Sigo repescando elementos de la memoria fantástica de Valero, mi pueblo. Continúo al dictado de don Bienvenido Martín, mi primer maestro, aquel que repartía la leche en polvo, el que me dejaba alguna vez -nueve años me contemplaban- al cuidado de la escuela, el que nos veía dar vueltas a nuestras escuálidas estufas durante el invierno, el que nos llevaba los jueves por la tarde a repoblar la naturaleza, el que me enseñó a dar los primeros pasos desde mi imaginación.
En el asunto que copio hoy creo que se queda solo en la descripción visual y apenas relaciona datos. Es un lugar bastante estudiado posteriormente. Poco me importa a mí eso. Recuerdo su memoria, la memoria colectiva de mi pueblo y mi propia memoria diluida en el tiempo. El escrito es de 1952. Yo empezaba a ver la luz. Ahí va:
"CASTILLO VIEJO DE VALERO: En orden a la altitud sobre el nivel del mar, después de Peña de Francia y Pico Cervero, en esta serranía, sigue la montaña del Castillo Viejo de Valero. La subida, aunque costosa y de precaución, puede hacerse a caballo. Parece mentira que en esta montaña tan elevada, al llegar, se vea una meseta en su cresta capaz de poder aterrizar en ella aviones.
¡Qué aire tan perfumado de plantas aromáticas! ¡Qué vista panorámica tan rara y hermosa! ¡Qué hierba tan sustanciosa y provechosa!
Ahora me limitaré a dar algunos datos del estado actual del Castillo, su muralla y las cosas oídas en Valero, ya sean tradicionales, fantásticas, etc. Dejaré la leyenda del célebre médico árabe (Razi), si D. Rodrigo fue señor de este castillo, como igualmente dejaré las opiniones de personas autorizadas como Bullón y el P. Morán, y otros, que en el rodar de la vida han venido con el mismo interés y creían que estas murallas y fortificaciones son anteriores a la Reconquista; coincidimos en que bien pudo ser posible fortaleza de D. Rodrigo, puesto que Castillo Viejo no deja de estar en el centro geográfico relativo entre Segoyuela y Vizeo. Aquí hay campo muy extenso para plumas más autorizadas y que puedan escribir más Historia.
Todavía pueden verse las esparcidas ruinas de la muralla que coronan la montaña; quedan ya pocas piedras de granito (labradas toscamente), porque las han ido llevando para construcciones en los pueblos próximos. Pero pensemos que estando a doce kilómetros la cantera de piedra de granito, en San Miguel ¿cómo pudieron subir estas piedras?, pudieron ser los presos castigados a trabajos forzados, prisioneros de guerra, siendo así tal vez los campos de concentración de aquellos tiempos. La muralla tendría dos puertas; una la llaman la del Sol y la otra, la de los Carros. Hay dentro de las murallas el amontonamiento de piedras de dos edificios destruidos: uno, a juzgar por las piedras acanaladas, indicando recogida de aguas -que vi hace veinte años-, sería el Castillo. Ahora hay una pocilga para encerrar cerdos en el verano. ¡Si acaso vivió aquí D.ª Egilona! ¡Destino de las glorias de la tierra! El otro edificio sería cuartel o quizá caballeriza.
Referente a la parte fantástica, dicen cosas graciosas: Que hay por cima de la fuente del Castillo una iglesia enterrada. ¿Catacumbas…?
Otros dicen que hay viviendas ricamente amuebladas con tesoros que pertenecieron a la mora Quilama. También hay un tópico por aquí que dice: “Entre el Castillo y la Quilama hay más oro que vale España”. ¿Y para qué continuar con la fantasía?...
No hay que extrañar que la gente sueñe con ciertas cosas. No hace mucho que haciendo una pared para un huerto, cerca del Castillo Viejo, encontraron una especie de sepultura con unas lanchas finamente pulimentadas y de forma rectangular, piedras que se pueden ver por estar puestas en el fregadero de una casa de aquí."
martes, 21 de septiembre de 2010
lunes, 20 de septiembre de 2010
"...COMO UN HOMBRE SIN MÁS"
Ayer tocó Ávila. Ya era hora. Hacía muchos días, más de dos semanas, que no veía a mi nieta Sara. Con sus ojillos pillines y su carita preciosa, con la resolución de quien se sabe el centro de toda la reunión, con la certeza de quien se alegra y se pone contentísima cuando nos ve. Y estuvimos con ella y en ella. Y con Miguel Ángel, que, a pesar de su apariencia, lo vi un poco nervioso, tal vez pensando en su lectura de tesis doctoral del viernes próximo -no fallará, de eso no tengo duda-. Y con Merce también.
Pero los días son agridulces muchas veces; acaso siempre. Ayer lo fue en sus extremos, en el viaje de ida y en el de vuelta. Al salir de casa, Nena se acercó a realizar una compra. Yo la esperaba en el coche. Por casualidad puse la radio. Y me enteré. Lo anunciaban de manera indirecta, pero no había dudas. Había muerto José Antonio Labordeta. Tengo en mi coche música de Labordeta. En mi casa conservo bastante de su discografía. El viaje para allá lo hicimos atentos a sus canciones y, desde el silencio casi continuo, a recordar momentos vividos al amparo de esas canciones, de esa música y de esa voz. Yo creo que Nena se dio cuenta de mi estado de emoción y respetó el silencio. A ella también le gusta mucho Labordeta.
Ya he explicado aquí lo que suponen para mí los cantautores. Labordeta es uno de ellos. Y, para mí, de los más destacados. Él ha puesto -junto con otro grupo reducido- banda sonora a parte de mi vida. Yo he encontrado fuerza enorme, en muchísimos momentos, en estos gritos sonoros, en esas melodías armoniosas, en esas reflexiones armonizadas, me he levantado numerosas veces del asiento con el ánimo lleno y con las fuerzas intactas; tal vez para después desinflarme demasiado pronto.
