Ya estoy aquí de nuevo, cargado de sensaciones que se me acumulan en cascada incontrolable. Y, sin embargo, no tengo aún tiempo de soltarlas.
He llegado de Grecia, con el monte Athos casi a cuestas y con un peso de imágenes muy denso. Pero estoy enfrascado hasta los dientes en un fin de semana completito: el encuentro de escritores en Béjar me lleva cada hora y me ocupa cada minuto. Es otra experiencia intensa en la que prometí ayudar lo que pudiera y en ello ando, en ello andamos. De todo daré cuenta en otros ratos.
Hoy solo doy noticia de que estoy de nuevo al tajo, al tajo de las horas y los días en mi Béjar de siempre, con mi gente más próxima, con mi Sarita en Ávila creciendo dulcemente, con el reposo eterno de otros seres muy cerca de mis días, con el mundo ahí al lado, como fuego que quema, como abrazo que hiere, como beso que gusta. En fin, vamos a ello. De nuevo hay ya señales de humo y de existencia. Aquí estamos de nuevo.
sábado, 4 de julio de 2009
viernes, 26 de junio de 2009
HASTA DENTRO DE UNOS DÍAS
“Asomaba la Aurora temprana de dedos rosados / y Telémaco, el hijo divino del prócer Ulises, / anudose a los pies las sandalias hermosas, la lanza / empuñó fuerte y grande ajustada a sus manos y, ansiando / verse ya en la ciudad, se volvió hacia el porquero y le dijo: / “Oye, es tiempo que torne al palacio y mi madre me vea, / pues me doy a pensar que no habrá de ceder en su llanto / lastimero y cruel, sus sollozos y lágrimas, sino / cuando esté yo en persona a sus ojos. Mas esto te encargo: / lleva allá a la ciudad tú también a ese pobre extranjero, / que mendigue el sustento por ella y le dé cada uno / lo que quiera, una copa o un pan: con mi carga de penas / yo no puedo atender a quienquiera que llegue.” Odisea Canto XVII.
“Señor con el que danzan el novillo Eros y las ninfas de ojos oscuros y la purpúrea Afrodita, tú que recorres las altas cumbres de los montes, te imploro de rodillas, ven benévolo a mí y escucha mi plegaria grata a ti. Sé para Cleobulo buen consejero y que acepte, oh Dioniso, mi amor.” Lírica monódica. Poetas mélicos.
“Para el caso de “qué es el máximo” hay ejemplos tales como “¿qué es lo más justo? = hacer sacrificios”; “¿qué es lo más sabio? = el número, pero en segundo lugar, lo que pone los nombres a las cosas”; “¿qué es lo más sabio de lo que está entre nosotros? = la medicina”; “¿qué es lo más bello? = la armonía”; “¿qué es lo más valioso? = la sabiduría”; “¿qué es lo más bueno? = la felicidad”; “¿qué es lo más cierto de lo que se dice? = que los hombres son malvados”. Por ello dicen que Pitágoras elogió al poeta Hipodamas de Salamina, quien compuso estos versos: “Oh dioses, ¿de dónde sois? ¿de dónde habéis llegado a ser así? / Oh hombres, ¿de dónde sois? ¿de dónde habéis llegado a ser tan malos?” Filósofos pitagóricos.
a)“Eros es amor de lo bello.”
b) “-¿Y qué será de aquel que haga suyas las cosas buenas?
-Esto ya -dije yo- puedo contestarlo más fácilmente: que será feliz.”
c) “-Pues no te asombres -dijo-, ya que, de hecho, hemos separado una especie particular de amor y, dándole el nombre del todo, la denominamos amor, mientras que para las otras especies usamos otros nombres.”
d) “Lo que los hombres aman no es otra cosa que el bien.”
e) “-Entonces –dijo-, el amor es, en resumen, el deseo de poseer el bien.”
f) “El amor es también amor de la inmortalidad.”
g) “Pues esa es justamente la manera correcta de acercarse a las cosas del amor o de ser conducido por otro: empezando por las cosas bellas de aquí y sirviéndose de ellas como de peldaños ir ascendiendo continuamente, en base a aquella belleza, de uno solo a dos y de dos a todos los cuerpos y de los cuerpos bellos a las bellas normas de conducta, y de las normas de conducta a los bellos conocimientos, y partiendo de estos terminar en aquel conocimiento que es conocimiento no de otra cosa sino de aquella belleza absoluta, para que conozca al fin lo que es la belleza en sí.” Palabras de Sócrates en El Banquete.
