Se acaba de producir en este país un cambio de Gobierno que ha venido como a variar el paso de la marcha diaria, como a echar a la calle a una nueva tropilla de majorettes a las que todo el mundo mira desde la puerta de sus casas y de sus lugares de trabajo. Cuando esto se produce, poco importa todo lo demás que se cuece en las aceras de la rúa ni en los corrillos del ágora, pues todo el mundo vuelve la vista y se olvida de sus quehaceres y de que el puchero sigue puesto a la lumbre.
Sigo pensando que, aunque la importancia del tipo de bueyes que tire del carro sea importante, sigue siendo más importante el tipo de cargamento que lleve el carro dentro de sí. Para el caso, sigue preocupándome más la ideología que sostenga a las personas del Gobierno que sus caritas y que sus gestos. Y no estoy muy seguro de que haya cambiado nada al respecto. ¿Dónde están las declaraciones o las proclamas? ¿Qué principios se ha dicho que quedan derogados o que se van a incluir en la nueva actividad? Nada de nada. Todo se nos va en nombres y en caras, en valores personales y en currículos, en designaciones a dedo y en confianzas, en corralitos y en focos de poder. Es todo un poco deprimente.
Vuelvo a proclamar que, hasta que no logremos ver por encima de todo un cuadro bien articulado de ideas y de propósitos -es decir, una ideología- y no tengamos la seguridad de que su puesta en práctica es obra de muchos y no de unos pocos, y de que, incluso para los puestos del Consejo de Ministros, existen reservas abundantes y posibilidades variadas, y que los que están lo hacen de manera accidental y nunca deberían sacar pecho, no habremos adelantado prácticamente nada.
Porque personalizar tiene como parte inevitable, entre otras cosas, enfrentar a entrantes con salientes y establecer una especie de pelea -agrandada hasta el espectáculo deplorable por los medios de comunicación- que no conduce más que a malos modos, a peores caras y a desgarros irrecuperables. Esta es la pasta y la carne para los medios de comunicación, con ello logran el morbo y la publicidad, con ello se sufragan y con ello engordan su cuenta de beneficios. Y a ello se somete todo el mundo, la derecha y la izquierda, en forma de felicitaciones, de celebraciones y de sacapechos. Y de olvidos, y de olvidos: los que se van son pasto de las llamas y del olvido desde el mismito día siguiente.
A mí me deja todo un poso agridulce y como de carnaval continuado.
Pero como todo es cuestión de grados y a mí no es fácil pillarme en los dogmas ni en los conceptos absolutos, no quiero tampoco pensar que las caras que habitan las ideas son las mismas ni potencian los conceptos de la misma forma. Hay, en este sentido, dos nombres que me complacen y de los que espero mucho. Son Rubalcaba y Ramón Jáuregui. Se trata de dos veteranos bien bregados y con las ideas bastante claras, con experiencias en conversaciones, en gestiones múltiples y con unas ideas sociales bastante visibles.
Es verdad que hay una parte visible de relación y enfrentamiento verbal directo entre los representantes de los partidos. En este sentido, el PSOE ganará mucho con Rubalcaba, orador fino y muy inteligente. La visión primera del ciudadano cambiará un poco y es que, por desgracia, esta primera impresión es casi la única que vale. Jáuregui es un hombre templado pero también con ideas claras y con una trabazón lógica que me complace.
Hay otras caras que acceden a puestos ministeriales a muy temprana edad ante las que estoy muy expectante y en las que no confío demasiado. Corren el peligro de fiarlo todo a las lealtades personales y al entusiasmo desbordado en detrimento de la serenidad y de la sensatez. Veremos qué pasa.
El resto de claves: sucesorias, de generaciones, de repartos de poder y de todas las demás gaitas, me traen sin cuidado.
Hay que volver a analizar el sistema en el que andamos embarcados. Y afrontar sus cambios con serenidad pero también con energía. Eso sí que es más importante que unas caras de más o de menos. Entre otras cosas porque cualquier cara se va degradando con la repetición y con el paso de los días.
