No siempre está la ocasión propicia para dejar en vivo la palabra. Hay ambientes, hay días, hay receptores varios, hay ganas y hay desganas, cansancios y entusiasmos, hay…
La última vez que propicié un recital en público -con alumnos, no mío-, en el centro al que voy a trabajar (qué mala leche), incluí en la selección poemas y poetas muy diversos. Se trataba de poner encima del escenario a alumnos que hubieran leído antes y que sintieran algo al decir las palabras. Entre los elegidos se hallaba Mario Benedetti. Aún recuerdo las caras y las voces de aquellos muchachos que entonaban versos ante la mirada de sus compañeros.
Anoche me enteraba de su muerte. Quise vivir la experiencia de dejarme llevar y escuchar solo lo que esta mañana me deparara la inercia en mi trabajo. Estaban los periódicos encima de la mesa. Alguno lo llevaba en la primera página. ¡Ni una sola palabra! ¡Ninguna referencia en las palabras! ¡Total indiferencia! ¡Nada de nada! ¡!Nada!! Eso sí, había cerezas (riquísimas) que tentaban, y algún rostro risueño que tentaba aún más. Benedetti dormía para siempre en el silencio de todos los presentes.
Admiré de sus versos el claro compromiso con la realidad, su tanto de ironía y de fastidio, lo claro y lo directo de tantas intenciones, su sencillez difícil, el soporte personal que prestaba a sus versos, la coherencia toda, el sentirse conciencia colectiva, el ejemplo viviente de que hay otras miradas para otras realidades más gozosas…
Pasó, sintió, escribió, gozó, penó… y se marchó. Como todo hijo de vecino. “Y en un día como tantos…”
¿A que es hermoso este poema?
CORAZÓN CORAZA
“Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro
porque tú siempre existes donde quiera
porque existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.”
Pues eso, Mario Benedetti, que te admiro y te aplaudo, que te siento bien cerca, aunque ya te hayas ido, “y no.”
lunes, 18 de mayo de 2009
domingo, 17 de mayo de 2009
NADA MÁS ASOMBROSO
Se me escapan los tiempos de las manos porque se me van los días de mi vista y los espacios me evitan rápidamente. Echo cuentas de un día, de una semana, de un mes o de un año, y todo se me va en un suspiro, sin reposo y sin tiento. Me faltan los minutos para vivir más denso y más completo. Ya se fue otra semana, otro fin de semana y otros días de mayo. Me gustaría que estos días no terminaran nunca pues miro a todas partes y me lleno con todo, y no puedo reposar la mirada como me gustaría. Todo rebosa vida y plenitud.
Hoy tocó día en Ávila, con mi Miguel Ángel y con mi Merce, y con mi Sara, que no asoma la oreja por más que yo la llame. Está casi a la puerta, termina sus maletas, ha sacado el billete, el coche ya está a punto, están mis brazos prestos para que no se caiga o se lastime… Pero se hace un poquito de rogar. Acaso ya barrunta que este mundo es muy vario y no todo es jazmín ni terciopelo. Ahí sigue escondidita en el vientre materno. Pronto será ya nuestra.
Porque, por ser persona, será lo más hermoso, lo más contradictorio, lo más ilusionado y lo más rechazable, todo lo que distingue al ser humano. Son palabras de Sófocles y me siguen sirviendo: “Muchas cosas existen y, con todo, nada más asombroso que el ser humano. Él se dirige al otro lado del espumoso mar con la ayuda del tempestuoso viento sur, bajo las rugientes olas avanzando, y a la más poderosa de las diosas, a la imperecedera e infatigable Tierra, trabaja sin descanso, haciendo girar los arados año tras año, al ararla con mulos. El hombre que es hábil da caza, envolviéndolos con los lazos de sus redes, a la especie de los aturdidos pájaros, y a los rebaños de agrestes fieras, y a la familia de los seres marinos. Por sus mañas se apodera del animal del campo que va a través de los montes, y unce al yugo que rodea la cerviz al caballo de espesas crines, así como al incansable toro montaraz. Se enseñó a sí mismo el lenguaje y el alado pensamiento, así como las civilizadas maneras de comportarse, y también, fecundo en recursos, aprendió a esquivar bajo el cielo los dardos de los desapacibles hielos y los de las lluvias inclementes. Nada de lo porvenir lo encuentra falto de recursos. Solo de la Muerte no tendrá escapatoria. De enfermedades que no tenían remedio ya ha discurrido posibles evasiones. Poseyendo una habilidad superior a lo que se puede uno imaginar, la destreza para ingeniar recursos lo encamina unas veces al mal y otras al bien.”
