¿Cómo puede hacer un viento tan puñetero precisamente en el momento en el que está rompiendo el verano? ¿Pero esto qué es? Zumba el viento en mis ventanas de una manera desbocada cuando el solsticio de verano empieza a cambiar el rumbo y se empieza a mirar en decrecida. Tal vez estará enfermo este vientoy quiera hacerse notar. Que se queme todo lo que tenga que quemarse, que el fuego lo purifique todo, que todo se ofrezca como óbolo a este viento y que todo sea llevado hasta el altar del sacrificio. Empieza la estación de los frutos, de las fiestas, de las normas rebosadas, de los horarios laxos. Es verano en el cielo y en la tierra. Debería ser verano en mí mismo.
Esta mañana volví a echarme al camino, en ascenso y descenso. El Castañar, Llano Alto, Peña de la Cruz, Peña Negra, camino de Cantagallo. Fuente de la Señora, regato de los Horquitos, cedro centenario, Centena, Santana y Béjar. Un paseo estupendo de nuevo entre las leyes de la naturaleza. Comenzamos el camino Manolo y yo argumentando a favor y en contra de la belleza y de nuestra percepción de la realidad. La cuesta se nos hizo bastante menos costosa en estos pensamientos. Y no arreglamos nada, por supuesto. Luego vino la fiesta del almuerzo, y el dosel de las ramas cubriendo buena parte del camino. Llegué a casa cansado (casi dieciocho kilómetros con mi cuerpo un poco desentrenado). Dormí placenteramente después de una ducha reparadora.
La tarde fue una fiesta con mis hermanos. Fue de buenos recuerdos, de algún reparto, de mirar hacia atrás y hacia adelante, de prometernos más reuniones próximas, de sentirnos a gusto, de repetirnos mucho que nos necesitamos, de algunas lágrimas por recuerdos recientes, de contemplar la vida y descubrirnos cerca unos de otros, de sentirme yo a gusto con todos ellos.
Ya la noche en el cielo, volví para mi casa. Mañana toca Ávila. Mi Sara en su cunita para que yo la bese tiernamente. Que llegue pronto el alba. Ya estamos en verano.
domingo, 21 de junio de 2009
viernes, 19 de junio de 2009
MÁS ALLÁ DEL SISTEMA
Me derrito en estos calores que, si no son anticipados, sí me pillan desprevenido y con una sensación cansina y desdibujada.
Cuando llego a casa me entero del fallecimiento de Vicente Ferrer en la India. Repaso por donde puedo algunos datos de su biografía y lo veo dando una patada al aparato formal del mundo y lanzándose sin paracaídas al campo de batalla, al descampado en el que le aguardan los necesitados, esos bípedos implumes que, a pesar de todos los pesares, nacen, crecen, se multiplican y mueren; de otra manera, nacen, se alimentan, duermen, se relacionan con los demás y, de vez en cuando, se paran a pensar en las cuatro anteriores actividades. Solo esporádicamente he seguido a lo largo de los años los trabajos de este hombre admirable. Pero de manera suficiente como para sentirme atrapado por esa voluntad de hierro y por esa lucidez diáfana que sostenía un cuerpo pequeñito y delgado, acompañado de una mirada que parecía reírse de cualquier dificultad. Alejado de toda jerarquía y de toda ortodoxia formalista, parecía vivir con algunos principios que lo mantenían en pie y bien alerta. Uno se reconcilia con el valor del ser humano cuando contempla a tipos como este, a gigantes de la voluntad, de la humildad y de la solidaridad. Sigo convencido de que hay mucha gente por ahí de este tenor, aunque nadie hable de ellos ni se reúnan en juntas directivas, comités ejecutivos o conferencias episcopales. Un abrazo grande de admiración y cariño para él y para su gente, que somos todos.
Y voy diciendo adiós a mis días de calendario escolar. Lo hago este año un poquito más cansado que otros cursos, pero con similar convencimiento de que la educación es la acción más salvadora para el ser humano. A pesar de los pesares y de todas las chinas que al coche se le ponen en las ruedas. Normalmente los esfuerzos de los profesores y los deseos de los padres tienen que ver con el mejor acomodo personal del alumno en la estructura actual: que se aprueben los exámenes, que se supere la selectividad, que se termine una carrera, que se aprueben unas oposiciones…
Situarse, situarse y después situarse en el sistema actual, aprovecharse de él de la mejor manera posible y siempre desde un punto de vista egoísta: “qué buen alumno”, “mira qué puesto ha alcanzado”, “qué bien situado está”, “qué buen expediente”… Todo desde el presente y para el presente. Sin dos dedos de frente para mirar un poco al futuro y a la colectividad. Sin cuestionarse casi nunca si el sistema está bien o mal planteado. Algo similar a lo que hacen los economistas con la crisis.
