lunes, 15 de noviembre de 2010

ROBÉ PARA QUEDARME EN LO ROBADO

ROBÉ PARA QUEDARME EN LO ROBADO

He dejado mis huellas en tu cuerpo,
surcando lentamente
todos tus altos montes y tus valles,
y en ese arar premioso he descubierto
paisajes luminosos y bosques de tiniebla.

Llegar hasta ti misma con mi tacto,
desplegar mi mirada sorprendida,
oler carne abrasada y oír cómo salmodian
las húmedas cavernas de tu boca,
gustar todo lo hermoso y dolorido
que desprende la fe de tu presencia.

Qué lenta posesión, qué escandalosa
pasión por lo creado en ese instante.
Fui ladrón de un tesoro inexistente
antes de que le diera vida
mi suave posesión, mi alta tenencia.

Robé para quedarme en lo robado,
para hacer territorio de lo que no era mío,
para alzar de la nada un reino nuevo,
más alto y deleitoso:
fue tanta la pasión que puse en el dominio
que brotó agua muy fresca
y luz agradecida y fervorosa,
y tomó solidez un territorio
en exacta unidad con lo robado.

Fue mi guerra total, mi acción sublime,
la obra en que un dios menor
ganó supremacía sobre los otros dioses.

domingo, 14 de noviembre de 2010

SOPLOS QUE VAN DE PASO

SOPLOS QUE VAN DE PASO

Me enfrento cada día
al triste refrigerio
de destruir la fe que me consuela
desde unos salvavidas descosidos.

Con cada lento paso que enfrenta mi razón
en el sendero angosto de la vida,
un soplo va de paso y se despide,
una nube despeja el cielo herido
y un rayo se descuelga
dando cuerpo a los hitos del camino.

Hay altares que ruedan por el suelo
y míticas palomas que dejan en silencio sus zureos,
hay guardianes del culto que se quedan dormidos
y hay bosques que se encienden, se roturan,
se dejan transitar y hollar sin prisas,
sin miedos que silencien sus sendas escondidas.

Cuando llega la noche y el silencio
me habita, como me habita el aire en el collado
o el mar cuando me siento a contemplar sus olas,
imagino los bosques de ese día,
mis huellas y mis dudas,
la sensación de haber comido poco,
y siento hambre de bosques más tupidos,
de luces y de sombras, de los prados
que siguen a la orilla del camino,
con luces rotas, con senderos varios,
con grutas, con espasmos, con figuras
que persiguen mi sombra y mi destino.

sábado, 13 de noviembre de 2010

TRES MELLAS EN EL DÍA

El día iba de cansino y slowly, please. Esta mañana paseé por la umbría que lleva desde la Malena hasta Montemayor del Río, por un sendero con dosel continuo y hojas cobrizas que se van apagando sin remedio. De hecho, los álamos que hacen guardia en las riberas del río se están quedando desnudos. Los chopos ya enseñan, impúdicos, sus ramas al aire y al cielo. Delicioso, como casi siempre, el paseo por estos pagos bejaranos.


El telediario me trajo la noticia del fallecimiento de Luis García Berlanga. Este sí que era un genio. Me molestan los fetiches y las admiraciones exageradas pues todo en la vida tiene sus límites y conviene mantenerlos para no desbarrar. Pero yo, en cine -quién lo diría- tengo algún fetiche. Por supuesto, nada que ver -Dios me libre de semejante sandez- con el cine americano. Uno de esos pocos fetiches es la película “Bienvenido, Mister Marshall”. No sé cuántas veces la he visto ni podría sumar las horas de risa, de tristeza y de reflexión que en mí ha generado. Y no es el único fetiche que tiene que ver con Berlanga pues “La vaquilla” me seduce tanto como esta. En fin, el tiempo pasa y se lo lleva todo, como el otoño se lleva las hojas y deja los paseos y los campos a la intemperie. Descanse en paz.


El sillón negro de mi comedor me acoge cada tarde, pero no siempre el mismo tiempo. Hoy andaba cariñoso, o acaso andaba yo dejándome querer, el caso es que me repantigué en él y allí me las dieron todas. Por suerte, encontré en una cadena perdida la proyección de “El pisito”. Pintiparado. Homenaje al genio de Berlanga. Era lo menos que podía hacer. Conversaciones cruzadas, pasadas fantásticas y medidas de figurantes, dominio de los espacios, crítica despiadada pero con un humor, a veces negro, que la hace soportable… Mil cosas. Parecía una película del mejor neorrealismo italiano. Magnífica obra de arte.