Todo la está esperando, lo bueno y lo menos bueno, lo peor y lo menos malo. Como a todos nosotros.
Hoy pasaba despacio con mi coche por un pueblo pequeño. Una niña caminaba sola por una calle estrecha. La miré tiernamente. Me dejé transportar a otros tiempos futuros.
Hoy tocó día en Ávila, con mi Miguel Ángel y con mi Merce, y con mi Sara, que no asoma la oreja por más que yo la llame. Está casi a la puerta, termina sus maletas, ha sacado el billete, el coche ya está a punto, están mis brazos prestos para que no se caiga o se lastime… Pero se hace un poquito de rogar. Acaso ya barrunta que este mundo es muy vario y no todo es jazmín ni terciopelo. Ahí sigue escondidita en el vientre materno. Pronto será ya nuestra.
Porque, por ser persona, será lo más hermoso, lo más contradictorio, lo más ilusionado y lo más rechazable, todo lo que distingue al ser humano. Son palabras de Sófocles y me siguen sirviendo: “Muchas cosas existen y, con todo, nada más asombroso que el ser humano. Él se dirige al otro lado del espumoso mar con la ayuda del tempestuoso viento sur, bajo las rugientes olas avanzando, y a la más poderosa de las diosas, a la imperecedera e infatigable Tierra, trabaja sin descanso, haciendo girar los arados año tras año, al ararla con mulos. El hombre que es hábil da caza, envolviéndolos con los lazos de sus redes, a la especie de los aturdidos pájaros, y a los rebaños de agrestes fieras, y a la familia de los seres marinos. Por sus mañas se apodera del animal del campo que va a través de los montes, y unce al yugo que rodea la cerviz al caballo de espesas crines, así como al incansable toro montaraz. Se enseñó a sí mismo el lenguaje y el alado pensamiento, así como las civilizadas maneras de comportarse, y también, fecundo en recursos, aprendió a esquivar bajo el cielo los dardos de los desapacibles hielos y los de las lluvias inclementes. Nada de lo porvenir lo encuentra falto de recursos. Solo de la Muerte no tendrá escapatoria. De enfermedades que no tenían remedio ya ha discurrido posibles evasiones. Poseyendo una habilidad superior a lo que se puede uno imaginar, la destreza para ingeniar recursos lo encamina unas veces al mal y otras al bien.”
Todo la está esperando, lo bueno y lo menos bueno, lo peor y lo menos malo. Como a todos nosotros.
Hoy pasaba despacio con mi coche por un pueblo pequeño. Una niña caminaba sola por una calle estrecha. La miré tiernamente. Me dejé transportar a otros tiempos futuros.
sábado, 16 de mayo de 2009
DE ESTADO NATURAL
Pues no fueron Piquitos. Jesús nos torció el rumbo y puso camino hacia Llano Alto, el pantano, la Dehesa de Candelario, Puentenueva, la central de la Abeja y vuelta por Llano Alto. Entre trece y catorce kilómetros de sombra, de verde y de frescor. Me privé de los aromas de la sierra soleada de los Picos, pero gané en frescura, en verdor, en agua, en sombras y en sensación de que esto de la ciudad estrecha es un puro privilegio en lo que al paisaje se refiere.
Ya se sabe que aquí hay muchas naturalezas, y que no hay primavera, pero que, a la vez, la primavera que parece no existir dura mucho tiempo si se sabe mirar. Porque hay cotas y lo que aquí está desnudo en otra altitud está cubierto con un manto bellísimo, y que lo que en el valle se despoja de la flor y anda en fruto en lo alto es nacimiento y fuerza, empeño en ser más fuerte, deseo de engrandecerse. De modo que lo que vi hace apenas dos semanas hoy lo volví a ver con otras dimensiones y con más densidad. Los robles en lo alto aún siendo niños, con su verde tiernísimo, los serbales, las acacias, los espinos albares, los castaños…, y las flores del suelo, y el canto de los pájaros… No exagero ni un punto. Es así todo esto.
Sigo dándole vueltas a lo que significa eso que llamamos naturaleza y cuál es el reclamo que me lleva casi todas las semanas a sumergirme en ella (en realidad estoy en ella toda la semana desde mi palco vip en mi terraza). Sigo pensando que una respuesta buena no se aleja de mirar con reojo mucho de lo que pasa por aquí abajo, por estas calles y por estas plazas, pobladas por miserias y pequeñas historias que tienden a la nada. En la huida de ellas o en el contraste tal vez se esconda una buena respuesta.