Ayer mismo me topaba con estas líneas escritas por Kant: “Ordinariamente, los padres no se preocupan más que de una cosa: 1) de que sus hijos salgan adelante en el mundo, y 2) los príncipes no consideran a sus súbditos más que como instrumentos para sus designios. Los padres piensan en su casa, los príncipes piensan en su Estado. Ni unos ni otros tienen como fin último el bien universal y la perfección a la que la humanidad está destinada y para la cual posee también disposiciones. Sin embargo, la concepción de un plan de educación tendría que recibir una orientación cosmopolítica.”
Egoísmo, egoísmo y más egoísmo. Falta de abstracción, incapacidad parta mirar hacia el futuro. Y, además, en forma equivocada.
Sigue Kant: “¿Acaso entonces el bien universal es una idea que pueda dañar nuestro bien particular? ¡En ningún caso! Pues incluso si parece que hay que sacrificarle algunas cosas, en el fondo siempre se trabaja mejor por el bien presente si se sirve a esa idea. ¡Y qué magníficas consecuencias la acompañan! La buena educación es precisamente la fuente de la que manan todos los bienes de este mundo. Las semillas que están en el hombre deben ser desarrolladas. Porque no se encuentran principios que llevan al mal en las disposiciones naturales humanas. La única causa del mal es que la naturaleza no está sometida a reglas. No hay en el hombre semillas más que para el bien.”
Me paro a imaginar las mentes y las preocupaciones de estudiantes, padres y profesores y apenas me sale otra cosa que intereses particulares y egoísmos que aspiran a instalarse de la mejor forma posible en el sistema. ¿Quién mira un poquito más allá del presente? ¿Quién se para a pensar en la bondad o en la maldad del sistema en el que se mueven y nos movemos? ¿Quién está dispuesto a echar una mano para modificar algún principio? Las notas, el paso de curso, los suspensos, el verano, la piscina, el expediente, las oposiciones, el sueldo… ¿Y los demás? ¿A qué va a dedicar, por ejemplo, el tiempo un alumno que haya superado la selectividad antes de mediados de junio y hasta mediados del mes de octubre? ¿A qué le empuja el sistema si no es al descanso y a la piscina? Ufffffffffffffffffffffffffff.
Cuando llego a casa me entero del fallecimiento de Vicente Ferrer en la India. Repaso por donde puedo algunos datos de su biografía y lo veo dando una patada al aparato formal del mundo y lanzándose sin paracaídas al campo de batalla, al descampado en el que le aguardan los necesitados, esos bípedos implumes que, a pesar de todos los pesares, nacen, crecen, se multiplican y mueren; de otra manera, nacen, se alimentan, duermen, se relacionan con los demás y, de vez en cuando, se paran a pensar en las cuatro anteriores actividades. Solo esporádicamente he seguido a lo largo de los años los trabajos de este hombre admirable. Pero de manera suficiente como para sentirme atrapado por esa voluntad de hierro y por esa lucidez diáfana que sostenía un cuerpo pequeñito y delgado, acompañado de una mirada que parecía reírse de cualquier dificultad. Alejado de toda jerarquía y de toda ortodoxia formalista, parecía vivir con algunos principios que lo mantenían en pie y bien alerta. Uno se reconcilia con el valor del ser humano cuando contempla a tipos como este, a gigantes de la voluntad, de la humildad y de la solidaridad. Sigo convencido de que hay mucha gente por ahí de este tenor, aunque nadie hable de ellos ni se reúnan en juntas directivas, comités ejecutivos o conferencias episcopales. Un abrazo grande de admiración y cariño para él y para su gente, que somos todos.
Y voy diciendo adiós a mis días de calendario escolar. Lo hago este año un poquito más cansado que otros cursos, pero con similar convencimiento de que la educación es la acción más salvadora para el ser humano. A pesar de los pesares y de todas las chinas que al coche se le ponen en las ruedas. Normalmente los esfuerzos de los profesores y los deseos de los padres tienen que ver con el mejor acomodo personal del alumno en la estructura actual: que se aprueben los exámenes, que se supere la selectividad, que se termine una carrera, que se aprueben unas oposiciones…
Situarse, situarse y después situarse en el sistema actual, aprovecharse de él de la mejor manera posible y siempre desde un punto de vista egoísta: “qué buen alumno”, “mira qué puesto ha alcanzado”, “qué bien situado está”, “qué buen expediente”… Todo desde el presente y para el presente. Sin dos dedos de frente para mirar un poco al futuro y a la colectividad. Sin cuestionarse casi nunca si el sistema está bien o mal planteado. Algo similar a lo que hacen los economistas con la crisis.
Ayer mismo me topaba con estas líneas escritas por Kant: “Ordinariamente, los padres no se preocupan más que de una cosa: 1) de que sus hijos salgan adelante en el mundo, y 2) los príncipes no consideran a sus súbditos más que como instrumentos para sus designios. Los padres piensan en su casa, los príncipes piensan en su Estado. Ni unos ni otros tienen como fin último el bien universal y la perfección a la que la humanidad está destinada y para la cual posee también disposiciones. Sin embargo, la concepción de un plan de educación tendría que recibir una orientación cosmopolítica.”