En fin, que en ello andamos, con el tranco a destiempo, como siempre, con un paso para adelante y otro pasito para atrás, bailando al son que marcan los mercados y nuestra flojera mental continuada.
Menos mal que Sara me llama Abu por el móvil, me reconoce y se alegra, y hasta la oigo lloroncita porque no me ve físicamente al lado de la voz de su teléfono. Esta sí que es un fenómeno y va a repetir como cabecera de cartel en todas las legislaturas.
jueves, 21 de octubre de 2010
miércoles, 20 de octubre de 2010
DE TIEMPOS Y DE CASOS
DE TIEMPOS Y DE CASOS
¿Qué sería de mí sin tu presencia,
sin saber declinar a cualquier hora
la segunda persona del pronombre?
¿Qué sería de mí?
Porque yo fui plural en todo tiempo
y fui nominativo y tiempo aoristo
en la arboleda alegre de cristal
de casos y de modos.
Y siempre te vi a ti cumpliendo con tu tiempo,
acusativo siempre,
complemento perfecto y necesario,
y gerundio en activo y ejerciendo
de repetido eco en el silencio.
¿Qué sería de mí, sin tu presencia?
¿Qué sería de mí?
Siento a veces la ruina de los casos,
la reducción de tiempos
y el silencio profundo de los ecos,
me miro y no me encuentro combinado
con la flexión acorde de las preposiciones,
con el paso difuso de los tiempos,
camino indefinido
de una conjugación que pierde sus flexivos
y se reduce a la noción oscura del concepto.
No me dejes perdido por el tiempo,
regálame tus casos de alegre complemento,
hazme declinación, plural, palabra al viento.
¿Qué está siendo de mí sin tu presencia?
¿Qué está siendo?
¿Qué sería de mí sin tu presencia,
sin saber declinar a cualquier hora
la segunda persona del pronombre?
¿Qué sería de mí?
Porque yo fui plural en todo tiempo
y fui nominativo y tiempo aoristo
en la arboleda alegre de cristal
de casos y de modos.
Y siempre te vi a ti cumpliendo con tu tiempo,
acusativo siempre,
complemento perfecto y necesario,
y gerundio en activo y ejerciendo
de repetido eco en el silencio.
¿Qué sería de mí, sin tu presencia?
¿Qué sería de mí?
Siento a veces la ruina de los casos,
la reducción de tiempos
y el silencio profundo de los ecos,
me miro y no me encuentro combinado
con la flexión acorde de las preposiciones,
con el paso difuso de los tiempos,
camino indefinido
de una conjugación que pierde sus flexivos
y se reduce a la noción oscura del concepto.
No me dejes perdido por el tiempo,
regálame tus casos de alegre complemento,
hazme declinación, plural, palabra al viento.
¿Qué está siendo de mí sin tu presencia?
¿Qué está siendo?
martes, 19 de octubre de 2010
ENERGÍAS RENOVABLES
Sigue dando la impresión de que casi todos los esfuerzos se nos marchan en el río de los números y de las cuentas de resultados, la fuerza se conjunta y tira de la cuerda siempre en el mismo sentido, las noticias acumulan espacios para darnos datos acerca de si los números del trabajo van bien o menos bien y todo se concentra en ese foco.
Es radicalmente falsa y encogida esta visión tan débil de la vida. Resumir casi todo en estos parámetros y esperar la recogida de la cosecha solo sembrando en estos surcos vine a resultar un esfuerzo equivocado e inútil. A pesar del empeño machacón de tantos medios para los que la única realidad parece esa.
Negar un puesto delantero a la necesidad de cubrir las necesidades nutritivas sería de imbéciles e inhumanos, pero gastar todas las energías en ello también desnaturaliza y atonta. Y, por si fuera poco, la realidad no se compadece con esa idea.
