miércoles, 8 de octubre de 2008

SON MIS OJOS

Me gustaría saber qué dicen los gurús de la economía en estos tiempos, los sátrapas del templo y de la bolsa, los maestros iniciadores en las prácticas del dinero, los monaguillos del liberalismo. Leo que el Gobierno inglés prácticamente ha nacionalizado la banca. No hace más que seguir el camino iniciado por las Astados Unidos (sé lo que he escrito). Hace treinta años esto no se le habría ocurrido ni a Stalin si hubiera vivido. Qué tiempos, qué cosas, “o tempora, o mores”. ¿Dónde andan escondidos los que se creían dueños de la piedra filosofal? ¿Dónde los mejores alquimistas? ¿En qué lugar los mejores hacedores de las catedrales urbanísticas?

Alguien tiene que repensar todo esto. Me temo que al final nos servirán los remiendos y volveremos a las andadas, después de haber sobado bien las espaldas de los más débiles. En aquel momento se les devolverán los mandos a los mismos y otra vez a andar el camino con los mismos perros. Y lo peor es que, en estos momentos, o hay revolución, o es peor el remedio que la enfermedad. Tales son las dimensiones del elefante dinerario, que conviene que se le ofrezcan sacrificios humanos para que la bestia se temple y descanse un poco. A ver si se aprendiera que, aunque solo sea por el número de seres creciente en el planeta, no se puede dejar su supervivencia al amparo de pocas voluntades poderosas. No soy economista pero aspiro al nivel del sentido común. Esto ya no puede seguir siendo lo mismo. Son demasiado evidentes los fallos del sistema.


Son mis ojos vehículos hermosos que me llevan desde el cuerpo a la vida y que me traen la vida hasta mi cuerpo. Desde la piel me salen los suspiros que el viento esparce por donde se le antoja. Y en el aire se juntan con otras sensaciones que tienen otro origen. Y todos se aglomeran y se funden en un espacio intenso que se marcha para dar cara al cielo y a la tierra, a las gentes que pueblan las aceras, a ti tal vez que ejerces la atracción irresistible de lo que hay en mi piel y más adentro, de todo lo que sale del fondo de mis huesos, del centro de mi médula que ha escrito, acaso fugazmente, un canto para ti. Recíbelo y entiéndelo distinto entre las otras cosas.

martes, 7 de octubre de 2008

ANHELO EN ESTOS DÍAS EL SILENCIO

Estoy aprendiendo a medir los ruidos, el tono de la voz, los intervalos entre un sonido y otro, lo hermoso del silencio por contraste, la lucidez de la armonía, el ritmo acompasado… Y no estudio música ni por las mañanas ni por las tardes. Tampoco por las noches, aunque a veces pudiera parecerlo. Siempre me han agradado los contrastes, también los que van del sonido al silencio, los que alejan serenamente la preocupación y olvidan a la mente para seguir su curso como si estuvieran solos, sin molestar a nadie, los que ajustan su vida y su presencia a lo normal del mundo, y pasan como pasan las cosas en medio del barullo, sin ser notadas.

Anhelo en estos días el silencio, el silencio de la tranquilidad, el silencio que asegura serenidad y no desasosiego, el silencio que me permite sumergirme en la paz y el abandono, aunque sea por un rato, el silencio que me anima a llevar con paciencia los ratos de excitación y exceso verborreico. Me gustan los contrastes pero pido el silencio en estos días lentos.

Al menos el paisaje me ha traído la lluvia, me ha llenado de verdes que oscurecen y de ocres que dibujan el otoño, de niebla en la ladera y de paraguas que pueblan estas calles. He salido al espacio y he paseado calle Mayor arriba. Los comercios siguen vacíos en estos días de crisis que ya se hacen eternos. Se ha limpiado la atmósfera. He respirado el aire humedecido.

