martes, 26 de mayo de 2009

ME PUSE UN POCO SERIO

Me muero de la risa y a la vez me desespero cuando oigo a alguno de nuestros dirigentes políticos hablar de un nuevo modelo de producción. ¿Qué querrán decir con eso? ¿Se habrán caído del caballo, o a alguien por fin se le abren las hendiduras del sentido común y empieza a ver que este modelo que tenemos solo nos puede llevar al precipicio? A algunos, que solo aspiramos al sentido común y que no conocemos teorías económicas de casi ninguna escuela, salvo de aquellas a las que los de siempre llaman trasnochadas y se quedan tan panchos mientras llenan sus orondas barrigas, nos ha parecido desde hace mucho tiempo que es el sistema el que hay que cambiar y no los parches que apuntalan el ya existente y que ponen el esfuerzo de todos al servicio de los que tienen el poder para que lo sigan concentrando y decidiendo por todos.

Naturalmente que hay que cambiar el modelo. Pero esto exige algo más que palabras. Supone enhebrar algunas ideas en las que sustentar las decisiones posteriores. Es la única manera de no improvisar y de no andar a lo que mande el sol de cada día. Y para ello lo primero que hay que hacer es pensar y poner ese pensamiento al servicio de todos los integrantes de la comunidad. Así que la primera inversión es la de la cultura, la de la formación, la de las ideas. Ya sé que me repito, que ando en lo de siempre. Qué le vamos a hacer, es lo que pienso.

Es desde ese centro de operaciones desde el que hay que ponerse a trabajar, a producir y a consumir de otra manera. Y regular horarios de trabajo, y controlar niveles de producción, y tener claro qué producimos, para qué producimos y qué necesidades queremos cubrir con el producto.

Y todo esto, ¿cómo se puede pensar y describir si no es con el ser humano como fondo? Quiero decir con el ser humano como tal, con cualquier ser humano en igualdad de condiciones, de derechos y de deberes. Lo demás, eso del ser humano por encima de la comunidad, es pura filfa y nos lleva a mantener los privilegios de los que ya son poderosos y mantenemos en la miseria al resto de la tribu. Así que, por favor, analícese eso de “el ser humano” y aclárese qué encierra.

Solo en ese momento será cuando podamos hablar de más o de menos ladrillo, de invertir en sanidad o en la bolsa, de concentrar empresas o de dar subvención al automóvil, de producir ideas o de darnos al ocio y a la playa, de saber por qué hacemos carreteras o bajamos la ratio de las aulas.

En fin, que se predica de nuevo la primacía de las ideas frente a la improvisación y el egoísmo como norma de vida. Y se exige este esquema para todos, por más que hay formaciones de las que uno no espera casi nada. ¡Y a explicarlo a la gente! Sin miedo y sin complejos. Si es que se cree en ello, por supuesto. La gente no es tan tonta y quiere que la traten como lista. (Acaso esto último no es más que un eufemismo, pero hay que echarse al ruedo).

Esto sí que sería de calado, de las revoluciones permanentes, de lo que cambia de verdad al hombre, de lo que nos ofrece otra mañana con otros horizontes.

Andan por ahí afanándose en eso que llamamos campaña de elecciones europeas. Está bien y seguiremos en la brecha, al menos como mal menor. Qué oportunidad para hablar precisamente de ese cambio de modelo y no para tirarse trastos a la cabeza ni para engañar tontamente al personal. Como si lo que nos interesara fueran los caprichos de unas cuantas personas y no la forma de vida y el trabajo diarios de la comunidad.

Un ejemplo tan solo. ¿Nadie tiene narices para afirmar en público que “no solo de pan vive el hombre”, o sea, que hay otras variables que conforman el discurrir diario de la gente? ¿Ni siquiera esos que tienen en su boca como propias las frases evangélicas? Cuando la derecha se hace de cruces y pone ojos de carnero degollado porque no entiende que no esté todo el mundo en contra del gobierno en la situación económica actual, ¿no tienen ni dos dedos de frente para entender lo que acabo de afirmar?, ¿es que su propia vida no tiene más variantes que el dinero? Qué burros y qué torpes, qué pobres y qué necios.

