miércoles, 13 de octubre de 2010

PROGRAMA PARA HOY, MIÉRCOLES

Asomarme a la tristeza y descubrir que no hay nadie.

No comprobar que hay nubes en la sierra donde ayer solo era el sol y la luz era toda.

Sospechar al menos que existen otros mundos diferentes a los que sintetizan los telediarios.

Seguir llamando imbécil a todo el famoseo de chichinabo y no cejar en el empeño.

Seguir soñando que por una semana era director general de televisión, que el primer día eliminaba algún programa y despedía a todos los operarios, que al día siguiente me denunciaban en magistratura, que el juez señalaba los despidos improcedentes, que yo me reía en sus narices, pagaba los despidos y no dejaba a los empleados de esos programas ni ir a recoger sus pertenencias, que me destituían a los pocos días del cargo por chulo y por sectario, y que yo me iba tan ancho y tan contento.

Continuar soñando con Bach y sus sonatas mientras contemplo el sol tras la ventana.

Tratar de hacer creíble, desde mi convencimiento, a los alumnos de la UNED que esto del sistema lingüístico y de la palabra es algo formidable.

Dar palique al inglés en un intento extraño de hacerme fuerte en él.

Seguir en el empeño de mi expresión binaria: querer y ser querido.

Leer sin tanto empeño ese texto famoso que interpreta los sueños: no encuentro todo el monte desbrozado.

Dejar correr el tiempo y aguardar el placer de un nuevo día.

martes, 12 de octubre de 2010

Y DIOS SE PUSO AZUL





Otra vez fue la luz, Dios que se puso azul, o acaso fue el color que se hizo Dios.

Si me repito tanto dando gritos al aire y diciendo que hay días de naturaleza infinita, es porque en verdad existen, se dejan ver con todos sus ropajes y me dejan prendido en sus paisajes.

Béjar se está vistiendo de otoño a marchas forzadas. Después del fuerte calor mantenido de los meses de verano, las primeras lluvias han hecho desplomarse los colores y salir de su armario con sus mejores pintas. ¡Cómo será esta sierra dentro de quince días! ¡Y en el mes de noviembre!

Hoy he vuelto a los senderos que me han llevado desde mi casa por las alturas de El castañar, Llano Alto, la Presa de Navamuño, Puente Nueva, la antigua Presa de la Abeja, el Canalizo, las riberas del río, los castañares y los senderos que me han devuelto a la Corredera.

Y todo ha sido luz y han sido colores. Ya los grises de otoño se han instalado, intrusos, en el medio de las laderas. Pronto lo ganarán todo y será todo otoño. Cada clase de árbol irá dejando cuenta de su ciclo de vida, rindiendo sus tributos a la tierra. Hoy era un día de otoño bejarano, de luz diáfana, de destellos en las hojas de los árboles, de rayos de sol estrellándose en toda la fragancia de los montes. Por Dios que, si hay Paraíso, no puede ser muy diferente a esto.

Hacía mucho tiempo que no pateaba la ruta de El Canalizo, el charco referencia de otros tiempos para la población de Béjar, el remanso de agua donde hace algunos años descubrí la última sirena que me dejó varado el nervio ciático. Allí las aguas siguen frías y cristalinas, diciendo mansamente sus pesares, desafiando los pies del caminante que quisiera de nuevo sumergirse en sus fondos. El prado de las meriendas anda desconsolado, sin apenas recuerdos de tanta gente dentro: ahora casi nadie se acerca a descansar sobre su hierba. Y las peñas, ah, las peñas, dispuestas todas ellas, a la orilla del agua, para asentar los cuerpos y descansar las almas, o acaso para dejar que fluyan corriente abajo, desbocados y libres, camino de ninguna parte y de ninguna ley.

Y encima, siempre el sol, contra la sombra, jugando al escondite con los árboles.

Muy lejos, en las calles de asfalto, dicen que algunos hombres hacían demostraciones con no sé cuántas armas. ¿Qué querrán esas gentes? ¿Qué marcas van mostrando? ¿Quién los mira y se admira de tanta fuerza bruta? Por Dios, que no molesten.

Ahí quedan unas fotos de Manolo que dan buen testimonio.

lunes, 11 de octubre de 2010

¿DICTA...QUÉ?

Corea del Norte, un país empobrecido y con hambrunas, ha celebrado una ostentosa fiesta del Partido del Trabajo, único existente desde hace sesenta y cinco años. Seguramente la desgraciada historia de este territorio explique en buena medida lo que allí está ocurriendo, pero de ninguna manera lo justifica.

