NADA VALE EN SÍ MISMO, SOLO CUESTA
Es esa obsolescencia, programada
por quien tiene la fuerza a su servicio,
la que nos marca el tiempo de las cosas,
sus usos, sus perfiles, sus miserias.
Nada vale en sí mismo, solo cuesta,
necesita decir adiós con prisas
cuando marca su ruina otro producto,
cuando empuja su faz otra apariencia,
cuando señala y dicta el juez supremo.
Hoy todo objeto se resuelve en rosa:
nace con la corona renovada,
reina en sus atributos por un día,
hace mutis sin orden ni agasajos,
certifica las leyes del comercio,
se pierde, se diluye, se hace nada
y vuelve a ser producto del producto,
número entre los números del ábaco,
ilusión de ilusiones, mar de olvido.
miércoles, 19 de enero de 2011
lunes, 17 de enero de 2011
COMO EN CUALQUIER ESQUINA
A la hora del mediodía me encontraba paseando por los alrededores de lo que popularmente se conoce en Salamanca como la Puerta de Zamora. Había terminado los encargos que me habían llevado a la capital y aguardaba la llegada de otras personas que habían viajado conmigo. La temperatura resultaba agradable y hasta ganas me habían dado de quitarme el abrigo: quién lo diría, mediados de enero y Salamanca. La gente bullía de un lado para otro y los coches no dejaban ni un solo espacio libre. Yo caminaba despacio y me hacía largos lentos de una acera a otra. Y pensaba en la cantidad de variables que hay que ajustar para que la convivencia nos permita sencillamente sobrevivir.
En un momento determinado me llamó la atención JM, compañero en las tareas docentes, él desde la inspección educativa. Charlamos tan solo unos momentos. Me comparaba con Unamuno paseando y pensando en lo humano y en lo divino. Lo cierto es que contemplaba y pensaba, pensaba y contemplaba. Esta vez JM lo clavaba.
La gente, como epidemia que dura todo el año -y en aquel lugar todas las horas- pasaba sin pararse, buscaba cada uno su camino y no molestaba a los que caminaban a su lado. ¿Cuántos proyectos de vida se mezclaban en tan poco espacio? ¿Cuántos roces se escondían en la apacibilidad del lugar sin que salieran de su escondrijo ni provocaran ningún altercado aparente?
Su expresión física tan diferente, su ritmo variado, su faz y sus vestidos, su soledad o su compañía, su horario y sus premisas, sus ilusiones varias, sus medidas del tiempo, sus edades, sus anclajes al mundo, su visión de la vida, su respirar con fuerzas o el dejarse llevar por el instinto, sus miradas furtivas o sus ojos al viento… La vida se paseaba en el instante y en aquel altozano que mira hacia la Plaza en una riada humana interminable.
Me dio tiempo también a mirar los lugares tan diversos, expresión bien visible de ese caos aparente en el que se mantiene la débil convivencia. Una iglesia redonda a cuya puerta mendigaba una anciana y una devota iba descargando su conciencia con una limosna, una rotonda extensa que distribuye vehículos en todas direcciones, un puesto de periódicos, estrecho escaparate de flases de la vida, algún bar con fumadores mirando a los que pasan, comercios en rebajas, en eternas rebajas, que se extinguen sin entender que el suyo es un morir a plazos y una muerte anunciada, un puesto de quinielas en el que mucha gente se duerme en el empeño irracional de salir de su estado de miseria, terapias imposibles (hoy todo sirve como prefijo de terapia, pues que todo cura si uno cree que se cura del mal de la inseguridad en el que nos movemos), anuncios de bufetes de abogados para cualquier pelea, pues todo se discute si se paga al contado la minuta, más anuncios de cierre de comercios, alguna sede abierta de instituciones públicas, las sedes de los bancos que no faltan… Y todo desde el alza de las aceras, que semejan las primeras gradas de un coso en el que corre el tiempo en cada coche, en filas ordenadas al compás del color de los semáforos…
Qué corto aquel espacio y aquel tiempo. Cuánta variable junta. Se había armado la paz en apariencia. La guerra -quién lo sabe- tal vez iba por dentro.
En un momento determinado me llamó la atención JM, compañero en las tareas docentes, él desde la inspección educativa. Charlamos tan solo unos momentos. Me comparaba con Unamuno paseando y pensando en lo humano y en lo divino. Lo cierto es que contemplaba y pensaba, pensaba y contemplaba. Esta vez JM lo clavaba.