El dirigente social que se empeñe en silenciar las demás potencialidades del ser humano corre el peligro de moverse siempre en el populismo y en la demagogia de diario, pero le faltará siempre consistencia y duración y no pasará a la Historia como un buen dirigente sino como un apagafuegos que andaba de guardia.
A pesar de los medios de comunicación, hay numerosas ideas y actos en la vida que concitan más atención y que tienen más poder de expansión y de transformación que el simple dinero. Solo hay que extender la vista para comprobarlo.
Pensemos, por ejemplo, en la alegría o en el dolor y en la fuerza que concitan. Un nacimiento, una boda, un cumpleaños, un éxito personal o deportivo, la muerte, la enfermedad, una desgracia colectiva, los mineros en Chile o el rapto de una persona por un grupo terrorista… ¿No conforman estos y otros datos similares realmente nuestra vida diaria?
La vida humana ha alcanzado un grado de desarrollo que no se encauza solo con los números ni con las cifras sino también con los sentimientos y con las sinergias que los mismos provocan y convocan. De hecho, la consolidación positiva de los números solo sirve como base para que todo el caudal de sentimientos se pueda expresar de una forma o de otra.
Repasar las manifestaciones colectivas más numerosas nos dará el dato de que con el dolor o con la alegría es con lo que más energía se acumula y más empatía se produce. Tal vez más con el dolor que con la alegría.
¿Hacia dónde apuntaría la humanidad si el dolor se encauzara positivamente como fuente de energía y como llama de solidaridad?
Habrá que repetirlo una vez más: no todas aquellas cosas que no son cuentas son cuentos. Ni mucho menos. Hay mucha más energía que esa de las cuentas, del gas y del carbón. Y con una fuerza humana formidable. Necesitamos mentes que la sepan encauzar para que se produzca la fusión y los núcleos exploten positivamente. Esa sí que sería una buena revolución y una excelente cuenta de resultados.
Además, esa energía es tan barata por abundante…
Es radicalmente falsa y encogida esta visión tan débil de la vida. Resumir casi todo en estos parámetros y esperar la recogida de la cosecha solo sembrando en estos surcos vine a resultar un esfuerzo equivocado e inútil. A pesar del empeño machacón de tantos medios para los que la única realidad parece esa.
Negar un puesto delantero a la necesidad de cubrir las necesidades nutritivas sería de imbéciles e inhumanos, pero gastar todas las energías en ello también desnaturaliza y atonta. Y, por si fuera poco, la realidad no se compadece con esa idea.
El dirigente social que se empeñe en silenciar las demás potencialidades del ser humano corre el peligro de moverse siempre en el populismo y en la demagogia de diario, pero le faltará siempre consistencia y duración y no pasará a la Historia como un buen dirigente sino como un apagafuegos que andaba de guardia.
A pesar de los medios de comunicación, hay numerosas ideas y actos en la vida que concitan más atención y que tienen más poder de expansión y de transformación que el simple dinero. Solo hay que extender la vista para comprobarlo.
Pensemos, por ejemplo, en la alegría o en el dolor y en la fuerza que concitan. Un nacimiento, una boda, un cumpleaños, un éxito personal o deportivo, la muerte, la enfermedad, una desgracia colectiva, los mineros en Chile o el rapto de una persona por un grupo terrorista… ¿No conforman estos y otros datos similares realmente nuestra vida diaria?
La vida humana ha alcanzado un grado de desarrollo que no se encauza solo con los números ni con las cifras sino también con los sentimientos y con las sinergias que los mismos provocan y convocan. De hecho, la consolidación positiva de los números solo sirve como base para que todo el caudal de sentimientos se pueda expresar de una forma o de otra.
Repasar las manifestaciones colectivas más numerosas nos dará el dato de que con el dolor o con la alegría es con lo que más energía se acumula y más empatía se produce. Tal vez más con el dolor que con la alegría.
