martes, 2 de junio de 2009

DÍA FELIZ

HOY HA NACIDO SARA. ESTOY FELIZ.
HOY HA NACIDO SARA. ESTOY FELIZ.
HOY HA NACIDO SARA. ESTOY FELIZ.

lunes, 1 de junio de 2009

EL PRETEXTO DE LAS ERRATAS

Con toda justicia y razón, me corrigen Jesús y Penélope (no sé quién eres, Penélope, pero te mando un abrazo) un par de errores gráficos, uno de cambio de orden en las letras y otro de un acento que estropea el significado de la palabra. Estoy seguro de que los dos lo hacen con amabilidad y para poner decoro en mis palabras. Se lo agradezco. No es la primera vez que lo hacen otras personas en el mismo sentido. Me acuso. Mea culpa.

Tendría que poner un poco más de cuidado y repasar con más tino lo que doy a la luz en esta ventana tan pequeña y tan grande. Sé que no será así (qué le vamos a hacer) y que, aunque lo fuera, siempre incurriría en errores. Así que lo procuraré pero con resultados imperfectos bien seguro.
Me sirve este pretexto para jugar un poco y recordar la importancia que tienen los signos en la escritura y la diferencia de significados que en ella se producen según se usen unos u otros.

En mis días de estudiante universitario había un profesor que recordaba a menudo el juego siguiente: Ojo, que no es lo mismo “la pérdida de mi hermana” que “la perdida de mi hermana”. El ejemplo era muy claro, aunque no le veía yo precisamente mucha gracia. Seguro que aquel profesor atesoraba otros valores más importantes que el de la oportunidad a la hora de seleccionar la gracia de sus ejemplos. De hecho, yo lo estimaba bastante, y creo que él a mí también.

El uso de los signos de acentuación está muy bien reglado y hay muy pocos casos dudosos, así que, por ahí, muy poco que comentar. Algo bien distinto es el uso de los signos de puntuación, tan mal utilizados y tan mal considerados. Creo que en su uso sí que hay partes confusas y discutibles, aunque nunca el de colocar una coma entre el sujeto y el verbo, cuando no median otros elementos. Hay, como se sabe, escritores que puntúan a su manera y no porque desconozcan las reglas sino por diversas causas, otros que no puntúan y muchos que lo hacen sencillamente de aquella manera, porque no controlan las reglas acordadas. A los ignorantes los rechazo por tales, a los que puntúan a su modo les pido al menos algún signo de distinción entre ideas completas y a los que se someten a las reglas comunes les agradezco su empeño en dejarme claro cómo organizan su idea.

Y luego está aquella cosa rara de la “b” y la “v”, y todas esas cosas tan complejas. Sí, sí, digo complejas y no me apeo del adjetivo. ¿Quién conoce la etimología de todas las palabras, único camino válido y no en todos los casos? Yo, desde luego, no. Y no me pierdo enseguida en ese campo. Por eso, cuando veo los aspavientos que provocan algunos en este último caso, me sonrío y me callo, mascullo unas palabras y sigo con mis cosas.

Por supuesto, que las normas están para ser cumplidas y un profesional del asunto no tiene demasiadas excusas para equivocarse y, además, tiene que cuidar la puesta en escena. Vale lo de la mujer del César, pero también vale aquello de que el sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado.

Aconsejo siempre a mis alumnos que aprendan cualquier regla de escritura leyendo y escribiendo, no aprendiendo de memoria un código completo que, en su totalidad, no me sabré ni yo. Pues lo dicho, a leer y a escribir, a jugar con pasión con las palabras. Y a corregirse siempre amablemente, por supuesto, que todo es bienvenido.

Voy a volver al Cántico Espiritual, en homenaje al aniversario de su grabación, como recuerda Penélope. Llevo muchas horas de entrañamiento sanjuanista pero no me canso. La línea musical de Amancio Prada es camino justísimo. A ello, venga, vamos.

N.B. ¿Se habrá deslizado alguna errata también hoy? Sería para colgarme.

SOBRE UN VERSO DE SAN JUAN EN ÁVILA

Hoy paseé de nuevo por las calles de Ávila. Lo hice esperando a Sara, que sigue resistiéndose y ya no sé si en realidad estoy “esperando a Godot”. Pero sé que está ahí y que vendrá muy pronto. La seguiré aguardando con la misma impaciencia. Vamos, Sara, mi niña, que nos tienes en ascuas.