La gente, como epidemia que dura todo el año -y en aquel lugar todas las horas- pasaba sin pararse, buscaba cada uno su camino y no molestaba a los que caminaban a su lado. ¿Cuántos proyectos de vida se mezclaban en tan poco espacio? ¿Cuántos roces se escondían en la apacibilidad del lugar sin que salieran de su escondrijo ni provocaran ningún altercado aparente?
Su expresión física tan diferente, su ritmo variado, su faz y sus vestidos, su soledad o su compañía, su horario y sus premisas, sus ilusiones varias, sus medidas del tiempo, sus edades, sus anclajes al mundo, su visión de la vida, su respirar con fuerzas o el dejarse llevar por el instinto, sus miradas furtivas o sus ojos al viento… La vida se paseaba en el instante y en aquel altozano que mira hacia la Plaza en una riada humana interminable.
Me dio tiempo también a mirar los lugares tan diversos, expresión bien visible de ese caos aparente en el que se mantiene la débil convivencia. Una iglesia redonda a cuya puerta mendigaba una anciana y una devota iba descargando su conciencia con una limosna, una rotonda extensa que distribuye vehículos en todas direcciones, un puesto de periódicos, estrecho escaparate de flases de la vida, algún bar con fumadores mirando a los que pasan, comercios en rebajas, en eternas rebajas, que se extinguen sin entender que el suyo es un morir a plazos y una muerte anunciada, un puesto de quinielas en el que mucha gente se duerme en el empeño irracional de salir de su estado de miseria, terapias imposibles (hoy todo sirve como prefijo de terapia, pues que todo cura si uno cree que se cura del mal de la inseguridad en el que nos movemos), anuncios de bufetes de abogados para cualquier pelea, pues todo se discute si se paga al contado la minuta, más anuncios de cierre de comercios, alguna sede abierta de instituciones públicas, las sedes de los bancos que no faltan… Y todo desde el alza de las aceras, que semejan las primeras gradas de un coso en el que corre el tiempo en cada coche, en filas ordenadas al compás del color de los semáforos…
Qué corto aquel espacio y aquel tiempo. Cuánta variable junta. Se había armado la paz en apariencia. La guerra -quién lo sabe- tal vez iba por dentro.
domingo, 16 de enero de 2011
QUE QUIERO CONVIVIR CON ESE OLVIDO
QUE QUIERO CONVIVIR CON ESE OLVIDO
La balada del humo por tus ojos,
transparentes y límpidos, me acerca
a una sesión fatal de sincretismo
y me regala un guiño de aventura
viajando hasta el confín del más alegre sueño.
Cada tarde observaba mi abandono
y mi muerte segura en estación confusa
como muere el olor de cualquier rosa
entre los dulces pliegues de algún cuello
que lucha y que perece
en el fragor perdido de cualquier batalla.
Hoy me ha vuelto la flor de tu sonrisa
como un río de espuma navegable,
como un canto de olas en un playa inútil, solitaria,
que rompen sin sentido contra el acantilado
o dejan sus murmullos inservibles
besando las arenas que duermen en la orilla.
Y juro que me pierdo entre tus humos
y entre la luz febril de tu sonrisa,
que no quiero buscarme ni encontrarme,
que quiero convivir con ese olvido,
que quiero que tu boca me proteja
y acepte sin preguntas mi presencia.
La balada del humo por tus ojos,
transparentes y límpidos, me acerca
a una sesión fatal de sincretismo
y me regala un guiño de aventura
viajando hasta el confín del más alegre sueño.
Cada tarde observaba mi abandono
y mi muerte segura en estación confusa
como muere el olor de cualquier rosa
entre los dulces pliegues de algún cuello
que lucha y que perece
en el fragor perdido de cualquier batalla.
Hoy me ha vuelto la flor de tu sonrisa
como un río de espuma navegable,
como un canto de olas en un playa inútil, solitaria,
que rompen sin sentido contra el acantilado
o dejan sus murmullos inservibles
besando las arenas que duermen en la orilla.
Y juro que me pierdo entre tus humos
y entre la luz febril de tu sonrisa,
que no quiero buscarme ni encontrarme,
que quiero convivir con ese olvido,
que quiero que tu boca me proteja
y acepte sin preguntas mi presencia.
sábado, 15 de enero de 2011
AUNQUE NO SE ME ENTIENDA
Mi nueva situación me permite distribuir el tiempo un poco más a mi manera. Solo un poco pues aparecen obligaciones por todas partes. O yo me las busco, que tal vez también eso sea muy cierto.