¿Hacia dónde apuntaría la humanidad si el dolor se encauzara positivamente como fuente de energía y como llama de solidaridad?
Habrá que repetirlo una vez más: no todas aquellas cosas que no son cuentas son cuentos. Ni mucho menos. Hay mucha más energía que esa de las cuentas, del gas y del carbón. Y con una fuerza humana formidable. Necesitamos mentes que la sepan encauzar para que se produzca la fusión y los núcleos exploten positivamente. Esa sí que sería una buena revolución y una excelente cuenta de resultados.
Además, esa energía es tan barata por abundante…
domingo, 17 de octubre de 2010
ME PREPOSICIONO
ME PREPOSICIONO
A la hora del agua de la fuente, a la luz imprecisa de la aurora, a la sombra licuada de un castaño.
Ante tus ojos limpios, ante la madre tierra que nos mira, ante la voz hermosa del silencio.
Bajo el sentir sediento de tu vientre, bajo el sol que nos mima y nos abrasa.
Cabe la fuente aquella que manaba oro puro, cabe el sofá y rodando por el suelo.
Contigo y con tu nombre, con el olor extremo de tu vientre , con tu voz hecha eco.
Contra todos los contrarios, contra nada ni nadie, contra todas las contras existentes.
De tus pechos de fuego, de tu boca de fresa, de tus labios en busca de mis labios.
Desde el primer momento, desde el final del tiempo, desde el momento íntimo.
En el seno del átomo, en la interior bodega, en tu mirada clara y transparente.
Entre edificio y árbol, entre grito y palabra, entre grito y susurro, entre especia y aroma, entre acidez y dulce sabor a zarzamora.
Hacia tu limitado territorio, hacia el bosque cerrado, hacia el fondo del río que no tiene retorno.
Hasta caer rendido y sin aliento, hasta tu propio nombre y tus pronombres, hasta el delirio.
Para seguir viviendo sin sentido, para la gloria ya sin aguardarla, para violar la vida.
Por el placer sin causa, por el eco encendido y hecho brasa, por si acaso el olvido.
Según me lo enseñaste el otro día, según los mandamientos del pecado, según nosotros mismos.
Sin ecos ni sonidos no acordados, sin un solo sentir condicionado, sin leyes ni castigos.
So aquel banco de piedra que dibujaste un día, so la luna de miel de cualquier noche.
Sobre la faz del mundo en el olvido, sobre un muro de hiedra envejecido, sobre tu cuerpo entero.
Tras ninguna enramada, tras la sombra celosa de la noche, tras la luz envidiosa de la eterna mañana.
Durante todo el tiempo que guarde la memoria, durante el mes que no tiene finales, durante el eco inútil de la vida.
Mediante la tormenta desatada, mediante un huracán enfurecido, mediante otro big-bang emocionado.
A la hora del agua de la fuente, a la luz imprecisa de la aurora, a la sombra licuada de un castaño.
Ante tus ojos limpios, ante la madre tierra que nos mira, ante la voz hermosa del silencio.
Bajo el sentir sediento de tu vientre, bajo el sol que nos mima y nos abrasa.
Cabe la fuente aquella que manaba oro puro, cabe el sofá y rodando por el suelo.
Contigo y con tu nombre, con el olor extremo de tu vientre , con tu voz hecha eco.
Contra todos los contrarios, contra nada ni nadie, contra todas las contras existentes.
De tus pechos de fuego, de tu boca de fresa, de tus labios en busca de mis labios.
Desde el primer momento, desde el final del tiempo, desde el momento íntimo.
En el seno del átomo, en la interior bodega, en tu mirada clara y transparente.
Entre edificio y árbol, entre grito y palabra, entre grito y susurro, entre especia y aroma, entre acidez y dulce sabor a zarzamora.
Hacia tu limitado territorio, hacia el bosque cerrado, hacia el fondo del río que no tiene retorno.
Hasta caer rendido y sin aliento, hasta tu propio nombre y tus pronombres, hasta el delirio.
