domingo, 8 de marzo de 2009

DIOS QUERRÍA TENER MADRE

Me gustaría saber qué habría pasado con un Dios que hubiera tenido madre. Si es que tal ser existe, no puede tener madre pues entraríamos en asuntos sucesorios y esto, en un primer hacedor, parece imposible en toda lógica; y, en ese caso, seguro que se habrá quedado con ganas de tenerla. Y entonces su dulzura no puede ser perfecta, ni puede ser perfecto su cariño, ni entenderá de lloros ni de besos, ni sabrá que es inútil buscar explicaciones a lo que no las tiene.

En fin, qué complicado se lo pongo con solo hacerme cargo de algunas de mis cosas. Yo sí que tengo madre, aunque se me va yendo hacia otro sitio. Por eso creo que algo sé cierto en eso del cariño y de los besos, del dolor y del gozo, del amor y la sangre, de ese mundo fantástico que encierra el nombre madre.

Hoy la he visto tranquila, serenita, callada, con los ojitos abiertos y mirando hacia delante, con el hablar en eco, más menuda que nunca. Y me he vuelto un poquito más tranquilo pensando en su ternura, en la pausa que ha dado a su zozobra. Un pequeño respiro que observo agradecido. Es ocho, es mes de marzo.

sábado, 7 de marzo de 2009

SOLO SE TEME EL FIN DE LO QUE CONOCEMOS

“Ojos que no ven, corazón que no siente”. No son mis palabras; las conoce todo el mundo. No sé si todos estamos de acuerdo en su significado ni si reproducen la realidad exacta. A mí me parece que sí y, además, creo que, de otra manera, la realidad resultaría insoportable.

Todos estamos felizmente condenados a convivir con una realidad muy reducida, con aquella que nos invade o, como mucho, que nos limita. Es decir, solo con aquella con la que somos capaces de dialogar de alguna manera. Todavía el ser humano anda indagando en el principio de percepción de la propia realidad. Es asunto filosófico y no de solo unas líneas. Pero, sea como sea, si la realidad es tal y como la percibimos, nos queda el consuelo de que solo captamos la existencia de una pequeña parte. El resto no es de nuestra incumbencia y allá se las arregle. O algo así.

De esta forma, no es difícil afirmar que nunca se teme aquello que nos resulta desconocido. Sencillamente es como si no existiera, y no le ponemos el ánimo encima de ninguna manera; no articulamos esa realidad y, por tanto, hasta que no la rozamos y la comprendemos, no existe. Ni se teme ni se aprecia, porque el razonamiento alcanza todas las posibilidades, aunque sea por vía negativa.

Sí se teme o se ama lo que se conoce y, sobre todo, se teme o se ama que lo que conocemos llegue a su fin. Porque si el fin se produce, estaremos en los límites del reino del olvido; y eso nos lleva de nuevo a la no realidad.

Me duele aplicar esta brevísima reflexión a casos que me resultan demasiado próximos y, por ello, demasiado dolorosos. Ahora comprendo más que nunca, y con más nitidez, que realmente temo el fin de algunas cosas. Y cuanto más lo conozco, por próximo, más lo siento y me hiere.

A veces me gustaría estar bien ciego, no templar los sentidos, no saber, no mirar. No, no, no.


Comí con unos cuantos amigos empeñados en provocar un encuentro veraniego en la creación literaria y en la ciudad de Béjar. No estoy con ánimos como para sugerir muchas cosas, solo para ayudar. Y tengo que ayudar en lo que pueda. Seré lo que me pidan. Eso es todo. Ya diremos qué pasa.

viernes, 6 de marzo de 2009

OTROS PALOS

Quise pasar un rato intentando otro palo. Es tan vario el flamenco… Son tan torpes mis manos… Quise también hacerme más cercano, ponerme a ras de suelo, hacer segundas y terceras voces, que en poseía son guiones y paréntesis. Me puse fingidor e ideé un receptor indefinido ¿o definido?, que apenas se sugiere en el poema. Seguí con los contrastes como forma de intensificar todo. Busqué un último verso con vista panorámica. Y eché todo a la calle. Este es el resultado.

ME ACUSAN DE LOCURA

De nuevo en el reloj las siete y media
-y no es nombre de juego,
pues no puedo pasarme-. La ventana
me da cuenta del ánimo del día.
Un poco de gimnasia –sin pasarse-,
la ducha, hacer la cama, el desayuno,
lavarme bien los dientes y a la calle.

Me llevo en mi cartera de pedidos
un esquema sencillo de Cervantes
-frente a tanto truhán de pacotilla,
hoy toca darle gloria a don Quijote-.