¿Por qué la naturaleza? En realidad, ¿qué es? ¿Acaso no soy yo naturaleza? Sé que, en rigor, naturaleza es un concepto extenso que debería aplicarse a todo ese discurrir natural en que las cosas acontecen. También las de los hombres. Es verdad que guardamos el nombre para todo aquello que acontece y que no sufre, de manera muy visible, la intervención del hombre. Cuando me echo al camino, suelo mirar los árboles, observo la montaña, contemplo un roquedal o miro a un río. Y los veo como distantes, alejados del discurrir diario, como impasibles a estas normas sociales que aplicamos nosotros en nuestro discurrir diario. Tal vez discutan dos robles por ocupar su espacio, pero al menos no lo hacen con escándalo. Y, sobre todo, duran, están allí todo el tiempo, nos sobrepasan en conjunto, tienen su propia edad y cumplen años con otro calendario, parecen esenciales frente a mi alergia o mi calor, me hacen sentir muy poca cosa, tengo que cambiar mi ritmo para estar a su lado.
Sin embargo, sé muy bien que también tienen vida y son jóvenes o viejos, se agarran a unos medios y sucumben ante otros, crecen cuando es su turno y se entregan al suelo en su momento. Un poco al modo en que lo hace el ser humano, que se mueve, que actúa, que fabrica y destruye, que se enfada y modifica todo. Sé que el estado más natural del hombre es precisamente el de no serlo, el del cambio y el de la evolución, el de la valoración y el de la propuesta de nuevo futuro.
Pero algo hay en eso que llamamos popularmente naturaleza que me confirma en otra dimensión y en otras sensaciones. Tal vez por eso me siento a gusto en medio de ella. Quizás como contraste de valores y de actividad diaria.
Hoy descansé y comí mi bocadillo en medio de un arroyo, con los pies acariciando el agua, con un frescor suave, con un verde intensísimo, con una cabellera de agua que rizaba las piedras, con el bosque cantando, olvidado de todo, con el sol en lo alto sin molestar siquiera. Ni fray Luis ni Garcilaso. Estos no saben lo que es bueno. Y si lo saben, no lo pudieron expresar. Un poco más san Juan, pero hasta tengo dudas.
Ya se sabe que aquí hay muchas naturalezas, y que no hay primavera, pero que, a la vez, la primavera que parece no existir dura mucho tiempo si se sabe mirar. Porque hay cotas y lo que aquí está desnudo en otra altitud está cubierto con un manto bellísimo, y que lo que en el valle se despoja de la flor y anda en fruto en lo alto es nacimiento y fuerza, empeño en ser más fuerte, deseo de engrandecerse. De modo que lo que vi hace apenas dos semanas hoy lo volví a ver con otras dimensiones y con más densidad. Los robles en lo alto aún siendo niños, con su verde tiernísimo, los serbales, las acacias, los espinos albares, los castaños…, y las flores del suelo, y el canto de los pájaros… No exagero ni un punto. Es así todo esto.
Sigo dándole vueltas a lo que significa eso que llamamos naturaleza y cuál es el reclamo que me lleva casi todas las semanas a sumergirme en ella (en realidad estoy en ella toda la semana desde mi palco vip en mi terraza). Sigo pensando que una respuesta buena no se aleja de mirar con reojo mucho de lo que pasa por aquí abajo, por estas calles y por estas plazas, pobladas por miserias y pequeñas historias que tienden a la nada. En la huida de ellas o en el contraste tal vez se esconda una buena respuesta.
¿Por qué la naturaleza? En realidad, ¿qué es? ¿Acaso no soy yo naturaleza? Sé que, en rigor, naturaleza es un concepto extenso que debería aplicarse a todo ese discurrir natural en que las cosas acontecen. También las de los hombres. Es verdad que guardamos el nombre para todo aquello que acontece y que no sufre, de manera muy visible, la intervención del hombre. Cuando me echo al camino, suelo mirar los árboles, observo la montaña, contemplo un roquedal o miro a un río. Y los veo como distantes, alejados del discurrir diario, como impasibles a estas normas sociales que aplicamos nosotros en nuestro discurrir diario. Tal vez discutan dos robles por ocupar su espacio, pero al menos no lo hacen con escándalo. Y, sobre todo, duran, están allí todo el tiempo, nos sobrepasan en conjunto, tienen su propia edad y cumplen años con otro calendario, parecen esenciales frente a mi alergia o mi calor, me hacen sentir muy poca cosa, tengo que cambiar mi ritmo para estar a su lado.