“Pero el que la masa debe ser soberana más que los mejores, pero pocos, puede parecer una solución y, aunque tiene cierta dificultad, ofrece quizá algo de verdad. En efecto, los más, cada uno de los cuales es un hombre mediocre, pueden, sin embargo, reunidos, ser mejores que aquellos, no individualmente, sino en conjunto. Lo mismo que los banquetes, en que han contribuido muchos, son mejores que los sufragados por uno solo. Al ser muchos, cada uno tiene una parte de virtud y de prudencia, y, reunidos, la multitud se hace como un solo hombre con muchos pies y muchas manos y muchos sentidos; así ocurre también con los caracteres y con la inteligencia.” Aristóteles en su Política.
“Él nos capacitó como ministros de la nueva alianza, no de la letra, sino del espíritu, que la letra mata, pero el espíritu da vida.” Carta de san Pablo a los Corintios.
“Me parece igual a los dioses aquel varón que está sentado frente a ti y a tu lado te escucha mientras le hablas dulcemente y mientras ríes con amor. Ello en verdad ha hecho desmayarse mi corazón dentro del pecho: pues si te miro un punto, mi voz no te obedece, mi lengua queda rota, un suave fuego corre bajo mi piel, nada veo con mis ojos, me zumban los oídos,… brota de mí el sudor, un temblor se apodera de mí toda, pálida cual la hierba quedo y a punto de morir me veo a mí misma.” Versos de Safo.
“Cielo purasangre / Dedos que se llevó un riachuelo / Pasado por el sueño // Entre las verdes hojas de laurel / Desnuda yace la mañana.” Odysseas Elytis.
Escucho de fondo música ortodoxa (Philippolis : Laudamus Deum), Allá, en el fondo, diviso algún monasterio entre las rocas; más allá, adivino el Partenón.
“Señor con el que danzan el novillo Eros y las ninfas de ojos oscuros y la purpúrea Afrodita, tú que recorres las altas cumbres de los montes, te imploro de rodillas, ven benévolo a mí y escucha mi plegaria grata a ti. Sé para Cleobulo buen consejero y que acepte, oh Dioniso, mi amor.” Lírica monódica. Poetas mélicos.
“Para el caso de “qué es el máximo” hay ejemplos tales como “¿qué es lo más justo? = hacer sacrificios”; “¿qué es lo más sabio? = el número, pero en segundo lugar, lo que pone los nombres a las cosas”; “¿qué es lo más sabio de lo que está entre nosotros? = la medicina”; “¿qué es lo más bello? = la armonía”; “¿qué es lo más valioso? = la sabiduría”; “¿qué es lo más bueno? = la felicidad”; “¿qué es lo más cierto de lo que se dice? = que los hombres son malvados”. Por ello dicen que Pitágoras elogió al poeta Hipodamas de Salamina, quien compuso estos versos: “Oh dioses, ¿de dónde sois? ¿de dónde habéis llegado a ser así? / Oh hombres, ¿de dónde sois? ¿de dónde habéis llegado a ser tan malos?” Filósofos pitagóricos.
a)“Eros es amor de lo bello.”
b) “-¿Y qué será de aquel que haga suyas las cosas buenas?
-Esto ya -dije yo- puedo contestarlo más fácilmente: que será feliz.”
c) “-Pues no te asombres -dijo-, ya que, de hecho, hemos separado una especie particular de amor y, dándole el nombre del todo, la denominamos amor, mientras que para las otras especies usamos otros nombres.”
d) “Lo que los hombres aman no es otra cosa que el bien.”
e) “-Entonces –dijo-, el amor es, en resumen, el deseo de poseer el bien.”
f) “El amor es también amor de la inmortalidad.”
g) “Pues esa es justamente la manera correcta de acercarse a las cosas del amor o de ser conducido por otro: empezando por las cosas bellas de aquí y sirviéndose de ellas como de peldaños ir ascendiendo continuamente, en base a aquella belleza, de uno solo a dos y de dos a todos los cuerpos y de los cuerpos bellos a las bellas normas de conducta, y de las normas de conducta a los bellos conocimientos, y partiendo de estos terminar en aquel conocimiento que es conocimiento no de otra cosa sino de aquella belleza absoluta, para que conozca al fin lo que es la belleza en sí.” Palabras de Sócrates en El Banquete.
“Pero el que la masa debe ser soberana más que los mejores, pero pocos, puede parecer una solución y, aunque tiene cierta dificultad, ofrece quizá algo de verdad. En efecto, los más, cada uno de los cuales es un hombre mediocre, pueden, sin embargo, reunidos, ser mejores que aquellos, no individualmente, sino en conjunto. Lo mismo que los banquetes, en que han contribuido muchos, son mejores que los sufragados por uno solo. Al ser muchos, cada uno tiene una parte de virtud y de prudencia, y, reunidos, la multitud se hace como un solo hombre con muchos pies y muchas manos y muchos sentidos; así ocurre también con los caracteres y con la inteligencia.” Aristóteles en su Política.
