lunes, 28 de febrero de 2011

ME ASUSTA LA INTENCIÓN DE DEFINIRTE

Me asusta la intención de definirte
con las reglas de lógica aprendida
en clases de inducción y deducción:
el canon de belleza, las medidas
que exigen recias dietas, o esas modas
que ordenan la salud,
todo es orden, escala, raciocinio,
licencia para ahogar la identidad.

Cada vez que resuelvo un silogismo
en el que las premisas
definen al detalle tus medidas,
te me disuelves, como sal en agua,
como pez que se escurre y se va al mar.
Ya no eres tú con ese pelo al viento,
ni son tus desengaños a las tres,
no es tu tarde, mi tarde, nuestra tarde,
es la tarde sin más, conceptual.

Quiero sentirte cerca, conocerte,
imaginar que pesa tu presencia,
en segunda persona, singular,
comerte y saborearte hasta el delirio,
arrebatarle al árbol de la ciencia
todo el fruto sabroso que madura
sin esperar el plazo que ordenan al unísono
las reglas y las pautas de la naturaleza.

Me he roto el corazón
en lucha cuerpo a cuerpo hasta la muerte
con lo que me dictaba la razón.
No fue la paz posible, la tragedia
tuvo su sitio exacto en esa lucha eterna
en la que nunca supe
cómo hacerte más cierta y cómo hacerme
más fiel a mis deseos,
de ser más hasta siempre en mi conciencia,
buscándote en mí mismo y absorbiéndote,
con el placer de ser los dos el mar.

domingo, 27 de febrero de 2011

FE, ESPERANZA Y...

FE, ESPERANZA Y…

Necesito dar cauce a mis creencias
y no lo puedo hacer sin la esperanza,
que recuerde y oriente mi existencia,
única plenitud que en mí descansa.

Yo no puedo asentar mis ocurrencias
en un pasado lleno de bonanzas,
pues el pasado solo se recuerda
y habita en el futuro la templanza.

Indago en el misterio del presente
y busco en el amor cualquier pretexto
que aclare el porvenir de mi existencia.

Solo el amor resulta ya evidente
placer y con gran gusto le consiento
que endulce la embriaguez de mi inocencia.

viernes, 25 de febrero de 2011

HOY SE (NOS) HABLA UNAMUNO

Y qué bien se habla. Porque se habla todo para sí; y el que quiera seguirle que le siga. Merece mucho la pena. Hoy voy a dar de nuevo la voz a uno de mis autores preferidos, el provocador universal, el atrevido, el desconcertante, el vitalista, el egotista, el prestidigitador, el… MIGUEL DE UNAMUNO. Me provoca tanto, que vuelvo a sus escritos sin fin determinado, solo siguiendo el impulso más inmediato. Tal vez porque sé que puedo regañarle, entablar discusión, decir que es de los grandes, acusarle de estrafalario, sentir que a veces no es más que un niño travieso, gritarle que se asome a otros espacios, sentir cómo se le va la vida en cada palabra…

Que sea él mismo el que hable: “El amor espiritual a sí mismo, la compasión que uno cobra para consigo, podrá acaso llamarse egotismo; pero es lo más opuesto que hay al egoísmo vulgar. Porque de este amor o compasión a ti mismo, de esta intensa desesperación, porque así como antes de nacer no fuiste, así tampoco después de morir serás, pasas a compadecer, esto es, a amar a todos tus semejantes y hermanos en aparencialidad, miserables sombras que desfilan de su nada a su nada, chispas de conciencia que brillan un momento en las infinitas y eternas tinieblas. Y de los demás hombres, tus semejantes, pasando por los que más semejantes te son, por tus convivientes, vas a compadecer a todos los que viven y hasta a lo que acaso no vive pero existe. Aquella lejana estrella que brilla allí arriba durante la noche se apagará algún día y se hará polvo, y dejará de brillar y de existir. Y, como ella, el cielo todo estrellado. ¡Pobre cielo!

Y si doloroso es tener que dejar de ser un día, más doloroso sería acaso seguir siendo siempre uno mismo, y no más que uno mismo, sin poder ser a la vez otro, sin poder ser a la vez todo lo demás, sin poder serlo todo.