A eso del mediodía acostumbro dar un paseo por el parque municipal. Es estupendo algo tan sencillo como estirar las piernas, inundarse de sol o de viento y ojear la sociología que se mueve por ese jardín público. Ayer mismo lo hacía al amparo de ese solecito de enero que empieza a dar un poco de confianza y que abre un poco el camino de los ánimos, en espera de mejores tiempos, de días más largos y de paseos más extensos.
Alguna ocupación me llevó a la calle Mayor y, en una de sus tiendas papelería, vi expuestos los periódicos del día. Enseguida me llamó la atención uno de ellos por el titular, que, más o menos, decía así:”En las principales poblaciones de la provincia repetirán los mismos candidatos en los dos partidos principales”. Se refería a las ya próximas elecciones.
Tuve ocasión de mirar las páginas interiores en un local próximo. Se glosaba en ellas la noticia de la portada. Me interesé por lo que se decía de Béjar y leí que el PSOE presentará a Cipriano González como cabeza de lista a las próximas elecciones municipales y que el PP hará lo mismo con Alejo Riñones. Me quedé muy sorprendido. ¿Mucho? Desde la lógica, mucho; desde la realidad cotidiana, no tanto. ¿Por qué?
No tengo ni idea de cómo funcionan los mecanismos internos del PP a la hora de seleccionar a sus candidatos. De esa parte solo me importa que sean lo más democráticos y participativos posible, por lo que todos nos jugamos. Pero es que, de la parte del PSOE, me importan, además de su actuación participativa y democrática, sus ideas sociales pues yo comparto muchas variables. Vamos, que estoy más interesado si cabe en que su actividad sea más fluida y más comunicativa.
No puedo dar noticias de cómo se ha actuado en el PP, pero sí puedo dar fe de que en el PSOE no se ha contado, hasta el momento, con su militancia. Y parece lógico que, aparte minucias estatutarias, que bien pueden dormir en el cubo de la basura y que yo no conozco en la literalidad, el camino se ande en la dirección más correcta. La dirección buena indica, desde el sentido común, que debe ser la dirección de cada agrupación la que favorezca el clima de participación de todos los componentes, que sean estos, en ese clima abierto y favorable, los que elijan a sus candidatos cabecera de cartel, y que, entre todos, busquen los mejores acompañantes para sus listas. Los comités de listas provinciales o regionales solo tendrían que ratificar administrativamente lo que en las bases se haya elegido. A partir de ahí, todos a trabajar por los ideales comunes, que son los que tendrían que importar, más que las personas que los concretan y que los hacen visibles, aunque estas deberían ser siempre las mejores y las más valiosas.
Faltan muy pocos meses para las nuevas elecciones y -sigo hablando del PSOE-, a día de hoy, todo sigue en calma chicha, en stand by, en silencio o en pequeño corrillo, al menos que yo sepa. Y los periódicos ya lo dan todo por hecho. Y, repito, apenas queda tiempo para nada.
¿Qué puede hacer un grupo que no se dinamiza y que no se abre a la participación, que acumula su actividad sobre todo en la acción de gobierno, sin tener en cuenta que la vida es mucho más amplia que esa función, y que hay muchas más personas de las que se podría pedir mucho más?
No soy precisamente el mayor defensor de la prensa provincial, pero tampoco creo que todo se lo inventen. Quiero decir que, aunque anuncien como hecho lo que tal vez no esté del todo atado, seguro que el río ya ha mostrado el color de sus aguas y ha producido algún ruido como señal de que realmente lleva esas aguas por sus cauces.
No tengo ninguna información de nadie que tenga intenciones de presentarse como impulsor de ninguna candidatura en el PSOE. Y yo mucho menos, por supuesto. No hablo aquí de personas sino de métodos, de formas de actuar. Y de las consecuencias negativas que pueden acarrear, que no se adivinan precisamente muy positivas.
Tampoco me interesa condenar a nadie porque no estoy en las intenciones de ninguna persona, y para mí las intenciones son fundamentales y pueden hacer olvidar cualquier fallo. Pero es que esto se repite con demasiada frecuencia. Y no es bueno, no, no es bueno.