Y sigo junto al ritmo de mi madre, que pregunta en pequeños paréntesis por otros días lejanos y hace vibrar centellas que se alejan velocísimas hacia el infinito. Hoy es siete de octubre y aquí estamos.

lunes, 6 de octubre de 2008

PARA SALIR AL AIRE

Me sigo aprovechando de los ratitos libres que me dejan para salir al aire. Y sigo comprobando que no son ratos libres pues mi pensamiento no cambia de registro. Me sigo empeñando en hacer esos ratos de otro modo, sin sentir que lo mejor sería dar con ellos continuidad a la vida e integrar en su cauce lo que es inevitable. Sé bien de lo que hablo porque hablo sobre todo para mí. Pero así son las cosas por ahora.
He subido esta tarde hasta el Castañar y desde allí he mirado la faz del horizonte. Béjar bullía en su cerro y la luz alumbraba los Picos, la llanura y la otra sierra hermana llamada de Francia. Estas tardes serenas y luminosas del otoño bejarano me gustan como nada. La luz es intensísima, diáfana, transparente. Las sombras son más sombras por contraste y todo se dibuja en un cuadro hermosísimo. Me gusta pasear por la ladera, a la sombra feliz de los castaños. Ya hay gente que se afana en golpear con saña las ramas de estos árboles en busca de sus frutos, cuando aún falta un mes para que estén sazonados y a punto. La salvación sigue estando en la alfabetización.

Nena y yo dialogamos siempre dando vueltas a los mismos temas, esos que nos ocupan tanto en estas fechas. Y le damos vueltas a la vida, y arreglamos el mundo, y hacemos paradiña en el camino, y nos damos una tregua, e intercambiamos ánimos, y hacemos esos ratos más serenos.

Porque aparte de mis preocupaciones absorbentes, me sigue pareciendo la imagen del mundo muy manifiestamente mejorable. Y huyo de su tráfago y sus luchas, me escondo de sus cantos de sirenas, miro y me desanimo en muchas cosas, salgo a su encuentro y enseguida me vuelvo a mis refugios, me escondo en pocas cosas, tal vez en mí mismo y me basta. Ahora además me gana más el tiempo y no me da ni tregua a mirarme al espejo. Por eso tal vez ni siquiera me desnude ni me busque tanto como debería hacerlo. En fin, así es la vida. Démosle tiempo al tiempo.

domingo, 5 de octubre de 2008

PARA ADORNAR EL CUENTO

Apuro un breve rato para echar una mirada a los periódicos desde la ventana de mi ordenador. Tan flojeras me encuentro que poco más me queda en la chistera. Por medio de ellos me entero de lo que pasa por ahí fuera y me mantengo al filo de los días, viendo pasar el tiempo. En uno de ellos leo un artículo que habla de la publicación de un libro en castellano. No recuerdo el título ahora mismo. Lo que me importa es el asunto que trata. Tiene que ver con algo repetitivo en el mundo de las letras: la erudición y la cita falsa. Me apasiona.

Conozco a gente que no para de dar nombres de autores y de obras y, cuando echo cuentas, me doy cuenta de que sencillamente es imposible que esas lecturas se hayan producido, por tiempo y por ganas. Porque muchos de esos exhibicionistas confiesan en privado -a veces lo hacen incluso en público- que les cuesta llegar al fin de las páginas. Para adornar más el cuento, conviene que las citas sean de autores y obras escritas en otros idiomas, inglés y francés sobre todo, que es lo que mejor luce. Así, si uno se deja seducir, termina por quedarse turulato ante tanto conocimiento y ante tanto almacén de lecturas.

Leer parece algo estupendo, pero ni siquiera eso hay que santificarlo. Hay gente que no lee y tiene pensamiento, y criterio, y personalidad, y buen coco, y bondad, y sabe buscarle vueltas a la vida. Aquel que no lee sencillamente eso que se pierde. Hasta se pueden citar autores fantásticos de escasas lecturas. ¿Alguno puede pensar que San Juan de la Cruz se pasaba el día leyendo poesía? ¿Cuánto leería Cervantes? Yo le echaría una apuesta y creo que le ganaría ampliamente.

¿Por qué es tan frecuente esa presunción de lecturas y de influencias entre los creadores literarios? Sería bueno desmitificar un poco todo para situarse en un terreno cómodo y comprensible. Pero es que, si le quitamos la mitificación a ese mundo, tal vez se nos caigan los palos del sombrajo, se nos arruinen muchas subvenciones públicas y hasta termine por peligrar el trabajo de algunos que nos dedicamos a este mundillo desde el campo de la enseñanza. Que me lo dijo un día un amigo: no empujes a la expulsión de los curas de los centros de enseñanza por tratar temas irracionales, que tal vez los próximos seáis vosotros, los que dedicáis tiempo a los asuntos literarios, casi tan esotéricos como los otros. Un poco exagerado tal vez, pero no lo echo en saco roto. Cuánto castillo en el aire, cuánta retroalimentación, cuánto apoyo entre unos y otros, cuánta tormenta en vasos de agua.
Mientras tanto, las páginas siguen esperando. Muchas de la parte de acá de la orilla; quiero decir escritas por personas muy próximas a nosotros. Aunque no sean figurones ni formen parte del aparato de las subvenciones. Que pagamos entre todos, por cierto.