De Labordeta admiro casi todo: su profunda voz, su timbre, su redondez, la naturalidad, los temas, el esquema de vida que compone el conjunto de sus canciones, la silueta de los personajes que dibuja siempre, ese suspiro continuo para hacernos pensar que este esquema de vida no es el mejor, el contraste entre la vida del campo y la vida de ciudad, la agitación de conciencias que siempre procuraba, la intensidad con la que quería y alababa a lo que tenía más próximo, empezando por su tierra, la llaneza y la inmediatez, su sabiduría (que una cosa es la simpleza y otra bien distinta la memez y la tontería), su forma campechana de hacer frente a todos aquellos imbéciles a los que se les veía el plumero en cuanto tenían que tratar con gente normal, sus arranques espontáneos, sus himnos majestuosos… Y sus canciones de amor. Creo que este apartado no se ha destacado como merece. Algunas, casi todas, son estremecedoras. “Si tus labios supieran a madrugada…”
Tuve noticias de él hace ya muchos años. Conocí paralelamente la poesía de su hermano Miguel. Me quedé en casa muchas veces solo por escuchar a aquel ser aparentemente raro que andaba los caminos y que me traía hasta mi casa la España más profunda pero también más normal, la de la gente que a mí realmente me interesa y con la que querría vivir y morir (quiero decir con sus sentimientos elementales, pegados a la tierra y casi siempre sinceros). He gastado muchas, muchísimas horas en sus canciones (a veces -me da apuro confesarlo por escrito-mañanas enteras sin casi poderme levantar del asiento). Y ayer nos dijo adiós.
¿Qué van a hacer ahora sin ti tus personajes (Ramón Cabezas, la Miguela…)? ¿Y los paisajes desiertos, y los pueblos abandonados, y la ciudad lejana, y las grandes compañías que se lo llevaban y se lo siguen llevando todo, y los antepasados, y los emigrantes, y la vida sencilla, y el agua en el verano, y los pantanos, y las acerollas, y el erial…? ¿Qué será de esa voz que nos convocaba a todos a levantar cualquier obra: “Habrá un día en que todos…”?
En fin, “Ya ves, que vamos avanzando, cumpliendo este camino. No lo sé. Ya ves…” Cuántas letras se me vienen alborotadamente a la memoria. Y cuántos momentos he recordado entre ayer y esta mañana. Tal vez no será lo peor quedarse con tu propio deseo:
“Recuérdame, como un árbol batido, como un pájaro herido, COMO UN HOMBRE SIN MÁS. Recuérdame como un verano ido, como un lobo cansino, COMO UN HOMBRE SIN MÁS.”
N.B. Dicen que también durante el fin de semana se ha celebrado la Fashion Week de la moda en Madrid. En Alcañiz, en el Aragón de Labordeta, se ha colonizado no sé qué erial para la fiesta urbana de las motos. Eso dicen. Pues eso.
Pero los días son agridulces muchas veces; acaso siempre. Ayer lo fue en sus extremos, en el viaje de ida y en el de vuelta. Al salir de casa, Nena se acercó a realizar una compra. Yo la esperaba en el coche. Por casualidad puse la radio. Y me enteré. Lo anunciaban de manera indirecta, pero no había dudas. Había muerto José Antonio Labordeta. Tengo en mi coche música de Labordeta. En mi casa conservo bastante de su discografía. El viaje para allá lo hicimos atentos a sus canciones y, desde el silencio casi continuo, a recordar momentos vividos al amparo de esas canciones, de esa música y de esa voz. Yo creo que Nena se dio cuenta de mi estado de emoción y respetó el silencio. A ella también le gusta mucho Labordeta.
Ya he explicado aquí lo que suponen para mí los cantautores. Labordeta es uno de ellos. Y, para mí, de los más destacados. Él ha puesto -junto con otro grupo reducido- banda sonora a parte de mi vida. Yo he encontrado fuerza enorme, en muchísimos momentos, en estos gritos sonoros, en esas melodías armoniosas, en esas reflexiones armonizadas, me he levantado numerosas veces del asiento con el ánimo lleno y con las fuerzas intactas; tal vez para después desinflarme demasiado pronto.
De Labordeta admiro casi todo: su profunda voz, su timbre, su redondez, la naturalidad, los temas, el esquema de vida que compone el conjunto de sus canciones, la silueta de los personajes que dibuja siempre, ese suspiro continuo para hacernos pensar que este esquema de vida no es el mejor, el contraste entre la vida del campo y la vida de ciudad, la agitación de conciencias que siempre procuraba, la intensidad con la que quería y alababa a lo que tenía más próximo, empezando por su tierra, la llaneza y la inmediatez, su sabiduría (que una cosa es la simpleza y otra bien distinta la memez y la tontería), su forma campechana de hacer frente a todos aquellos imbéciles a los que se les veía el plumero en cuanto tenían que tratar con gente normal, sus arranques espontáneos, sus himnos majestuosos… Y sus canciones de amor. Creo que este apartado no se ha destacado como merece. Algunas, casi todas, son estremecedoras. “Si tus labios supieran a madrugada…”
Tuve noticias de él hace ya muchos años. Conocí paralelamente la poesía de su hermano Miguel. Me quedé en casa muchas veces solo por escuchar a aquel ser aparentemente raro que andaba los caminos y que me traía hasta mi casa la España más profunda pero también más normal, la de la gente que a mí realmente me interesa y con la que querría vivir y morir (quiero decir con sus sentimientos elementales, pegados a la tierra y casi siempre sinceros). He gastado muchas, muchísimas horas en sus canciones (a veces -me da apuro confesarlo por escrito-mañanas enteras sin casi poderme levantar del asiento). Y ayer nos dijo adiós.
¿Qué van a hacer ahora sin ti tus personajes (Ramón Cabezas, la Miguela…)? ¿Y los paisajes desiertos, y los pueblos abandonados, y la ciudad lejana, y las grandes compañías que se lo llevaban y se lo siguen llevando todo, y los antepasados, y los emigrantes, y la vida sencilla, y el agua en el verano, y los pantanos, y las acerollas, y el erial…? ¿Qué será de esa voz que nos convocaba a todos a levantar cualquier obra: “Habrá un día en que todos…”?