Si miras al universo lo más cerca y lo más dentro que puedes mirarlo, que es en ti mismo; si sientes y no ya solo contemplas las cosas todas en tu conciencia, donde todas ellas han dejado su dolorosa huella, llegarás al hondón del tedio de la existencia, al pozo de vanidad de vanidades. Y así es como llegarás a compadecerlo todo, al amor universal.

Para amarlo todo, para comprenderlo todo, humano y extrahumano, viviente y no viviente, es menester que lo sientas todo dentro de ti mismo, que lo personalices todo. Porque el amor personaliza todo cuanto ama, todo cuanto compadece. Solo compadecemos, es decir, amamos, lo que nos es semejante y en cuanto nos lo es y tanto más cuanto más se nos asemeja, y así crece nuestra compasión, y con ella nuestro amor a las cosas a medida que descubrimos las semejanzas que con nosotros tienen. O más bien es el amor mismo, que de suyo tiende a crecer, el que nos revela las semejanzas esas. Si llego a compadecer y amar a la pobre estrella que desaparecerá del cielo un día, es porque el amor, la compasión, me hace sentir en ella una conciencia, más o menos oscura, que la hace sufrir por no ser más que estrella y por tener que dejarlo de ser un día, Pues toda conciencia lo es de muerte y de dolor.

Conciencia, conscientia, es conocimiento participado, es consentimiento, y con-sentir es com-padecer.” De “El Sentimiento Trágico de la Vida”.

¿Es esto amor o es egoísmo? Qué fantástico es eso de igualar amor con compasión. También com-padecer es padecer en común. Y el padecimiento más “comunitario”, por universal, nos lleva a la conciencia universal a la que aspira Unamuno y que identifica con la idea del Dios. Por eso afirma que cada ser crea a Dios en su conciencia y en su com-padecimiento. Es ahí donde encuentra cauce para sus ansias de eternidad, de persistirse después de la muerte, de perdurarse y de superar la lucha a muerte entre la razón (aniquiladora y temporal) y el sentimiento (universalizador y aspirante a la eternidad. Es, claro, su Sentimiento Trágico de la Vida.

Este don Miguel de Unamuno y Jugo…

Que me voy al Buen Pastor. Allí la realidad física y cotidiana no sé si le da toda la razón al pensador vasco. Voy a ver.

jueves, 24 de febrero de 2011

HOY PUSE FECHA A UN CICLO EN SU PRESENCIA

Era una flor de pruno y se asomaba
dejando atrás los sueños imposibles
de las noches de invierno en que se escriben
rumores de la muerte y de la nada.

Te has mostrado a la luz, algo asustada,
te has sentido vital, reconocible
en tus pétalos blancos, que te exigen
con urgencia tenaz lucir al alba.

Hoy te he visto en el parque, en un paseo
que ya no será nunca solitario,
pues me has de acompañar en mis deseos,

en ese sentimiento que, a diario,
han de anegar tus luces, que me acercan
a otro milagro de la primavera.

Prunos, mimosas, flores del almendro,
y siempre tu ramita de romero.

miércoles, 23 de febrero de 2011

OTRA VEZ EL 23 F

Resulta casi imposible sustraerse al impulso de escribir algunas palabras acerca del trigésimo aniversario del 23F. Los medios de comunicación lo pueden todo y nos empujan hacia donde quieren.

Es fecha esta redonda para volver la vista atrás y, sobre todo, para empujar hacia adelante a todos aquellos que, por biología o por olvido, puedan dejarse en demasía y no aprender lo que significó y sigue significando aquel hecho.

Tengo la impresión de haber escrito en otras ocasiones acerca de este bodrio. Mis opiniones no han cambiado y no tengo tampoco demasiado interés en hacer mención de gente tan imbécil. Tampoco me apetece que de nuevo se escriba la Historia con trazos muy torcidos, y creo que se está haciendo así. Me parece que lo que realmente fue el intento de golpe fue trama de poca gente. Otro asunto es el análisis del contexto en el que se produjo y de los preparativos en los que uno ve manos y sospechas por todas partes y en los mismos sectores de siempre.