Ávila es, dentro de sus murallas, una ciudad completamente medieval. Sus enormes caserones, casi todos palacios de antiguas casas nobles, se han convertido hoy en edificios de la administración oficial o en restaurantes y hoteles sólidos como la misma ciudad entera. En medio de esa piedra tan rocosa no pueden sobrevivir más que espíritus también rocosos, estilizados y casi eternos.

En una de sus plazuelas se ha erigido una estatua al poeta de poetas, a Juan de Yepes, a san Juan de la Cruz. Y, en lo alto de la pared granítica, por detrás del frailecillo, se ha escrito una lira de las más reconocidas de su Cántico Espiritual. Son aquellas inigualables palabras que las criaturas responden a la angustiosa pregunta de la esposa: “Mil gracias derramando, / pasó por estos sotos con presura, / y, yéndolos mirando, / con sola su figura, / vestidos los dejó de su hermosura.” ¿Será esta la estrofa más hermosa de toda nuestra literatura? En todo caso, está entre las mejores.

Cuántas veces la he imaginado y cuántas veces me he quedado perplejo y emocionado con cada una de sus palabras. Hoy me quedé mirándola e imaginando de nuevo lo que representaba cada término. Y me atreví a pensar que, dentro de aquella estrofa inigualable, había algo que me resultaba descompensado. Los dos primeros versos glosan un contraste infinito e insuperable entre la lentitud del gerundio “derramando” y la rapidez del sustantivo “presura”. Yo mismo me regodeaba y me regalaba la mente viendo el proceso de derramar lentamente, hasta las mil gracias, una por una, así, como sin prisa, “derramando”, que todo le sobraba y a todo hacía partícipe. Y también “con presura”, sin detenerse, sin dar explicaciones, sin exhibirse nada, como quien lo da todo sin que se entere nadie. Insuperable, sencillamente sublime, casi “inefable”.

Algo similar me ocurría pensando en lo que aportan los versos tres y cinco: “y, yéndolos mirando /… / vestidos los dejó de su hermosura.” De nuevo la lentitud de la mirada (“yéndolos mirando”), la contemplación, la comprobación de cómo queda todo, la satisfacción y la complacencia, la obra bien hecha. Y los sotos hermosos, abducidos, transidos con la luz de la hermosura, hermosos por haber sido mirados con mirada hermosa, contaminados y teñidos por los atributos de aquel feliz mirón, hermosos sobre hermosos, ya todos en la misma hermosura que el sujeto que pasó con presura.

¿Dónde, entonces, el fallo o el resquicio de imperfección? Pues ese verso cuarto (“con sola su figura”), segundo complemento, que me parece fuera de simetría, que sobra en el discurrir fónico y que le resta acaso un poco de fuerza y de exclusividad a la mirada del tercer verso. Basta con la mirada pues todo lo hipnotiza y lo transmuta, lo vierte en arco iris y en bondad. Ya sé que es una lira y que tiene sus propias exigencias, pero me pareció que ese cuarto verso bajaba del séptimo cielo hasta el sexto, que más abajo no cae ninguno de los de este poeta de poetas.

Sé que no tengo permiso para jugar con fuego. Afirmo mis respetos y mi devoción por escritor tan grande. Pero hoy quise jugar unos momentos con el rey de los reyes. Acaso fue un deliquio ante tales palabras. “Quedeme y olvideme…”

¿Hay alguien que eche su cuarto a espadas? San Juan es un frailecillo muy menudo y no se enfadará demasiado.

sábado, 30 de mayo de 2009

ME MIRO EN EL ESPEJO DE UNAMUNO

Vuelvo a dejar noticia de que he dedicado parte de los dos últimos días a la lectura de una amplia biografía de Unamuno. He repasado en ella noticias de segundo y de tercer orden que yo no controlaba. Todas son importantes en un ser que a mí me llama mucho la atención, como ya he señalado.

A estas alturas del trayecto vital, supongo que las biografías tienen interés sobre todo por dos variables. Es la primera la de conocer los entresijos de una época, en este caso la que ocupa el último tercio del S XIX y casi la primera mitad del S XX. La segunda ofrece al lector la posibilidad de encontrar alguna similitud o alguna diferencia entre lo que representa y vive el autor y lo que cree representar y vivir el lector.