“Él nos capacitó como ministros de la nueva alianza, no de la letra, sino del espíritu, que la letra mata, pero el espíritu da vida.” Carta de san Pablo a los Corintios.
“Me parece igual a los dioses aquel varón que está sentado frente a ti y a tu lado te escucha mientras le hablas dulcemente y mientras ríes con amor. Ello en verdad ha hecho desmayarse mi corazón dentro del pecho: pues si te miro un punto, mi voz no te obedece, mi lengua queda rota, un suave fuego corre bajo mi piel, nada veo con mis ojos, me zumban los oídos,… brota de mí el sudor, un temblor se apodera de mí toda, pálida cual la hierba quedo y a punto de morir me veo a mí misma.” Versos de Safo.
“Cielo purasangre / Dedos que se llevó un riachuelo / Pasado por el sueño // Entre las verdes hojas de laurel / Desnuda yace la mañana.” Odysseas Elytis.
Escucho de fondo música ortodoxa (Philippolis : Laudamus Deum), Allá, en el fondo, diviso algún monasterio entre las rocas; más allá, adivino el Partenón.
jueves, 25 de junio de 2009
¿PREPARADOS?
No sé si entre las cualidades propiamente humanas está la de ser viajero y trasladarse de un sitio a otro con frecuencia. Si así fuera, yo tendría que pensar en afiliarme a otra especie diferente, pues mi sillón y mis libros me retienen demasiadas horas sin moverme y cada año me llevan de vacaciones a la fuerza y con desgana y siempre suspiro por que me dejen sentadito a la sombra de un castaño o a la orilla de un río. Cuento con alguna otra opinión que me consuela, como aquella de Borges que decía que como mejor se podía viajar era con la imaginación y desde una biblioteca. Me apunto sin dudarlo a esta opinión. Conozco también aquella que afirma que como mejor se quitan los males es viajando y conociendo otras culturas. Vale, será verdad, pero repito mi deseo de conocerlas sin necesidad de estar todo el año pensando en esos otros lugares, sin tener que privarme de mis caprichitos por el ahorro necesario, sin tener que colocarme pacientemente en la eterna cola de la carretera. Sé que la historia se ha hecho a base de movimientos, viajes y migraciones, pero sé también que uno de los avances mayores resultó ser el del asentamiento de los seres humanos en un lugar determinado, y que ahora se va y se viene a cualquier sitio del mundo desde esta ventana mágica que tengo abierta en mi ordenador.
Pero Athos es otro viaje, otra manera de buscar la aventura, de volver en el tiempo al siglo diez, de sentir cómo la vida se detuvo allí por alguna razón que convendría analizar, de repartir unos días con unos horarios que poco tienen que ver con los “normales”, de charlar de lo divino y de lo humano, de empezar el día sin saber muy bien cómo va a continuar y mucho menos cómo puede terminar, de dejarse llevar por los usos de esas gentes que se han plantado allí con unos ideales que no son fáciles para una mente mínimamente racional…
A estas alturas -queda día y medio para la partida- no he preparado mi mochila, ese equipaje colgante que me acompañará y que me pesará en la espalda a todas horas. Tengo un largo listado de sugerencias de Jesús, que se ha ocupado de casi todo. En mi mochila irá lo imprescindible. Y nada más. Voy de viaje y no soy un turista. Soy un viajero y casi un aventurero. Llevaré otro baúl mental que me ayudará a sentirme de otra manera, a vivir unos días de manera diferente. Estas formas casi momentáneas son las que más me gustan. Ya me voy a la mochila, que no me queda tiempo. Y me voy a ponerme en situación, a actualizar detalles, leyendas y conceptos que me sumerjan en esa tierra eterna que tanto me ha hecho soñar e imaginar. Así que a las mudas y a los útiles de aseo, a la cámara y a la cartilla de notas, a los frutos secos y a los documentos de identidad, a… Y a refrescar algunas lecturas. Ya todo está pidiendo la hora. Tengo que moverme. A ello.