En fin, “Ya ves, que vamos avanzando, cumpliendo este camino. No lo sé. Ya ves…” Cuántas letras se me vienen alborotadamente a la memoria. Y cuántos momentos he recordado entre ayer y esta mañana. Tal vez no será lo peor quedarse con tu propio deseo:
“Recuérdame, como un árbol batido, como un pájaro herido, COMO UN HOMBRE SIN MÁS. Recuérdame como un verano ido, como un lobo cansino, COMO UN HOMBRE SIN MÁS.”
N.B. Dicen que también durante el fin de semana se ha celebrado la Fashion Week de la moda en Madrid. En Alcañiz, en el Aragón de Labordeta, se ha colonizado no sé qué erial para la fiesta urbana de las motos. Eso dicen. Pues eso.
sábado, 18 de septiembre de 2010
MEMORIA DE VALERO ( II)
“SEGUNDO TESORO: Es de tradición que en el sitio de Vallebravo hay un caballo pintado en una piedra. Y claro está, a continuación viene lo del tesoro también.
Dicen que si en tiempos de la guerra contra Napoleón, un francés, huyendo con un tesoro, pasó una noche en las asperezas de Vallebravo; como venía perseguido, enterró el tesoro y con la espada hizo el caballo del cuento en una piedra próxima de las muchas que hay.
Terminada la guerra con los franceses, a los pocos años volvió el francés a Valero; traía un libro con notas y buscó quien le acompañase, pues ya no acertaba con el sitio que traía apuntado en su libro de notas; pero como Vallebravo es sitio muy escarpado, se desorientaron, se cansaron de andar todo el día buscando y no encontraron el caballo grabado, ni el tesoro escondido.
Yo cuando vine a Valero, hace más de veinte años, me dijeron que tía Manolita (Q.D.P.) sabía bien de estas cosas y fui a orientarme de ella. Era una buena y reflexiva señora de las pocas que en aquellos tiempos sabían leer y lo interesante es que me dijo que lo había leído cuando fue joven en unos manuscritos que tenía su padre; yo, por favor, le pedí los manuscritos, y me dijo que ya estaban rotos y manchados de aceite y habían desaparecido.
Yo, sí pensé, que lo del caballo pudiera ser pintura rupestre, pero también, con la ilusión y entusiasmo de los años mozos ¿por qué negarlo?, caí en la trampa; busqué uno que me acompañase, y a buscar el caballo y el tesoro.
Siempre en estas cosas resulta el desengaño, pues son enormes peñascos, que debido a desprendimientos, a la erosión de los tiempos y a algún rayo de los temerosos días de tormentas en estas montañas, que derrumban cientos y cientos de toneladas de piedra, pues ha variado la forma primitiva; otras piedras están cubiertas de musgo y espeso moho, y busque usted así el caballo, como nos pasó a nosotros. ¡Qué día pasamos!, trepar…, buscar…, dar vueltas y revueltas y sudar la gota gorda; menos mal que se nos ocurrió llevar calzado apropiado, merienda y la romántica bota de vino, cosa que aconsejo a los que en adelante se dediquen a explorar estos terrenos.
TERCER TESORO: (este voló).- En Castildecabras.- En este paraje agreste y pintoresco, donde los estratos nos recuerdan las ciudades encantadas, hay indicios de una antiquísima fortaleza; es el caso, que en tiempos de nuestros abuelos, estaba el célebre cabrero tío Manías con la piara de cabras por los pastoreos de Quilama; se le acercó un señor francés de a caballo, preguntándole si estaba cerca lo que llamaban Castildecabras, y si hacía el favor de enseñarle. El tío Manías acompañó al francés hasta dicha fortaleza; mirando su libro de notas, le dijo a tío Manías le enseñase el juncal más alto, y efectivamente, lo llevó hasta allí; y al llegar le dijo el francés a tío Manías que podía ir a ver sus cabras, pero que volviese pronto por allí, y así lo hizo.
Cuando volvió vió cinco monedas de oro que sobre los cacharros de una tinaja le había dejado el francés, pero éste había desaparecido. Todavía vive un cabrero anciano (que es el mismo que vio el desbanque del tesoro de Candelario), que me dijo que cuando era jovencito conoció al tío Manías, y que vió algunos trozos de la referida tinaja que sacó el francés.”
N.B. Se lo tengo que mandar a mis paisanos para pincharles un poco la curiosidad por las cosas de su pasado.
Dicen que si en tiempos de la guerra contra Napoleón, un francés, huyendo con un tesoro, pasó una noche en las asperezas de Vallebravo; como venía perseguido, enterró el tesoro y con la espada hizo el caballo del cuento en una piedra próxima de las muchas que hay.
Terminada la guerra con los franceses, a los pocos años volvió el francés a Valero; traía un libro con notas y buscó quien le acompañase, pues ya no acertaba con el sitio que traía apuntado en su libro de notas; pero como Vallebravo es sitio muy escarpado, se desorientaron, se cansaron de andar todo el día buscando y no encontraron el caballo grabado, ni el tesoro escondido.
Yo cuando vine a Valero, hace más de veinte años, me dijeron que tía Manolita (Q.D.P.) sabía bien de estas cosas y fui a orientarme de ella. Era una buena y reflexiva señora de las pocas que en aquellos tiempos sabían leer y lo interesante es que me dijo que lo había leído cuando fue joven en unos manuscritos que tenía su padre; yo, por favor, le pedí los manuscritos, y me dijo que ya estaban rotos y manchados de aceite y habían desaparecido.
Yo, sí pensé, que lo del caballo pudiera ser pintura rupestre, pero también, con la ilusión y entusiasmo de los años mozos ¿por qué negarlo?, caí en la trampa; busqué uno que me acompañase, y a buscar el caballo y el tesoro.