Para seguir viviendo sin sentido, para la gloria ya sin aguardarla, para violar la vida.
Por el placer sin causa, por el eco encendido y hecho brasa, por si acaso el olvido.
Según me lo enseñaste el otro día, según los mandamientos del pecado, según nosotros mismos.
Sin ecos ni sonidos no acordados, sin un solo sentir condicionado, sin leyes ni castigos.
So aquel banco de piedra que dibujaste un día, so la luna de miel de cualquier noche.
Sobre la faz del mundo en el olvido, sobre un muro de hiedra envejecido, sobre tu cuerpo entero.
Tras ninguna enramada, tras la sombra celosa de la noche, tras la luz envidiosa de la eterna mañana.
Durante todo el tiempo que guarde la memoria, durante el mes que no tiene finales, durante el eco inútil de la vida.
Mediante la tormenta desatada, mediante un huracán enfurecido, mediante otro big-bang emocionado.
sábado, 16 de octubre de 2010
PERO NO HUBO ENEMIGO
PERO NO HUBO ENEMIGO
Viniste con las fuerzas declaradas,
como buscando el fin de una batalla
con botín y despojos, con las flores
de un jardín despojado de noviembre.
Anhelabas un fornido adversario,
con flancos ardorosos, guarnecidos
con los arduos honores de la pasión guerrera,
al que aplastar sin tregua
y exhibir a la historia como botín sabroso de pelea.
Pero no hubo enemigo
que opusiera una seria resistencia,
que planteara batalla y anhelara
firmar paces absurdas.
No me duele la herida de la guerra,
desconozco los brillos de las armas,
solo quiero querer y ser querido.
Viniste con las fuerzas declaradas,
como buscando el fin de una batalla
con botín y despojos, con las flores
de un jardín despojado de noviembre.
Anhelabas un fornido adversario,
con flancos ardorosos, guarnecidos
con los arduos honores de la pasión guerrera,
al que aplastar sin tregua
y exhibir a la historia como botín sabroso de pelea.
Pero no hubo enemigo
que opusiera una seria resistencia,
que planteara batalla y anhelara
firmar paces absurdas.
No me duele la herida de la guerra,
desconozco los brillos de las armas,
solo quiero querer y ser querido.
viernes, 15 de octubre de 2010
LOS MINEROS DE LA PROVIDENCIA
Parece que ha terminado con éxito total el rescate de los 33 mineros sepultados en una mina de Chile. Dicen que unos mil millones de personas pueden haber seguido en directo el rescate. Todo un acontecimiento mediático. De nuevo lo que los medios magnifican y lanzan al espacio es lo que existe, lo que condiciona la actividad, lo que mueve las conciencias, lo que crea opinión, lo que conduce a las comunidades. Como para no tener recelo con eso de los medios…
El asunto ya parece que está dando para un millón de posibilidades: entrevistas, películas, ofrecimientos de todo tipo… Medios y más medios otra vez. Qué asquito.
Me llama la atención un hecho en todo este follón. Se trata del asunto religioso. He visto salir a los mineros con un peto en el que había inscripciones religiosas, los representantes de las iglesias allí implantadas quieren adjudicarse la paternidad de la intermediación ante el Dios correspondiente, en este caso el cristiano, las primeras manifestaciones de los rescatados también apuntan en este sentido, las de los familiares y autoridades durante estos dos largos meses otro tanto…
Me gustaría mirar todo este asunto con serenidad y sin reduccionismos pero también con los espasmos que me proporciona la razón al observar cómo el ser humano -tal vez cualquiera- se refugia en ideas religiosas en cuanto se halla desasido de las fuerzas que más visiblemente lo atan a la vida y a la naturaleza.
Esto de dejarlo todo a la actividad providencialista provoca demasiadas dudas; y, sin embargo, es lo que se ha producido aquí y se produce en tantas ocasiones, también cerca de nosotros.