Que vuelvan las ideas. Y con ellas los hombres y mujeres que interesan. Que vuelvan y que ocupen los espacios. Los otros, que son tantos, que se callen.

lunes, 25 de mayo de 2009

RECORDANDO A ULISES

Ando huérfano de blog y con ventana prestada. Mi ordenador se ha esfumado y no me deja hablar desde su casa. Valga pues el préstamo y gracias.

RECORDANDO A ULISES

Volver para aferrarse a lo buscado,
llegar a puerto abierto con la cara
marcada por los surcos de los años,
esperando que alguien te reconozca
varado en el espíritu del tiempo.

Querer que ese paréntesis difuso,
robado por el mar y las sirenas,
se haya cerrado como ley oculta
que queda desgastada
sin que nadie recuerde su existencia.

Adelantar los brazos para tocar tus pechos
y adivinar la luz
igual que el primer día en que, asustados,
vimos nacer el sol y revelarse el día.

Descontar de la línea de las horas
esa muesca sin causa ni sentido
para que todo fluya y se deslice
como una línea recta enjabonada.

Y descubrir que todo ha sido inútil,
que destejer la trama de los días
es imposible siempre.

sábado, 23 de mayo de 2009

AMANCIO PRADA

Se me caía la tarde de las manos sentado en mi sillón. Menos mal que por la mañana me había llenado de olores y de verdes caminando por la Ruta de la Plata, en las llanuras del Sangusín. No son ya los verdes tan transparentes ni tan tiernos como los de hace dos semanas, pero las gotas de lluvia lavaban el campo y lo dejaban más denso y oloroso. Volver a echar un trago al borde del camino, junto al débil y pausado cauce del río, con todo a nuestros pies y esa música de fondo que ponen los pájaros en mayo no es cualquier desayuno pues se sirve en el lujo y en la satisfacción. Al fondo la sierra estaba oscura y almacenaba lluvia.

Pero era la tarde un discurrir cansino, en un buen rato de oscuro duermevela, tal vez por el cansancio. Tan solo algunas páginas de Cesare Pavese, demasiado narrativas pues son los poemas de su primera época. Luego algo de deporte y las horas sin pausa desgranándose. De pronto, en una emisora regional de televisión, me llamaron a filas. Hacían una entrevista larga a Amancio Prada. “Un día en la vida de… Amancio Prada”.

Me desperté del sueño y la desidia. Me gusta este tipo mucho más que la media. Es la sensibilidad hecha persona. A lo largo de una hora fue glosando escenas de su vida: su niñez, su familia, la escuela y los padres salesianos, la vida de su pueblo, Valladolid y la estancia en París, sus autores, su música, sus discos y conciertos, su escala de valores, sus gustos y disgustos, sus amigos…, su vida.

Hace más de treinta años que conocí su música y enseguida supe que aquello era otra cosa. Después he seguido algunos de sus discos, de sus actuaciones (es uno de los pocos autores a los que he acudido a oír sin importarme sufrir alguna molestia). Pero sobre todo he seguido su música y he seguido su palabra. Creo que su puntito de impostación no es tal pues la soporta con su vida y sus actos. Se me hace un tipo muy creíble y eso lo salva todo. A la entrevista solo le sobraba lo empalagoso de la entrevistadora, que parecía casi una quinceañera en un concierto haciendo el ganso.

Guardo un recuerdo nítido del estreno en Salamanca -hará ya treinta años- del Cántico Espiritual, en el aula Juan del Enzina. Aquello olía a romero y a tomillo en las riberas del Sangusín del mes de mayo. Y Rosalía, y Lorca, y Agustín García Calvo, y Chicho Sánchez Ferlosio, y otros muchos que, puestos en sus manos y en su voz, parecen transformarse y convertirse en agua cristalina.