A mí me interesa mucho más esta segunda variable, por supuesto. Me divierte mucho verme como un pequeño Unamuno en algunas de las características del personaje. Unamuno es un ser que duda siempre y que se queda a medio camino entre la razón y la fe. A mí, en estos años, se me niega más la segunda pero no acabo de renunciar a los beneficios que pudiera concederme. Y querría no dedicar demasiados esfuerzos en tratar de acomodar mis actividades a las peticiones de la fe. Eso es lo que hacen casi todos los creyentes y a mí me parece que eso es desvirtuar a la persona y despojarla de su capacidad de razón.

Unamuno anda también siempre a medio camino entre la razón y el sentimiento (“Piensa el sentimiento, siente el pensamiento”). Creo que al fin esto no anda demasiado alejado del binomio anterior. Yo en esto no me apeo ni un milímetro del maestro. Mi territorio, por desgracia, es el de la duda y el de las múltiples aristas para cada asunto. ¡Cómo me gustaría poderme conducir con las ideas más claras! Pero la vida no cabe ni en la razón ni en el derecho positivo; es mucho más rica y variada y el sentimiento tiene que andar siempre en la ayuda del territorio de la razón. Sin embargo, cuando la duda no es razonable y razonada, se convierte en simple tontería.
Unamuno es bastante tragicómico. Desde luego, en el mejor sentido en el que puedan entenderse estas palabras. Quiero decir que en todo anda por la tremenda, que no se arredra ante casi nada y hasta “le va la marcha” pública. A veces se arruga -sobre todo en la última parte de su vida- y se pliega a lo correcto públicamente, aunque son pocas las ocasiones en las que lo hace y da la impresión de que siempre es por quedarse en el mal menor. Por lo demás, parece una avispa cojonera que siempre anda azuzando a los modorros. Yo no puedo competir en los mismos planos, pero sí en la actitud y en esa forma de ir a la contra en demasiadas ocasiones y con consecuencias no demasiado positivas para mí. Habría que glosar a qué servicio se ponen esas actitudes. Ahí ya me siento un poco distanciado del maestro Unamuno.

Es Unamuno amante de la ciudad pequeña y nunca elogió mucho el tráfago de las grandes ciudades. Se enclaustró en el gusto por el campo abierto, campo que veía siempre como un estado de conciencia. Recibió unos influjos familiares cuando menos curiosos. Era tacaño tal vez en exceso. Se vivió a sí mismo como nadie. La vida para él fue “serse”, convirtiendo este verbo en algo activo y personal. Creyó siempre en sí mismo como salida y meta. Abrió todas las puertas al valor supremo de la existencia. Fue universal y único. Creyó en destinos comunes patrióticos (yo en esto sueño menos). Aspiró a ser querido sobre todo por sus escritos. Nunca salió del yo y fue un gran “egoísta”. Nunca quiso soñar por si en el sueño se le iba la vida verdadera pero toda su vida fue un sueño… Fue un tipo verdadero, intenso y solitario. Siempre contradictorio, culo de mal asiento hasta en sus teorías, martillo de modorros, republicano convencido, despreciador de militares y cuerpos parecidos, un mortal inmortal y un inmortal de pueblo.

No quiero analizar en qué me siento próximo de toda esta panoplia y en qué ni me parezco, por supuesto salvando las distancias. Anoto, sin embargo, que es un ejercicio que provoca deleites y sonrojos.

N.B. Dejo de nuevo nota de que Sara se hace la remolona y nos hace esperar otro poquito. Es que es una princesa y se lo está pensando.

viernes, 29 de mayo de 2009

OTRA DE HÉROES "SOLITARIOS"

Va cediendo el bullicio de la noche del miércoles. Ayer y aquella noche todo fue fuegos fatuos y adoración nocturna. Dicen que las audiencias se dispararon todas y que todo el mundo andaba mirando cómo el Barça ganaba otra copa más.