Sin embargo, sé muy bien que también tienen vida y son jóvenes o viejos, se agarran a unos medios y sucumben ante otros, crecen cuando es su turno y se entregan al suelo en su momento. Un poco al modo en que lo hace el ser humano, que se mueve, que actúa, que fabrica y destruye, que se enfada y modifica todo. Sé que el estado más natural del hombre es precisamente el de no serlo, el del cambio y el de la evolución, el de la valoración y el de la propuesta de nuevo futuro.
Pero algo hay en eso que llamamos popularmente naturaleza que me confirma en otra dimensión y en otras sensaciones. Tal vez por eso me siento a gusto en medio de ella. Quizás como contraste de valores y de actividad diaria.
Hoy descansé y comí mi bocadillo en medio de un arroyo, con los pies acariciando el agua, con un frescor suave, con un verde intensísimo, con una cabellera de agua que rizaba las piedras, con el bosque cantando, olvidado de todo, con el sol en lo alto sin molestar siquiera. Ni fray Luis ni Garcilaso. Estos no saben lo que es bueno. Y si lo saben, no lo pudieron expresar. Un poco más san Juan, pero hasta tengo dudas.
HOY EL TIEMPO FUE GRIS
Cuando se desajustan el tiempo utilizado para cualquier asunto y los resultados que crees haber obtenido de él, se te queda una cara de tonto dispuesta para enmarcarla. Es lo que me ha ocurrido hoy en una reunión de asuntos políticos.
Casi tres horas para darle vueltas a la situación del PSOE en Béjar y muchas variables que tener en cuenta. La más importante, sin embargo, es la que acabo de indicar. Pero esta variable es el resumen de otras muchas: reuniones demasiado espaciadas, falta de comunicación entre los afiliados y simpatizantes, desconocimiento general, incapacidad para hacer intervenciones breves y pertinentes, repeticiones hasta el infinito, particularización y personalización, dificultades para ordenar ideas y construir razonamientos claros, malos entendidos, digresiones… Qué lío.
Y, a pesar de todo, parece que este sigue siendo el método menos malo. La convivencia resulta siempre muy dificultosa, y, sin buena voluntad y un poco de cabecita, se vuelve sencillamente imposible.
Así que aquí estoy, derrotado y con pocas ganas de repetir. Sé que, en cuanto pasen unos días, volveré a sentir la necesidad de volver a las andadas. C´est la vie.
Tiene Béjar dificultades bien visibles que no se dan arregladas. Y el PSOE también las tiene; en cuadros, en militantes, en falta de ideología, en burocracia…, en muchas cosas: matadero, parador, parking, PGOU, funcionamiento de personal, piscinas, Condesa… Habrá que volver sobre ellos con calma. Ahora quiero leer y descansar. Mañana por la mañana me aguarda la subida a Piquitos y a la embriaguez de sus plantas aromáticas. Vale.
Casi tres horas para darle vueltas a la situación del PSOE en Béjar y muchas variables que tener en cuenta. La más importante, sin embargo, es la que acabo de indicar. Pero esta variable es el resumen de otras muchas: reuniones demasiado espaciadas, falta de comunicación entre los afiliados y simpatizantes, desconocimiento general, incapacidad para hacer intervenciones breves y pertinentes, repeticiones hasta el infinito, particularización y personalización, dificultades para ordenar ideas y construir razonamientos claros, malos entendidos, digresiones… Qué lío.
Y, a pesar de todo, parece que este sigue siendo el método menos malo. La convivencia resulta siempre muy dificultosa, y, sin buena voluntad y un poco de cabecita, se vuelve sencillamente imposible.
Así que aquí estoy, derrotado y con pocas ganas de repetir. Sé que, en cuanto pasen unos días, volveré a sentir la necesidad de volver a las andadas. C´est la vie.
Tiene Béjar dificultades bien visibles que no se dan arregladas. Y el PSOE también las tiene; en cuadros, en militantes, en falta de ideología, en burocracia…, en muchas cosas: matadero, parador, parking, PGOU, funcionamiento de personal, piscinas, Condesa… Habrá que volver sobre ellos con calma. Ahora quiero leer y descansar. Mañana por la mañana me aguarda la subida a Piquitos y a la embriaguez de sus plantas aromáticas. Vale.
jueves, 14 de mayo de 2009
EL OTRO PARTIDO
Dediqué anoche un rato a ver el partido de fútbol en el que Bilbao y Barça disputaban la final de la Copa. Nunca antes de reírme con el humor inteligente de El Intermedio, por supuesto. Me perdí todo el asunto ese de las pitadas y del desprecio a los símbolos. Había llegado yo con el tiempo justo de otro lugar en el que se había discutido, de aquella manera y con aquellos argumentos o esbozos de tales, precisamente sobre otros símbolos. Inmediatamente después me enteré de todo por otros medios. Durante todo el partido ya se veía que todo era un mar de símbolos (banderas) de cierto tipo, no de esas que representan a un club sino de aquellas que representan a unos territorios. Ni una que acogiera a todos. Ni una, que yo viera.