Yo me volví a otras horas, cuando escuché su música sentado en mi terraza, y soñaba con ella, y aprendía a volar en otras cotas y a sentir la quietud de otra manera.
Me levantó la tarde Amancio Prada y me salvó un buen rato de la quema.

viernes, 22 de mayo de 2009

LA DORADA SALAMANCA

Me muevo entre un océano de páginas escritas con estilos desiguales. He cogido un ritmo de lectura en el último mes que me hace mirar los días como si fueran horas. Por eso hoy lleno estas líneas con noticias de fuera.

No estoy seguro de que sea la primera vez que araño esta noticia. Si no lo fuera, nada cambiaría. Leo que en Salamanca el 10% de los habitantes son analfabetos reales y ¡el 40%!! lo son funcionales. Por supuesto, esto no ha merecido en los periódicos ningún titular en primera ni la décima parte de atención tipográfica o en imágenes que una victoria de cualquier equipo o que la boda de cualquier subnormal intelectual al uso. Así están las cosas.

¿Quién dijo que Salamanca era Roma la chica? ¿Por qué presumir tanto si la realidad es la de un rebaño bien nutrido que va a misa de doce, trabaja en la función pública y aspira a su chalet en urbanización con piscina comunitaria? Con esto y un plantel de ganaderos que aguarda la llegada de las ferias de setiembre mientras pasea por la Plaza Mayor o toma sus tapitas al amparo de un vino, formamos otra pata de la dorada Salamanca. Arrimémosle otra pata de sopa de conventos bien nutridos y de un aluvión de gentes serranas que aspira a que sus hijos olviden su pasado en otros sitios y tendremos los propios para la partida de cada tarde.

Sé que soy bien injusto al generalizar, que hay gentes que laboran y se esfuerzan, que piensan y progresan, que gritan con su voz las injusticias, que investigan y miran al futuro con ansias de alcanzarlo. Todo es verdad pero el partido lo gana por goleada la estulticia y la calma, el dejarse llevar por esa inercia que no cuestiona nada, que se enzarza en las formas para que todo siga del lado del más fuerte. Hay una masa oscura, una gris clase media, que sigue los dictados de los tópicos porque no le va mal para seguir tirando y que se encoge en sí misma asustada ante cualquier desajuste.

¿Es que no tiene mimbres Salamanca? ¿Qué hace esa universidad? ¿Qué hacen sus profesores? ¿Qué enseñan los “poetas profesores de ahora”? ¿Cómo no arde una hoguera en la que se queme el hombre viejo y renazca de las cenizas un hombre nuevo que se asiente en la fuerza de la razón y en el valor supremo de ser hombre?

¡!El 10% de analfabetos reales!! ¡!!Y el 40% de analfabetos funcionales!!! Y estoy seguro de que el concepto de analfabeto funcional no se aplicará con criterios muy rígidos.

Para desgracia de todos, la opinión y el empuje de Salamanca están controlados y fomentados por los medios de comunicación (teles, periódicos, emisoras). Imposible concentrar tanta torpeza, tantísima falta de limpieza informativa, tanto sesgo en la imagen y en la idea, tan poca pulcritud, tanta mentira. Ya se sabe que, por definición, los medios de comunicación son de derechas (que la pasta está donde está y las acciones las compra quien las compra), cuento con ello. Denuncio la desmesura, lo burdo del intento, lo asqueroso y la falta absoluta de pudor, el no intentar siquiera ni un simple disimulo. Dudo de que en cualquier otra provincia los medios sean tan zafios como en esta. Más es sencillamente imposible.

Y me duele por todo. Porque he pasado en ella media vida, porque es mi provincia. Porque es el sitio donde viven varios de mis hermanos, porque se sigue viviendo en Salamanca solo desde el recuerdo, porque sé que hay focos que encienden otras hogueras bien distintas, porque estamos en el siglo veintiuno, porque muchos de mis paisanos siguen sin el arma más potente para hacerle frente a la vida con dignidad, porque esta realidad denigra y echa por tierra al hombre como ser…

¿Habrá algo en Salamanca más acuciante que poner en marcha un plan inmediato de alfabetización? ¿Qué dicen los políticos al uso? ¿En qué gastan su tiempo? ¿Cuál es su escala de valores? ¡Cuánto tópico indigno! ¡Cuánta miseria oculta!

