martes, 8 de julio de 2008

MICROCOSMOS

¿Qué pensaría la gente si se le volviera con la cantinela de que el ser humano es un microcosmos y que todo lo que posee el gran cosmos está encerrado en él? La afirmación tiene un tufillo religioso que no se puede aguantar. Pero es que repasar la historia de nuestra literatura, de nuestro pensamiento y de nuestro quehacer nos demuestra que ha sido esta afirmación algo que ha sustentado la vida de los que nos han precedido. Y es que la religión lo ha impregnado todo, lo ha guiado todo y ha tratado de explicar todo.
Leo estos días un libro que lo confirma y lo demuestra con numerosos ejemplos, “El pequeño mundo del hombre”, de Francisco Rico. Desde Alfonso el Sabio hasta Quevedo, Gracián o Calderón, pasando por Lope y muchos renacentistas -más los barrocos-, todos se dejaron llevar por la superestructura de la religión y por el afán de llevar todo al terreno de la creación y del dios único y creador. Tuvo que ser el S XVIII y su racionalismo el que contribuyera a la ampliación de explicaciones acerca de este minúsculo ser como es el ser humano, para salirse del mundo de la metáfora y para descubrir y entronizar el mundo de la contigüidad y de la transversalidad. Desde entonces tal vez seamos algo menos, pero somos algo más nosotros mismos. “Micro cosmos”, reflejo del gran cosmos, sustitutos divinos, representantes de la divinidad. Qué ilusos. En tal caso, tendríamos que ser microcosmos para lo bueno y para lo malo. Y, al menos en los aspectos negativos, es difícil mantener tales verdades. Porque anda el mundo que para qué.
Y, sin embargo, seguimos pensando sin descanso en las bases que den consistencia al ser humano, en las razones que lo expliquen, en las ilusiones y proyectos que lo mantengan vivo. ¡Adentro!, ¡A por el hombre!, ¡A descubrir sus glorias y miserias!, ¡A sentirse capaz de casi nada, hermano de los seres, de todos los que pueblan esta tierra! Y que resulte lo que tenga que resultar. Hablaba Quevedo de lo racional, lo sensitivo y lo vegetativo y trataba de colocar en la cúspide lo racional: “Vuelve, pues, a desandar tu ser y tu vida, desde este estado en que dominas, con solo tu entendimiento y la alma, aves, peces, animales, tierra, agua, fuego y aire, a lo que fuiste antes que la alma racional te ennobleciese: hallaraste una masa vergonzosa de asco y horror, sazonada con veneno”. Desde entonces para acá, el desarrollo de esa inteligencia nos ha puesto un poco más en lugar adecuado, o al menos real. Qué realidad compleja esta la nuestra.
Para la reflexión, estos versos de Quevedo:
“Está la ave en el aire con sosiego,
en el agua el pez, la salamandra en fuego.
y el hombre en cuyo ser todo se encierra,
está solo en la tierra”.