Mi agenda me señala, tras las clases,
una cita a las once con el médico,
un respiro en el bar sobre las doce
-necesito explorar con alimentos:
aunque no soy abstemio, bebo poco-,
un rato de lectura de periódicos
-cuánto canalla suelto por el mundo
(no sé usar las mayúsculas con tino)-
y, a las dos, vuelta a casa.

Pero llego a la Plaza y te descubro
saliendo, como ninfa, de las aguas,
plantada en el asfalto, acariciada
por los rayos del sol de la mañana.

Y lo que eran Cervantes, don Quijote,
Sancho Panza, Novelas Ejemplares,
el estilo realista, los refranes,
las reglas tan estrictas de la caballería,
los héroes de ahora mismo y los de entonces
-resulta de buen gusto
hacer literatura comparada-;
en fin, esos decálogos insulsos
que rellenan las clases,
se convierte en zozobra y desvarío.
Abro el libro al azar y, por las líneas,
solo caminas tú.
No hay ínsulas, ni ventas, ni castillos,
ni torneos inventados
en los que conquistar una doncella.

Se me acusa, en consejo sumarísimo,
de haber perdido el juicio.
¿Sabrán estos fiscales
qué es la sabiduría?

jueves, 5 de marzo de 2009

SIGO CUMPLIENDO VIAJES

Sigo cumpliendo viajes a Salamanca para ver a mi madre y estar con ella unas horas. Y sigo cumpliendo plazos, que voy desgranando y casi contemplando como tal vez no me hubiera gustado hacerlo nunca. Porque el final del trayecto se acerca y acaso yo he llegado a la meta muchas veces mentalmente.

Qué guapa está en su mundo susurrante. Qué lejos y qué cerca. Hoy le hemos llevado natillas que Nena ha hecho especialmente para ella. Le gustan mucho y come muy mal. Por eso tratamos de engañarla con ese gusto. No ha habido demasiado éxito.

Después de pasearla y de achucharla, de besarla mil veces y de llorar un poco junto a ella, la he dejado con mi hermana Asunción, que se ha quedado allí hasta ayudar a darle la cena y acostarla. Nos ha llamado para decirnos que ha estado muy tranquilita y hasta ha intentado un esbozo de juego con sus gestos. Ahora duerme tranquila. Yo dormiré tranquilo sabiendo que ella descansa, que reposa, que recupera un poquito sus fuerzas diminutas. Mañana ya veremos. Ya no me hago ilusiones ni estoy ilusionado; solo espero paciente.

miércoles, 4 de marzo de 2009

QUIZÁS TAMBIÉN LA RISA

Se me olvidan muy pronto los detalles de estas ideas que pergeño en estas líneas diarias. Hay quien me los recuerda y yo me siento huérfano de mis propias palabras cuando me lo cuentan y hasta me quedo un poco descuadrado. Soy así. Quizás esto sea producto de cierta espontaneidad con la que trabajo. Pero creo que también lo hago con cierta sinceridad en lo que digo. Y por eso recuerdo con más nitidez las ideas que generan cada uno de mis escritos que los propios detalles.

En alguna ocasión -no sé cuándo ni en qué términos y detalles- he hecho algún elogio de la tristeza. En este mundo lelo y de apariencias, en que todo parece que sonríe pero no aguanta ni el más ligero análisis porque uno destapa y encuentra demasiada bambalina, reivindicar momentos y espacios para la tristeza no me pareció mal.
Hoy sin embargo me apunto a echarme a pensar por un momento en el camino de la risa. Iba a escribir alegría después de una coma, pero tal vez no sean la misma cosa. Me quedo en la risa como concepto.

Y lo más saludable es que no creo entrar en contradicción aunque así lo parezca. Depende del momento.

Pero hoy era la risa, esa acción espontánea y fisiológica que te lanza al terreno de la sonoridad descontrolada. Porque creo que la risa es, ante todo, una salida a tiempo, un escape del cuerpo agradecido a un proceso mental sin solución muy lógica. Parece que la risa se produce después de algún momento de sensación fallida, de ver que algo no funciona en la lógica, de romper esos lazos cotidianos que estrechan a las cosas en todos los momentos. Cuando una asociación no es la esperada, se produce el vaivén de la extrañeza, se sacude la mente, se derriban los ídolos y se desboca el potro de la risa. A veces esa ruptura lógica no necesita un proceso largo ni científico, es una chispa que surge de inmediato. Otras veces, en cambio, esa contradicción solo estalla cuando la mente dice basta, cuando no puede más y entonces busca salida y escapatoria por esa puerta falsa, o verdadera, que es la risa. La mente cede entonces y es el músculo el que toma el relevo. Se podría decir que, en estos últimos casos, la risa rivaliza con la tristeza y hasta con la angustia por dar salida a la situación mental que se ha producido en la persona. Mucho tienen que ver, por tanto, la tristeza y la risa.