Egoísmo, egoísmo y más egoísmo. Falta de abstracción, incapacidad parta mirar hacia el futuro. Y, además, en forma equivocada.
Sigue Kant: “¿Acaso entonces el bien universal es una idea que pueda dañar nuestro bien particular? ¡En ningún caso! Pues incluso si parece que hay que sacrificarle algunas cosas, en el fondo siempre se trabaja mejor por el bien presente si se sirve a esa idea. ¡Y qué magníficas consecuencias la acompañan! La buena educación es precisamente la fuente de la que manan todos los bienes de este mundo. Las semillas que están en el hombre deben ser desarrolladas. Porque no se encuentran principios que llevan al mal en las disposiciones naturales humanas. La única causa del mal es que la naturaleza no está sometida a reglas. No hay en el hombre semillas más que para el bien.”
Me paro a imaginar las mentes y las preocupaciones de estudiantes, padres y profesores y apenas me sale otra cosa que intereses particulares y egoísmos que aspiran a instalarse de la mejor forma posible en el sistema. ¿Quién mira un poquito más allá del presente? ¿Quién se para a pensar en la bondad o en la maldad del sistema en el que se mueven y nos movemos? ¿Quién está dispuesto a echar una mano para modificar algún principio? Las notas, el paso de curso, los suspensos, el verano, la piscina, el expediente, las oposiciones, el sueldo… ¿Y los demás? ¿A qué va a dedicar, por ejemplo, el tiempo un alumno que haya superado la selectividad antes de mediados de junio y hasta mediados del mes de octubre? ¿A qué le empuja el sistema si no es al descanso y a la piscina? Ufffffffffffffffffffffffffff.
jueves, 18 de junio de 2009
LA CREACIÓN ARTÍSTICA DEBE SER SOLO ESTÉTICA
Prometí ayer a Manolo avivar la polémica que había suscitado en su blog acerca de un asunto tan enjundioso como este de la creación artística. No me prodigo en otras ventanas y además es que algo hago mal y no consigo colocar ni una idea en la dirección que me marcaba. De modo que, como el asunto me interesa, le dejo -y me dejo- aquí unas consideraciones a vuela pluma.
En realidad, creo que hay tantas razones para dar un sí como para rechazar esta afirmación. A mí me va la marcha y esta vez me toca empujar en otra dirección. Son tantos ya los ríos de tinta que se han vertido en la historia, que yo no tengo capacidad para lo novedoso.
Eso de la belleza por la belleza y de las ideas innatas resulta ser una afirmación cuando menos osada, y hasta temeraria. Remontarse a Platón en busca de un argumento de autoridad no está mal, pero hay que tener cuidado porque, reconociendo que todo hijo de vecino -se entiende los que mueven un poco la mente: no voy a entrar en cuantificarlos- vuelve a él, o más bien parte de él, tampoco es despreciable todo lo que dejó liado para la historia posterior, sobre todo con la alianza del cristianismo y su expansión. Tampoco es difícil comprender que, desde entonces, ha llovido mucho, y hasta ha escampado. Y opiniones en contra también las hay. Y con lucidez. Por ejemplo casi todas las racionalistas.
Aportaré algunas palabras del empirismo inglés. Hume afirma con contundencia que lo único que cuenta es la experiencia y que lo único que nos proporciona conocimiento son nuestras impresiones. A partir de esas impresiones formamos nuestras ideas, y, desde las ideas más simples, llegamos a las ideas más complejas. Por eso entendía él como una cualidad fundamental la capacidad del ser humano para dejarse impresionar. Desde ahí construimos nuestro yo, que ya se ve que no es preexistente sino consecuencia de la elaboración de esas impresiones que nos brindan los sentidos. Descartes se queda chico ante Hume en este sentido. Naturalmente todo esto desemboca en un escepticismo radical que deja pocas rendijas a lo absoluto y a eso de la belleza por la belleza y al arte por el arte. Así que cuidadín con eso de la estética como valor independiente.
Y, si así fuera, ¿para qué creamos?, ¿cuál es la razón que sustenta ese hecho? El propio Hume se asienta en la ética como empuje de nuestra conducta. “Nos movemos por la simpatía que sentimos por nuestros semejantes.” Se trata, seguramente, de una ética convencional y no de racionalidad absoluta, pero que, en todo caso, nos indica el camino por el que transitamos. Y no es precisamente el de las ideas y los valores absolutos e innatos.
De modo que ¿no hay ética en la estética?, ¿qué es anterior, la ética o la estética?, ¿hay una ética estética?, ¿hay una estética ética? !Cómo no va a haber ética, si no se concibe el ser humano sin relación con los otros y sin una organización ética de esas relaciones!
Para echar un poco más de carne en el asador, quiero recordar que el asunto del canon plantea mucha complejidad y al menos habrá que conceder que cambia con el paso del tiempo. ¿Dónde están, pues, los valores inmutables?
De las características con las que definía Salinas la obra literaria (sirve para cualquier obra artística), aquella de la que no podía prescindir era la de la “emoción”. ¿Se puede producir emoción sin unos soportes éticos?