Y lo que quiso ser deporte (acaso desde el principio no quiso ser eso solo) se convirtió en asunto de polémica y de querencias políticas y sociales.
Por eso creo que en realidad se jugaron dos partidos, el de fútbol y el otro. Los dos previsibles, uno desde la estética y otro desde la sociología y la política.
Mi preferencia por la estética ya la dejé reflejada no hace muchos días, precisamente poniendo como referente a la manera de concebir este deporte del fútbol por parte del Madrid y del Barcelona en el presente campeonato. Poco más que añadir y felicidades a los de más arte.
El otro partido me sigue doliendo, aunque no pienso enfermar por ello. Ayer se juntaron todas las especias para cocinar un plato suculento. Hubo suma de voluntades y no solo disputa futbolística. ¿Quién podría suponer que el grueso de las dos aficiones no se iba a llevar bien si ambas, al margen del partido, sumaban voluntades en la misma dirección? Ahí están las imágenes de convivencia y hasta de carameleo. Absolutamente previsibles. ¿Se habría producido el mismo comportamiento si se hubiera tratado de alguna otra afición? No nacimos ayer, desgraciadamente.
¿No son estos los dos equipos que dicen ser más que un club? ¡Son ellos los que lo dicen! Sobre todo los representantes del Barça. ¿Qué significa eso? ¡!Si es que no pierden ripio para despreciar públicamente a los ciudadanos de otros lugares de este país!! Y un desliz se puede y se debe olvidar, pero el rebozo continuo no lo aguanta ni el que asó la manteca. Bueno, tengo que rectificar: siguen haciendo y manteniendo forofos por todas partes. Yo tengo que interpretar esto equivocadamente porque son muchos y parece que, cuanto más les zurran más se ríen. Me gustaría que me lo explicaran porque sigo sin entender absolutamente nada.
Es verdad que este país es como es y tiene la desgracia de gastar casi todas sus energías en buscar y encontrar su identidad. La Historia es muy elocuente. Pero a mí ya me harta todo este desencuentro que no acaba ni ofrece perspectivas de que así sea. Si no somos capaces de mantener unos símbolos comunes, aunque sean muy escasos, esto no tiene visos de solución. No concibo a una pareja que se pase el día en reproches y tratando cada uno de sus componentes de poner en claro sus derechos individuales. Es sencillamente insoportable.
Y lo desgraciado, pero real, es que las comunidades no se pueden construir de arriba hacia abajo sino desde las voluntades conjuntadas en buena armonía y sin andar siempre a la cuarta pregunta ni viendo brujas en el balcón cada día.
A mí, “el otro partido” me parece una metáfora demasiado elocuente y exacta de lo que es España en su configuración. Y la veo en blanco y negro. Se conoce que soy muy pesimista. Puede. ¿No pueden poner un poco de calma los representantes de esos equipos entre sus socios? ¿No podrían pedir alguna disculpa, aunque sea disimuladamente? Alguno no lo hará nunca pues sus palabras a diario incitan a continuar con el invento.
Como siempre, lo que menos comprendo es la complacencia de todos aquellos que literalmente son despreciados y siguen en el entusiasmo. Yo dejo indicados mi sorpresa, mi desconcierto y mi indignación por todo esto. Me gustaría otra mirada más optimista.
Y lo que quiso ser deporte (acaso desde el principio no quiso ser eso solo) se convirtió en asunto de polémica y de querencias políticas y sociales.
Por eso creo que en realidad se jugaron dos partidos, el de fútbol y el otro. Los dos previsibles, uno desde la estética y otro desde la sociología y la política.
Mi preferencia por la estética ya la dejé reflejada no hace muchos días, precisamente poniendo como referente a la manera de concebir este deporte del fútbol por parte del Madrid y del Barcelona en el presente campeonato. Poco más que añadir y felicidades a los de más arte.
El otro partido me sigue doliendo, aunque no pienso enfermar por ello. Ayer se juntaron todas las especias para cocinar un plato suculento. Hubo suma de voluntades y no solo disputa futbolística. ¿Quién podría suponer que el grueso de las dos aficiones no se iba a llevar bien si ambas, al margen del partido, sumaban voluntades en la misma dirección? Ahí están las imágenes de convivencia y hasta de carameleo. Absolutamente previsibles. ¿Se habría producido el mismo comportamiento si se hubiera tratado de alguna otra afición? No nacimos ayer, desgraciadamente.