Me interesa el hecho por dos razones sobre todo. La primera es la de los sufrimientos de tantos millones de personas en nombre, para más inri, de la justicia. La segunda, que es la que ahora me ocupa, es la del hecho como símbolo que se repite en todas las dictaduras que en el mundo han sido. En todas las dictaduras nace, crece, se desarrolla y NO MUERE un culto a la personalidad que quita cualquier base ideológica al proceso y termina convirtiéndolas en infiernos para los habitantes que las sufren.

Los ejemplos son casi infinitos: los hermanos Fidel en Cuba, nuestro generalísimo y su nieta, Stalin y sus acólitos, las sagas latinoamericanas y africanas y, en el fondo, todas las monarquías habidas y por haber y desde que la historia es historia.

¿Por qué ese culto a la personalidad? ¿Por qué esa sinrazón y esa locura? En las dictaduras de derechas, uno quiere pensar que, en el origen, ha venido un salvador que, a golpe de espadón o bayoneta, ha librado de no sé qué peligros a una colectividad. Desde entonces se convierte en un dios menor, o mayor, y todo se hincha y se pervierte, a favor, claro, de ese imbécil salvador. Como un remedo de religión monoteísta.

Pero ¿cómo se explica esto en las dictaduras de izquierda, si teóricamente los dictadores llegan para arrebatar poder y repartirlo entre los miembros de la comunidad? ¿Por qué esas teorías sociales de reparto terminan concentrando los poderes, los cultos y hasta los arrumacos en la persona del vértice? De ahí a convertirse en sátrapa y en casi divinidad no hay más que un paso. Sospecho que son peores siempre los acólitos que el sumo sacerdote, porque, al fin y al cabo, estos son muchos, más fácilmente suplantables y tienen que defender exclusivamente sus intereses personales, pues la Historia se va a ocupar poco de ellos individualmente. Pero sigo sin entender cómo esto se cumple sin excepción. Los nefastos resultados son bien conocidos.

Me parece que precisamente el culto a la personalidad es una de las razones que han destruido cualquier posibilidad de renovación y cualquier atisbo de ejemplo y de eficacia en tantas dictaduras como han sido y siguen siendo.

Como el hecho parece suceder muy lejos de nosotros, nuestra piel se vuelve dura e insensible. Al fin y al cabo, “Según la ley de Newton, / que relaciona masas y distancias, / casi todas las guerras se producen / muy lejos de nosotros.”

Pero esto es simplemente una ilusión y una filfa. ¿Qué es, racionalmente, una monarquía sino una “dictablanda”? No genera también un culto imbécil a la personalidad y el ensalzamiento de cualquier acción, por nimia que sea, que proceda de sus titulares?

Y aún mucho más miedo me produce la dictadura encubierta que se produce en el seno de los partidos con el culto a la personalidad en la figura de los líderes. Con el carnaval de la unidad y de la eficacia, cualquier gesto del líder de turno se convierte en una orden inferida y en un acatamiento sin reflexión, y cualquier discrepancia en un grito discordante e inoportuno para los intereses de una idea que acaso nadie sabe muy bien qué es. Después se sorprenden de que, en cuanto se produce cualquier escape (elecciones primarias por ejemplo), la balsa se rompe y estalla contra el sátrapa de turno. Otra “dictablanda” más. Y que nos afecta a todos directamente.

Y no quiero seguir bajando el diapasón para no descubrir demasiado las carnes y dejar el cuerpo al aire, que ya va haciendo frío. Cada uno sabrá a qué me puedo referir.

Me asusta ver que tanta fuerza se ponga al mando irresponsable de un Kim Jong no sé cuántos. También me asusta que tantas voluntades (¿o serán más bien intereses personales -eso en mi pueblo se llama egoísmo-¿) se transformen en abulia o tal vez en silencio cobarde. Hay por ahí demasiados tipos de dictaduras.

Vamos a dejarlo ahí, sin meneallo.

domingo, 10 de octubre de 2010

EL ARTE ESTÁ EN LA FORMA

Tuve ayer la ocasión de asistir a dos presentaciones. La primera daba testimonio, en forma de libro, de la vida de Pedro Mirón García, asesinado en los primeros días de la guerra incivil. Hablaré de la obra otro día. La segunda se produjo por la tarde y mostró la obra de Juan Carlos Martínez Peña, artista plástico y escritor ocasional. Me sorprendió muy gratamente la muestra que vi de su escultura, hecha desde materiales pobres y frágiles, que forman parte de la vida pero también del arte cuando se manipulan con manos creadoras. Su familia había preparado la presentación con mimo, seguramente con Mayca a la cabeza. Gracias por todo. Volveré a visitarla una tarde de estas con más calma, pero ya he tenido tiempo de revisar su pintura, su escultura, sus collages y sus escritos a mano y también en soportes pobres e inmediatos.