Habrá que discutir ante una mesa más despacio. Y escuchar argumentos en contrario, que los hay, y muchos.
Para empezar, estos son mis principios. Y, remedando a Groucho Marx, “Si no le gustan estos principios, tengo otros.”
N.B. A mí también me gusta mucho Bach. Un abrazo y a organizar una cena en la que glosar estos asuntos. O un paseíto sabatino. Un abrazo, Manolín.
En realidad, creo que hay tantas razones para dar un sí como para rechazar esta afirmación. A mí me va la marcha y esta vez me toca empujar en otra dirección. Son tantos ya los ríos de tinta que se han vertido en la historia, que yo no tengo capacidad para lo novedoso.
Eso de la belleza por la belleza y de las ideas innatas resulta ser una afirmación cuando menos osada, y hasta temeraria. Remontarse a Platón en busca de un argumento de autoridad no está mal, pero hay que tener cuidado porque, reconociendo que todo hijo de vecino -se entiende los que mueven un poco la mente: no voy a entrar en cuantificarlos- vuelve a él, o más bien parte de él, tampoco es despreciable todo lo que dejó liado para la historia posterior, sobre todo con la alianza del cristianismo y su expansión. Tampoco es difícil comprender que, desde entonces, ha llovido mucho, y hasta ha escampado. Y opiniones en contra también las hay. Y con lucidez. Por ejemplo casi todas las racionalistas.
Aportaré algunas palabras del empirismo inglés. Hume afirma con contundencia que lo único que cuenta es la experiencia y que lo único que nos proporciona conocimiento son nuestras impresiones. A partir de esas impresiones formamos nuestras ideas, y, desde las ideas más simples, llegamos a las ideas más complejas. Por eso entendía él como una cualidad fundamental la capacidad del ser humano para dejarse impresionar. Desde ahí construimos nuestro yo, que ya se ve que no es preexistente sino consecuencia de la elaboración de esas impresiones que nos brindan los sentidos. Descartes se queda chico ante Hume en este sentido. Naturalmente todo esto desemboca en un escepticismo radical que deja pocas rendijas a lo absoluto y a eso de la belleza por la belleza y al arte por el arte. Así que cuidadín con eso de la estética como valor independiente.
Y, si así fuera, ¿para qué creamos?, ¿cuál es la razón que sustenta ese hecho? El propio Hume se asienta en la ética como empuje de nuestra conducta. “Nos movemos por la simpatía que sentimos por nuestros semejantes.” Se trata, seguramente, de una ética convencional y no de racionalidad absoluta, pero que, en todo caso, nos indica el camino por el que transitamos. Y no es precisamente el de las ideas y los valores absolutos e innatos.
De modo que ¿no hay ética en la estética?, ¿qué es anterior, la ética o la estética?, ¿hay una ética estética?, ¿hay una estética ética? !Cómo no va a haber ética, si no se concibe el ser humano sin relación con los otros y sin una organización ética de esas relaciones!
Para echar un poco más de carne en el asador, quiero recordar que el asunto del canon plantea mucha complejidad y al menos habrá que conceder que cambia con el paso del tiempo. ¿Dónde están, pues, los valores inmutables?
De las características con las que definía Salinas la obra literaria (sirve para cualquier obra artística), aquella de la que no podía prescindir era la de la “emoción”. ¿Se puede producir emoción sin unos soportes éticos?
Habrá que discutir ante una mesa más despacio. Y escuchar argumentos en contrario, que los hay, y muchos.
Para empezar, estos son mis principios. Y, remedando a Groucho Marx, “Si no le gustan estos principios, tengo otros.”
N.B. A mí también me gusta mucho Bach. Un abrazo y a organizar una cena en la que glosar estos asuntos. O un paseíto sabatino. Un abrazo, Manolín.
miércoles, 17 de junio de 2009
TENGO QUE RESUCITAR A UN BURRO
Sí, sí, tengo que preparar un acto de resurrección. No cumpliré con menos. Es una resurrección animal que me han pedido.
Hoy hubo de nuevo una experiencia positiva en clase, muy positiva. No sé si he apuntado aquí que este año tengo alumnos pequeños. Andan cumpliendo ahora mismo los catorce o quince años. Nunca había dado clase a adolescentes tan pequeños, y no es seguro que lo vuelva a hacer. No importan las razones por las que lo hago, pero ahí estamos. Dan mucha guerra pero los que quieren aprender son como esponjitas y lo absorben todo.
Hemos practicado eso tan viejo y denostado del dictado pero que a mí me parece importante, sobre todo si va reforzado con la lectura comprensiva del mismo, con la elección de cualquier párrafo para trabajar elementos lingüísticos y para ensayar construcciones literarias y creaciones propias de imitación. Y lo hemos hecho siempre con un libro que me sigue pareciendo magistral: Platero y yo. Creo que podría trabajar con ese texto desde el nivel de párvulos hasta cualquier máster, posgrado o curso de doctorado. Me sobraría cualquier otro libro. Se trata de un texto puntuado con minuciosidad y distribuido en capítulos que se abarcan muy bien en una sesión de clase. Todo el mundo lo conoce, supongo.