Hoy veía la reunión de los diputados de entonces en el Congreso y el reportaje los exaltaba como si hubieran sido héroes. Pobrecillos; salvo unos pocos, todos hicieron lo que las pistolas y el miedo les iban dictando, nada más que eso, y no fue poco. Si fueron héroes, lo fueron por obligación, y, de esa manera, conozco yo a pocos que merezcan el calificativo de héroes. Es verdad que ellos representaban la soberanía popular y que, con ellos, se secuestraba a todo el pueblo y sus libertades, pero poquita cosa que contar en el nivel particular, salvo honrosísimos casos.

Muy importante me sigue pareciendo la función que desempeñaron (cualquier imbécil diría aquí el papel que jugaron) algunos medios de comunicación -he dicho algunos-, e incluso concretaría más, algunos aparatos de comunicación.

Honra y honor casi sin límites a la Junta de Secretarios de Estado y de Subsecretarios que estuvieron al pie del cañón.

No me gustan las celebraciones desde la ampulosidad ni desde la apariencia de que casi cada uno salvó la democracia. Es ese juego tan generalizado según el cual casi cada uno de nosotros, ante una acción del pasado, se considera protagonista casi único.

Por mi parte, conservo el recuerdo de la incertidumbre, de cierto miedo, de la conciencia de la imposibilidad para hacer nada, de la espera tensa y de la distensión en el momento en el que el Rey pronunció aquel breve discurso. La noche, desde aquel momento, fue larga pero menos tensa.

¿Qué podía hacer una persona normal en un sitio escondido como el de esta ciudad estrecha? Sencillamente nada, o casi nada.

Y, por encima de todo, la certeza temprana, casi inmediata de la imbecilidad que dominaba a los asaltantes. Siniestros, crueles, payasos, analfabetos, groseros, cobardes. ¿Qué se podía esperar de semejante gentuza? Si no articulaban bien ni cuatro palabras seguidas. Pobrecillos. Salvadores de la nada, analfabetos torpes, palurdos, zotes…

Ya sé que hoy es sencillo encadenar improperios contra ellos. Lo que repito es que yo tuve esa sensación desde el primer momento, exactamente esa. Y, coño, remedaré las palabras de un viejo poema de Comendador: “Como dice mi padre, / se hacen las cosas bien / o no se hacen.” Bobos, más que bobos, necios, alelados, idiotas, memos, zopencos, tarugos, pazguatos, ignorantes, imbéciles, palurdos, obtusos, majaderos, burros, vacuos, bobalicones, zoquetes, estúpidos, babancas, simplones, mamelucos, soplapollas, bodoques, badulaques…

Este país se merecía otra cosa y no vuestros cojones desasnados, cachos de carne con pistolas.

Lo mejor es que la cosa fue tan burda, que nos dejó curados de espanto para una larga temporada.

lunes, 21 de febrero de 2011

EN UNA SOLEDAD ESTRATIGRÁFICA

Hay una piel de piedra y de palomas
que guarda entre sus poros mi memoria,
y un musgo que adormece dulcemente
el residuo ya gris de mi palabra.

No es fácil ver su cara, ni siquiera sus ecos.
Todo se va quedando
en una soledad estratigráfica
que pronto será pasto del olvido,
del reino del silencio. Los geólogos
dirán tal vez que un día
de no hace mucho tiempo
hubo pisadas y señales torpes
por las frías baldosas de los claustros
donde anduve rondando con mis dudas,
que alguna vez incluso se iniciaron
conatos de ilusión, que tal vez otras
mañanas se cubrieron de altas brumas
y rindieron sus fuerzas
a manos y caprichos de la monotonía;
acaso algún estudio
descubra otros detalles escondidos
que harán sentir pudor a mi memoria.

Hoy, final de febrero, dos mil once,
percibo en mis oídos aún los ecos
blandos de aquellos días
de no hace apenas tiempo.
Pero es solo murmullo que quisiera
volverse griterío, escándalo, clamor,
patio que se desborda
para seguir tejiendo lo hermoso de la vida.