Más lógica la tristeza, más aparentemente descontrolada la risa, ambas son partes de un mismo proceso: el de enfrentar elementos de la realidad o del mundo de las ideas y no encontrar trabazón lógica y satisfactoria para el que los analiza.

No vale cualquier risa. O al menos no de la misma manera, aunque todas procedan de esa ruptura lógica. La risa que se ensaña en los demás, la que no da acomodo al mismo tiempo a la desmitificación de quien la produce y de quien aparece en esa risa desmitificado, no merece mi aplauso. Es el asunto extraño de los límites en esto de la risa. Yo no puedo reírme de cualquiera si no estoy dispuesto a reírme también de mí mismo. Ni tampoco es sencillo entender que haya risa sin cierta complicidad del interlocutor, sobre todo si es el aludido en esa risa.

Hay una tercera pata en este banco que me es muy familiar. Es la de la poesía. Tampoco se produce la poesía -estoy pensando en lírica fundamentalmente- sin el mismo fenómeno del choque entre contrarios, sin la sorpresa feliz de las imágenes, sin el ángulo siempre un poco nuevo del uso de los términos, sin ver un decorado diferente. La poesía es también sensación de sorpresa y de sacudida mental y emocional. Es otro nuevo escape o una nueva inmersión en otra realidad así creada.
Hoy me he puesto teórico. Y no es posible acaso en unas líneas. Merecería el asunto un buen ensayo. Pero apunto la tesis: La risa, la tristeza y la poesía forman partes hermanas de un proceso en el que se rompe la lógica y aparece el extrañamiento.

A menudo pienso que, también en poesía, el humor y la risa representan un proceso liberador, un escape subversivo para reírse de uno mismo y de la vida. No deja de ser entonces una muy triste solución. Pero hay lo que hay. Esto es la vida. Esto es la poesía. Esto es la risa. Esto es la tristeza. Vivir a manos llenas. Y sálvese el que pueda y como pueda. Si puede ser, please, con un poco de humor pero también con un poco de inteligencia.
Cuánto me gustaría agarrarme más veces al carro de la risa. Es claro que no puedo. Vendrán tiempos mejores.

martes, 3 de marzo de 2009

!EL TOÑO! !EL TOÑÍN!

Tengo que rescatar para mí mismo la sensación alegre de un nombre ya olvidado. Me acaban de hacer llegar una revista que se publica en mi pueblo, Valero de la Sierra, el pueblo más bonito de la provincia de Salamanca con mucha diferencia -algunos de mis alumnos ya lo tienen asimilado y me lo escriben en cualquier examen-. De vez en cuando les mando alguna colaboración. Esta vez me encuentro con que alguien, Jovita, se arranca en una carta abierta para agradecerme la escritura de mi libro “El manantial sonoro”. Este libro que yo tanto quiero tiene su lugar de evocación en Valero, pero provocó algunos malos entendidos, dolorosos para mí, entre gente de mi pueblo. Lo último que hubiera esperado. Con el cariño que le puse en cada página; tanto, que me salió casi todo de un tirón.

Pero eso ya es historia. El asunto es que la carta empieza así: “Sepas, TOÑO, que tu libro…” ¡Toño! Pero si así -salvo un compañero que se fue a Salamanca- no me llamaban desde mi niñez. O acaso sí. Tengo que hacer memoria. ¡Sí, sí, ahora recuerdo que mis hermanos mayores me llamaban hace tiempo también Toño! ¡Toño!, ¡Toñín!

Esta simple palabra me lleva a mi niñez, a mis días de infancia, al tiempo y al espacio de mi pueblo, a la inmensidad de lo pequeño y a la concreción de lo desconocido. Ha sido casi como una revelación. Porque yo era “el Toño de tía Ramona”, “el Toñín”, aquel renacuajo que corría por las calles, que iba a los recados y traía el pan con el palo rayado, que no se perdía la escuela, que era muy querido por el maestro, vaya si era querido, que miraba siempre sorprendido y cada día descubría la vida y se quedaba embrujado porque todo era nuevo, que miraba al cielo y se le iba la imaginación hacia los cerros y hacia las estrellas, que aprendió enseguida que beberse el viento de las soledades en compañía de los otros niños era menos soledad, que salía hacia los montes y convivió muy pronto con las carboneras, que se infiltraba en los recovecos de las calles y de las personas con un ánimo de ser algo más hombre, que se dejaba llevar por los días y las noches. ¡Por los días y las noches de mi pueblo!

Después vino la luz de otros caminos, llegaron otras sendas, otras ocupaciones, otra vida marcada por otros espacios y por otros tiempos. Pero siempre he seguido dando vueltas de nuevo hacia mi pueblo. Mi imaginación ha hecho del lugar de mi nacimiento un lugar edénico que no quiero cambiar. Ni siquiera en estos tiempos en los que alguien se ha molestado conmigo.