Pero Athos es otro viaje, otra manera de buscar la aventura, de volver en el tiempo al siglo diez, de sentir cómo la vida se detuvo allí por alguna razón que convendría analizar, de repartir unos días con unos horarios que poco tienen que ver con los “normales”, de charlar de lo divino y de lo humano, de empezar el día sin saber muy bien cómo va a continuar y mucho menos cómo puede terminar, de dejarse llevar por los usos de esas gentes que se han plantado allí con unos ideales que no son fáciles para una mente mínimamente racional…
A estas alturas -queda día y medio para la partida- no he preparado mi mochila, ese equipaje colgante que me acompañará y que me pesará en la espalda a todas horas. Tengo un largo listado de sugerencias de Jesús, que se ha ocupado de casi todo. En mi mochila irá lo imprescindible. Y nada más. Voy de viaje y no soy un turista. Soy un viajero y casi un aventurero. Llevaré otro baúl mental que me ayudará a sentirme de otra manera, a vivir unos días de manera diferente. Estas formas casi momentáneas son las que más me gustan. Ya me voy a la mochila, que no me queda tiempo. Y me voy a ponerme en situación, a actualizar detalles, leyendas y conceptos que me sumerjan en esa tierra eterna que tanto me ha hecho soñar e imaginar. Así que a las mudas y a los útiles de aseo, a la cámara y a la cartilla de notas, a los frutos secos y a los documentos de identidad, a… Y a refrescar algunas lecturas. Ya todo está pidiendo la hora. Tengo que moverme. A ello.
miércoles, 24 de junio de 2009
EN LA DEHESA DE CANDELARIO
Hoy tocó comida en el campo. Una de esas comidas que cierran ciclo -en este caso curso- y que ponen límite a algún período regular. Nos fuimos a la Dehesa de Candelario con nuestras carnes y con nuestras bebidas (nadie me guardó ensalada, coño), con nuestros buenos aderezos y con nuestros postrecitos.
Comer en la Dehesa es un lujo de hotel de seis estrellas. Un extraordinario robledal ampara todo el paisaje y lo sostiene en un fresquito estupendo. Las laderas de estas sierras son así y en ellas uno se deja llevar por cualquier cosa, que todo es bien venido. Y allí hemos pasado los colegas unas cuantas horas, con charla incluida, con ensayo de cocinero mayor también, con paseo estupendo por la orilla del río y por el azud que lleva hasta el pantano, y con ascensión final al Cancho de la Muela cuando ya la tarde declinaba. Una cosa completita y maja.
Estas situaciones son propicias para que la gente se suelte y deje ver sus caras un poco más ocultas, esas que se evitan y se esconden tras algún tipo de coraza los días laborables. La profesión de la enseñanza es bastante peculiar y estas ocasiones siempre deparan alguna sorpresa. Vinieron Paco y Ana desde Salamanca y me he quedado con un poquito de mala conciencia porque tal vez no los he atendido mucho. Mis excusas.
La profesión de profesor tiene algún punto de trabajador temporero (que no se entere mucha gente) pues cada curso se cierra un ciclo y se abre otro nuevo cuando se anuncia el otoño. Siempre es cosecha nueva, siempre se inicia con el deseo de recoger buenos frutos. Y siempre se comprueba la certeza de que los árboles que se cultivan tienen la misma edad y la misma lozanía, mientras que el cultivador se hace cada vez más cansino y mayor. También ellos son el tiempo, tal vez el mejor reflejo del tiempo, de mi tiempo.
Comer en la Dehesa es un lujo de hotel de seis estrellas. Un extraordinario robledal ampara todo el paisaje y lo sostiene en un fresquito estupendo. Las laderas de estas sierras son así y en ellas uno se deja llevar por cualquier cosa, que todo es bien venido. Y allí hemos pasado los colegas unas cuantas horas, con charla incluida, con ensayo de cocinero mayor también, con paseo estupendo por la orilla del río y por el azud que lleva hasta el pantano, y con ascensión final al Cancho de la Muela cuando ya la tarde declinaba. Una cosa completita y maja.
Estas situaciones son propicias para que la gente se suelte y deje ver sus caras un poco más ocultas, esas que se evitan y se esconden tras algún tipo de coraza los días laborables. La profesión de la enseñanza es bastante peculiar y estas ocasiones siempre deparan alguna sorpresa. Vinieron Paco y Ana desde Salamanca y me he quedado con un poquito de mala conciencia porque tal vez no los he atendido mucho. Mis excusas.
La profesión de profesor tiene algún punto de trabajador temporero (que no se entere mucha gente) pues cada curso se cierra un ciclo y se abre otro nuevo cuando se anuncia el otoño. Siempre es cosecha nueva, siempre se inicia con el deseo de recoger buenos frutos. Y siempre se comprueba la certeza de que los árboles que se cultivan tienen la misma edad y la misma lozanía, mientras que el cultivador se hace cada vez más cansino y mayor. También ellos son el tiempo, tal vez el mejor reflejo del tiempo, de mi tiempo.
martes, 23 de junio de 2009
AY LA NOCHE DE SAN JUAN
Ay esta nochecita de san Juan que tanto se resiste a la oscuridad. Ha sido largo el día y buena parte de él se me ha ido en poner notas y en clasificar muchachos, en una contribución más a este modelo en el que ando inserto sin demasiadas ganas. Examinar, clasificar, ordenar según el sistema… No estoy seguro de que esto sea exactamente educar.