¿Qué puedo yo reprochar de la actitud de unos seres que se encuentran indefensos y con escasas posibilidades de solucionar sus dificultades perentorias desde los criterios de la razón y de la ciencia? Seguramente nada. Al fin y al cabo, la razón es también tan limitada…
Pero asusta dialogar del asunto sin esas necesidades inmediatas y fuera de lo acuciante de cada caso.
Desde ese pender de un hilo providencialista, los favorecidos se llenarán de gracias y promesas por haber sido elegidos en esa salvación, y quedarán marcados en forma de novenas, procesiones y cofradías para el resto de sus días. Pero qué visión tan pobre entonces. ¿Qué estarán pensando, desde esa misma visión, las familias de todos aquellos que quedaron sepultados en la mina en tantas otras ocasiones? ¿Acaso en esos no pensó Dios? ¿Qué tenían estos que no tuvieran aquellos? Si se apela a aquello tan difuso de que los designios de Dios son infinitos y al hágase tu voluntad, no habría ni que entristecerse ni que alegrarse en ningún caso pues todo estaría bien o mal siempre, lejos de nuestras opiniones. Las posibilidades humanas se habrían empequeñecido hasta deshumanizarse y quedarse en un sí señor y un mande usted. Vaya un pan que habríamos hecho.
Y, si nos permitiéramos indagar sobre las causas de por qué en unos casos la solución es positiva y en otras negativa, ¿no descubriríamos a un Dios jugando con nosotros como al ratón y al gato, como tirando una moneda al aire o dejándose ver según la dirección en la que sople el viento? En ese caso, el que quedaría degradado hasta lo insoportable sería precisamente ese Dios en el que tanto confían los más providencialistas, pues se trataría de un ser caprichoso, veleta, inconsistente, arbitrario y perdonavidas. Esto no es serio.
¿No sería mejor que pensáramos serenamente en las causas racionales que han derivado en la situación minera en Chile y en tantos otros lugares, en que toda esta operación ha sido un alegre triunfo de la técnica y del esfuerzo humano, y en aplicar las medidas racionales para que, en la medida de lo posible, no se vuelvan a producir?
Que los mineros se exalten lo que quieran, que cosan sus emociones a lo que mejor les consuele, que los demás no se aprovechen de las debilidades humanas con patrones deshumanizadores y de interpretación tan encogida.
Y otra vez la mirada a lo más próximo, porque, aunque no sea en minas, el esquema es el mismo muy cerca de nosotros en casi todo lo que nos ocurre.
El asunto ya parece que está dando para un millón de posibilidades: entrevistas, películas, ofrecimientos de todo tipo… Medios y más medios otra vez. Qué asquito.
Me llama la atención un hecho en todo este follón. Se trata del asunto religioso. He visto salir a los mineros con un peto en el que había inscripciones religiosas, los representantes de las iglesias allí implantadas quieren adjudicarse la paternidad de la intermediación ante el Dios correspondiente, en este caso el cristiano, las primeras manifestaciones de los rescatados también apuntan en este sentido, las de los familiares y autoridades durante estos dos largos meses otro tanto…
Me gustaría mirar todo este asunto con serenidad y sin reduccionismos pero también con los espasmos que me proporciona la razón al observar cómo el ser humano -tal vez cualquiera- se refugia en ideas religiosas en cuanto se halla desasido de las fuerzas que más visiblemente lo atan a la vida y a la naturaleza.
Esto de dejarlo todo a la actividad providencialista provoca demasiadas dudas; y, sin embargo, es lo que se ha producido aquí y se produce en tantas ocasiones, también cerca de nosotros.
¿Qué puedo yo reprochar de la actitud de unos seres que se encuentran indefensos y con escasas posibilidades de solucionar sus dificultades perentorias desde los criterios de la razón y de la ciencia? Seguramente nada. Al fin y al cabo, la razón es también tan limitada…
Pero asusta dialogar del asunto sin esas necesidades inmediatas y fuera de lo acuciante de cada caso.