lunes, 7 de julio de 2008

COMO DE LA PESTE

Estas son palabras de Marx: “…En su trabajo el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; …mortifica su cuerpo, arruina su espíritu. Por eso el trabajador solo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo, fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cundo trabaja no está en lo suyo. Por eso (el trabajo) no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo, se huye del trabajo como de la peste.”
En días de vacaciones -o de imitación de vacaciones- tal vez no venga mal pararse un momento a pensar en la maldad o en la bondad de estas afirmaciones. Es verdad que sobre ellas se han echado ya muchas reflexiones pues ha pasado mucho tiempo; es evidente que la economía ha cambiado sus parámetros, sobre todo en la aparente participación de más población en sus movimientos (eso de la bolsa, las acciones y el mundo de las finanzas -en el fondo es todo mentira porque deciden cuatro por todos los demás, pero lo disimulan-); me parece honrado reconocer que alguna otra variable tendría que tenerse en cuenta en este asunto, sobre todo la sublimación de los esfuerzos personales en asuntos familiares y religiosos. Pero en esencia firmo las palabras una a una. El trabajo solo está en la vida del ser humano como necesidad para la supervivencia. El resto es sublimar los esfuerzos en las apariencias, en la escala de valores que nos imponen, en unos objetivos que difícilmente pueden justificarse y que nos arrastran cada día con más fuerza hasta dejarnos exhaustos y sin tiempo para nada que no sea la propia consecución de los objetivos, nunca para su disfrute. Por eso nos pasamos al año ahorrando par dejarnos la piel unos días en el asfalto y en la playa, no vemos la forma de llegar a fin de mes con tal de poder arrancar por la mañana un coche, o nos negamos un rato de tiempo con el fin de poder comprar objetos de todo punto innecesarios.
Pero nos hemos sometido a un esquema social que nos empuja cada hora un poco más, a un modelo de crecimiento que no tiene fin teórico si no es en el absurdo, y a una inercia cada vez más poderosa y veloz. A ver quién es el pequeño héroe que dice no puedo más y aquí me quedo, se aparta del camino y se niega a convertirse en pura mercancía que controla y mueve a su antojo el mercado. El verano no es más que un pequeño aparcamiento para reponer las ruedas del coche humano, para mirarle los pistones y para repostar lo necesario. La máquina es imparable, nos necesita productores y consumidores; sin esas premisas no funcionaría. Así que en septiembre todos al tajo y en forma. “Pero, ¿dónde los hombres?”, ¿dónde el valor del ser humano?, ¿dónde su pensamiento y su sentido? Adentro, coño, adentro. A buscarse y a hallarse. Por si acaso existimos.
N.B. Desconfiaré siempre de aquel que afirme que le gusta el trabajo: conozco afirmaciones de este tipo entre los más vagos del reino.

domingo, 6 de julio de 2008

EL CONGRESO

Por todos los conductos me llegan noticias del desarrollo del congreso del PSOE. Nada menos que el número 37. Es este un partido de largo recorrido y, sin su presencia, la historia de este país no se podría entender. Al menos habría que reconocerle este mérito. Los congresos de los partidos, teóricamente, representan la puesta al día de sus estructuras, de su ideología y de sus perspectivas de futuro. No es bueno, en la práctica, hacerse demasiadas ilusiones porque el día a día lo llevan las cúpulas directivas y, en el caso del partido gobernante, el Gobierno. La preparación de los congresos, la elección de delegados, la aceptación y la discusión de enmiendas, la elección y votación de ejecutivas y muchas cosas más dejan mucho que desear y nos vienen a mostrar una realidad más cerca del ordeno y mando que de la expresión libre y sin trabas de los que allí se reúnen.
Hay mil aspectos destacables de un cónclave de este tipo. Me quedaré con dos que creo importantes.
El primero tiene que ver con el poder casi omnímodo que se le concede al secretario general a la hora de confeccionar listas y de presentar propuestas importantes. Si el partido en cuestión está en el poder, como es el caso, entonces la concentración resulta más ridícula porque nada se le discute. Mala cosa es esta pues parece que por encima de todo lo demás está el hecho de conseguir el poder y que las ideas se ponen al servicio del poder y no al revés. En estas democracias todo se nos va en poner medios para conseguir el poder y, una vez conseguido, todo se considera bueno si creemos que contribuye a seguirlo manteniendo. Cuando este se pierde –e inevitablemente algún día tiene que suceder-, entonces las personas que estaban mitificadas empiezan a resquebrajarse y los que antes los adulaban se convierten en detractores de la noche a la mañana.
El segundo es una aplicación del primero. Tiene que ver con el nombramiento de la cúpula directiva, con eso que técnicamente se llama ejecutiva. Parece que se tiene barra libre y no es así. El cálculo entre la elección de gente afín y de gente que represente a los demás no es sencillo pero hay que intentarlo, porque el partido lo son todos y no solo los que mandan. Si así es, todo se personaliza y terminamos en el individualismo y en la exaltación del líder. Para eso, con perdón, ya tenemos otros partidos que llevan lo de la desigualdad y la jefatura en los genes. Y una variante de este hecho. Se lo oía comentar a Rodríguez Ibarra. Aquí parece que el hecho de ser joven es una cualidad superior a otra cualquiera. De hecho se vienen nombrando personas sin ninguna experiencia y con una trayectoria biológica claramente en formación. Después vienen los excesos y las risas por comportamientos que sonrojan a muchos.
En todo caso, si alguien fuera capaz de superar el personalismo y convenciera a los demás de que ocupar un cargo no significa precisamente ser superior en nada a los demás, estaríamos en otra dinámica social y política. Quizás eso sea pedir demasiado en este mundo en el que estamos embarcados. Pero esa es la clave y no si el que ha ganado es este o aquel. Este método no crea más que falsas expectativas, fracasos por todas partes, triunfalistas y resentidos, morbo y editoriales periodísticos, enriquecimiento de algunos y mala baba de casi todos, y, en fin, este desistimiento de casi todos los que no están en la disputa que ven con escándalo este gran teatro del mundo.
El caso es que son demasidos los que están a la cola del dispensario para pedir la comida y seguir apoyando el retablo de las maravillas. Tal vez por eso se sostiene y da tan bien el pego. Tal vez. En fin, tal vez estuve pesimista.