Siempre en estas cosas resulta el desengaño, pues son enormes peñascos, que debido a desprendimientos, a la erosión de los tiempos y a algún rayo de los temerosos días de tormentas en estas montañas, que derrumban cientos y cientos de toneladas de piedra, pues ha variado la forma primitiva; otras piedras están cubiertas de musgo y espeso moho, y busque usted así el caballo, como nos pasó a nosotros. ¡Qué día pasamos!, trepar…, buscar…, dar vueltas y revueltas y sudar la gota gorda; menos mal que se nos ocurrió llevar calzado apropiado, merienda y la romántica bota de vino, cosa que aconsejo a los que en adelante se dediquen a explorar estos terrenos.
TERCER TESORO: (este voló).- En Castildecabras.- En este paraje agreste y pintoresco, donde los estratos nos recuerdan las ciudades encantadas, hay indicios de una antiquísima fortaleza; es el caso, que en tiempos de nuestros abuelos, estaba el célebre cabrero tío Manías con la piara de cabras por los pastoreos de Quilama; se le acercó un señor francés de a caballo, preguntándole si estaba cerca lo que llamaban Castildecabras, y si hacía el favor de enseñarle. El tío Manías acompañó al francés hasta dicha fortaleza; mirando su libro de notas, le dijo a tío Manías le enseñase el juncal más alto, y efectivamente, lo llevó hasta allí; y al llegar le dijo el francés a tío Manías que podía ir a ver sus cabras, pero que volviese pronto por allí, y así lo hizo.
Cuando volvió vió cinco monedas de oro que sobre los cacharros de una tinaja le había dejado el francés, pero éste había desaparecido. Todavía vive un cabrero anciano (que es el mismo que vio el desbanque del tesoro de Candelario), que me dijo que cuando era jovencito conoció al tío Manías, y que vió algunos trozos de la referida tinaja que sacó el francés.”
N.B. Se lo tengo que mandar a mis paisanos para pincharles un poco la curiosidad por las cosas de su pasado.
viernes, 17 de septiembre de 2010
MEMORIA DE VALERO
De nuevo he vuelto a darme de bruces con un tesoro de esos que me gustan y que voy a conservar. Me lo prestó Felipe, le rogué que me lo cediera o que me lo vendiera porque, si no, se lo tendría que robar. Enseguida cedió y me lo regaló. Aún considero la posibilidad de fotocopiarlo para no dejarlo sin el original.
Se trata de un texto de 1950, editado en tapa dura, con este título: “Tradiciones salmantinas. Folklore”. En aquella época, el Centro de Estudios Salmantino tuvo la felicísima ocurrencia de pedir a sus ´corresponsales´de los pueblos de la provincia que les mandaran textos con las principales leyendas, poemas, tradiciones populares… de todos los lugares. Los ´corresponsales´ eran, por supuesto, las fuerzas vivas, sobre todo curas y secretarios.
En las páginas interiores he descubierto dos colaboraciones de don Bienvenido Martín Hernández: Tesoros escondidos en el término de Valero y Castillo viejo de Valero. Don Bienvenido fue mi primer maestro, y Valero es mi pueblo, el edén de mi niñez. Los textos tienen sesenta años y se hunden en la memoria de la colectividad. Hoy copio el primero de ellos, que creo desconocido para casi todos, pues el segundo está mucho más tratado. Reproduzco el texto sin ninguna corrección.
TESOROS ESCONDIDOS EN EL TÉRMINO DE VALERO (I)
PRIMER TESORO: FUENTE DE LA HIGUERA: “Dicen” que en la Fuente de la Higuera, en el sitio del Candelario, hay uno de estos tesoros. Hace unos años, uno que estaba de escribiente en Béjar, pasó una noche leyendo legajos antiguos y encontró uno de Valero que decía había un tesoro escondido en dicho sitio y fue con unos de San Esteban a buscar un “Zajorí” (Zahorí) que había en Pinedas. Al venir fueron a enseñarle el sitio, y como esta gente es muy desconfiada, para probarle, antes de llegar le enseñaron un terreno que no era el del Candelario; le preguntaron si era allí donde estaba el tesoro y contestó que no. Fueron más adelante y al llegar al Candelario dijo el Zajorí que allí era; hizo un círculo en el suelo y unos ademanes y le dijo que cavasen allí, que encontrarían primero un cañal de agua y que debajo había tres tinajas: una llena de oro, que tendría unas ocho arrobas; otra con plata y la otra con veneno, siendo esta última la de más valor.
Efectivamente encontraron el cañal de agua, con unas lanchas muy finas escritas con letras que dicen eran árabes, y dada su ignorancia, las rompieron, no quedando datos; al encontrar el cañal de agua, se cansaron y fueron a buscar al Zajorí, que estaba sentado bajo una encina, haciendo otra vez el círculo y unas cosas y ademanes con manos y cabeza, les dijo que allí estaba, que siguieran cavando. El Zajorí se marchó para su pueblo, y al llegar al sitio de las Majadas dijo al que lo acompañaba: Ya han dejado de trabajar. ¿Cómo quieren encontrar el tesoro?
Y así -dicen- sucedió; cuando volvió el que acompañaba al Zajorí encontró en sus casas a los que habían estado trabajando, y al preguntarle a qué hora habían dejado de cavar, coincidió con lo que había dicho el Zajorí.
Dicen que un gracioso de los que trabajaron hizo una T en una pizarra indicando tesoro.
Como los que buscaban el tesoro eran forasteros, los de Valero le sacaron un “Zangarrón” para una danza (que aquí son unos versos burlescos):
Los de San Esteban
“vinon” a Valero
A buscar un tesoro.
Y encontraron un puchero
Donde curtía las pieles
Pedro el Navero.
Algunos de los que oyeron este Zangarrón viven, como igualmente vive un cabrero anciano que los vió cavar y sabe el sitio del desbanque que hicieron.