¿No son estos los dos equipos que dicen ser más que un club? ¡Son ellos los que lo dicen! Sobre todo los representantes del Barça. ¿Qué significa eso? ¡!Si es que no pierden ripio para despreciar públicamente a los ciudadanos de otros lugares de este país!! Y un desliz se puede y se debe olvidar, pero el rebozo continuo no lo aguanta ni el que asó la manteca. Bueno, tengo que rectificar: siguen haciendo y manteniendo forofos por todas partes. Yo tengo que interpretar esto equivocadamente porque son muchos y parece que, cuanto más les zurran más se ríen. Me gustaría que me lo explicaran porque sigo sin entender absolutamente nada.
Es verdad que este país es como es y tiene la desgracia de gastar casi todas sus energías en buscar y encontrar su identidad. La Historia es muy elocuente. Pero a mí ya me harta todo este desencuentro que no acaba ni ofrece perspectivas de que así sea. Si no somos capaces de mantener unos símbolos comunes, aunque sean muy escasos, esto no tiene visos de solución. No concibo a una pareja que se pase el día en reproches y tratando cada uno de sus componentes de poner en claro sus derechos individuales. Es sencillamente insoportable.
Y lo desgraciado, pero real, es que las comunidades no se pueden construir de arriba hacia abajo sino desde las voluntades conjuntadas en buena armonía y sin andar siempre a la cuarta pregunta ni viendo brujas en el balcón cada día.
A mí, “el otro partido” me parece una metáfora demasiado elocuente y exacta de lo que es España en su configuración. Y la veo en blanco y negro. Se conoce que soy muy pesimista. Puede. ¿No pueden poner un poco de calma los representantes de esos equipos entre sus socios? ¿No podrían pedir alguna disculpa, aunque sea disimuladamente? Alguno no lo hará nunca pues sus palabras a diario incitan a continuar con el invento.
Como siempre, lo que menos comprendo es la complacencia de todos aquellos que literalmente son despreciados y siguen en el entusiasmo. Yo dejo indicados mi sorpresa, mi desconcierto y mi indignación por todo esto. Me gustaría otra mirada más optimista.
miércoles, 13 de mayo de 2009
ESTOY CANSADO
Hoy me siento cansado pero con la sensación de que me he batido el cobre. Repaso y no me salen casi ni diez minutos libres: Clases, lectura de un libro completo, claustro, Consejo Escolar cansino y desconsolador, cena y descanso. No me da más de sí. Bueno, aún ando mirando un rato eso de la final del fútbol. Me gustaría hablar un día de este asunto, que tiene muchas implicaciones. Y del Consejo Escolar, aunque tal vez será mejor que me corte para no decir cosas de las que después me dé un poco de apuro.
Así que salvo hoy algunas líneas del libro que he leído: “Como una novela”. Se trata de una reflexión acerca del mundo de la lectura. La idea básica, que comparto totalmente, viene a consagrar la afirmación de que hay que leer por placer y no por obligación. Aplicar esto a la vida y a la enseñanza significa modificar muchos esquemas, demasiados. En alumnos y, sobre todo, en profesores.
Ahí van algunas razones tomadas literalmente del libro:
“¡Hay que leer!, ¡hay que leer!
-Para conservar la memoria del pasado.
-Para iluminar nuestro presente.
-Para aprovechar las experiencias anteriores.
-Para no repetir las tonterías de nuestros antepasados.
-Para ganar tiempo.
-Para evadirnos.
-Para buscar un sentido a la vida.
-Para comprender los fundamentos de nuestra civilización.
-Para satisfacer nuestra curiosidad.
-Para distraernos.
-Para informarnos.
-Para cultivarnos.
-Para comunicar.
-Para ejercer nuestro espíritu crítico.
-Para aprender.
-Para sacar adelante nuestros estudios.
-Para informarnos.
-Para saber de dónde venimos.
-Para saber quiénes somos.
-Para conocer mejor a los demás.
-Para saber adónde vamos.”
Todo un programa para reflexionar. Pero con cuidado, porque esto de la lectura también tiene sus derechos, y el primero de ellos es el derecho a no leer. Bye.
Así que salvo hoy algunas líneas del libro que he leído: “Como una novela”. Se trata de una reflexión acerca del mundo de la lectura. La idea básica, que comparto totalmente, viene a consagrar la afirmación de que hay que leer por placer y no por obligación. Aplicar esto a la vida y a la enseñanza significa modificar muchos esquemas, demasiados. En alumnos y, sobre todo, en profesores.