Con el burro Platero hemos andado por el pueblo, hemos visitado los campos, hemos visto al protagonista montado en su lomo, a los niños jugando con él, hemos visto llegar la primavera y el verano, nos hemos acercado al brocal de un pozo para descubrir su maravilloso interior… Lo hemos hecho nuestro amigo y nuestro compañero de fatigas.
Pero hoy le llegó el momento de su muerte. Copiamos el capítulo “La muerte”. En una breve página, nos imaginamos nuestro acercamiento hasta él, nuestra primera impresión negativa, nuestro impulso para que se levantara, su intento fallido, la llamada al médico, su venida, sus impresiones desfavorables, su muerte y nuestra contemplación del burro, con la barriguilla hinchada, las patas rígidas y apuntando hacia lo alto (¿qué querrían esas patas apuntando hacia lo alto?). ¡Qué imagen tan triste!
Incité a mis alumnos a contemplar imaginativamente lo que se decía en el texto. Les iba leyendo lentamente cada sintagma y cada oración y les daba tiempo de silencio para que saborearan lo que metían en su mente. Y se produjo un denso silencio. Y hasta vi alguna cara compungida. Yo también guardé silencio, que me conozco bien.
Para la tarde quedó trabajo en casa: había que imitar aquel texto en unas quince o veinte líneas. Antes de acabar la clase, algunos se quejaron de esa muerte literaria. Había funcionado el efecto. Y yo salí contento porque creí (espero no haberme equivocado) que había conseguido un poquito de emoción en algunos muchachos.
Me aguardaba otra sorpresa en la siguiente clase, también con adolescentes de la misma edad. En cuanto entré y di los buenos días, un par de ellos me saludaron con esta frase: “Se ha muerto Platero”. ¡Había corrido la voz por los pasillos! ¡Se habían hecho eco de lo que habíamos experimentado en la clase anterior! No quiero glosar mis sentimientos, pero es fácil pensar que me sentí contento.
Repetí la experiencia y creo que con similar resultado.
Tengo que resucitar a Platero. No puede ser que todo acabe de esa manera. No quiero que mis alumnos se me vayan de vacaciones con la muerte tierna de ese burro que nos ha acompañado bastantes días. Ellos tampoco lo quieren. Así que algo habrá que hacer. Lo pensaremos.
Hoy hubo de nuevo una experiencia positiva en clase, muy positiva. No sé si he apuntado aquí que este año tengo alumnos pequeños. Andan cumpliendo ahora mismo los catorce o quince años. Nunca había dado clase a adolescentes tan pequeños, y no es seguro que lo vuelva a hacer. No importan las razones por las que lo hago, pero ahí estamos. Dan mucha guerra pero los que quieren aprender son como esponjitas y lo absorben todo.
Hemos practicado eso tan viejo y denostado del dictado pero que a mí me parece importante, sobre todo si va reforzado con la lectura comprensiva del mismo, con la elección de cualquier párrafo para trabajar elementos lingüísticos y para ensayar construcciones literarias y creaciones propias de imitación. Y lo hemos hecho siempre con un libro que me sigue pareciendo magistral: Platero y yo. Creo que podría trabajar con ese texto desde el nivel de párvulos hasta cualquier máster, posgrado o curso de doctorado. Me sobraría cualquier otro libro. Se trata de un texto puntuado con minuciosidad y distribuido en capítulos que se abarcan muy bien en una sesión de clase. Todo el mundo lo conoce, supongo.
Con el burro Platero hemos andado por el pueblo, hemos visitado los campos, hemos visto al protagonista montado en su lomo, a los niños jugando con él, hemos visto llegar la primavera y el verano, nos hemos acercado al brocal de un pozo para descubrir su maravilloso interior… Lo hemos hecho nuestro amigo y nuestro compañero de fatigas.
Pero hoy le llegó el momento de su muerte. Copiamos el capítulo “La muerte”. En una breve página, nos imaginamos nuestro acercamiento hasta él, nuestra primera impresión negativa, nuestro impulso para que se levantara, su intento fallido, la llamada al médico, su venida, sus impresiones desfavorables, su muerte y nuestra contemplación del burro, con la barriguilla hinchada, las patas rígidas y apuntando hacia lo alto (¿qué querrían esas patas apuntando hacia lo alto?). ¡Qué imagen tan triste!
Incité a mis alumnos a contemplar imaginativamente lo que se decía en el texto. Les iba leyendo lentamente cada sintagma y cada oración y les daba tiempo de silencio para que saborearan lo que metían en su mente. Y se produjo un denso silencio. Y hasta vi alguna cara compungida. Yo también guardé silencio, que me conozco bien.