Desde ese pender de un hilo providencialista, los favorecidos se llenarán de gracias y promesas por haber sido elegidos en esa salvación, y quedarán marcados en forma de novenas, procesiones y cofradías para el resto de sus días. Pero qué visión tan pobre entonces. ¿Qué estarán pensando, desde esa misma visión, las familias de todos aquellos que quedaron sepultados en la mina en tantas otras ocasiones? ¿Acaso en esos no pensó Dios? ¿Qué tenían estos que no tuvieran aquellos? Si se apela a aquello tan difuso de que los designios de Dios son infinitos y al hágase tu voluntad, no habría ni que entristecerse ni que alegrarse en ningún caso pues todo estaría bien o mal siempre, lejos de nuestras opiniones. Las posibilidades humanas se habrían empequeñecido hasta deshumanizarse y quedarse en un sí señor y un mande usted. Vaya un pan que habríamos hecho.
Y, si nos permitiéramos indagar sobre las causas de por qué en unos casos la solución es positiva y en otras negativa, ¿no descubriríamos a un Dios jugando con nosotros como al ratón y al gato, como tirando una moneda al aire o dejándose ver según la dirección en la que sople el viento? En ese caso, el que quedaría degradado hasta lo insoportable sería precisamente ese Dios en el que tanto confían los más providencialistas, pues se trataría de un ser caprichoso, veleta, inconsistente, arbitrario y perdonavidas. Esto no es serio.
¿No sería mejor que pensáramos serenamente en las causas racionales que han derivado en la situación minera en Chile y en tantos otros lugares, en que toda esta operación ha sido un alegre triunfo de la técnica y del esfuerzo humano, y en aplicar las medidas racionales para que, en la medida de lo posible, no se vuelvan a producir?
Que los mineros se exalten lo que quieran, que cosan sus emociones a lo que mejor les consuele, que los demás no se aprovechen de las debilidades humanas con patrones deshumanizadores y de interpretación tan encogida.
Y otra vez la mirada a lo más próximo, porque, aunque no sea en minas, el esquema es el mismo muy cerca de nosotros en casi todo lo que nos ocurre.
jueves, 14 de octubre de 2010
EL DOLOR ENVEJECE CON EL TIEMPO
EL DOLOR ENVEJECE CON EL TIEMPO
La tarde, el color gris, las herramientas
ajadas del orín y de las lluvias, unas pinzas
que ya no agarran bien por las solapas,
la mirada posada en esos libros
´que me enseñó el secreto de la melancolía´,
los apuntes que aguardan
pasar de esbozo a traza de poema…
Y un sentimiento lánguido
de que todo fue inútil, desmesura,
desajuste incubado
en las más negras fosas de la ciudad prohibida.
El dolor envejece con el tiempo,
se hace testigo inútil del paso de la vida,
somete a cuarentena
a cualquier atildado y viejo esquema
de lógica y razón.
Si mantienes atenta la mirada
y haces frente a la tarde,
verás cómo envejece y se desploma
cómo se va la fuerza de otras horas,
cómo se va el dolor entre la niebla.
La tarde, el color gris, las herramientas
ajadas del orín y de las lluvias, unas pinzas
que ya no agarran bien por las solapas,
la mirada posada en esos libros
´que me enseñó el secreto de la melancolía´,
los apuntes que aguardan
pasar de esbozo a traza de poema…
Y un sentimiento lánguido
de que todo fue inútil, desmesura,
desajuste incubado
en las más negras fosas de la ciudad prohibida.
El dolor envejece con el tiempo,
se hace testigo inútil del paso de la vida,
somete a cuarentena
a cualquier atildado y viejo esquema
de lógica y razón.
Si mantienes atenta la mirada
y haces frente a la tarde,
verás cómo envejece y se desploma
cómo se va la fuerza de otras horas,
cómo se va el dolor entre la niebla.
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