Yo también lo vi a ratos y me alegré un poquito del triunfo del buen juego y de un equipo que puede enseñar algo a los demás, a esos otros que parecen trazados con ceros en las nóminas y con anuncios varios como ración diaria. Por desgracia, ni creo que aprendan ellos ni enseñarán lección a sus discípulos, que esta vez podrían ser todos los demás. Todo seguirá igual para que todo siga lo mismo. Desde el domingo veremos esa prueba hasta que empiece el fútbol allá por setiembre. Y sigue coleando eso de las adhesiones y de los festejos. Creo que hay mucha hipocresía en público y, cuando se pasan los límites de la educación, el ridículo ronda en la ventana. Quiero decir que hay gente que no se alegra tanto de los éxitos como pregonan luego. Y que hay mucha más gente a la que le gustaría alegrarse y no puede sencillamente porque no se sienten llamados a la mesa de la celebración, porque demasiadas veces son rechazados públicamente por los aquellos que presiden la mesa y no pueden salir a la cena porque les puede el pudor. ¿No se me entiende? ¿Sabéis qué ocurrirá cuando otro equipo gane una copa igual? ¿Es que no hay bien de ejemplos en la historia? Dicho de otra manera: que no se puede ser amigo de alguien cuando este te está poniendo pegas todo el día e incluso te desprecia en público en cualquier ocasión.

Por eso a mí me habría gustado alegrarme un poquito más de lo que en realidad me alegré. Y ya está bien de darle líneas a este asunto tan nimio. Tan nimio como asunto, mas no de consecuencias tan pequeñas en lo social y en lo político.

El caso es que de nuevo me vino la noticia de la victoria del Barça que ni pintada para mis sermones escolares. Porque a veces me siento un poco misionero buscando explicaciones y tratando ante mis alumnos de extraer consecuencias, desde los textos literarios, que tengan que ver con su propia vida. Apareció en la página la imagen caballera del héroe don Quijote. Y ya fue todo verlo montado en su rocín-antes, con una vestimenta descuidada, con las armas tomadas del orín y el cartón como material más sólido, con la comida única que le dieran el azar y el camino, con la ayuda de un bruto montado en un pollino, con… Y con ese afán imposible de CAMBIAR EL MUNDO, de deshacer tuertos por doquiera.

Y, allí enfrente, en los periódicos, los héroes del balón y de la fiesta, con dificultades económicas cada mes, sin ayudas de nadie, comiendo y durmiendo a la intemperie, pues no pueden pagar ningún hotel, mofados de las gentes, no como don Quijote, siempre aplaudido en todos los caminos, sobre todo en Barcelona delante de las gentes, predicando por todas las esquinas la paz y la justicia universales después de devanarse los sesos en estudios profundos, trabajadores ellos de los de doce o trece horas cada día… En fin, héroes del todo. Pobrecitos ellos, sin ningún reconocimiento público ante tanta virtud como atesoran.

La madre que parió a esta sociedad que no altera valores y que sigue aplaudiendo a lo más tonto y vago de cada familia. Y lo peor de todo es que los que más los adoran siguen siendo los que peor lo pasan y, por contraste, peor llegan a fin de mes.

¿Alguien querría imaginar conmigo la comparación que podríamos hacer entre el casco de un piloto de coches de carrera, o de motos, y la celada de don Quijote? ¿A que es de risa todo? No es de risa, cojones, es para llorar mucho, para esconderse del todo y para pensarse si no hay que salir a la calle de otra manera.

¿Qué pensarían mis alumnos de todo aquel sermón? Os juro que partimos del Quijote como obra literaria con un héroe en sus páginas. A veces me reprimo y me contengo. En fin, ya soy mayor; no me callé nunca demasiado y ahora es ya un poco tarde para cambiar los usos. Menos mal que siempre termino dulcificando un poco las arengas.
Que se divierta mucho todo el mundo. Nadie pondrá en cuestión que la belleza es digna del elogio; también en el deporte, por supuesto. Pero un poco de tiento y de razón, os lo suplico. Mañana serán otros y ocurrirá lo mismo. Aunque al menos no parece que cierren las puertas ni rechazan que se les manden flores.

N.B. Sigo con mi cabeza en otro sitio pues Sara está llegando. Pero es que lo está haciendo muy despacio. ¿Será que tiene miedo? ¿No sabe que la aguardan muchos brazos para abrazarla siempre? Venga, vamos, princesa.

jueves, 28 de mayo de 2009

UNAMUNO: SUS SIERRAS Y MIS SIERRAS

Entre espera y espera de noticias de vida, me vengo a sosegar con Unamuno. Qué contraste tan grande. Qué ser tan especial. Y, lo mismo que él, buena parte de eso que se llama la Generación del 98. Qué cosa tan rara eso de las generaciones, pero qué coartada tan estupenda para simplificar las cosas y llenar unas páginas de palabras, y para cobrar unas perras a fin de mes, con el sonsonete de las características, los componentes, la formación, y toda una ristra de tópicos. Y andaba, con Unamuno, en eso del paisaje y de la naturaleza.