También sé que es frase muy manida aquella de que “los trapos sucios se lavan en casa”. Ya, y, mientras tanto, todo sigue en el mismo plano y a la misma velocidad, todo se deja a la inercia y, cuando no hay más remedio ni tiempo, se cumple con la formalidad para que todo siga lo mismo, con la fuerza de la inercia y con los mismos puntales sosteniendo el puente. Y ya de los niveles de candidaturas y de elecciones regionales ni siquiera abro el tarro de las esencias.
Me interesa la reflexión para cualquier agrupación, pero miro sobre todo a la de Béjar. Creo además que hay gente que no perdería nada con esa apertura; más bien estoy seguro de que apuntalaría su situación y su confianza en la actividad que lleva a cabo. Y, si no fuera así, tampoco pasaría nada. Que la vida es mucho más amplia y variada que todo eso.
Hoy pasearé de nuevo otro ratito por el parque de Béjar. ¿Habrá noticias frescas?
A eso del mediodía acostumbro dar un paseo por el parque municipal. Es estupendo algo tan sencillo como estirar las piernas, inundarse de sol o de viento y ojear la sociología que se mueve por ese jardín público. Ayer mismo lo hacía al amparo de ese solecito de enero que empieza a dar un poco de confianza y que abre un poco el camino de los ánimos, en espera de mejores tiempos, de días más largos y de paseos más extensos.
Alguna ocupación me llevó a la calle Mayor y, en una de sus tiendas papelería, vi expuestos los periódicos del día. Enseguida me llamó la atención uno de ellos por el titular, que, más o menos, decía así:”En las principales poblaciones de la provincia repetirán los mismos candidatos en los dos partidos principales”. Se refería a las ya próximas elecciones.
Tuve ocasión de mirar las páginas interiores en un local próximo. Se glosaba en ellas la noticia de la portada. Me interesé por lo que se decía de Béjar y leí que el PSOE presentará a Cipriano González como cabeza de lista a las próximas elecciones municipales y que el PP hará lo mismo con Alejo Riñones. Me quedé muy sorprendido. ¿Mucho? Desde la lógica, mucho; desde la realidad cotidiana, no tanto. ¿Por qué?
No tengo ni idea de cómo funcionan los mecanismos internos del PP a la hora de seleccionar a sus candidatos. De esa parte solo me importa que sean lo más democráticos y participativos posible, por lo que todos nos jugamos. Pero es que, de la parte del PSOE, me importan, además de su actuación participativa y democrática, sus ideas sociales pues yo comparto muchas variables. Vamos, que estoy más interesado si cabe en que su actividad sea más fluida y más comunicativa.
No puedo dar noticias de cómo se ha actuado en el PP, pero sí puedo dar fe de que en el PSOE no se ha contado, hasta el momento, con su militancia. Y parece lógico que, aparte minucias estatutarias, que bien pueden dormir en el cubo de la basura y que yo no conozco en la literalidad, el camino se ande en la dirección más correcta. La dirección buena indica, desde el sentido común, que debe ser la dirección de cada agrupación la que favorezca el clima de participación de todos los componentes, que sean estos, en ese clima abierto y favorable, los que elijan a sus candidatos cabecera de cartel, y que, entre todos, busquen los mejores acompañantes para sus listas. Los comités de listas provinciales o regionales solo tendrían que ratificar administrativamente lo que en las bases se haya elegido. A partir de ahí, todos a trabajar por los ideales comunes, que son los que tendrían que importar, más que las personas que los concretan y que los hacen visibles, aunque estas deberían ser siempre las mejores y las más valiosas.
Faltan muy pocos meses para las nuevas elecciones y -sigo hablando del PSOE-, a día de hoy, todo sigue en calma chicha, en stand by, en silencio o en pequeño corrillo, al menos que yo sepa. Y los periódicos ya lo dan todo por hecho. Y, repito, apenas queda tiempo para nada.
¿Qué puede hacer un grupo que no se dinamiza y que no se abre a la participación, que acumula su actividad sobre todo en la acción de gobierno, sin tener en cuenta que la vida es mucho más amplia que esa función, y que hay muchas más personas de las que se podría pedir mucho más?
No soy precisamente el mayor defensor de la prensa provincial, pero tampoco creo que todo se lo inventen. Quiero decir que, aunque anuncien como hecho lo que tal vez no esté del todo atado, seguro que el río ya ha mostrado el color de sus aguas y ha producido algún ruido como señal de que realmente lleva esas aguas por sus cauces.