Pensando en esa concepción del arte pobre y pop, desde los materiales de la estructura comercial cotidiana que se reúnen con nuevos bríos en una nueva obra artística, dejo este pie de foto en forma de poema. Vale, Juan Carlos.

PRINCIPIO SIN PRINCIPIO

Abandonar las calles principales
en los días centrales de la fiesta
y volver a pisarlas cuando el calor degrada
los restos y despojos de la orgía.

Hay colillas y latas por el suelo,
preservativos limpios y suspiros
dormidos. Las fachadas
muestran débiles trazos de pinturas
que ensucian sin pudor las grises balconadas.

Y quedarse mirando esos productos,
para la vida inútiles, y añejos
para el maldito esquema productivo,
desecho, sobra, escoria, desperdicio
y último eslabón de la cadena.

Y alzarlos a la vida con experiencia propia,
dispuestos nuevamente para el pan,
para un nuevo camino, para el auge
de lo que fue otro día pluma y oro
y hoy vuelve a renacer pobre y transido,
hermano de la vida, compañero
de un cuadro duradero y peregrino,
principio sin principio de todos los principios.

sábado, 9 de octubre de 2010

PREMIO NACIONAL DE NARRATIVA

Sí, sí, yo también sé que el premio nobel de literatura de este año ha recaído en el peruano-español Mario Vargas Llosa. ¿Cómo no lo voy a saber? Y es también verdad que he leído muchas de sus obras con deleite y que lo considero un novelista mayor. Pero ya está, que tiene muchos palmeros y yo no soy capaz de separar al escritor de la persona. Bueno, pues eso.

Sí quiero dejar dos palabras acerca del premio nacional de narrativa, que ha ido para la obra “Anatomía de un instante”, de Javier Cercas. No sé por qué tengo incluso conciencia de haber dicho algo de ella cuando la leí.

Por si acaso, quiero dejar aquí estas palabras de admiración para esta obra, mitad crónica, mitad novela, que dibuja, para mí como ninguna otra, lo sucedido en España aquel desgraciado 23-F. Concentra la atención en tres personajes: el rey, Carrillo y Adolfo Suárez, tres héroes, o antihéroes, que, como dice el propio autor, venían en retirada desde posiciones bien distintas y que fueron capaces de urdir la trama de la incipiente y joven democracia española.

Carrillo venía nada menos que del eurocomunismo, el rey de la designación del dictador y Adolfo Suárez de los principios del Movimiento. Casi nada, si encima los juntamos a los tres y los situamos en el epicentro del intento del golpe de Estado de aquellos patanes con tricornio.

Yo leí la novela con fruición, me pareció muy por encima de lo que se ve casi siempre en las páginas de otras obras. El título de la novela recoge en cuatro palabras lo que realmente es cualquier obra literaria -si es poesía aún más-: conseguir alargar un instante hasta convertirlo en una vida nueva, con sus tiempos, con sus personajes y con sus espacios individualizados.

Javier Cercas no anda cerca del premio Nobel pero ha dejado ya obras dignas de todo elogio. Por si sirve de algo, la recomiendo para estas tardes del otoño, cerca de los cristales y viendo llover.

Hoy mismo voy a asistir a la presentación de dos libros (uno es texto y obra escultórica) en Béjar. Qué bueno que en esta ciudad estrecha se produzcan estos hechos. No son ni Vargas Llosa ni Javier Cercas pero tendrán otros valores. Los tópicos nos siguen haciendo vivir admirados de lo que tampoco es el séptimo cielo, mientras que dejamos correr en la calle de la indiferencia lo que tenemos a nuestro lado. Pero así son las cosas.

viernes, 8 de octubre de 2010

LA FAZ DE LA APARIENCIA

LA FAZ DE LA APARIENCIA

Dicen que la crueldad y la ternura
tienen las mismas fuentes, se alimentan
en los mismos pezones de una diosa menor.

Es la crueldad un árbol gigantesco,
un lobo que acredita en sus aullidos
recuerdos alterados del amor.

Es la ternura espino que adormece
en sus lechosas hojas los pesares
de otros tiempos de menos luz diáfana.

El lobo y el espino: la apariencia,
el don de la ebriedad, el desenfreno,
la luz y el pedernal, la incontinencia.

jueves, 7 de octubre de 2010

DE CIUDADANO A CONSUMIDOR

En este camarote de barco que se hunde, parece que cada cual se mueve empujando al de al lado y procura su propia salvación no como ejercicio necesario en momento de zozobra sino como si fuera lo más lógico del mundo y el paradigma de la convivencia.