Esto yo mismo se lo oí contar a una señora anciana, que si viviese hoy tendría cien años.
Ahora se lo he vuelto a preguntar a una anciana, vecina de la que murió, y coincide con los mismos datos.
Se trata de un texto de 1950, editado en tapa dura, con este título: “Tradiciones salmantinas. Folklore”. En aquella época, el Centro de Estudios Salmantino tuvo la felicísima ocurrencia de pedir a sus ´corresponsales´de los pueblos de la provincia que les mandaran textos con las principales leyendas, poemas, tradiciones populares… de todos los lugares. Los ´corresponsales´ eran, por supuesto, las fuerzas vivas, sobre todo curas y secretarios.
En las páginas interiores he descubierto dos colaboraciones de don Bienvenido Martín Hernández: Tesoros escondidos en el término de Valero y Castillo viejo de Valero. Don Bienvenido fue mi primer maestro, y Valero es mi pueblo, el edén de mi niñez. Los textos tienen sesenta años y se hunden en la memoria de la colectividad. Hoy copio el primero de ellos, que creo desconocido para casi todos, pues el segundo está mucho más tratado. Reproduzco el texto sin ninguna corrección.
TESOROS ESCONDIDOS EN EL TÉRMINO DE VALERO (I)
PRIMER TESORO: FUENTE DE LA HIGUERA: “Dicen” que en la Fuente de la Higuera, en el sitio del Candelario, hay uno de estos tesoros. Hace unos años, uno que estaba de escribiente en Béjar, pasó una noche leyendo legajos antiguos y encontró uno de Valero que decía había un tesoro escondido en dicho sitio y fue con unos de San Esteban a buscar un “Zajorí” (Zahorí) que había en Pinedas. Al venir fueron a enseñarle el sitio, y como esta gente es muy desconfiada, para probarle, antes de llegar le enseñaron un terreno que no era el del Candelario; le preguntaron si era allí donde estaba el tesoro y contestó que no. Fueron más adelante y al llegar al Candelario dijo el Zajorí que allí era; hizo un círculo en el suelo y unos ademanes y le dijo que cavasen allí, que encontrarían primero un cañal de agua y que debajo había tres tinajas: una llena de oro, que tendría unas ocho arrobas; otra con plata y la otra con veneno, siendo esta última la de más valor.
Efectivamente encontraron el cañal de agua, con unas lanchas muy finas escritas con letras que dicen eran árabes, y dada su ignorancia, las rompieron, no quedando datos; al encontrar el cañal de agua, se cansaron y fueron a buscar al Zajorí, que estaba sentado bajo una encina, haciendo otra vez el círculo y unas cosas y ademanes con manos y cabeza, les dijo que allí estaba, que siguieran cavando. El Zajorí se marchó para su pueblo, y al llegar al sitio de las Majadas dijo al que lo acompañaba: Ya han dejado de trabajar. ¿Cómo quieren encontrar el tesoro?
Y así -dicen- sucedió; cuando volvió el que acompañaba al Zajorí encontró en sus casas a los que habían estado trabajando, y al preguntarle a qué hora habían dejado de cavar, coincidió con lo que había dicho el Zajorí.
Dicen que un gracioso de los que trabajaron hizo una T en una pizarra indicando tesoro.
Como los que buscaban el tesoro eran forasteros, los de Valero le sacaron un “Zangarrón” para una danza (que aquí son unos versos burlescos):
Los de San Esteban
“vinon” a Valero
A buscar un tesoro.
Y encontraron un puchero
Donde curtía las pieles
Pedro el Navero.
Algunos de los que oyeron este Zangarrón viven, como igualmente vive un cabrero anciano que los vió cavar y sabe el sitio del desbanque que hicieron.
Esto yo mismo se lo oí contar a una señora anciana, que si viviese hoy tendría cien años.
Ahora se lo he vuelto a preguntar a una anciana, vecina de la que murió, y coincide con los mismos datos.
jueves, 16 de septiembre de 2010
!TORMENTA! DE IDEAS
Otro libro para volver a él, para meditar, para pensar, para glosar, para imitar, para explotar, para…
De vez en cuando, uno tiene suerte y le cae en las manos algún tomo que le sorprende y hasta que le fascina. Creo que me ha ocurrido con el que he bebido literalmente entre ayer y hoy (lunes y martes). Lo pillé en la imprenta de Felipe (gracias) y no volverá a ella sin dejar copia en mis estanterías. Si alguien leyera estas líneas, que sepa que queda aconsejado y casi conminado a mirarlo y a echarle unos ratos.
Este es el libro: “Libro de los muertos”; Elías Canetti; Edit. Siruela; 2010. Es un adelanto de lo que será más tarde un tomo más amplio, todavía en proceso en Alemania. Me da igual, me basta con este tomo y con el riquísimo contenido que atesora. Se trata de un conjunto de textos breves que apuntan siempre hacia el concepto de la muerte, hacia ese hecho del que depende nuestra vida, de esa punta cenital o abisal que nos aguarda y que nos moldea sin excepción ni escapatoria.
El formato es el de un diario, algo próximo, pero no igual, a un blog actual. Copio al azar una página: 5 de febrero de 1987
“Las cenizas, que para nadie significan algo.”
“Entierros: lo más lamentable, como si uno hubiera existido para ocupar un espacio debajo de la tierra y que otros caminen mejor sobre ella”.
“Ahora él tiene la impresión de haber leído también a la gente que ha descubierto”.
“Lo más nuevo otra vez en la fila”.
“Días para morir (en otros hay que esperar)”.
“Si consiguieras olvidar a la muerte, tendrías algo que decir sobre ella”.
“Un legislador confundido (Freud)”.
“¿Por qué se quiere precipitar a los que de todas formas es demasiado fácil alcanzar?”.
“Incluso lo peor pierde su horror gracias a los comentarios de que es objeto”.
“Días de las frases únicas, como si se te fueran a ocurrir eternamente”.