Voy a dejar hablar hoy también a otra persona, al pensador Michel Foucault: “El examen combina las técnicas de las jerarquías que vigilan y la de la sanción que normaliza. Es una mirada normalizadora, una vigilancia que permite calificar, clasificar y castigar. Establece sobre los individuos una visibilidad a través de la cual se los diferencia y se los sanciona. A esto se debe que, de todos los dispositivos de disciplina, el examen se halle altamente ritualizado. En él vienen a unirse la ceremonia del poder y la forma de la experiencia, el despliegue de la fuerza y el establecimiento de la verdad…” Pues eso, que de exámenes, de notas y de clasificación. ¿Para qué? Pues para que el sistema siga como está. Y no está demasiado bien precisamente.
La última hora de la tarde me volvió a llevar a una reunión en la que comprobé otra vez que no es fácil que la gente ordene sus ideas en función de los demás y del sentido común. Andamos tras un proyecto de futuro para esta ciudad estrecha y no sé si saldrá adelante. Hay poca agilidad y escasa participación. Yo ya les he dejado mi modelo y mi aportación. Veremos qué pasará en los próximos meses.
Y anda cuajando en mí la concreción de un poemario que recorrería las principales ideas de algunos de los filósofos más importantes de la historia. El esquema lo tengo, me falta ponerme a ello. Ya estoy viendo el peligro de racionalizar demasiado los poemas, pero quizás merezca la pena correr ese riesgo. Sería como repasar un esquema filosófico desde los versos y con los vericuetos y las libertades propias de la poesía. Cada vez me tienta más la filosofía, cada día leo más de ese palo; nada tendría de especial que lo encarara desde esa vertiente. ¿Lo haré? Tengo casi elegido el grupo de filósofos que me harían compañía.
Veo pasar a un numeroso grupo de jóvenes por debajo de mi casa. Van camino del río en este puente viejo de ahí mismo. Inmediatamente antes de llegar, se desvían hacia la ladera y se pierden en la noche. Es la noche de san Juan. Ay la noche de san Juan.
Voy a dejar hablar hoy también a otra persona, al pensador Michel Foucault: “El examen combina las técnicas de las jerarquías que vigilan y la de la sanción que normaliza. Es una mirada normalizadora, una vigilancia que permite calificar, clasificar y castigar. Establece sobre los individuos una visibilidad a través de la cual se los diferencia y se los sanciona. A esto se debe que, de todos los dispositivos de disciplina, el examen se halle altamente ritualizado. En él vienen a unirse la ceremonia del poder y la forma de la experiencia, el despliegue de la fuerza y el establecimiento de la verdad…” Pues eso, que de exámenes, de notas y de clasificación. ¿Para qué? Pues para que el sistema siga como está. Y no está demasiado bien precisamente.
La última hora de la tarde me volvió a llevar a una reunión en la que comprobé otra vez que no es fácil que la gente ordene sus ideas en función de los demás y del sentido común. Andamos tras un proyecto de futuro para esta ciudad estrecha y no sé si saldrá adelante. Hay poca agilidad y escasa participación. Yo ya les he dejado mi modelo y mi aportación. Veremos qué pasará en los próximos meses.
Y anda cuajando en mí la concreción de un poemario que recorrería las principales ideas de algunos de los filósofos más importantes de la historia. El esquema lo tengo, me falta ponerme a ello. Ya estoy viendo el peligro de racionalizar demasiado los poemas, pero quizás merezca la pena correr ese riesgo. Sería como repasar un esquema filosófico desde los versos y con los vericuetos y las libertades propias de la poesía. Cada vez me tienta más la filosofía, cada día leo más de ese palo; nada tendría de especial que lo encarara desde esa vertiente. ¿Lo haré? Tengo casi elegido el grupo de filósofos que me harían compañía.