La tarde se me torció sin moverme de la silla. Me gustan los deportes, y, especialmente, el baloncesto. Se televisaba el partido Joventud – Real Madrid. Me asenté otro rato más. Bastante desequilibrio a favor del equipo de Madrid. Poca tensión. Los locutores me alegraron el rato. Dejé pasar los minutos, pero, en cierto momento, cogí un papel y un bolígrafo y anoté lo siguiente:

a)*”Hay que tener en cuenta de que…” Y me dije: A este señor le quitarán un poco del dinero que le iban a dar hoy por no saber hablar. Pero seguí.

b)*”El equipo viene de ganar en Valladolid.” Y no vi a nadie que viniera de ningún sitio. Me levanté por si acaso mi vista no alcanzaba y seguí sin ver venir a nadie. ¿Pero cómo va a venir el equipo si está jugando? ¿Es que no les dan ni un momento de respiro ni de descanso?

c)*”Los ratios.” Volví a mirar por si acaso se trataba de ratones o algo parecido y seguí sin ver absolutamente nada. Tengo que suponer que se refería el susodicho a LAS ratios. Naturalmente, el artista controla escasamente el origen y el significado de la palabra.

d)Varias veces “El equipo gana de…” Lo cierto es que había desigualdad, pero no observé que un equipo ganara con la gorra, ni de rodillas, ni de cabeza, ni de…

e)“Fijaros.” Esto de mandar con el infinitivo anda tan extendido que no sé si existe ya remedio para su curación.

f)Vacilaciones constantes. Por ejemplo: “…ese…ese…ese…” He escrito constantes, no esporádicas. Ni *esporánicas.

g)*”Esto es importante para el devenir futuro del partido.“ Y aquí ya me quedé sin resuello. Esto de descubrir que hay un “devenir futuro” a mí, que ando todos los días a cuestas con el asunto del tiempo, me deja ya el campo limpio y despejado. Qué descubrimiento.

h)*”Han pasado un lapsus complicado.” Y yo me quedé perplejo. ¿Qué será eso de pasar un lapsus?

i)*”Si el Real Madrid negocia sus opciones.” Primero pensé en si negociaría con sus acciones, pero aquello no me encajaba. Enseguida entendí por qué no soy negociante de nada. Luego recordé que los ciclistas también *negocian las curvas. Y seguí sin entender casi nada.

Y, en fin, me negué a seguir apuntando y gastando tinta de mi bolígrafo.

Para que no queden dudas, daré el nombre del bienhablante: Manel Comas.

A estas alturas de la vida, más que nunca, sigo afirmando que cualquier lengua es, antes que nada, un instrumento de comunicación. Pero no cuidarla y no hacerla relativamente homogénea es perderse en el barullo y en el caos. Los modelos son los que son. Y esta gente influye mucho en el uso. Mucho más que un nutrido grupo de especialistas enseñando durante mucho tiempo. Y se llevan una pasta gansa para su casita. No me escandalizo, pero sí constato lo que constato. Es todo.

viernes, 12 de noviembre de 2010

ESOS CLAROS DOMINIOS

ESOS CLAROS DOMINIOS

Admiro hasta el dominio de la estupefacción
a todos los que viven atados a una clara
conquista declarada de toda la verdad:
todo en ellos es reino de certeza,
todo tiene su ritmo y todo tiene el sitio
que en designios divinos le conviene
según las leyes últimas que nadie contradice
y que todos adoran sin ninguna objeción:

La rosa nace y crece en el buen tiempo,
el grajo vuela bajo en el mal tiempo
y el búho abre sus ojos para mirar la noche
porque es su mejor forma de cumplir con la ley.

Y eso es todo.
Todo está en sus medidas, nada ofende
los últimos designios de la verdad oscura.

El ser humano ve lo que sucede,
pero no mira nunca, si no es hacia otra parte,
por no sembrar la duda en el camino;
al fin, ¿por qué llenarse
de lodo el pensamiento
o dolerse con ruidos
de extrañas melodías?