Y NO SOLO UN MINUTO

Creo que sí he salvado el día, y no solo un momento. Lo salvé esta mañana de camino hacia el escondido pueblo de Montemayor, por el valle que riega el Cuerpo de Hombre cuando ya se remansa buscando tierras extremeñas. Hoy apareció Mayca (no sé si lo escribo bien) con su coche y su sonrisa, y yo le puse cara, bella cara, a una de mis lectoras. Creo que se va a aficionar a venir con nosotros y tiempo habrá de medir sus palabras y sus gestos. A mí me ha causado una impresión muy positiva, adivino en ella sensibilidad y ganas de sacarle a la vida un buen partido. Bienvenida a la panda, Mayca. Con ella, con Manolo y con Jesús, le dimos esquinazo a la sombra que dominaba la ladera norte y nos fuimos tomando el sol carretera adelante, soltando las palabras, paseando la vista, reconociendo vacas en los prados junto al río, saboreando el rumor de la corriente, sintiéndonos hundidos en lo más profundo del valle, lejos del cielo y pegados al suelo.

Estaba la mañana fresca pero se fue poniendo tibia a medida que hollábamos la carretera y el sol se ponía en lo más alto, como dando fe de su apabullante presencia. Las vacas se agrupaban en los prados, con sus caras monótonas y siempre a ras de tierra. Algún ganadero esparcía hierba para que comieran plácidamente al amparo del sol de la mañana.

El pueblo estaba limpio y en silencio. En la plaza mayor un hombre anciano se nos vino de frente. “¿Cuántos años, buen hombre?” “Y cuatro los que caigan. Noventa y cuatro”. Venía de comprar el pan y se quejaba de sus piernas, pero apuntaba con orgullo a su cabeza como afirmando que se mantenía en forma y dispuesto a no dejarse vencer muy fácilmente.

Junto al río comimos y bebimos, escuchamos el sonido del agua, camino siempre del mar, recordamos lo hermoso del paisaje y de la buena compañía, y nos sentimos satisfechos del viaje.

La vuelta fue un paseo bajo un arco continuo de sombra en el camino. Hasta el Puente de la Malena. Demasiado festejo adobado de palabras, de sonidos y de colores. Un lujo de paisaje. Una hemorragia de satisfacción, Manolo. Un joven peregrino pasó junto a nosotros. Venía de Sevilla y su fe lo llevaba camino de Santiago. Que tenga buen viaje.

La tarde ha sido toda para mi madre y para mi hermana, que ha venido a hacerle una visita y que se ha quedado con los ojos como platos comprobando los adelantos que hemos conseguido. Todo ha sido estupendo, salvo el final del día. Mi madre, ya cansada por no dormir ni un rato, ha vuelto a su mundo y me ha robado un poco de tranquilidad. Pero ahora duerme. Yo la miro contento y ahí la dejo en su cama.

viernes, 3 de octubre de 2008

UN MINUTO QUE SE SALVE DE LA QUEMA

Existen muchos días de los que me resulta muy difícil hacer emerger un minuto que se salve de la quema. Hoy tal vez es uno de ellos. Ayer sucedió otro tanto. Me encuentro demasiado concentrado en dos actividades que casi me obsesionan y que me dejan la mente en un blanco casi inmaculado. Podría refugiarme en asuntos de tipo externo y social. Al fin y al cabo, todo me atañe y –ya lo he dicho alguna vez- nihil mihi alienum puto; pero cada día huyo más de todo lo que anda por ahí y me siento menos cerca de las relaciones que se entienden como políticamente correctas. Qué podría yo decir de las crisis liberales al uso, del hazmerreír de ese país ejemplo de los ejemplos, del papanatismo de todos los demás pensando en él, de lo escondidos que andan los gurús que han promocionado todo esto, que no dan la cara ni pagan por nada, de…
Así que miro atrás, a este día, ya tres de octubre, y se me marcha en casi nada. Si acaso en comprobar cómo mi madre cada día incorpora un nuevo hecho que la aproxima por momentos a la vida real, a aquella que fue en otro tiempo y que ahora revive por momentos y en forma de instantes pasajeros. No me hago ilusiones porque sé que hay cosas que no volverán nunca, pero me ilusiona pensar cómo llegó hasta nosotros y cómo se encuentra en estos momentos. Su mente recupera durante algunos instantes recuerdos fugaces de personas que se habían alejado totalmente de su pensamiento. Y todo tiene su contrapartida pues, cuanto más recupera, más consciente es de su situación, y más sufre en esos instantes.
No me quedan más fuerzas para iniciar proyectos ni desarrollar ideas por pequeñas que estas sean. Se me marchan los días y las noches, algunas de blanco en blanco y algunos de turbio en turbio. Qué experiencia tan honda la de estos meses, la de cada día, la de cada hora. Mañana será otro día y en él también tendré que salvar algún momento de la quema.