Unamuno es uno de mis referentes, en todos los aspectos, por su sinceridad, por su formación, por sus dudas eternas, por sus contradicciones, por su humanidad, por sus exageraciones, por su egotismo… Por casi todo. Y, en lo que al paisaje se refiere, porque trasciende siempre la descripción para lanzarse a la búsqueda de la significación y del simbolismo. De tal manera que Gredos, por ejemplo, no es para él solo descriptivamente una mole inmensa de rocas sino “el espinazo de Castilla”, o “Ara gigante de Castilla”, o “…el Dios de España que tiene su trono en Gredos”.

Hay enjundia de historia y de ideas, de simbolismo siempre, de representación semidramática de todo lo que ve y de todo lo que siente. Recojo aquí otra cita un poco más explícita: “Tiéndese allí arriba, en la cima, y se pierde en la paz inmensa del augusto escenario, resultado y forma de combates y alianzas a cada momento renovados entre los últimos irreductibles elementos. …Tendido en la cresta, descansando en el altar gigantesco, bajo el insondable azul infinito, el tiempo, engendrador de cuidados, parécele detenerse… Despiértasele entonces la comunión entre el mundo que le rodea y el que encierra en su propio seno; llegan a la fusión ambos, el inmenso panorama y él, que, libertado de la conciencia del lugar y del tiempo, lo contempla, se hacen uno y el mismo, y en el silencio solemne, en el aroma libre, en la luz difusa y rica, extinguido todo el deseo y cantando la canción silenciosa del alma del mundo, goza de paz verdadera, de una como vida de la muerte”. O esta otra en la que le atribuye a un “Dios español” lo siguiente: “Este es tu corazón de firme roca / -altar del templo santo- / de nuestra tierra entraña, / este es tu corazón que el cielo toca, / tu corazón desnudo, / mi eterna España, / que busca el sol”.

Siempre busca Unamuno extensiones en la religión, en la historia o en un entrañamiento que aspira a las raíces de no se sabe bien qué núcleo de conciencia colectiva cuando aporta imágenes y descripciones de la naturaleza. No es mi caso exactamente. O al menos no de manera tan explícita. El apartado histórico y el de conciencia y representación colectivas los tengo casi apartados del todo. Me interesa más mi relación con la naturaleza en el sentido más descarnado y personal, más individualizado. Quisiera ser un poco menos portavoz (había escrito portacoz y he estado a punto de dejar esta palabra porque acaso en este contexto no vendría mal) de nadie y algo más descubridor de mí mismo. Ya he dicho muchas veces que lo que de verdad me llama es, antes que nada, esa sensación de pequeñez, de provisionalidad y de paso efímero, frente a la solidez, la permanencia y el cumplimiento de las leyes naturales que descubro en la naturaleza siempre. Aunque se renueve cada día y cada hora en sus paisajes.

Es lo que sigo viendo en estas sierras de Gredos y en estas últimas cotas de la sierra de Béjar por la que me muevo. Para otra nota, las partes: las rocas y los ríos, los árboles y el viento, la nieve y el paisaje.

Esta Castilla es grande y variada. Un poquito más que lo que vieron los ilustres hombres del 98. Pero Unamuno es tan vasto y tan sin fondo, que lo aguanta todo. Un paseo con él tendría que ser maravilloso. Yo le he puesto su nombre a una roca de los Picos de Valdesangil. Espero que no se me enfade el maestro.

N.B. Y sigo aquí aguardando que se contraiga el templo de la vida con más corta frecuencia. Está todo pendiente de la hora, ya casi del minuto. Venga, que ya es la vida. Venga.

miércoles, 27 de mayo de 2009

CÓMO OLVIDAR

"Ya ayer va susurrante como un río" A. González.

Cómo olvidar que nos quisimos tanto,
con ese amor que se derrama en nieve
cuando no rige el tiempo.
Cómo sentir de nuevo las espadas
sangrando en cada poro
cuando el silencio se sustanciaba en besos.

Hoy acaso la nieve es más escasa
(es el cambio climático, sin duda),
el tiempo se medita a cada paso
(también el tiempo pasa, que es lo que siempre pasa),
la piel anda arrugada y no es sensible
ni a espadas ni a caricias.

"Ya ayer va susurrante como un río"
y el eco de los ecos
es un débil recuerdo de otros días.