Y es que la duda ofende
en esas claridades infinitas,
que no son, ay, las mías,
pues yo vivo en la duda permanente,
en la inquietud hiriente de la incertidumbre,
en los filos extraños de la noche y el día,
en la zozobra y el aturdimiento,
en el reino febril de las preguntas
y en el gastado atril de la interrogación
que me deja varado en las arenas
de las puertas del templo de la felicidad.

jueves, 11 de noviembre de 2010

UNA DIOSA TRIFÁSICA

UNA DIOSA TRIFÁSICA

Si dibujar el tiempo en unos ojos
es asunto geométrico y pensamiento lúbrico
de aquel que determina esa mirada
en busca de la esencia en la belleza;

si esos ojos devuelven la figura
de un ser inteligente, emocionado,
dudoso entre la luz y pasajero siempre
del tren de la verdad que nunca llega;

o si acaso devuelve otra figura
cargada de inocencia y de ternura,
que mira y oye y alza
su vista y se descubre revestida
de ingenuidad honrada y de pureza;

o si tal vez emerge en las pupilas
un cuerpo que resbala entre las manos,
lubricado en amor y en movimientos
que desnudan las manos de impurezas,

¿con cuál de estas figuras he de ahormar
mi corazón vencido a la belleza?,
¿cómo he de caminar entre las sendas
del frágil despertar de la inocencia,
o de la inteligencia que se asoma
para quedarse tiempo en la ventana?,
¿deberé sonreír ante la diosa
que lubrica mis sueños cuando dejo
mi corazón al viento y sin fronteras?

Hoy me quedo perdido en la belleza
de una diosa trifásica y hermosa,
con su inocencia dulce y temblorosa,
con su hermosura impúdica,
con su razón cuajada para siempre.

Si hubiera una comida con tres platos,
qué placer, qué sosiego, qué descanso.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

DE LA NORMA Y LO NORMAL: "QUE YO SOY NORMAL"

Me llega como nuevo regalo de la factoría Comendador el libro “Que yo soy normal”, del propio Luis Felipe.

Nunca había sabido tanto de un libro antes de leerlo y eso que (para mi desgracia, y lo siento demasiado) nadie me había dado ni siquiera una simple pista de lo que se cocía. Cosas de la vida.

Lo he leído de un tirón y casi sin pausa. Hay muchas razones que lo justifican pero seguramente no será la menor la del interés que ha suscitado en mí.

Yo no sé definir este libro, ni encuadrarlo en ningún género ni siquiera resumirlo, ni ofrecer una impresión globalizadora del mismo. Tal vez ni falta que hace.

Desde un pretexto teórico -un loco en un manicomio-, el autor se siente legitimado para embaular en estas páginas todo lo que su mente le pedía. El pretexto es estupendo pues disculpa cualquier exceso, difumina cualquier comportamiento y desdibuja todo léxico y situación embarazosa. Es el viejo truco de distinción entre persona, autor y protagonista. ¿Cuánto hay de cada uno de los tres en estas casi trescientas páginas? Tampoco importa tanto delimitarlo. Lo importante es entender que, bajo el paraguas del protagonista literario, el autor puede vaciarse y puede vaciar la propia persona en elementos, reales en ocasiones, e irreales y siempre acomodados al mundo literario en todos los momentos.

¿Qué es, pues este libro? ¿Es una novela? ¿Es un libro de memorias noveladas? ¿Es una novela autobiográfica? ¿Es un pastiche en el que cabe cualquier queso en porciones? Las palabras de la contracubierta son reveladoras y yo las asumo y las rubrico: “Que yo soy normal” puede ser perfectamente un tratado completo de filosofía intranscendente, una clase caótica de estilo literario, un ensayo mellado sobre una vida hecha, un juego entre la memoria real y la memoria inventada, un diario constrictor, un ejercicio precreativo, un drama jocoso o dos novelas cortas y un diario mal mezclados en la Túrmix de casa… también puede ser nada, que ya es algo.”

Tengo la sensación de que es casi todo esto e incluso más. Y eso no es que sea algo, es que es mucho, tal vez demasiado. El único apelativo que yo le negaría acaso sería precisamente el de novela, pues no cumple los requisitos que el género prescribe. Ni falta que hace.

Mi impresión es la de que el autor ha aprovechado los materiales ya existentes para realizar un compendio de expresión formal y significativo en el que lo fundamental termina siendo la libertad de expresión y la provocación significativa desde los elementos diarísticos.

La organización de elementos de recuerdo de los tiempos juveniles, apenas disimulados, pero agrandados y desenjaulados en la plaza pública con escasos reparos, la repetición del texto del famoso “Hombre de las cuatro” y los flases del diario más elaborados forman las tres patas en las que se sostiene a duras penas la unidad de este conjunto tan dispar y tan autónomo. De hecho, cada parte se puede leer por separado y hasta, creo que se puede asegurar, está concebida por separado. Solo la figura del loco configura un hilo de Ariadna que nos ayuda a seguir en el extraño laberinto.

Tengo que confesar que a mí lo que más me interesa es la parte del diario. En ese campo el autor creo que se mueve a la altura de los mejores y aun vuela más alto.

