autor por su edad y por el grado de autobiografismo. Y déjense llevar por la transformación de la persona en personaje, con todas las libertades literarias que conlleva tal fingimiento.

Seguramente la vida no sea más que una suma de ensayos, de intentos, casi todos fallidos. Pero, por si sirve de algo, afirmo que el mayor fracaso es precisamente no intentarlo, y que la certeza o falsedad del éxito o del fracaso dependerá siempre de los parámetros con los que sean medidos. Y a buen entendedor, pocas palabras.

“¿Y un juego entre la memoria real y la memoria inventada?” Juzguen lo que se ha dicho y no hay más que sumar.

“¿Y un diario constrictor?” Un diario, seguro. Y constrictor también pues que la vida es ancha y no cabe encerrarla en el papel. Ni falta que le hace. Menuda cárcel estrecha y encogida. Pero sirva esta obra, y tantas otras, de contraste entre la realidad multiplicada y la pobreza de la palabra que intenta aprehender la realidad.

“¿Y un ejercicio precreativo?” Claro.

“¿Y un drama jocoso con dos novelas corta y un diario?” Solo admito lo del diario, mucho menos lo de dos novelas y de ninguna manera lo de un drama jocoso. Hay mucho en el fondo de triste y de desencanto. Qué le vamos a hacer, así es la vida, aunque intentemos que la ironía nos salve.

“¿Y también puede ser nada, que ya es algo?” No, seguro que es mucho más que nada. Es la confirmación de que todo tiene unos límites mucho más modestos de lo que pensamos cuando iniciamos la vida; es la certeza de que las fuerzas y los principios nos van abandonando cuando la reflexión nos coge en ejercicio; es la evidencia de que muchas veces nos vemos avocados a expresiones vitales que nos convierten en la oveja negra del rebaño, cuando no en seres raros que nos miramos sorprendidos a la cara gritándonos sin pausa: Que yo soy normal, que yo soy normal, que yo soy normal.

Pero sabéis lo que os digo, sabes lo que te digo: que no hay nada normal, que todo es raro y único, que vivir es lo único que importa, si se vive con fuerza y con empeño. Pues llegará el fracaso, y en algún caso el éxito -que eso nunca se puede controlar y no es lo que más importa ni dura-, pero tendrá otros ojos más cercanos y podremos mirarlo sin complejos, cara a cara, como quien va a la lucha con la vida, como quien va al fracaso con la muerte.

jueves, 27 de enero de 2011

EL "JAGUAR YU" EN SUECO

EL “JAGUAR YU” EN SUECO

Es el saludo alegre de Ana Mato
“jaguar yu” si la pillan en pollera
pues no le ha dado tiempo ni siquiera
a pensar en posibles desacatos.

En el Jaguar que dicen todo el rato
que guarda su marido en la cochera
esconde los principios que exigiera
a todo el que se muestra mojigato.

No aprende de Dolores, secretaria
del PP en todas partes, con tres sueldos,
“La bien pagá” la llaman sus vicarios.

Dolores no parece solidaria,
Ana Mato no ve fácil remedio
y el PP barrerá a sus adversarios.

miércoles, 26 de enero de 2011

SONETO DE AFIRMACIÓN CELESTIAL

SONETO DE AFIRMACIÓN CELESTIAL

Dominaciones, Tronos, Querubines,
qué deliquio, Señor, cuánto tronío
si les suman su amor y poderío
Potestades, Virtudes, Serafines.

Ángeles, Principados, más afines
al ser humano, forman parecido
equipo en fuerza y semejante en brío;
los Arcángeles guardan los confines.

Es el Paraíso pura jerarquía,
estrato, condición, clase social,
ganada en la batalla día a día.

¿Cómo logrará Dios que el personal
se siente satisfecho en su butaca
disfrutando el amor, no la amenaza?