No tengo ninguna información de nadie que tenga intenciones de presentarse como impulsor de ninguna candidatura en el PSOE. Y yo mucho menos, por supuesto. No hablo aquí de personas sino de métodos, de formas de actuar. Y de las consecuencias negativas que pueden acarrear, que no se adivinan precisamente muy positivas.
Tampoco me interesa condenar a nadie porque no estoy en las intenciones de ninguna persona, y para mí las intenciones son fundamentales y pueden hacer olvidar cualquier fallo. Pero es que esto se repite con demasiada frecuencia. Y no es bueno, no, no es bueno.
También sé que es frase muy manida aquella de que “los trapos sucios se lavan en casa”. Ya, y, mientras tanto, todo sigue en el mismo plano y a la misma velocidad, todo se deja a la inercia y, cuando no hay más remedio ni tiempo, se cumple con la formalidad para que todo siga lo mismo, con la fuerza de la inercia y con los mismos puntales sosteniendo el puente. Y ya de los niveles de candidaturas y de elecciones regionales ni siquiera abro el tarro de las esencias.
Me interesa la reflexión para cualquier agrupación, pero miro sobre todo a la de Béjar. Creo además que hay gente que no perdería nada con esa apertura; más bien estoy seguro de que apuntalaría su situación y su confianza en la actividad que lleva a cabo. Y, si no fuera así, tampoco pasaría nada. Que la vida es mucho más amplia y variada que todo eso.
Hoy pasearé de nuevo otro ratito por el parque de Béjar. ¿Habrá noticias frescas?
jueves, 13 de enero de 2011
SONETO PARA LA CUESTA DE ENERO
SONETO PARA LA CUESTA DE ENERO
Si tienes algún euro en el bolsillo
y sientes mal olor en la nariz,
no lo entregues ni ofrezcas sus servicios
a Rato o a la cruel Caja Madrid.
Son las Cajas el mantra y el rodillo
de una engañosa forma de vivir :
ilusionan al tonto con sencillos
propósitos para un mundo feliz.
Luego llegan los cobros de hipotecas,
los plazos, las urgencias, los embargos,
y nada se parece a lo que fue.
Coge el euro y gástatelo en cenas,
manda al difuso limbo los impagos
y tómate a los postres un café.
Si tienes algún euro en el bolsillo
y sientes mal olor en la nariz,
no lo entregues ni ofrezcas sus servicios
a Rato o a la cruel Caja Madrid.
Son las Cajas el mantra y el rodillo
de una engañosa forma de vivir :
ilusionan al tonto con sencillos
propósitos para un mundo feliz.
Luego llegan los cobros de hipotecas,
los plazos, las urgencias, los embargos,
y nada se parece a lo que fue.
Coge el euro y gástatelo en cenas,
manda al difuso limbo los impagos
y tómate a los postres un café.
miércoles, 12 de enero de 2011
SONETÍN MONORRIMO Y ASONANTE
SONETÍN MONORRIMO Y ASONANTE
Si he de acoger la luz que me da enero
y he de ocultar el frío mañanero
hasta sentir lo tibio que en febrero
me llevará a la charla y al paseo;
si cada día el sol es un lucero
que me despierta cuando menos quiero
y marzo, abril y mayo, y junio luego
me han de dar el calor, el ansia, el fuego,
¿a agosto y a septiembre qué les dejo
si no es pintar de negro mi pellejo
con los rayos ardientes de sus cielos?
Vendrán noviembre, octubre y su cortejo
anunciando a diciembre, postrimero
de un año resumido en un soneto.
Si he de acoger la luz que me da enero
y he de ocultar el frío mañanero
hasta sentir lo tibio que en febrero
me llevará a la charla y al paseo;
si cada día el sol es un lucero
que me despierta cuando menos quiero
y marzo, abril y mayo, y junio luego
me han de dar el calor, el ansia, el fuego,
¿a agosto y a septiembre qué les dejo
si no es pintar de negro mi pellejo
con los rayos ardientes de sus cielos?
Vendrán noviembre, octubre y su cortejo
anunciando a diciembre, postrimero
de un año resumido en un soneto.
martes, 11 de enero de 2011
LA FUERZA POR LA BOCA
A veces pasan cosas: sale el sol, termina la borrasca, los días ensanchan, las nubes se levantan… Y, a veces, algunas de esas cosas marcan una mella un poquito más honda en el palo donde van quedando las muescas de los días normales.