sábado, 5 de julio de 2008

SERÁS FELIZ

Serás feliz si sales sin complejos
a disfrutar del mundo con la vida,
si imaginas que aguarda en cada esquina
una nueva noticia de las cosas.

Come pan donde hay pan; no busques agua
donde no fluyen gotas, es inútil;
sáciate con la pulpa de las frutas
y sazona tu fe con limpios aires.

Cuando mires al cielo, pon tus ojos
a la imagen más limpia y positiva
de todas las que llegan a la tierra.

Da paz donde haya paz (también donde haya guerra),
y pon tu mano
para medir las señas de otras manos.
Si el amor se convierte en tu destino,
síguelo sin dudar y no lo niegues.

Siéntete como un hombre que camina
con pasos sosegados, por una senda clara,
la senda que recrea sin descanso,
la senda del placer y del olvido.


N.B. Como la felicidad es una situación que solo se revela a tiempo parcial, hay que repetir sus términos y sus palabras de vez en cuando, por si quiere hacernos de nuevo un sitio a su lado por un ratito más. Vale.

jueves, 3 de julio de 2008

LA MASA Y LOS INSTINTOS

A veces, como por casualidad, como suceden las cosas que no tienen mucho sentido, se cuelan imágenes que, en reportaje corto, son muestra fidedigna de todo lo que a uno le rodea. Ayer, en un programa de cadena televisiva nacional, veía las manifestaciones despendoladas y cafres ante la casa del señor Servate, en el paraje de El Regajo, por parte de un grupo que gritaba desaforado y como poseído, parece que por una victoria futbolística de la selección. Después, nuestro alcalde se declaraba desanimado ante la imposibilidad de atajar siquiera dichas manifestaciones.


Me habían hablado de ello el día anterior. Apenas podía dar crédito a lo que oía. Las imágenes terminaron por certificarme que la realidad era más dura que las propias palabras. De modo que resulta que, ante un acontecimiento deportivo, nuestros instintos se nos desatan, como si de felinos muertos de hambre se tratara, y vienen a pagar las dentelladas aquellas personas que lo único que solicitan es tranquilidad y respeto, silencio y armonía. El asunto, bien lo conocemos, viene de muy atrás. Resulta que los niñatos trasnochadores de esta nuestra ciudad estrecha exigen su local al aire libre para dar cuenta en común de las noches de los fines de semana. Vale. Parece que nadie les hubiera enseñado ni impuesto que en este pequeño planeta vivimos cerca de 7.000 millones de seres bípedos ( yo creo que muchos de ellos son trípedos: añádase el pedo que frecuentemente se les sube a la cabeza en esas noches), todos con los mismos derechos y con las mismas obligaciones, y que los derechos de uno de esos bípedos implumes sencillamente terminan donde empiezan los de los demás, que son todos menos él o ella. Fijémonos, por favor: uno frente a 7.000 millones.
No le arriendo las ganancias al matrimonio que decidió, vaya usted a saber por qué, irse a vivir a la carretera de El Castañar. Como la turbamulta se empeñe, al final acaso hasta lo hagan desistir de sus intentos y hasta les entre el síndrome de Estocolmo y los veamos invitando a sangría a todo el que se acerque por aquellos parajes.