Para la tarde quedó trabajo en casa: había que imitar aquel texto en unas quince o veinte líneas. Antes de acabar la clase, algunos se quejaron de esa muerte literaria. Había funcionado el efecto. Y yo salí contento porque creí (espero no haberme equivocado) que había conseguido un poquito de emoción en algunos muchachos.
Me aguardaba otra sorpresa en la siguiente clase, también con adolescentes de la misma edad. En cuanto entré y di los buenos días, un par de ellos me saludaron con esta frase: “Se ha muerto Platero”. ¡Había corrido la voz por los pasillos! ¡Se habían hecho eco de lo que habíamos experimentado en la clase anterior! No quiero glosar mis sentimientos, pero es fácil pensar que me sentí contento.
Repetí la experiencia y creo que con similar resultado.
Tengo que resucitar a Platero. No puede ser que todo acabe de esa manera. No quiero que mis alumnos se me vayan de vacaciones con la muerte tierna de ese burro que nos ha acompañado bastantes días. Ellos tampoco lo quieren. Así que algo habrá que hacer. Lo pensaremos.
martes, 16 de junio de 2009
MI MENTE YA ESTÁ EN ELLO
La vida va de golpe en golpe y de meta en meta. No hay tregua. Ni falta que hace, que los tiempos muertos me parecen materia vacía y yo tengo eso que pedantemente se llama horror vacui. No es ninguna tontería. Me gustaría mucho disfrutar de unas horas tumbado en la cama o encima de la yerba, mirando a la sierra o simplemente pensando. Y me gustaría sentirme sin prisas en esos momentos y sin necesidad de buscarle utilidad a nada, sin necesidad de mirar el reloj y sin tener la sensación de que me aguarda alguna cosa que realizar. En el fondo, es otra vez el asunto ese del tiempo que tanto me puede y me sustrae.
Pero hay que seguir, hay que seguir. Después de esta semana tan densa de exámenes, de suspensos (los menos) y de aprobados (los más), ya me llaman otras cosas. Tengo que ponerme con mis preparativos para el viaje casi iniciático al monte Athos. Queda poco más de una semana y hay que empezar con mochilas, toallas, mudas, cámaras y todo un vademécum que el bueno de Jesús se encarga de recordarme mientras yo me dejo llevar por el empeño que pone en todo. Me tiene que caber todo en la mochila, que el camino es camino y no carretera, que vamos a andar y no a dejarnos llevar, que nos vamos a sumergir en los lugares de los mitos griegos, de las leyendas puras, de los primeros vagidos de la historia de Occidente, a ver las playas de la diosa Atenea y los laureles en los que quedó disfrazada Dafne. Acaso nos encontraremos con Zeus y nos invite a algún banquete. Ganímedes nos guardará una copita y después nos iremos de fiesta con cualquiera de las diosas, que nadie supo nunca de juerga tanto como las diosas griegas.
¿Y si nos encontramos con Ulises en su eterno retorno hacia su Ítaca y hacia su Penélope? Tiene que andar navegando todavía por aquellos undosos mares. ¿Dónde estará la tumba de Platón? ¿Y si nos hiciéramos sofistas por un rato? Tal vez nos cante Safo algo o nos asuste Esquilo con sus cosas. Algo quedará del espíritu de Antígona o tal vez aún se oigan las armas desde Troya.
Cuántas cosas allí, en la eterna Grecia: Alejandro, Sócrates, Aristóteles, Homero, Sófocles, todos los epicúreos, Tales y Heráclito, Creta y Micenas, Esparta y Atenas… Todo en aquellas tierras que me aguardan para ir a la cuna de la historia, de mi historia, de las fuentes en las que he bebido tantas veces.
Athos está ahí ya mismo. Tengo que prepararlo. Antes tengo que dar final al curso que ya me dice adiós. Vamos a ello.
Pero hay que seguir, hay que seguir. Después de esta semana tan densa de exámenes, de suspensos (los menos) y de aprobados (los más), ya me llaman otras cosas. Tengo que ponerme con mis preparativos para el viaje casi iniciático al monte Athos. Queda poco más de una semana y hay que empezar con mochilas, toallas, mudas, cámaras y todo un vademécum que el bueno de Jesús se encarga de recordarme mientras yo me dejo llevar por el empeño que pone en todo. Me tiene que caber todo en la mochila, que el camino es camino y no carretera, que vamos a andar y no a dejarnos llevar, que nos vamos a sumergir en los lugares de los mitos griegos, de las leyendas puras, de los primeros vagidos de la historia de Occidente, a ver las playas de la diosa Atenea y los laureles en los que quedó disfrazada Dafne. Acaso nos encontraremos con Zeus y nos invite a algún banquete. Ganímedes nos guardará una copita y después nos iremos de fiesta con cualquiera de las diosas, que nadie supo nunca de juerga tanto como las diosas griegas.
¿Y si nos encontramos con Ulises en su eterno retorno hacia su Ítaca y hacia su Penélope? Tiene que andar navegando todavía por aquellos undosos mares. ¿Dónde estará la tumba de Platón? ¿Y si nos hiciéramos sofistas por un rato? Tal vez nos cante Safo algo o nos asuste Esquilo con sus cosas. Algo quedará del espíritu de Antígona o tal vez aún se oigan las armas desde Troya.