Ahí van algunas razones tomadas literalmente del libro:
“¡Hay que leer!, ¡hay que leer!
-Para conservar la memoria del pasado.
-Para iluminar nuestro presente.
-Para aprovechar las experiencias anteriores.
-Para no repetir las tonterías de nuestros antepasados.
-Para ganar tiempo.
-Para evadirnos.
-Para buscar un sentido a la vida.
-Para comprender los fundamentos de nuestra civilización.
-Para satisfacer nuestra curiosidad.
-Para distraernos.
-Para informarnos.
-Para cultivarnos.
-Para comunicar.
-Para ejercer nuestro espíritu crítico.
-Para aprender.
-Para sacar adelante nuestros estudios.
-Para informarnos.
-Para saber de dónde venimos.
-Para saber quiénes somos.
-Para conocer mejor a los demás.
-Para saber adónde vamos.”
Todo un programa para reflexionar. Pero con cuidado, porque esto de la lectura también tiene sus derechos, y el primero de ellos es el derecho a no leer. Bye.
martes, 12 de mayo de 2009
DÍAS DE NO ENTENDER CASI NADA
Cada vez que me pongo en contacto con la realidad, me pillo un mosqueo. Y no me viene mal un bañito de sol y sombra para saber de verdad qué ocurre por ahí y cómo se las gasta el crudo mundo. Me ocurre de vez en cuando y no aprendo. No llega la sangre al río, pero como símbolo me sirve. Describiré un ejemplo.
Ayer fui a pasar la revisión técnica de un Clío que vive y duerme en la calle a la intemperie. No quiero discutir sobre la bondad o maldad de que sean obligatorias estas revisiones aunque me parece que, una vez más, castigan a los que cuidan las cosas frente a los menos preocupados, y que lo que habría que exigir es conservar el vehículo en orden y seguro. ¿Por qué por un trabajo de diez minutos escasos me tienen que cobrar si el vehículo está en orden? Pero sea. Cuando llego me piden cincuenta euros y me debieron ver la cara de tonto porque, casi sin pedir explicaciones, me indicaron que en enero solo había subido unos tres euros. O sea, que ya el año anterior también andaba sin enterarme de nada. Al terminar el repaso, me indican que hay que cambiarle algo que creo que llamaron latiguillo y que tal vez tenga algo que ver con el freno. Todo esto en medio de una tormenta considerable que nubló la tarde y la puso oscura hasta la noche. Unos días para arreglarlo y vuelta a la estación para certificar que se ha realizado el arreglo. Vale.
Vamos donde Vicente, que es mi mecánico de cabecera y me puedo echar unas risas con él. El colegio de las salesianas congrega en una calle estrecha a todos los padres y madres de la comarca. Imposible intentar parar y mucho menos entrar en el local mecánico. Todo sea por las madres alesianas (está bien escrito, aunque mi ordenador subraye en rojo “alesianas”). Espero a ver si lo vuelve a subrayar y erre que erre (que quiero escribirlo así, coño). Vuelta para casa y paciencia hasta el día siguiente.
Hoy, hace poco más de media hora, Vicente me llama para ir a recoger el coche pues ya está arreglado. Antes me ha comunicado que alguna zapata (no sé si tendrá que ver algo con los zapatos) también necesita cambiarse. Venga, colega, dale caña y espabila. Me acerco a buscarlo y enseño por delante mi tarjeta de pago. La factura me dice que me van a cobrar ciento cincuenta euros (150). Firmo y me marcho. Operación concluida.
No. Ahora mismo me acuerdo de que mañana tendré que echar otro buen rato para volver hasta la ITV. Espero que no llueva. Confío en que todo esté en regla. Descansaré tranquilo.
Pero es que hay una segunda parte que no encaja en mis entendederas. Hoy mismo he dedicado casi hora y media (ya sé que es larguísimo pero hoy el día se dio así) a leer mis poemas a un grupo de mujeres que me invita dos o tres veces al año. Otras veces hablamos de otros asuntos. ¡!Y mi recompensa ha sido UNA BOTELLA DE VINO!! Espero que esté bueno al menos porque, si no, es para pillarse un coma etílico y no salir de él. ¡En la factura del coche solo figura una hora de mano de obra y los materiales valen dos perras!
Esperaba el sablazo pero no me acostumbro. Sigo fuera de todo lo que nace, vive y muere por ahí. Debería considerar el hecho en sí y no porque me haya tocado a mí y a mi bolsillo. Y así quiero considerarlo, no de otra manera. De cualquier manera que lo mire, hay una descompensación apabullante. Así que buscaré trabajo en el arreglo de automóviles y me olvidaré de las tonterías estas de escribir versos y de ir a leerlos gratis.