“¿Cómo somete Dios a prueba? ¿Con la rueda y el hierro? ¿Quién lo hace por él? ¿Lo hace él mismo? ¿Está siempre ocupado en eso?
¿Por qué se guarda sus juicios para sí?”
“Con el pensamiento está vinculada su dureza, el hecho de que él excluya cualquier otro pensamiento”.
“Descubrimiento de lugares en los que nunca se haya hablado. ¿Escrito?”
“Volver a congregarse: en una mujer que esté lejos”.
“Él ya no puede imaginarse ningún cristal que le apetezca conservar”.
“Ya no la dejes nunca sola y te quedará. ¿Pero si ella prefiere perecer sola?”
“Lo que un hombre hace para conservarse: perspectiva dudosa”.
“La terrible Susanne, de la que ayer leí que no quiere saber nada de las cosas pasadas y se ama tal como es”.
Todos estos relámpagos tienen como sujeto la muerte. Y como objeto. Y como complemento circunstancial. ¡Y todo para un día! Ahí quedan.
De vez en cuando, uno tiene suerte y le cae en las manos algún tomo que le sorprende y hasta que le fascina. Creo que me ha ocurrido con el que he bebido literalmente entre ayer y hoy (lunes y martes). Lo pillé en la imprenta de Felipe (gracias) y no volverá a ella sin dejar copia en mis estanterías. Si alguien leyera estas líneas, que sepa que queda aconsejado y casi conminado a mirarlo y a echarle unos ratos.
Este es el libro: “Libro de los muertos”; Elías Canetti; Edit. Siruela; 2010. Es un adelanto de lo que será más tarde un tomo más amplio, todavía en proceso en Alemania. Me da igual, me basta con este tomo y con el riquísimo contenido que atesora. Se trata de un conjunto de textos breves que apuntan siempre hacia el concepto de la muerte, hacia ese hecho del que depende nuestra vida, de esa punta cenital o abisal que nos aguarda y que nos moldea sin excepción ni escapatoria.
El formato es el de un diario, algo próximo, pero no igual, a un blog actual. Copio al azar una página: 5 de febrero de 1987
“Las cenizas, que para nadie significan algo.”
“Entierros: lo más lamentable, como si uno hubiera existido para ocupar un espacio debajo de la tierra y que otros caminen mejor sobre ella”.
“Ahora él tiene la impresión de haber leído también a la gente que ha descubierto”.
“Lo más nuevo otra vez en la fila”.
“Días para morir (en otros hay que esperar)”.
“Si consiguieras olvidar a la muerte, tendrías algo que decir sobre ella”.
“Un legislador confundido (Freud)”.
“¿Por qué se quiere precipitar a los que de todas formas es demasiado fácil alcanzar?”.
“Incluso lo peor pierde su horror gracias a los comentarios de que es objeto”.
“Días de las frases únicas, como si se te fueran a ocurrir eternamente”.
“¿Cómo somete Dios a prueba? ¿Con la rueda y el hierro? ¿Quién lo hace por él? ¿Lo hace él mismo? ¿Está siempre ocupado en eso?
¿Por qué se guarda sus juicios para sí?”
“Con el pensamiento está vinculada su dureza, el hecho de que él excluya cualquier otro pensamiento”.
“Descubrimiento de lugares en los que nunca se haya hablado. ¿Escrito?”
“Volver a congregarse: en una mujer que esté lejos”.
“Él ya no puede imaginarse ningún cristal que le apetezca conservar”.
“Ya no la dejes nunca sola y te quedará. ¿Pero si ella prefiere perecer sola?”
“Lo que un hombre hace para conservarse: perspectiva dudosa”.
“La terrible Susanne, de la que ayer leí que no quiere saber nada de las cosas pasadas y se ama tal como es”.
Todos estos relámpagos tienen como sujeto la muerte. Y como objeto. Y como complemento circunstancial. ¡Y todo para un día! Ahí quedan.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
HOY ERA EL DÍA
Hoy, hoy, el día era hoy. Casi siempre he pensado que los conceptos adquieren su valor por contraste; no entiendo lo absoluto desde mi condición tan débil y limitada y creo que nada sucede sin causa y consecuencia. Tal vez esta forma de entender las cosas sea fruto de mi aprendizaje estructuralista en los años de formación universitaria. ¡Qué lejos queda todo y qué cerca!
Para ejemplificar esta visión casi siempre acudo a la imagen de dos casas en las que hay dos y tres lavadoras respectivamente. Es muy probable que en la primera esté casi de sobra la segunda lavadora y que en la tercera sobre con seguridad la tercera de ellas. Poco importa; la injusticia existe en el mismo grado, aunque duela menos y se soporte mejor, si no se explica racionalmente por qué esa desigualdad de lavadoras.
Me parece que se puede aplicar a todo en la vida: a los conceptos, a los hechos, a los trabajos…
Hoy era el día elegido en el calendario para empezar a desarrollar con ganas la actividad académica plena; era el día de los primeros contactos, de las primeras impresiones, de los primeros consejos…, de las primeras clases, para mí siempre tan importantes.
Hoy no he realizado ese trabajo. Y hoy lo he podido contrastar realmente, es decir, lo he podido experimentar.
Hoy me he levantado un poco antes de las ocho y, sin apenas desperezarme, me he marchado a pasear por los pinos. He dedicado algo más de una hora a pasear, a oler los troncos de los pinos, a sentir cómo el aire juega con sus ramas, a mirar hacia el cielo, a repensar con calma algunas ideas, a sentirme solo en la naturaleza, a escuchar el silencio de la mañana, a notarme alejado de las calles, a sorber el aroma del ambiente, a ver cómo el sol hoy venía más débil, a notar que mi cuerpo se agilizaba, a beber el agua de la Fuente de la Hoja, a oír y comprobar cómo las fuentes siguen eternas con su canción de agua, a… pasear por los Pinos.