Veo pasar a un numeroso grupo de jóvenes por debajo de mi casa. Van camino del río en este puente viejo de ahí mismo. Inmediatamente antes de llegar, se desvían hacia la ladera y se pierden en la noche. Es la noche de san Juan. Ay la noche de san Juan.
lunes, 22 de junio de 2009
GOTITAS DE LAICISMO
Cuando volvía ayer de mi feliz estancia en Ávila, me enteré de que, en el Cerro de los Ángeles, ese cerro que centra geográficamente las geografías de todas las Españas, Rouco había vuelto a representar la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús. Esta mañana leo en un periódico provincial que Cipri, el alcalde de mi ciudad, Cipri, persona a la que considero de muy buena voluntad, se ha prestado a la recuperación de una vieja costumbre, tan vieja que nos hunde en los períodos más oscuros de nuestra historia: la de dejar que el representante eclesial que preside la procesión de octava del Corpus se acerque a buscar al alcalde, autoridad civil, y lo lleve a integrarse en la misa y en la ceremonia de la iglesia. Sospecho que lo ha hecho muy a pesar suyo. Pero lo ha hecho. Aquí, en este país, todo pueblo vive bajo la advocación de un santo o de una virgen, de manera que se convierten en protectores tanto de creyentes como de incrédulos y de ateos. Todo lo sigue llenando el asunto religioso.
¿Pero es que no vamos a aprender nunca? Damos tres zancadas para atrás mientras nos da temor andar un pasito hacia adelante. ¿Qué coños hace el poder civil en medio de los asuntos religiosos? Tiene que ser difícil gobernar representando a todos. Parece evidente también que hay que “atender” a todas las sensibilidades. Pero atender a todos no significa -no debe significar- ponerse a los pies de nada y menos de aquello que no sea común de todos los vecinos y de todas las personas. El alcalde puede acompañar como uno más a la procesión, pero no puede “rendir armas” como si nada. Poner las banderas inclinadas bajo los elementos religiosos el día del Corpus es retrotraerse al menos 500 años en la historia, aunque la costumbre se haya mantenido hasta hace bien poco. Ampliar esos usos a la octava de la fiesta no tiene calificativo sencillo.
El hecho concreto tendría que ser trascendido para encontrar la importancia real. Incluso el más solemne del Cerro de los Ángeles. ¿Quién es este obispo para consagrar un territorio? ¿A quién representa este sujeto? ¿Por qué no consagra la fe y las vidas de sus fieles y estos empiezan a practicar la justicia, el humanismo y el reparto de la pasta y de los poderes? ¿En qué se parece el sermón de este colega a aquel Sermón de la Montaña?
No tienen solución porque, además, en cuanto les das la mano, se aferran al pie y no lo sueltan hasta que no lo devoran. Es asunto de estructura. Todos los monoteísmos son igualitos, tienden a universalizar todo y a hacerlo depender del vértice del triángulo, de ese ojo gigante al que quieren que todo se someta, además de una forma siempre amenazante y chantajista. Ahí están los infiernos, los castigos, los pecados, los sometimientos a las jerarquías, los dogmas, las torturas psicológicas…
Como ellos son los que se arrogan el poder único de interpretación de la doctrina, pues a ver quién les tose. Todo vale para el convento con tal de que no se salga de la pirámide, en la que ellos ocupan un puesto de privilegio.
Lo he comentado más veces. Me apena que andemos imitando a las tortugas, aunque comprendo las presiones sociales y hasta mentales.
Si además -aviso a navegantes- nos gustan tanto los toros que también hacemos referencia a ellos como la “fiesta nacional”, cuando hay por ahí tanto antitaurino razonable y razonador, o simplemente personal que pasa del asunto, pues acaso entendamos mejor ciertas actitudes. No era esto, no era esto.
Menos mal que al menos, en el nivel nacional, no hemos tenido al Jefe del Estado ni al Presidente del Gobierno haciendo reverencias circenses en el sitio mentado. Menos mal.
¿Pero es que no vamos a aprender nunca? Damos tres zancadas para atrás mientras nos da temor andar un pasito hacia adelante. ¿Qué coños hace el poder civil en medio de los asuntos religiosos? Tiene que ser difícil gobernar representando a todos. Parece evidente también que hay que “atender” a todas las sensibilidades. Pero atender a todos no significa -no debe significar- ponerse a los pies de nada y menos de aquello que no sea común de todos los vecinos y de todas las personas. El alcalde puede acompañar como uno más a la procesión, pero no puede “rendir armas” como si nada. Poner las banderas inclinadas bajo los elementos religiosos el día del Corpus es retrotraerse al menos 500 años en la historia, aunque la costumbre se haya mantenido hasta hace bien poco. Ampliar esos usos a la octava de la fiesta no tiene calificativo sencillo.