Cuántas cosas allí, en la eterna Grecia: Alejandro, Sócrates, Aristóteles, Homero, Sófocles, todos los epicúreos, Tales y Heráclito, Creta y Micenas, Esparta y Atenas… Todo en aquellas tierras que me aguardan para ir a la cuna de la historia, de mi historia, de las fuentes en las que he bebido tantas veces.
Athos está ahí ya mismo. Tengo que prepararlo. Antes tengo que dar final al curso que ya me dice adiós. Vamos a ello.
lunes, 15 de junio de 2009
CORPUSINA
La verdad es que las últimas tropas del enemigo en selectividad han tardado más de la cuenta en capitular. Hay asuntos burocráticos que llevan demasiado tiempo, aunque sea bajo el manto engañoso de que todo formalmente está muy bien hecho. Sea y hasta luego. Cuando me airee un poquito tal vez volveré a los temas que en el ejercicio se suscitaron.
Ayer, a eso de media mañana, hice un pequeño receso y me acerqué hasta la imprenta para llevarle un libro a Felipe y para charlar unos minutos. Procuré huir de las calles más transitadas y de las mesas petitorias que, en tal día como ese, el del Corpus, se extienden como la plaga por esta ciudad estrecha. Me parece buena su intención, pero me atosiga la insistencia y la sociología que las mantiene. Terminé apareciendo por la imprenta y nos acercamos a PdeT a tomar un vino. Pude comprobar la solemnidad que ha adquirido en los últimos años este asunto del Corpus.
Todo el mundo -quiero decir todo el mundo político- anda afanado en conseguir para esta fiesta la categoría de fiesta de interés nacional. Y yo, que soy muy simple pero también un poco curiosón, me pregunto qué interés se busca con ello. Sospecho que más de uno me contestará que con ello la gente vendría a Béjar y la ciudad se llenaría de visitantes, estos dejarían sus buenos euros en la ciudad y el nombre de estos pagos andaría en boca de más gente. La verdad es que mi cerebrito ya había llegado hasta ahí.
Pero se me plantea alguna pregunta más. La primera tiene que ver con asuntos geográficos y de recuento humano: Y, si vienen a gastarse aquí el dinero, ¿no se quedarán sin gente las localidades de donde procedan y no se enfadarán los dueños de los establecimientos de esas localidades, que, en buena lógica, se quedarán vacíos? A ver si esto va a ser una lucha pura por la supervivencia. Se nos vendría al suelo toda la grandeza de miras, pero es que tiene una pintilla todo esto…
Otra tiene que ver con el carácter religioso del asunto, y vengo a preguntarme qué demonios tendrá que ver una devoción religiosa con eso de que vengan más turistas. Así, a primera vista, da toda la impresión de que hemos cambiado religión por negocios. No debe de ser verdad, pero esto tiene un tufo…. Vaya un tufo que tiene. Es más, como fuera así, seguro que pronto veríamos a alguien con un buen garrote arrojando a los mercaderes de los templos. No, no debe de ser por esto, porque sería muy lamentable. Mi cerebro no llega mucho más allá y no alcanza a ver otras intenciones, que, sin duda, existen. Ya me gustaría que alguien me lo explicara para que mi cabecita lo entendiera.
Me pregunto también qué hacen las autoridades civiles presidiendo celebraciones religiosas y cómo se puede explicar que las banderas civiles rindan pleitesía a los elementos religiosos al final de la procesión. También habrá sus razones, pero mi cabecita no las alcanza a comprender. Más bien me parece que seguimos como en la edad premoderna, o sea, dando pasitos para atrás, o más bien zancadas y saltos de pértiga.
Y, como soy preguntón y mi mente no da para más, ya me gustaría que alguien me explicara qué coño hacen los hombres de musgo en la procesión de marras. Cómo se pervierten la historia, las leyendas, las tradiciones, y las simples tonterías. Todo vale para el convento.
Y una última cosa, para no molestar demasiado. ¿Alguien se ha parado a estudiar la sociología de esta procesión en Béjar? Me asomé un momento a la Plaza de la Piedad y vi lo que por allí bullía. Después crucé de vuelta por San Juan y vi más de lo mismo.
Como soy tan elemental, me dejo llevar por lo primero que veo. Qué le vamos a hacer.
Es este un día muy especial en esta ciudad estrecha. Esta procesión me parece que resume muy bien lo que es el esqueleto de la ciudad y de su vida diaria en la parte que más se deja ver.
Dos notas a pie de página:
a) Cada cual va a las procesiones que quiere y le da la gana.
b) No pudimos tomar el vino y nos conformamos con ver de qué manera se controlaba a los camareros en su trabajo, hasta límites casi vergonzantes. Que la procesión es la procesión y el negocio es el negocio. O tal vez no se explique el uno sin la otra.