Conviene no simplificar los hechos demasiado, porque siempre suceden por alguna causa, y casi siempre por causas variadas. Pero una cosa es no simplificar demasiado y otra muy diferente es no jerarquizar ni ordenar las ideas. Y muy por encima del cauce para la expansión juvenil, del tiempo compartido, de las bebidas más baratas que en los locales cerrados, de la necesidad de dar rienda suelta a los sentimientos y hasta a los instintos y de cualquier otra gilipollez que se quiera aducir, está el derecho sagrado a no ser molestado un día y otro día, sin poner remedio a ello. Seguramente en la solución de este conflicto tendremos que implicarnos todos, pero unos más que otros. Los primeros, sin duda, son los jóvenes que los fines de semana convierten el paraje en un sinvivir y no permiten el descanso normal de los vecinos. En las lagunas de la sierra (es un decir) se puede vocear y allí se molesta menos. Ala, mochila y sendero y a por ellas. Y a por ellos. Que cojan las banderas, las litronas y que no empiecen a dar voces hasta que pasen los primeros cortafuegos. ¿A todo este personal nadie le ha enseñado nunca que existe la posibilidad -la ha descubierto un equipo de científicos en la universidad de Harvard- de no salir de vez en cuando y que no se contrae el cáncer por quedarse algún sábado en sus casitas? Los mayores acaso tendríamos que entender que los más jóvenes no tienen las mismas facilidades que nosotros para expresarse, que no poseen locales ni casas bien acondicionadas, que no pueden fácilmente meter a sus amigos en el comedor a cualquier hora y que en algún sitio se tienen que reunir. Querer aplicar la misma moral en circunstancias diferentes es un fraude al sentido común. Los poderes públicos no pueden esconder la cabeza debajo del ala por la impopularidad: hay que actuar, aun con el peligro de equivocarse.
Hasta ahora, las bromitas nos han salido por doce mil euros de multa. Los pagaremos todos en los impuestos. No es lo más importante. Por el camino hemos dejado la sensación de que la convivencia se ha resquebrajado, de que el entendimiento entre generaciones no es la mejor, de que alguna familia sigue sufriendo mucho más de lo que sería necesario, de que la paz social se ha roto, de que una masa sin control es como un rebaño sin guía, de que el sentido común sigue ausente y alejado, de que la escala de valores en la que nos movemos tiene que ser revisada y modificada, de que el modelo de crecimiento económico y moral se mueve en unas contradicciones insufribles y de que todo anda un poco manga por hombro.

De momento reniego de esa masa que sin control gritaba ante la ventana de una familia indefensa y a merced del alboroto, y exijo, como vecino que paga impuestos, que nuestras autoridades se esfuercen en poner las cosas en su sitio y en jerarquizar y priorizar decisiones. Los jóvenes tienen derecho a sus reuniones, claro. Búsquense lugares apropiados, pero respétense los derechos más elementales de todos los vecinos. Los industriales deberían pensar un poco más en la contradicción en que se incurre cuando se promociona cualquier tipo de fiestas (con frecuencia de manera vergonzosa) con tal de que crezca el negocio, y los aspavientos que hacemos cuando el asunto se ha desbordado. Los educadores algo tendrían que decir en sus apreciaciones sobre lo que sucede. Y todos tendríamos que pensar serenamente qué es lo que estamos haciendo para que ocurra todo esto. Yo me siento abochornado de las personas que vociferaban en las imágenes y así lo dejo dicho. Ah, y de muchas más cosas.