Hoy he recuperado hasta el nombre de mi infancia. Y estoy feliz con él. ¡Soy el Toño otra vez! ¡Soy el Toñín! Mejor si me conservo siempre un poco como aquel niño chico. No quiero hacerme nunca del todo “grande”-otra palabra heroica de mi pueblo- ni perder la conciencia de mi imaginación.

Y otra nota a pie de página. Cuando la carta termina con estas palabras: "Te queremos, Toño", solo se puede decir gracias, muchas gracias. Así que lo dicho: Jovita, aunque no leas las palabras, muchas gracias.

lunes, 2 de marzo de 2009

ESTO NO ES UN TORNEO

Anoche fue otra noche que me acogió en sus sombras y me meció en sus brazos, en el camino de vuelta de Salamanca a Béjar. Le estoy haciendo a mi viejo coche bastantes más kilómetros que en muchos años. Y no me cuesta nada pues voy a donde voy y quiero lo quiero.

Cuando toca domingo, suele haber en las ondas mucho ruido de fútbol. Ayer era otra cosa. En medio de los goles y al final de los mismos, aparecieron las palabras que daban cuenta de los resultados en las elecciones gallegas y vascas. Luego los comentarios y las conjeturas de todo hijo de vecino, las victorias fingidas por todos los partidos y un regusto agridulce de que todo es a medias y con poca honradez.

Me siento lejos y cerca de lo que ayer se cocía pero tengo mi opinión al respecto que resumo: muy mal lo tienen que haber hecho los del tripartito en Galicia para no repetir, y se abre una oportunidad histórica (todavía sin ninguna concreción al día de hoy) de que el nacionalismo deje paso en Euskadi a otras posibilidades, aunque, si esto sucede, será a costa de un precio enorme para el PSOE en todos los sitios. Veremos.

Pensaba en el trayecto -creo que eso aún no está multado- en cómo se banaliza todo y en cómo se hace de todo algo personal. Como si lo único que se jugara fuera el prurito personal de los candidatos, como si esto fuera un juego de héroes y villanos, como si el vencedor del torneo tuviera concedido el derecho de pernada. De manera que en unas elecciones gana un Pepito cualquiera y no una ideología, se ensalza y se venera al primero de la lista, como si el que preparó el mitin o pegó los carteles no existiera ni tuviera pasiones y deseos. Cuando llegan los análisis sesudos de los periodistas, la personalización se hace aún más exclusiva. ¿Quién les ha enseñado a estos pollos a analizar sistemas políticos, ideológicos y filosóficos? ¿Con qué bagaje de conocimientos cuentan? ¿En qué curso y en qué asignatura de su carrera se estudia todo esto? Pues parecen exclusivos para el asunto. Después todo lo trasladan a los medios a su aire y a su manera, y trasudan la realidad a su antojo, imponiendo ese cuadro a todos los demás.

Cómo se focaliza la realidad y se constriñe, cómo se olvida todo lo que es verdadera realidad, cómo se ladea toda la intrahistoria hasta dejarla en nada. Parecía ayer noche que no existiera en España ninguna otra ocupación ni pensamiento. Qué locura tan grande. Yo mismo, que salgo a la palestra de vez en cuando y que ando interesado por la res publica, andaba ayer noche mucho más en lo que había dejado en la ciudad, en el estado de salud de mi madre, que en todo lo que me embutían desde la radio. Y sospecho, con la posibilidad de acertar, que en todos los lugares cada uno andaba a lo que andaba, con sus preocupaciones y sus gozos, con sus quehaceres simples y con sus afanes más pesados. Incluso los del fútbol, que ya es complicación, con sus goles, con sus victorias y con sus derrotas.

Pero hay que organizarlo para que todo venda, para que el gran rebaño no se salga de la senda. Y hay que visualizarlo en nombres bien concretos para poder vender el producto sin sustancia de esta lucha sin fondo y casquivana de los asuntos públicos, cuando lo que se dirime es si un nombre propio u otro se alza con el triunfo.
Y los que participan se prestan dócilmente al juego de los medios. El ganador se engalla y el perdedor se enroca. Y cuando un perdedor se marcha para casa, lo hace asumiendo en su persona todas las fotos del fracaso (ya, total, qué más da). Como si una región fuera una sola persona y el asunto se sustanciara en un torneo medieval con doncella incluida.

¿Dónde anda la mirada alta? ¿Dónde tienen su morada las ideas? ¿Cuándo les daremos la voz a aquellos que inviten a pensar, en lugar de dedicar todo el esfuerzo a levantar la voz contra el adversario?

Esto de la res publica anda manga por hombro. Siempre lo ha estado un poco. Por ahora me refugio en mí mismo: tengo mucho que hacer y el público prefiere los leones a las pobres palomas.