No quiero echar la vista hacia otros sitios por no quedarme ciego.

jueves, 21 de mayo de 2009

EN ESTE LABERINTO

Con frecuencia me enzarzo algunos días en la madeja de una lana que me presta una idea y que me ofrece atractivos como para seguir devanando hasta que formo alguna consecuencia con sentido. Los orígenes son diversos, pero el más frecuente tiene que ver con la lectura. Y es que todavía hay libros que me dejan prendidos después de cerrarlos. Seguramente porque hurgan en temas que me ocupan con más frecuencia en mis días normales.

He vuelto -ayer y hoy- a otro libro de Daniel Pennac: “Mal de escuela”. Repite el tema de “Como una novela” y se vuelve a sumergir en los asuntos de la educación. Creo que aún sigo amando este bendito oficio a pesar de sus muchas deficiencias, de mis muchas deficiencias, y, por eso, los asuntos que se analizan en el libro son mis asuntos, son mis ocupaciones, son mis desvelos, mis aventuras y mis desventuras. Por eso ayer esbozaba una idea y hoy puedo perfilar otra. Tal vez mañana deba abrir mis ojos a otras sugerencias. Tal vez.

¿Cuántas veces se analiza serenamente el laberinto que supone para un alumno la obligatoriedad de sumergirse cada día en cinco o seis clases distintas? Solo con nombrar variables nos teníamos que asustar: hora del día, curvas de rendimiento, tipos de profesor, dificultad de la asignatura, tipos de actividad, cambios de compañeros, día de la semana, altura del trimestre, situación emocional de cada uno de los participantes… Como para asustarse y poner a cero las pulsaciones antes de juzgar y de condenar o salvar a nadie.

Siempre suelo comentar en público que hay variables sobre las que yo no puedo hacer casi nada. Acaso tal vez solo glosar y proponer aunque no disponer. Pero sí hay una en la que me convierto en comandante en jefe. Naturalmente es aquella que me otorga mi condición de profesor. Y, aunque nada presuponga que voy a tener éxito con una estrategia o con otra -la experiencia demuestra que todo es posible y que la sorpresa ronda cada día-, es ese el terreno en el que yo debo hacerme fuerte, pues esa es mi principal contribución a este mundo maravilloso de la educación.

Yo no sé qué significa ser un buen profesor, pero sé que tengo que ser un buen profesor. Menuda dificultad. Seguramente esta duda me obliga a seguir indagando sobre cuáles son esas cualidades que debería poseer. A estas alturas sigo sin tener nada definitivo. ¡A estas alturas!

Supongo que sería estupendo reunir un buen catálogo de opiniones sobre lo que la gente ha entendido como buenos profesores. Aunque esa suma de testimonios tampoco asegurara nada y todo pudiera seguir fallando, tendríamos al menos referentes de casos reales que sí funcionaron en su día. No desconozco que existen sistemas sofisticados de evaluación también para profesores y que cada día se perfeccionan -y se burocratizan- más, pero me convencen más los testimonios directos de personas reales con nombre y apellidos.

Sospecho -y me gustaría mucho aplicarme personalmente en estas variables- que un buen profesor tiene que partir de una formación sólida y de un amor a la materia que enseña a prueba de toda bomba. No imagino cómo se puede desarrollar un trabajo en el que no se crea, ni entiendo que se bucee en un mar sin saber nadar al menos con algo de soltura. Tal vez la tercera variable tendría que ver con sustentar las enseñanzas con un tipo de vida y de actividad que no desentonara demasiado con la de la propia aula. Creo que sé de qué hablo. Y creo que no es poca cosa saber ajustar los conocimientos a dos variables importantes: la capacidad del alumno y su situación vital (edad, gustos, escala de valores…). Controlar esta última variable no supone despersonalizarse ni realizar actividades de políticos en época de elecciones, o sea, cualquier tipo de estrategia aunque implique el ridículo, sino tener en cuenta que el receptor es el que es, o sea otra cosita bien diferente a mí mismo.