El hecho concreto tendría que ser trascendido para encontrar la importancia real. Incluso el más solemne del Cerro de los Ángeles. ¿Quién es este obispo para consagrar un territorio? ¿A quién representa este sujeto? ¿Por qué no consagra la fe y las vidas de sus fieles y estos empiezan a practicar la justicia, el humanismo y el reparto de la pasta y de los poderes? ¿En qué se parece el sermón de este colega a aquel Sermón de la Montaña?
No tienen solución porque, además, en cuanto les das la mano, se aferran al pie y no lo sueltan hasta que no lo devoran. Es asunto de estructura. Todos los monoteísmos son igualitos, tienden a universalizar todo y a hacerlo depender del vértice del triángulo, de ese ojo gigante al que quieren que todo se someta, además de una forma siempre amenazante y chantajista. Ahí están los infiernos, los castigos, los pecados, los sometimientos a las jerarquías, los dogmas, las torturas psicológicas…
Como ellos son los que se arrogan el poder único de interpretación de la doctrina, pues a ver quién les tose. Todo vale para el convento con tal de que no se salga de la pirámide, en la que ellos ocupan un puesto de privilegio.
Lo he comentado más veces. Me apena que andemos imitando a las tortugas, aunque comprendo las presiones sociales y hasta mentales.
Si además -aviso a navegantes- nos gustan tanto los toros que también hacemos referencia a ellos como la “fiesta nacional”, cuando hay por ahí tanto antitaurino razonable y razonador, o simplemente personal que pasa del asunto, pues acaso entendamos mejor ciertas actitudes. No era esto, no era esto.
Menos mal que al menos, en el nivel nacional, no hemos tenido al Jefe del Estado ni al Presidente del Gobierno haciendo reverencias circenses en el sitio mentado. Menos mal.
domingo, 21 de junio de 2009
ESTA SARA PRECIOSA
Sara me recibe en un duermevela que la sitúa más en su mundo que en el mío. ¿Es que nadie le ha dicho que me moría por verla y que ya hacía varios días que no la contemplaba?
Pero ahí estaba ella, tan suave y tierna, con sus diecinueve días a cuestas. Todos corriendo a verla, a contemplarla, a practicar la voz suave para que no se despertara, a pesar de que deseábamos que lo hiciera para decirle cosas.
Ávila acoge sus primeros días y creo que lo hace muy bien: comiendo mucho, durmiendo más, sin un ruido de más ni de menos, con carita de pilluela a veces, con las primeras muecas reflejas de sonrisa en su carita de cielo, con sus padres contentos y felices, con sus abuelos que no saben qué cara poner ni qué cosas decir, con un ambiente familiar relajado, con la satisfacción en todas las caras. Qué suerte tiene nuestra Sara de ser tan querida. Yo creo que ella lo nota y que se va asentando en la vida con pasitos alegres y con gestos graciosos.
Enseguida llegaron los amigos de sus padres. Qué feliz me siento al comprobar que mis hijos son tan queridos por casi todo el mundo. Sé que ellos son abiertos, muy abiertos, y que ponen mucho de su parte para que esto suceda. Recuerdo aquí otra vez que en lo alto de mi ética se encuentra esta sentencia: QUERER Y SER QUERIDO. Me parece que la cumplen en grado muy notable. Me siento muy contento.
Y Sara se durmió después de comer y de quedarse satisfecha. Con su cabecita posada sobre la tela suave de la cuna, con los bracitos extendidos, como abrazando al mundo, con sus ojitos dulces y con su gesto de paz y de ternura. Sara es muy dormilona. Nos da tiempo a comer y a echar un sueño en el sillón. Y no hay cuidado. Por si acaso, hay aquí un artilugio que la tiene en pantalla desde cualquier sitio de la casa. Como si quisiéramos velarla cada minuto. Ella duerme en el limbo de los sueños.
Es más de media tarde y Sara abre sus ojitos grandes. Comienza a mover su cabecita y a mover sus bracitos en la cuna, se quiere hacer presente, reclama que también ella es un ser con sus necesidades. Quiere comer, sin duda. Antes hay que bañarla.
Y verla en la bañera es un milagro. Ni una sola señal de desagrado. Apoyada en las mallas de una red, recibe su bautismo cotidiano, sus raciones de agua y de caricias. Hoy la miramos todos, pues todos la quisiéramos bañar. Ella abre los ojitos y seguro que percibe la presencia de más palabras que las de otras veces. Y Sara es un tesoro desnudita, con su cuerpecito en ciernes, con sus manitas diminutas y sus deditos largos, con su rostro moreno y sus ojitos sorprendidos, con sus piececitos moviéndose sin tino. Sara es todo un tesoro. Me gustaría guardarla entre mis brazos un buen rato, pero hay que darle calor y cobijo en sus vestidos. Sigue sin una queja. Es una princesa que pronto será reina.