Después he vuelto a casa, a mis quehaceres personales y domésticos, que ser amo de casa (ahora me toca un poco más) lleva un rato: hago muy bien la cama, tiendo con simetría, mejoro en el freír de los filetes…
Dos horas de lectura me aguardaban en las páginas de una novela italiana que no me dice demasiado (después de la tempestad de la obra de Canetti, viene la calma), alguna gestión telefónica y a escribir un rato. No es poco. Hay que comprar el pan y la comida se muestra ya cercana.
Hoy era el día preciso, la hora del contraste, el disponer de tiempo, el ordenar el tiempo, el gozar de otro tiempo. Acaso no mucho más que el de otras veces, pero con otro impulso menos tenso.
Seguirá luego el día. Es tiempo de contrastes. Lo escribo sin deseos de molestar a nadie, solo como certeza de lo que está pasando en este día. Porque hoy era el día.
A ver qué ritmo me pide el paso de la tarde y de la noche.
Para ejemplificar esta visión casi siempre acudo a la imagen de dos casas en las que hay dos y tres lavadoras respectivamente. Es muy probable que en la primera esté casi de sobra la segunda lavadora y que en la tercera sobre con seguridad la tercera de ellas. Poco importa; la injusticia existe en el mismo grado, aunque duela menos y se soporte mejor, si no se explica racionalmente por qué esa desigualdad de lavadoras.
Me parece que se puede aplicar a todo en la vida: a los conceptos, a los hechos, a los trabajos…
Hoy era el día elegido en el calendario para empezar a desarrollar con ganas la actividad académica plena; era el día de los primeros contactos, de las primeras impresiones, de los primeros consejos…, de las primeras clases, para mí siempre tan importantes.
Hoy no he realizado ese trabajo. Y hoy lo he podido contrastar realmente, es decir, lo he podido experimentar.
Hoy me he levantado un poco antes de las ocho y, sin apenas desperezarme, me he marchado a pasear por los pinos. He dedicado algo más de una hora a pasear, a oler los troncos de los pinos, a sentir cómo el aire juega con sus ramas, a mirar hacia el cielo, a repensar con calma algunas ideas, a sentirme solo en la naturaleza, a escuchar el silencio de la mañana, a notarme alejado de las calles, a sorber el aroma del ambiente, a ver cómo el sol hoy venía más débil, a notar que mi cuerpo se agilizaba, a beber el agua de la Fuente de la Hoja, a oír y comprobar cómo las fuentes siguen eternas con su canción de agua, a… pasear por los Pinos.
Después he vuelto a casa, a mis quehaceres personales y domésticos, que ser amo de casa (ahora me toca un poco más) lleva un rato: hago muy bien la cama, tiendo con simetría, mejoro en el freír de los filetes…
Dos horas de lectura me aguardaban en las páginas de una novela italiana que no me dice demasiado (después de la tempestad de la obra de Canetti, viene la calma), alguna gestión telefónica y a escribir un rato. No es poco. Hay que comprar el pan y la comida se muestra ya cercana.
Hoy era el día preciso, la hora del contraste, el disponer de tiempo, el ordenar el tiempo, el gozar de otro tiempo. Acaso no mucho más que el de otras veces, pero con otro impulso menos tenso.
Seguirá luego el día. Es tiempo de contrastes. Lo escribo sin deseos de molestar a nadie, solo como certeza de lo que está pasando en este día. Porque hoy era el día.
A ver qué ritmo me pide el paso de la tarde y de la noche.
martes, 14 de septiembre de 2010
LECTURAS
Voy a copiar de nuevo la lista de libros leídos, en forma completa, durante los últimos meses. Recordaré con ello, en otros tiempos, en qué empleé mis horas de lectura y cuál fue el sesgo que le di a esas lecturas. Ahí va:
.- La noche de los tiempos; Antonio Muñoz Molina (Novela) 4/7.
.- Don de la ebriedad; Claudio Rodríguez (Poesía) 4/10 Rel.
.- Conjuros; Claudio Rodríguez (Poesía) 4/11 Rel.
.- Alianza y condena; Claudio Rodríguez (Poesía) 4 /13 Rel.
.- Vuelo de la celebración; Claudio Rodríguez (Poesía) 4/14 Rel.
.- El pequeño príncipe; A. de Saint Exupery (Prosa) 4/16 Rel.
.- Pensamiento filosófico; Moisés González (Ensayo y antología) 5/2.
.- El cartero de Neruda; A. Skarmeta (Novela) 5/4.
.- En la ardiente oscuridad; Buero Vallejo (Teatro) 5/6 Rel.
.- Largo recorrido; José Luis Morante (Poesía) 5/8 Rel.
.- La amante; Rafael Alberti (Poesía) 5/9 Rel.
.- El alba del alhelí; Rafael Alberti (Poesía) 5/10 Rel.
.- El café de los filósofos muertos; Nora K. y Vittorio Hösle (Nov.) 6/2.
.- Romances (Luis de Góngora); Ed. Antonio Carreño (Poesía) 6/9.
.- Rinconete y Cortadillo; Cervantes (Nov.) 6/11 Rel.
.- La gitanilla; Cervantes (Nov.) Rel. 6/12.
.- Nueva poesía española. Antología consolidada; Enr. Martín Pardo (Poes.) 6/19.
.- Un blanco deslumbramiento; Andrés Aberasturi (Poesía) 6/24 Rel.
.- El tiempo entre costuras; María Dueñas (Novela) 7/11.
.- Moby Dick; Herman Melville (Novela) 7/12.
.- El Quijote; Cervantes (Novela) 7/20 Rel. Y van…
.- Metamorfosis; Ovidio Edic. Anaya 7/24.
.- Fco. Glez. Macías. Vida y obra de un escultor bejarano; José Carlos Brasas. (Ensayo) 7/28.
.- El Chuchi, los colegas y la vasca (El Evangelio en Cheli); Antonio Alonso. 8/02.
.- Por el camino de Ulectra; Martín Casariego Córdoba (Novela). 8/3.
.- El asedio; Arturo Pérez Reverte (Novela). 8/15.