Ayer se produjo un comunicado de la banda ETA en la que hablan de un “alto el fuego permanente y de carácter general que puede ser verificado por la comunidad internacional”. Prácticamente todas las lecturas que conozco y sus interpretaciones apuntan a la insuficiencia de la propuesta y a la necesidad de no dar crédito bastante a sus palabras.
No quiero anotar mi lectura porque, en buena medida, coincide con el genérico. Me interesa un poco más observar la intensidad de esas reacciones.
No sé cuánto tiempo ha pasado desde el último comunicado en el que esa banda terrorista anunciaba también el cese de las acciones. Sí sé que era en buen tiempo, que yo estaba poniendo notas y que paré para ir a comprar unos bombones y festejarlo con quien quiso acompañarme. Tampoco todos los que por allí estaban lo hicieron con el mismo entusiasmo, ni mucho menos. Yo sí me puse muy contento. Después ha pasado todo lo que ha pasado y estamos donde estamos.
Quiero seguir creyendo, aunque lo hago a regañadientes, que todos pensamos de la misma manera respecto de esta banda, o sea, que sus métodos son de todo punto condenables y que el rechazo tiene que ser absoluto. Lo hago a regañadientes porque no tengo más que abrir páginas, sobre todo digitales, para observar que una parte de la sociedad española, sobre todo la que se cobija bajo el paraguas de la derecha (adjetivada e intensificada como se quiera), se pasa el día afirmando que el Gobierno actúa en connivencia con ETA. Esto que, si tuviera algún viso de realidad, tendría un castigo altísimo, bien para los conniventes o bien para los acusadores falsos, en este país se puede escuchar en todas las esquinas, como se oyen los golpes de las gotas de lluvia en el suelo: no pasa nada y el agüilla va calando, hasta que un día nos encontremos mojados y con catarro de verdad. Algunos hasta hacen bandera pública de ello y convocan manifestaciones, que se llenan de exaltados. De modo que aquello de a regañadientes parece que tiene alguna justificación.
Pero, si pudiéramos o pudiésemos, digo, es un decir, dar por sentado esto, tal vez sería conveniente mirar con más sosiego y con más calma, ordenar el proceso para buscar los mejores fines y tener la mirada alta para ver el horizonte, desde el que viene el sol y vienen también las tormentas.
Tengo la impresión de que ahora interesa exigir algo más que lo que interesaba hace algún tiempo. Quiero decir que ahora se proclama la desaparición de ETA a fuego lento, en pira pública, con descuartizamiento minucioso de cada uno de sus componentes, con capuchón de reo y paseo en borrico por todas las calles, con música acusadora y en festejo público.
Y así no vamos bien, no vamos bien, no vamos bien.
Corremos el peligro de caer en peores errores que los que tratamos de eliminar. El último fin de cualquier pena es el de la reintegración del condenado en la comunidad, no el del escarnio público ni el de la vejación, entre otras cosas, para no azuzar la reacción del que se siente acorralado y débil.
Nadie ha dicho que ninguno de estos reos no sea culpable de sus hechos, nadie ha actuado en contra de que se cumplan los preceptos legales, ahora mismo se sigue deteniendo a más terroristas que nunca, la ley sigue su curso y la justicia actúa cada día. ¿Qué quiere esa tropa de exaltados, una pira en la Cibeles, o simplemente el linchamiento? La historia de cada día y la otra Historia, con mayúsculas, está llena de ejemplos en los que los individuos llegan a acuerdos desde la buena voluntad y desde la cesión del más fuerte; cualquier hora de nuestra vida particular y de la vida en comunidad nos lo ilustra, con la única exigencia de estar alfabetizados y de no actuar por impulsos descontrolados.
Sé muy bien que los afectados de forma más directa necesitan comprensión y afecto. Pero sé también que en nuestras sociedades, por suerte, no son los individuos los que dictan leyes para cada uno de ellos sino que es la colectividad la que nos libra de los deseos individuales y son los jueces los que, lejos de la calentura personal, interpretan esos preceptos.
Es muy fácil enfurecer a las masas, sobre todo si con ello conseguimos mayor audiencia y mejor cuenta de resultados. Otra vez el dinero. Y otra vez los medios. Coño.
Ah, y estoy casi convencido de que todos estos vociferantes se doblegarían con más facilidad a excesos si fueran de otro tipo y les favorecieran en sus ideas.