Ayer, a eso de media mañana, hice un pequeño receso y me acerqué hasta la imprenta para llevarle un libro a Felipe y para charlar unos minutos. Procuré huir de las calles más transitadas y de las mesas petitorias que, en tal día como ese, el del Corpus, se extienden como la plaga por esta ciudad estrecha. Me parece buena su intención, pero me atosiga la insistencia y la sociología que las mantiene. Terminé apareciendo por la imprenta y nos acercamos a PdeT a tomar un vino. Pude comprobar la solemnidad que ha adquirido en los últimos años este asunto del Corpus.
Todo el mundo -quiero decir todo el mundo político- anda afanado en conseguir para esta fiesta la categoría de fiesta de interés nacional. Y yo, que soy muy simple pero también un poco curiosón, me pregunto qué interés se busca con ello. Sospecho que más de uno me contestará que con ello la gente vendría a Béjar y la ciudad se llenaría de visitantes, estos dejarían sus buenos euros en la ciudad y el nombre de estos pagos andaría en boca de más gente. La verdad es que mi cerebrito ya había llegado hasta ahí.
Pero se me plantea alguna pregunta más. La primera tiene que ver con asuntos geográficos y de recuento humano: Y, si vienen a gastarse aquí el dinero, ¿no se quedarán sin gente las localidades de donde procedan y no se enfadarán los dueños de los establecimientos de esas localidades, que, en buena lógica, se quedarán vacíos? A ver si esto va a ser una lucha pura por la supervivencia. Se nos vendría al suelo toda la grandeza de miras, pero es que tiene una pintilla todo esto…
Otra tiene que ver con el carácter religioso del asunto, y vengo a preguntarme qué demonios tendrá que ver una devoción religiosa con eso de que vengan más turistas. Así, a primera vista, da toda la impresión de que hemos cambiado religión por negocios. No debe de ser verdad, pero esto tiene un tufo…. Vaya un tufo que tiene. Es más, como fuera así, seguro que pronto veríamos a alguien con un buen garrote arrojando a los mercaderes de los templos. No, no debe de ser por esto, porque sería muy lamentable. Mi cerebro no llega mucho más allá y no alcanza a ver otras intenciones, que, sin duda, existen. Ya me gustaría que alguien me lo explicara para que mi cabecita lo entendiera.
Me pregunto también qué hacen las autoridades civiles presidiendo celebraciones religiosas y cómo se puede explicar que las banderas civiles rindan pleitesía a los elementos religiosos al final de la procesión. También habrá sus razones, pero mi cabecita no las alcanza a comprender. Más bien me parece que seguimos como en la edad premoderna, o sea, dando pasitos para atrás, o más bien zancadas y saltos de pértiga.
Y, como soy preguntón y mi mente no da para más, ya me gustaría que alguien me explicara qué coño hacen los hombres de musgo en la procesión de marras. Cómo se pervierten la historia, las leyendas, las tradiciones, y las simples tonterías. Todo vale para el convento.
Y una última cosa, para no molestar demasiado. ¿Alguien se ha parado a estudiar la sociología de esta procesión en Béjar? Me asomé un momento a la Plaza de la Piedad y vi lo que por allí bullía. Después crucé de vuelta por San Juan y vi más de lo mismo.
Como soy tan elemental, me dejo llevar por lo primero que veo. Qué le vamos a hacer.
Es este un día muy especial en esta ciudad estrecha. Esta procesión me parece que resume muy bien lo que es el esqueleto de la ciudad y de su vida diaria en la parte que más se deja ver.
Dos notas a pie de página:
a) Cada cual va a las procesiones que quiere y le da la gana.
b) No pudimos tomar el vino y nos conformamos con ver de qué manera se controlaba a los camareros en su trabajo, hasta límites casi vergonzantes. Que la procesión es la procesión y el negocio es el negocio. O tal vez no se explique el uno sin la otra.
domingo, 14 de junio de 2009
POR AQUÍ SIGO
Vencido y derrotado el ejército de exámenes, las tropas correctoras están a punto de alcanzar sus últimos objetivos. La guerra no ha terminado pero está a punto de hacerlo. Este corrector está a punto de firmar la paz con el último de los firmantes anónimos de esa cosa rara que se llama selectividad.
Esta tarde me la he tomado libre para venirme hasta Ávila, desde donde escribo. Aquí está mi Sara y yo tenía muchas ganas de volver a estar con ella. Come, ...., duerme. Vida pastoril. Todo viento en popa. Lo demás puede esperar.
En Ávila, a catorce de junio. Primer mes triunfal.
N.B. Perdón por la referencia tomada pero me importa un ....
Esta tarde me la he tomado libre para venirme hasta Ávila, desde donde escribo. Aquí está mi Sara y yo tenía muchas ganas de volver a estar con ella. Come, ...., duerme. Vida pastoril. Todo viento en popa. Lo demás puede esperar.
En Ávila, a catorce de junio. Primer mes triunfal.
N.B. Perdón por la referencia tomada pero me importa un ....
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