.- Poesías completas; Antonio Machado (Poesía) 8/19. (Otra vez).
.- Poetas españoles de los 50 (Edic. A. L. Prieto de Paula) 8/21. Rel..
.- Carta a la Gran Duquesa Cristina. Galileo Galilei (Ensayo). 8/22.
.- Eclipse blanco en papel de plata; Augusto Thassio (Poesía). 8/23. Rel.
.- Sombras paralelas; Santiago Gómez Valverde (Poesía). 8/23. Rel.
.- Alegrías riojanas, VVAA (Poesía) 8/25. Rel.
.- País; Alfredo Porlan (Poesía) 8/29.
.- Cuentos; Andersen 8/30.
Echo en falta enseguida mi alejamiento en estos últimos meses de la línea que más me ha ocupado en otros tiempos, la de la divulgación y la de la filosofía. Alguna razón habrá que se me escapa. Tengo que volver con ganas al Ensayo, a la reflexión, al análisis. Es lo que realmente me deja un poco más satisfecho precisamente porque me inquieta más, porque me propone más, porque me interroga con más fuerza.
Había apartado varios libros para el verano y a fe que he cumplido con el encargo. ¿Por qué REleo tanto últimamente? Sigo descubriendo que no todas mis lecturas están planificadas y que bastante corresponde al azar y a las circunstancias. ¿Y será mucho o poco? Acaso esto no importe demasiado pues los conceptos “poco” y “mucho” solo existen por comparación y yo esta no la puedo realizar. ¿Y estará bien leído y bien aprovechado? Esto sí que ya es asunto de cuidado.
En fin, en esas ando. Creo que sigo siendo un hombre de lecturas. Con sus ventajas y con sus inconvenientes. Porque no es oro todo lo que reluce: temas, tiempo, formatos, horas, selección…
.- La noche de los tiempos; Antonio Muñoz Molina (Novela) 4/7.
.- Don de la ebriedad; Claudio Rodríguez (Poesía) 4/10 Rel.
.- Conjuros; Claudio Rodríguez (Poesía) 4/11 Rel.
.- Alianza y condena; Claudio Rodríguez (Poesía) 4 /13 Rel.
.- Vuelo de la celebración; Claudio Rodríguez (Poesía) 4/14 Rel.
.- El pequeño príncipe; A. de Saint Exupery (Prosa) 4/16 Rel.
.- Pensamiento filosófico; Moisés González (Ensayo y antología) 5/2.
.- El cartero de Neruda; A. Skarmeta (Novela) 5/4.
.- En la ardiente oscuridad; Buero Vallejo (Teatro) 5/6 Rel.
.- Largo recorrido; José Luis Morante (Poesía) 5/8 Rel.
.- La amante; Rafael Alberti (Poesía) 5/9 Rel.
.- El alba del alhelí; Rafael Alberti (Poesía) 5/10 Rel.
.- El café de los filósofos muertos; Nora K. y Vittorio Hösle (Nov.) 6/2.
.- Romances (Luis de Góngora); Ed. Antonio Carreño (Poesía) 6/9.
.- Rinconete y Cortadillo; Cervantes (Nov.) 6/11 Rel.
.- La gitanilla; Cervantes (Nov.) Rel. 6/12.
.- Nueva poesía española. Antología consolidada; Enr. Martín Pardo (Poes.) 6/19.
.- Un blanco deslumbramiento; Andrés Aberasturi (Poesía) 6/24 Rel.
.- El tiempo entre costuras; María Dueñas (Novela) 7/11.
.- Moby Dick; Herman Melville (Novela) 7/12.
.- El Quijote; Cervantes (Novela) 7/20 Rel. Y van…
.- Metamorfosis; Ovidio Edic. Anaya 7/24.
.- Fco. Glez. Macías. Vida y obra de un escultor bejarano; José Carlos Brasas. (Ensayo) 7/28.
.- El Chuchi, los colegas y la vasca (El Evangelio en Cheli); Antonio Alonso. 8/02.
.- Por el camino de Ulectra; Martín Casariego Córdoba (Novela). 8/3.
.- El asedio; Arturo Pérez Reverte (Novela). 8/15.
.- Poesías completas; Antonio Machado (Poesía) 8/19. (Otra vez).
.- Poetas españoles de los 50 (Edic. A. L. Prieto de Paula) 8/21. Rel..
.- Carta a la Gran Duquesa Cristina. Galileo Galilei (Ensayo). 8/22.
.- Eclipse blanco en papel de plata; Augusto Thassio (Poesía). 8/23. Rel.
.- Sombras paralelas; Santiago Gómez Valverde (Poesía). 8/23. Rel.
.- Alegrías riojanas, VVAA (Poesía) 8/25. Rel.
.- País; Alfredo Porlan (Poesía) 8/29.
.- Cuentos; Andersen 8/30.
Echo en falta enseguida mi alejamiento en estos últimos meses de la línea que más me ha ocupado en otros tiempos, la de la divulgación y la de la filosofía. Alguna razón habrá que se me escapa. Tengo que volver con ganas al Ensayo, a la reflexión, al análisis. Es lo que realmente me deja un poco más satisfecho precisamente porque me inquieta más, porque me propone más, porque me interroga con más fuerza.
Había apartado varios libros para el verano y a fe que he cumplido con el encargo. ¿Por qué REleo tanto últimamente? Sigo descubriendo que no todas mis lecturas están planificadas y que bastante corresponde al azar y a las circunstancias. ¿Y será mucho o poco? Acaso esto no importe demasiado pues los conceptos “poco” y “mucho” solo existen por comparación y yo esta no la puedo realizar. ¿Y estará bien leído y bien aprovechado? Esto sí que ya es asunto de cuidado.
En fin, en esas ando. Creo que sigo siendo un hombre de lecturas. Con sus ventajas y con sus inconvenientes. Porque no es oro todo lo que reluce: temas, tiempo, formatos, horas, selección…
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