Ayer se produjo un comunicado de la banda ETA en la que hablan de un “alto el fuego permanente y de carácter general que puede ser verificado por la comunidad internacional”. Prácticamente todas las lecturas que conozco y sus interpretaciones apuntan a la insuficiencia de la propuesta y a la necesidad de no dar crédito bastante a sus palabras.
No quiero anotar mi lectura porque, en buena medida, coincide con el genérico. Me interesa un poco más observar la intensidad de esas reacciones.
No sé cuánto tiempo ha pasado desde el último comunicado en el que esa banda terrorista anunciaba también el cese de las acciones. Sí sé que era en buen tiempo, que yo estaba poniendo notas y que paré para ir a comprar unos bombones y festejarlo con quien quiso acompañarme. Tampoco todos los que por allí estaban lo hicieron con el mismo entusiasmo, ni mucho menos. Yo sí me puse muy contento. Después ha pasado todo lo que ha pasado y estamos donde estamos.
Quiero seguir creyendo, aunque lo hago a regañadientes, que todos pensamos de la misma manera respecto de esta banda, o sea, que sus métodos son de todo punto condenables y que el rechazo tiene que ser absoluto. Lo hago a regañadientes porque no tengo más que abrir páginas, sobre todo digitales, para observar que una parte de la sociedad española, sobre todo la que se cobija bajo el paraguas de la derecha (adjetivada e intensificada como se quiera), se pasa el día afirmando que el Gobierno actúa en connivencia con ETA. Esto que, si tuviera algún viso de realidad, tendría un castigo altísimo, bien para los conniventes o bien para los acusadores falsos, en este país se puede escuchar en todas las esquinas, como se oyen los golpes de las gotas de lluvia en el suelo: no pasa nada y el agüilla va calando, hasta que un día nos encontremos mojados y con catarro de verdad. Algunos hasta hacen bandera pública de ello y convocan manifestaciones, que se llenan de exaltados. De modo que aquello de a regañadientes parece que tiene alguna justificación.
Pero, si pudiéramos o pudiésemos, digo, es un decir, dar por sentado esto, tal vez sería conveniente mirar con más sosiego y con más calma, ordenar el proceso para buscar los mejores fines y tener la mirada alta para ver el horizonte, desde el que viene el sol y vienen también las tormentas.
Tengo la impresión de que ahora interesa exigir algo más que lo que interesaba hace algún tiempo. Quiero decir que ahora se proclama la desaparición de ETA a fuego lento, en pira pública, con descuartizamiento minucioso de cada uno de sus componentes, con capuchón de reo y paseo en borrico por todas las calles, con música acusadora y en festejo público.
Y así no vamos bien, no vamos bien, no vamos bien.
Corremos el peligro de caer en peores errores que los que tratamos de eliminar. El último fin de cualquier pena es el de la reintegración del condenado en la comunidad, no el del escarnio público ni el de la vejación, entre otras cosas, para no azuzar la reacción del que se siente acorralado y débil.
Nadie ha dicho que ninguno de estos reos no sea culpable de sus hechos, nadie ha actuado en contra de que se cumplan los preceptos legales, ahora mismo se sigue deteniendo a más terroristas que nunca, la ley sigue su curso y la justicia actúa cada día. ¿Qué quiere esa tropa de exaltados, una pira en la Cibeles, o simplemente el linchamiento? La historia de cada día y la otra Historia, con mayúsculas, está llena de ejemplos en los que los individuos llegan a acuerdos desde la buena voluntad y desde la cesión del más fuerte; cualquier hora de nuestra vida particular y de la vida en comunidad nos lo ilustra, con la única exigencia de estar alfabetizados y de no actuar por impulsos descontrolados.
Sé muy bien que los afectados de forma más directa necesitan comprensión y afecto. Pero sé también que en nuestras sociedades, por suerte, no son los individuos los que dictan leyes para cada uno de ellos sino que es la colectividad la que nos libra de los deseos individuales y son los jueces los que, lejos de la calentura personal, interpretan esos preceptos.
Es muy fácil enfurecer a las masas, sobre todo si con ello conseguimos mayor audiencia y mejor cuenta de resultados. Otra vez el dinero. Y otra vez los medios. Coño.
Ah, y estoy casi convencido de que todos estos vociferantes se doblegarían con más facilidad a excesos si fueran de otro tipo y les favorecieran en sus ideas.
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