Con esto y sin olvidar que la educación tiene que ver con la progresión, con el descubrimiento y no solo con la complacencia y el gusto, y sin perder de vista que toda persona atesora valores que puede desarrollar, perfilo un profesor de cierto calado.

Ya me gustaría dar trigo además de predicar. No es nada sencillo. Pero me gustaría. Luego está lo del modelo social, el para qué enseñamos, el cambio de sistema, la dignidad de todos, el reparto más justo, la dotación de medios (nunca hubo tantos como ahora), la ratio más reducida (jamás lo fue tanto) y la aurora boreal y el equinoccio… Estoy dispuesto a ello, pero hoy quise mirarme en el espejo. No estoy seguro de haberme reconocido ni sé qué tal habré salido en la foto.

miércoles, 20 de mayo de 2009

MUESTRARIO DE VISITAS

El mes de mayo supone colocarse en el disparadero del teléfono o de las visitas de los padres de alumnos. En la enseñanza secundaria se mantiene, aflojado y dispar, el contacto de los progenitores con los profesores, con esos seres raros que, a diario, se dejan los esfuerzos, o no, en dar rumbo adecuado a los seres pequeños y alocados que pululan por los pasillos o que intentan dar esquinazo a todo para tomar el sol.
Es la época en que la madre se cuelga del teléfono como último recurso para pedir auxilio, o pide hora, impaciente por desahogarse y dejar sobre una mesa la preocupación que lleva encima y que no sabe con quién compartir.

Todavía se asoman por allí los padres de algunos alumnos que marchan bien en el curso y sobre los que no quedan restos de duda acerca de su éxito. Ellos desean confirmar que ese éxito no se va a cuestionar; y hasta en algún caso quieren celebrar por anticipado las bondades académicas de sus hijos. Entonces las alabanzas se acumulan y los proyectos se desgranan, como si el futuro y el próximo curso empezaran al día siguiente.

Hay padres de alumnos a los que no se les conoce y que, a estas alturas, prefieren conservar el anonimato por decoro y pudor. Son los que dejan correr los acontecimientos, tal vez desilusionados porque poco pueden hacer por cambiar su rumbo o simplemente porque ese mundo les cae a trasmano y les asusta.

Otros solo terminan acordándose de santa Bárbara cuando los truenos tienen acobardado al ganado y no hay forma de hacerlo ir al campo, y aparecen estos días con el paraguas puesto y haciendo como si el resto del curso nada tuviera que ver con el resultado final.

En todo este complejo de sensaciones y actos, acaso lo más variado sea el diverso muestrario con el que algunas madres se aproximan. Sobre todo las madres de alumnos con dificultades evidentes y con el peligro a cuestas de no superar el curso. Las imagino solas y nerviosas, pendientes de sí mismas tanto como de sus propios hijos. Llegan y abren el libro de sus preocupaciones y, según en qué página, se lee cualquier relato: hay madres que refieren el relato seguido del fracaso de su hijo, madres que resumen el fracaso que viven con sus parejas, llega la madre que explota y acumula su rechazo en algún profesor que, mira tú por dónde, le tiene rabia a su vástago, o la madre que ahora quiere asediar a todos los profesores cuando antes no tenía ninguna prisa, la madre que glosa la incomunicación con su hijo y la que lo justifica en todos sus términos, la madre que se extraña delante de los demás porque su hijo “no es así en casa”, o es la oveja negra de la familia, o aparece la madre que –como sucede con tantos psicólogos y pedagogos- conoce la teoría para dar solución a todos los casos clínicos y no se da cuenta de que tiene al enemigo en casa, o la madre que se echa a llorar sin saber muy bien qué contiene ese lloro, o la que grita en un vano intento por asegurarse de que hay profesores que no entienden a los jóvenes, o la madre que se lamenta pensando en el futuro (“qué va a ser de él”), o la que insinúa algún arreglo no del todo correcto, o la madre…