Es el tiempo un sujeto variable
que a su antojo arruina las cosechas
y devora los frutos.
Hoy quiero solamente recordarme
-recordaros tan solo
si miráis cara a cara las paredes-
que el musgo y las palomas,
los claustros, las paredes, las columnas
también dejarán huella de vosotros
muy cerca de la mía y la de muchos
que pasaron, sintieron, convivieron,
“y en un día como tantos…”

domingo, 20 de febrero de 2011

LA PÁGINA ESTÁ EN BLANCO

He asistido esta mañana a la Junta Anual Ordinaria en el Buen Pastor. Es el primer acto “oficial” al que acudo en esta nueva etapa de colaboración, o de voluntariado o de no sé muy bien cómo llamarla. Seguro que este asunto va a condicionar mi actividad diaria bastante durante un largo período.

Tengo que reconocer que algo me asusta. No por el trabajo pero sí por lo desconocido y porque la constancia no es mi principal virtud. Por eso me apura mirar hacia el futuro y acotar nada menos que dos años. Lo demás todo encaja y estimula. Los que ya llevan tiempo dicen que engancha.

Uno se acerca al Centro y lo que ve es un conjunto de caras en positivo, dispuestas a ayudar, sin la espada pendiente ni de la legalidad ni del beneficio propio, sin mirar hacia uno mismo sino a todo lo que le rodea, sin buscar diferencias sino con el ánimo de limar desigualdades y provocar la ayuda, con el propósito, en fin, de hacer la vida un poco más agradable a un grupo de personas que no están precisamente entre aquellas que gozan de mejores condiciones de vida, ni en lo económico ni muchas veces, ay, en lo anímico.

Negarse a abrir la mano en estas condiciones no es posible, es un imperativo moral decir aquí está lo que sea porque la razón resulta apabullante, hasta tal punto que se gana para el corazón cualquier reflexión.

Es cierto que enseguida se pueden ver capacidades distintas, tiempos y agilidades diferentes, disponibilidades desiguales… Pero todo lo iguala la buena voluntad y el convencimiento personal de que no se puede dejar todo a las posibilidades individualizadas de cada ser humano. Son tan diferentes, que no hay otro remedio que empujar para intentar igualar un poco tanto desnivel.

Resulta de sumo interés analizar cuáles pueden ser los impulsos que llevan a cada uno a dejarse allí muchas horas sin ninguna recompensa económica. La reflexión, por supuesto, se puede extender a todas las actividades similares. Es un buena forma de entender por qué, a pesar de todo, el mundo sigue ahí y hasta se mueve, incluso por qué merece la pena vivirlo.

Porque no hay actividades de este tipo que se puedan mantener durante mucho tiempo sin una escala de valores que las sustenten. Tal vez cierto tipo de ideología, acaso cualquier impregnación religiosa, quizás alguna tradición familiar… Quién sabe.

Tampoco es mala cosa situar en su sitio el valor de la justicia y el de la caridad. Que no es moco de pavo darle vueltas al asunto. Aquí lo tengo un poquito más claro: solo la caridad cuando falla la justicia; es así que falla muchas veces la justicia, luego…

Las instituciones de este tipo tradicionalmente han estado ligadas directa o indirectamente a referentes eclesiásticos. También esta, que conserva como figura en la Junta al párroco de la iglesia más próxima, por más que es bien seguro que es un poco hija de todos los que habitan esta ciudad estrecha (también el alcalde forma parte de quienes la presiden). Es verdad que a la Casa acuden y prestan sus servicios en ella personas de todo tipo, pero tengo que confesar que he visto muchas caras de las de misa y cofradía, para entendernos. Algo habrá que decir ante estos datos, sobre todo a los que, como yo, no pertenecen precisamente a esos ambientes.

En fin, son tantas cosas… Espero conocer bien a la gente que entrega sus días últimos a esa vida reglada en manos de otras manos cooperantes. Hay tanto que aprender. Y tal vez que pensar. Y que escribir.

La página está en blanco y el lápiz afilado.