Y además de la anécdota y de las ramificaciones que de ella se puedan considerar en esta primavera, vengo a dejar por escrito que la poesía sigue siendo muy agradecida si la explicas un poquito y la lees con cierto sentido. El receptor se engancha fácilmente y el ambiente se cuaja en el silencio y en la atención. Incluso cuando la preparación no es la más intensa. O acaso por eso. Hoy fue un recital largo y, o disimulaban muy bien esas mujeres, o se sentían a gusto: miradas silencio, peticiones, comentarios. O sea que salvaré la palabra y su atractivo y arrojaré el coche al terraplén. Hasta que lo necesite y meta la directa.
Ayer fui a pasar la revisión técnica de un Clío que vive y duerme en la calle a la intemperie. No quiero discutir sobre la bondad o maldad de que sean obligatorias estas revisiones aunque me parece que, una vez más, castigan a los que cuidan las cosas frente a los menos preocupados, y que lo que habría que exigir es conservar el vehículo en orden y seguro. ¿Por qué por un trabajo de diez minutos escasos me tienen que cobrar si el vehículo está en orden? Pero sea. Cuando llego me piden cincuenta euros y me debieron ver la cara de tonto porque, casi sin pedir explicaciones, me indicaron que en enero solo había subido unos tres euros. O sea, que ya el año anterior también andaba sin enterarme de nada. Al terminar el repaso, me indican que hay que cambiarle algo que creo que llamaron latiguillo y que tal vez tenga algo que ver con el freno. Todo esto en medio de una tormenta considerable que nubló la tarde y la puso oscura hasta la noche. Unos días para arreglarlo y vuelta a la estación para certificar que se ha realizado el arreglo. Vale.
Vamos donde Vicente, que es mi mecánico de cabecera y me puedo echar unas risas con él. El colegio de las salesianas congrega en una calle estrecha a todos los padres y madres de la comarca. Imposible intentar parar y mucho menos entrar en el local mecánico. Todo sea por las madres alesianas (está bien escrito, aunque mi ordenador subraye en rojo “alesianas”). Espero a ver si lo vuelve a subrayar y erre que erre (que quiero escribirlo así, coño). Vuelta para casa y paciencia hasta el día siguiente.
Hoy, hace poco más de media hora, Vicente me llama para ir a recoger el coche pues ya está arreglado. Antes me ha comunicado que alguna zapata (no sé si tendrá que ver algo con los zapatos) también necesita cambiarse. Venga, colega, dale caña y espabila. Me acerco a buscarlo y enseño por delante mi tarjeta de pago. La factura me dice que me van a cobrar ciento cincuenta euros (150). Firmo y me marcho. Operación concluida.
No. Ahora mismo me acuerdo de que mañana tendré que echar otro buen rato para volver hasta la ITV. Espero que no llueva. Confío en que todo esté en regla. Descansaré tranquilo.
Pero es que hay una segunda parte que no encaja en mis entendederas. Hoy mismo he dedicado casi hora y media (ya sé que es larguísimo pero hoy el día se dio así) a leer mis poemas a un grupo de mujeres que me invita dos o tres veces al año. Otras veces hablamos de otros asuntos. ¡!Y mi recompensa ha sido UNA BOTELLA DE VINO!! Espero que esté bueno al menos porque, si no, es para pillarse un coma etílico y no salir de él. ¡En la factura del coche solo figura una hora de mano de obra y los materiales valen dos perras!
Esperaba el sablazo pero no me acostumbro. Sigo fuera de todo lo que nace, vive y muere por ahí. Debería considerar el hecho en sí y no porque me haya tocado a mí y a mi bolsillo. Y así quiero considerarlo, no de otra manera. De cualquier manera que lo mire, hay una descompensación apabullante. Así que buscaré trabajo en el arreglo de automóviles y me olvidaré de las tonterías estas de escribir versos y de ir a leerlos gratis.
Y además de la anécdota y de las ramificaciones que de ella se puedan considerar en esta primavera, vengo a dejar por escrito que la poesía sigue siendo muy agradecida si la explicas un poquito y la lees con cierto sentido. El receptor se engancha fácilmente y el ambiente se cuaja en el silencio y en la atención. Incluso cuando la preparación no es la más intensa. O acaso por eso. Hoy fue un recital largo y, o disimulaban muy bien esas mujeres, o se sentían a gusto: miradas silencio, peticiones, comentarios. O sea que salvaré la palabra y su atractivo y arrojaré el coche al terraplén. Hasta que lo necesite y meta la directa.
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