Hasta hace poco ¿poco?, uno tenía la sensación de que los límites entre lo que se llamaba izquierda y derecha eran bien visibles y cada cual sabía a qué lado de la verja se situaba. Hoy hay mucha gente empeñada en desprestigiar ese muro y en tachar de anticuados, cuando no de lunáticos, a los que quieren o queremos seguir manteniendo esa terminología, o al menos seguimos entendiendo que existen diferencias meridanas entre una concepción y otra de la vida.

¿Qué es ser de izquierdas en estos momentos? ¿Existe en realidad eso de la izquierda y la derecha? Por supuesto que existe y deberíamos tener cierto cuidado a la hora de jugar con estas y con las demás palabras, pues jugar negativamente con ellas a lo único que conduce es al desprestigio interesado de las realidades a las que apuntan.

Da la impresión de que se ha abierto la puerta a demasiadas concesiones por parte de los que tradicionalmente se consideraban de izquierda y se empiezan a admitir prácticas que mal encajan con una ideología progresista: impuestos, consumo, ecología, ética ciudadana, privatizaciones…

En los días que corren, el mercado es el ser supremo que todo lo regula. Por eso, la persona ha pasado de ser un ciudadano a ser un consumidor; todo está sometido al derecho de ser consumidor. Y, por si fuera poco, los mercados han convertido ese derecho en una obligación a través de la publicidad y de las cuentas de resultados. Los medios de comunicación han supeditado, de la misma forma, la información y la verdad a esa cuota de mercado que le asegure la cuenta de resultados. Ay los medios… Esta forma desaforada de consumir nos lleva sencillamente al absurdo, a la superoferta de productos (rebajas aparentes durante todo el año y explotación de empleados), a la lucha continua del ser humano contra sus semejantes, a la contradicción infinita entre la invitación al consumo y el fariseísmo de las recomendaciones para una vida y unas costumbres más sanas y sostenidas, y a los desajustes que provocan crisis como la que vive el mundo ahora mismo, dominado sin fisuras por estas formas de entender la vida. ¿Habrá que recordar otra vez que el dinero no es más que un símbolo sin valor real y que, por si fuera esto poco, en los últimos años se estaba operando (especulando) con un volumen cien veces superior al del dinero circulante? ¿Hace falta ser economista, o siquiera alfabetizado, para entender que esto es una absoluta locura?

¿Por qué también mucha gente, incluidos dirigentes, de izquierda se entrega sin reserva y aplaude con las orejas casi cualquier paso en esa dirección?

Yo no soy más que una persona normal que aspira al sentido común y que se siente rara en casi todos los contextos, también, y mucho más, en este, acaso base de casi todos los demás.
Aspiro a la supremacía del ser humano sobre el mercado y el egoísmo individual, a defender que el Estado es más justo en el reparto que el egoísmo individual, que deja ese reparto solo en los restos caritativos del mercadillo de turno, a proclamar que todo ser humano es igual en derechos y en obligaciones a todos los demás y que sus diferencias de capacidades no se pueden medir en compensaciones tan desiguales, a gritar que cualquier ser tiene derecho a una vida digna y no marginal por causa de un sistema económico y de mercado injusto y antihumano, a sostener que una educación social y socializada es la mejor medicina para conseguir una escala de valores que nos aleje de esas tentaciones del mercado libre y sin reglas que lo aten, a unir esfuerzos por alcanzar unos servicios sociales en justicia, sanidad, tiempo libre, pensiones… que aproximen las posibilidades reales y no solo teóricas…, a saber distinguir que es más importante el derecho a trabajar cada día que el derecho a trabajar en un día de huelga general. Porque también aquí, la libertad real no es lo mismo que la libertad teórica, como no era lo mismo la opinión pública que la opinión publicada.

Cuando reflexiono acerca de estos asuntos, siempre termino con la provocación siguiente: Al menos, si quieren aplicar el sistema liberal, que lo apliquen siempre y que se atengan a las consecuencias cuando les toque perder; que no vengan después ni aprovechándose de las subvenciones sociales, producto del esfuerzo común, ni predicando excepciones si se trata de sus personas o de sus allegados: veríamos cuántos de los defensores de esos sistemas neoliberales sencillamente se iban a la puta calle y con la lengua en el tercer ojo.

No sé si es fácil reconocer esa izquierda en nuestros días. Y, si no es fácil reconocerla, acaso sea más difícil seguirla. Sobre todo con tanto lobo aullando por las calles, por las ondas y por los papeles.

N.B. Ya me gustaría serenamente recibir opiniones contrarias y articuladas: no puede ser que tanta gente opine de manera tan diferente y esté equivocada: en algo tengo que fallar; me gustaría saber en qué.