Cada consideración me suscita mil preguntas y me deja en el asombro. Muchísimas de sus anotaciones son poemas acabados y que pueden figurar en página autónoma de cualquier poemario. Por ejemplo este en el que me tomo la molestia de cortar en versos: “Soy el sordo de la esquina, / el que busca sin prisa el “sub hoc túmulo…” / que lo resuma y teste, / el delator sin lengua, / el sastre de palabras mal cosidas, / el tartamudo… / soy el marqués sin frac ni sobretodo, / la nube que no acierta a llover cuando es preciso, / el patán indolente con zapatos, / el gorrión dañino / (no soy el siervo de Dios, que Dios me libre) … / soy cuanto quise ser (pero aún no todo), / soy boca arriba a veces, / soy la imposible hazaña que imaginé de chico, / soy el que inclina y alza, / el que pretende y vota… (…)”Pg. 50.

Ya digo que de cada uno de estos fogonazos puedo extraer llama para calentarme un rato.

Las otras dos partes son ensayos y juegos literarios. No sé muy bien por qué el autor incluye toda la parte de “El tipo de las cuatro”, que ya nos había dejado hace años y de forma autónoma. Responde, en todo caso a un ejercicio casi desternillante de metaliteratura, de práctica real de lo que puede ser la concepción de una obra larga, de lo que puede pasar por la cabeza a un escritor cuando se enfrenta a la creación y no lo hace en aventura suelta, a ver lo que sale. Como se puede observar, no siempre el intento resulta positivo y el juego viene a demostrar que la planificación es buena pero que la obsesión y la cuadrícula pueden ofrecernos un remedio peor que la enfermedad que queremos curar. Para mí que el autor llegó a quedar convencido para los restos -¿no lo habría estado desde siempre?- de que conviene vencer la balanza por el lado de la libertad y de la inmediatez antes que por el de la planificación. ¿Cómo se le puede pedir, entonces, el desarrollo pausado de un proceso? De momento se ha movido en el plano corto y ha renegado de los desarrollos minuciosos. Es como si se sintiera indefenso y pobre ante cualquier cosa que no considere esencial. Es característica fundamental de toda su obra y ahora no iba a ser menos.

Por eso esta mezcolanza rara que consigue atarse en obra unitaria muy a duras penas, pero que gana en frescura, en inmediatez y en esencialidad. Casi cada línea se puede y se debe leer por separado y tiene autonomía para andar de frente por la vida.

La norma -creo que ya lo he escrito varias veces- contiene dos acepciones muy distintas. Una tiene que ver con lo que más se repite, lo que hace casi todo el mundo, con lo más frecuente. La otra hace referencia a lo que se ajusta a la norma, a la ley, al precepto, a la convención reglada. Hay acciones que se ajustan a la norma legal, que son normales, pero que no son práctica común entre la gente. Se producen otras que son frecuentes entre las persona pero que no siempre se ajustan a lo que está reglado.

Sospecho que el autor piensa un poco más en aquella acepción de lo frecuente cuando se declara en el título como gente normal (“Que yo soy normal”), como otro individuo más entre el gentío, como alguien que lo único que tiene de especial es que se desborda y deja desatados los complejos para manifestarse con franqueza en medio de la norma y de la prohibición. El título es una reivindicación a favor del loco de sus páginas.

Hay mucho que decir sobre ese asunto y no sé si estaría en todo de acuerdo. Por ejemplo, no estoy seguro de que sea lo mejor que cualquier potencialidad que posea el ser humano tenga que ser desarrollada. Tampoco estoy seguro de que el sexo sea elemento casi único en el caminar de cualquier persona. Ni de que el ser humano pueda caminar desde la individualidad exclusivamente. Ni…

Pero es que yo sí que no soy normal. Porque me veo tipo raro entre los raros, porque me resultan casi todas las cosas incoherentes, porque me noto extraño en las aceras, porque mi escala de valores no encaja por las plazas. Por demasiadas cosas. Pero esto es otro asunto que deriva del libro pero que no es el libro.

No conozco otros libros de tan clara miscelánea que me sugieran tanto, que recojan como de aluvión tanto pensamiento ni tanto experimento. Quizás no había otra forma de concentrar objetos tan diversos. Yo me alegro por haber asistido -aunque tan tarde, ay- a esta prueba. Hay que leerlo y disfrutar leyéndolo. Y después releerlo para ponerle pegas y discutir con él de tantas cosas.

lunes, 8 de noviembre de 2010

OTRA VEZ DE BOTELLÓN

Estuve con mi nieta pasando el día en Ávila y me libré de la epidemia televisiva de todo el fin de semana, la visita del Papa.