La madre siempre es la madre y el muestrario de intentos por salvar lo insalvable se estira todo lo que se puede. Al fondo siempre anda el fantasma del futuro, esa bruja que acecha a los jóvenes pero que asusta realmente a sus padres. Son los meses finales. Y seguimos en juego: este sabe y progresa, ese es torpe y no pasa. ¿Y el futuro? ¿Y la persona como persona? ¿Y el jodido sistema con todos sus defectos? ¿Por qué la enseñanza no se parece a una fiesta y a un deseo de saber? ¿Por qué este juego tonto como el ratón y el gato? ¿Qué escala de valores lo sustenta y empuja? El sistema se puede perfeccionar, pero también se puede cuestionar. Creo que, en este terreno, sucede como en economía, que todos los esfuerzos se encaminan a reforzar el sistema existente y casi ninguno a cuestionarse el modelo. En fin, cosas de raros.

martes, 19 de mayo de 2009

UN MINUTO DE GLORIA

Mis alumnos aprenden rudimentos de poesía, o más bien, algún concepto elemental que los sitúe en el nivel del arte. Suelo partir de un esquema absolutamente elemental: existe obra artística literaria cuando se cumplen estas tres condiciones: se utilizan palabras, se utilizan de una manera especial, y se utilizan con la intención de provocar sensaciones especiales. Así de corto y de sencillo. Supongo que el esquema lo habré descrito aquí alguna otra vez, pero no lo recuerdo.

Cuando pasamos a la práctica –sí, sí, sin escandalizarse, a crear textos literarios desde el primer momento: con dos (y eso que me acabo de enterar de que Franco solo tenía uno)-, este esquema tiene que funcionar. Y creo que funciona.

Hoy andábamos seleccionando posibilidades del género lírico. Qué tontería esto de los subgéneros y de las tabulaciones. Lo importante sigue siendo el esquema anterior: lo demás no añade prácticamente nada nuevo.

Hoy se produjo un momento de gloria. Más o menos fue así. Se leía un fragmento del conocido poema Llanto por la muerte…, de Lorca. Andábamos por estos versos:” …!Qué tremendo con las últimas / banderillas de tiniebla! // Pero ya duerme sin fin…” . Aquí el poema cobra un sesgo brutal. Explicamos algunas imágenes y todos entendieron ese golpe brutal que señala el momento de la muerte del torero (“Pero ya duerme sin fin”). Les propuse la posibilidad mostrenca para expresar el mismo contenido: Se ha muerto. Y enseguida les añadí una tercera: El tiempo se ha quedado dormido entre sus brazos. Las escribimos en la pizarra (todavía no es digital). Las tres. Una debajo de la otra, y la tercera debajo de las dos. Así: a) Se ha muerto; b) Pero ya duerme sin fin; c) El tiempo se ha quedado dormido entre sus brazos.

Los noté un poco más silenciosos y perplejos. Las tres fórmulas utilizaban palabras. Las tres las utilizaban de distinta manera. Las dos últimas parecían buscar sensaciones especiales: querían formar parte de una obra artística y literaria.
Y les propuse una votación. Nadie votó a favor de la primera. A cuatro alumnos les complacía más la segunda, la de Lorca. Los demás votaron la tercera posibilidad.

Me sentí demasiado satisfecho. Creo que lo notaron. Les dije que comería más a gusto hoy. No cité el origen de la tercera fórmula pero creo que algunos lo intuyeron rápidamente.

Tengo buen paladar pero hoy me gustó más la ensaladilla. Había salvado un minuto. Y menudo rival el que tenía.

Sé que nada es más que lo que es. Pero hoy fue. Para mí, por supuesto. Y acaso para ellos, que quedaron prendidos de otras formas de decir y de acercarse a las cosas. Si quisieran practicar y entusiasmarse…

La imagen "El tiempo se ha quedado dormido entre sus brazos" reza sobre una lápida que me sigue llamando cada día.