miércoles, 1 de octubre de 2008

ME JODEN ESTOS ESTEREOTIPOS

Una de las tareas más complejas con las que se encuentra un educador es la de seleccionar lecturas para sus alumnos. Al fin y al cabo, el último objetivo sigue siendo aquel viejo binomio de aprender a leer y a escribir. Ojo, y esto se produce en todos los niveles. Entre otras cosas porque prácticamente nadie sabe realmente leer y escribir bien. Es como saber preparar el molde para que después se produzcan en él los vaciados son rapidez y precisión.

El trabajo con adolescentes impone además esta ocupación como una de las esenciales. Poco necesitaba yo para dar razón a esta verdad y para aplicarme a ella. Pero sigo sin tener un criterio claro para la elección de libros. Y la consecuencia es que lo que me parece que va a “funcionar” positivamente se cae por el suelo, y aquello en lo que no confío obtiene resultados espectaculares. Y la elección del mismo libro resulta acertada en una ocasión y desacertada en la siguiente.
Las editoriales ya se encargan de ajustar la publicación de libros a las edades y características de estos adolescentes. Pero yo creo que, con frecuencia, lo hacen desde una escala de valores equivocada y que en nada contribuye al progreso de la educación. Y casi todos los escritores se prestan a desarrollar el esquema que se les solicita. Tienen disculpa: se juegan las pelas. El esquema tipo es el de unos adolescentes protagonistas que tienen como horizonte enfrentarse con sus progenitores, mirar de reojo a sus profesores, tratar de enfrentarse a ellos como si fueran sus enemigos, saltarse el trabajo de las asignaturas porque de ellas lo único que realmente les interesa es el aprobado, y erigirse en líderes de su pandilla de amigos. ¿Por qué los padres tienen que aparecer casi siempre como ogros y no como personas con virtudes y defectos pero preocupados por la educación de sus hijos? ¿Por qué los profesores siempre son también enemigos de sus alumnos? ¿Por qué? Es verdad que la adolescencia y la juventud son etapas de afirmación de la personalidad y de cierto rechazo precisamente de los que tenemos más próximos, pero no entiendo por qué hay que exagerar estos rasgos hasta convertirlos en imprescindibles para la historieta que se monta el autor.

Me joden estos estereotipos porque creo que contribuyen a seguir engordando una realidad que conduce a muy poco y que tiene como fin precisamente eliminarla para conseguir otra nueva más integradora. De hecho los finales siempre conducen a reconciliaciones, a entendimientos entre padres e hijos y entre estos y profesores, a sedimentar algún amor entre los jóvenes… ¿Por qué entonces resaltar en el proceso machaconamente lo más morbosillo? No quiero libros melifluos, pero tampoco textos que arruinen la realidad, que contribuyan a seguir engordando estereotipos que valen solo para los más tontos del lugar, incluidos muchos de los escritores.

Y eso que, por encima de todo, está el hecho de que prenda en ellos el gusto por la lectura, el placer por el don de la lectura. Sea con lo que sea. Incluso con protagonistas de libros que aparentemente odian la lectura. En uno de estos textos afirma un joven: “Esa es la trampa. Hoy nos exigen que nos convirtamos en héroes, héroes de una sociedad que nos machaca, nos oprime y nos pone todo tipo de trampas. Una sociedad que nos educa para el consumo y nos lanza directamente al paro. Una sociedad donde siempre triunfan los pelotas y los que mejor engañan. Una sociedad que solo se preocupa de que las cosas sigan como están, pero que nosotros estamos dispuestos a cambiar.”

No sé si, en el fondo, no es una buena lección para el escritor.