Treinta y dos horas de estancia, gastos a gogó, tropecientas mil personas siguiendo su huella, su loor y su olor (muchas menos de las que esperaban), cumplimentos de todo tipo, pierdeculos con tal de andar cerca de una foto con el ilustre, declaraciones que suenan a la Edad Media, o sea, como siempre, restos de idas y de venidas, de preparativos y de recogidas, desalojos y controles y signos elevados a la enésima potencia.

Tengo la impresión (no tengo datos y no lo puedo demostrar, pero aspiro al sentido común) de que casi toda la fiesta está montada desde la propia organización y desde los medios de comunicación, pero no se puede ni se debe desestimar el gentío que arrastra este líder. Las diócesis se vacían, las parroquias se gastan el ahorro del año y muchos fieles se dejan la piel con tal de acudir a la llamada de los intermediarios eclesiásticos. Y todo desde el mismito día en que es nombrado de aquella manera guía de los creyentes porque el día anterior no importa nada.

A mí lo que seguramente me llame más la atención sea el clima emocional que se crea con cualquier visita de este tipo. Me cuesta mucho entenderlo, tal vez porque no sepa analizarlo bien. Hay mil variables que me convocan a apuntar sensaciones, pero me quedo con esta porque, después de todos los disparates, me parece la más espectacular.

La melopea y el ambiente de humos y de ruidos vienen preparados, con mucho tiempo, desde las parroquias y desde las diócesis. Nunca estas concentraciones son espontáneas y la mejor prueba es que llegan de casi todos los lugares del mundo y que las circunscripciones compiten por arrimar más fieles que los vecinos. Al final son casi siempre los mismos. El ambiente de fiesta, por tanto, está muy bien preparado desde mucho tiempo antes, con el ensalzamiento del Papa como figura espectacular y semidivina.

Cuando las preparaciones se concretan en los actos, las predisposiciones no pueden ser más favorables, las patatas crecen entonces en cualquier peñasco. Y empiezan a producirse sucesos y anécdotas que se convierten en categoría y hasta en apariencias de milagro. De ese modo, una mirada del Papa conmociona, un paso cercano deja impregnado de alabanza todo el recinto, encontrarse a una distancia corta de él se convierte en una gracia sobrenatural, verle mover un dedo implica enseguida la interpretación de no se sabe qué santa voluntad… Y, si se tiene la suerte de que a un fiel le dé la mano, ese ser, agradecido, no se lavará hasta que no le obliguen los vecinos.

Tal parece el ambiente que, como ya he dicho en alguna ocasión, se prepara un ambiente de botellón místico en el que bien se podría ya concretar el juicio final y ser elevados todos a los altares de la borrachera y de la adoración eterna. No sé a cuántos bendecirá el Espíritu Santo con nuevos fieles engendrados en sus familias para el reino de Dios. Que lo estudien los sociólogos, como estudiaron los efectos de los apagones de Nueva York.

Desde un punto de vista racional, me resulta tan difícil darle ajuste a tanto desajuste, buscarle explicación a lo que, si la tiene, la tiene en otros parámetros, pero estos son los de la deshumanización, los de la degradación y los de la negación de uno mismo. Me gustaría poder sentir alguna borrachera como esas, algún atrevimiento como los que veo en ellos, pero no logro ver más que a un coordinador de prácticas que no siempre me parecen precisamente las de mejor ejemplo.

Pero miro a otras partes y no veo nada demasiado diferente. Hay forofos del fútbol que organizan su vida en pos de sus equipos y que se pillan cada curda emocional y física cuando su equipo gana que no los veo sino en otro botellón místico continuado, como los de este fin de semana. Y qué puedo decir de los fans de no sé qué cantantes que se tiran los días y las noches al raso con tal de conseguir un puesto cercano al divo en los conciertos y están dispuestos a entregar lo que haga falta por un gesto cualquiera. No tengo que bajar demasiado el diapasón de la exigencia para comprobar que hay seguidores de líderes políticos que dicen siempre amén a lo que diga el superior en el organigrama. Se me llenan las manos de ejemplos en la vida en los que el ser humano pierde el oremus por símbolos idiotas.

Será irremediable tal vez la existencia de referentes y de líderes para casi todos nosotros. Pero ¿tiene que ser a cualquier precio y sin ningún resquicio para que la razón opine y se haga fuerte?

Qué botellón, Dios mío, qué botellón, qué droga esta tan dura y no poder domarla ni encauzarla.