Ahora ya está vestida y no me aguanto. Le doy un haz de besos muy suaves y se la doy a su madre. Tiene que comer de nuevo. Ella sabe pedirlo moviendo su cabecita y agitando sus brazos. Pues a comer, tesoro, mientras yo te dedico estas pobres líneas.
Luego iremos de paseo, a conocer la luz y el viento, el sol del verano que ya está con nosotros y, en fin, a darle pinceladas a la vida, esa vida que ya te va conociendo como tú la conocerás a ella. Yo te beso y te quiero, ahora que eres tan tierna.
Mira, Sara, mi reina, lo que te digo en voz bajita: yo a ti te quiero mucho, no lo dudes; tú tienes que querer quererme y entonces ya me querrás. Duérmete, niña mía; te cantaré la nana que te compuse el mismo día de tu nacimiento: parece que causa efecto. Ya me callo.
Pero ahí estaba ella, tan suave y tierna, con sus diecinueve días a cuestas. Todos corriendo a verla, a contemplarla, a practicar la voz suave para que no se despertara, a pesar de que deseábamos que lo hiciera para decirle cosas.
Ávila acoge sus primeros días y creo que lo hace muy bien: comiendo mucho, durmiendo más, sin un ruido de más ni de menos, con carita de pilluela a veces, con las primeras muecas reflejas de sonrisa en su carita de cielo, con sus padres contentos y felices, con sus abuelos que no saben qué cara poner ni qué cosas decir, con un ambiente familiar relajado, con la satisfacción en todas las caras. Qué suerte tiene nuestra Sara de ser tan querida. Yo creo que ella lo nota y que se va asentando en la vida con pasitos alegres y con gestos graciosos.
Enseguida llegaron los amigos de sus padres. Qué feliz me siento al comprobar que mis hijos son tan queridos por casi todo el mundo. Sé que ellos son abiertos, muy abiertos, y que ponen mucho de su parte para que esto suceda. Recuerdo aquí otra vez que en lo alto de mi ética se encuentra esta sentencia: QUERER Y SER QUERIDO. Me parece que la cumplen en grado muy notable. Me siento muy contento.
Y Sara se durmió después de comer y de quedarse satisfecha. Con su cabecita posada sobre la tela suave de la cuna, con los bracitos extendidos, como abrazando al mundo, con sus ojitos dulces y con su gesto de paz y de ternura. Sara es muy dormilona. Nos da tiempo a comer y a echar un sueño en el sillón. Y no hay cuidado. Por si acaso, hay aquí un artilugio que la tiene en pantalla desde cualquier sitio de la casa. Como si quisiéramos velarla cada minuto. Ella duerme en el limbo de los sueños.
Es más de media tarde y Sara abre sus ojitos grandes. Comienza a mover su cabecita y a mover sus bracitos en la cuna, se quiere hacer presente, reclama que también ella es un ser con sus necesidades. Quiere comer, sin duda. Antes hay que bañarla.
Y verla en la bañera es un milagro. Ni una sola señal de desagrado. Apoyada en las mallas de una red, recibe su bautismo cotidiano, sus raciones de agua y de caricias. Hoy la miramos todos, pues todos la quisiéramos bañar. Ella abre los ojitos y seguro que percibe la presencia de más palabras que las de otras veces. Y Sara es un tesoro desnudita, con su cuerpecito en ciernes, con sus manitas diminutas y sus deditos largos, con su rostro moreno y sus ojitos sorprendidos, con sus piececitos moviéndose sin tino. Sara es todo un tesoro. Me gustaría guardarla entre mis brazos un buen rato, pero hay que darle calor y cobijo en sus vestidos. Sigue sin una queja. Es una princesa que pronto será reina.
Ahora ya está vestida y no me aguanto. Le doy un haz de besos muy suaves y se la doy a su madre. Tiene que comer de nuevo. Ella sabe pedirlo moviendo su cabecita y agitando sus brazos. Pues a comer, tesoro, mientras yo te dedico estas pobres líneas.
Luego iremos de paseo, a conocer la luz y el viento, el sol del verano que ya está con nosotros y, en fin, a darle pinceladas a la vida, esa vida que ya te va conociendo como tú la conocerás a ella. Yo te beso y te quiero, ahora que eres tan tierna.
Mira, Sara, mi reina, lo que te digo en voz bajita: yo a ti te quiero mucho, no lo dudes; tú tienes que querer quererme y entonces ya me querrás. Duérmete, niña mía; te cantaré la nana que te compuse el mismo día de tu nacimiento: parece que causa efecto. Ya me callo.
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