miércoles, 2 de julio de 2008

DETRÁS DE ALGUNA LOMA

Es el aire el que orea la montaña. Las crestas se pinchan en las nubes y a su contacto se ven manar fuentes de algodón que corren ladera abajo hasta alcanzar el valle y rellenar los lagos que se filtran en el interior de la tierra. Después suben en chorro nuevamente formando una noria líquida en la que se montan las gotas en día de fiesta. Cuando se asoma el sol sembrando sus bombillas, se cierra la amplitud del universo, se concretan los hitos y se funde el tiempo.
Detrás de alguna loma se abre un sendero al fresco de la tarde. Por él surcan sus trenzas las muchachas diáfanas de luz y de misterio. Saltan y sobre sus cabezas el aire dibuja alegres formas, ríen y en los sonidos de sus risas se graban melodías. Nada es ajeno al aire y a la simetría verde de los árboles. Tampoco mis deseos ni mis ansias, que buscan en el despertar del día lugares que son míos. Por el mismo sendero que surcan las muchachas he visto arder el fuego de los lirios, la sinrazón del canto de los pájaros.
Después, en un lejano tiempo y en un extraño espacio, la luz se templa y abre otros caminos más lentos y más próximos. Suena el reloj y deja sus sonidos al amparo del eco de los aires, a la recta simetría de las peñas. Más abajo, los hombres; más arriba, la luz. Y yo, ¿dónde?, ¿por dónde?, ¿hacia dónde?, ¿desde dónde?
En mi interior se abrieron abanicos que despertaron luz y sentimientos, ausencias y presencias, visiones y cegueras, día y noche, la paz y la concordia.

martes, 1 de julio de 2008

EL MANIFIESTO

Las sociedades occidentales de hoy parecen manifestódromos. Las causas son muchas veces variopintas y pintorescas. Hay quien se manifiesta por el valor de la patata, por el convenio de la pesca o por el orgullo gay, otros lo hacen por una cosa que llaman familia (muchos de los que van no la poseen), o por haber ganado un campeonato o hasta por la necesidad de anillar al pavo real. En la era de las comunicaciones, los medios utilizados son también muy variados: se habilitan espacios, se ponen autobuses, se hacen colectas en la misas, se llenan carreteras, se cuelgan textos en internet, o simplemente se cuelgan papeles en las paredes o se extienden en la mesas.
Circula desde hace unos días un Manifiesto que dice recoger unas peticiones acerca del uso del castellano como lengua común. Con la iglesia hemos topado. Tema recurrente para unos y tabú para otros. Conozco el contenido del manifiesto y tengo que decir que, como me sucede con demasiada frecuencia, hay aspectos que me parecen positivos y otros que no sé por dónde cogerlos. Los más legalistas acuden a los textos constitucionales en su amparo, pero deberían leerlos con calma y aplicarlos en su medida justa. Creo, una vez más, que la realidad supera a la legalidad y que la vida desborda el significado de esas palabras bienintencionadas. En el otro lado de la trinchera se sitúan los que creen que las lenguas se pueden imponer como si se tratara de algo fácilmente manipulable o que se pudiera aplicar por la fuera.
¿Y yo qué pienso de todo esto? Pues tengo la sensación de que todos tienen parte de razón. La tienen los legalistas porque los textos están ahí y regulan la vida de los ciudadanos, y la tienen los de la otra trinchera (los nacionalistas) porque las lenguas también pueden ser impulsadas o pueden ser dejadas “del salón en el ángulo oscuro”, hasta que el polvo las sepulte en el olvido. Todo es verdad. La salvación, otra vez, tiene que venir de la mano del sentido común y de la buena voluntad. ¿Qué sentido tiene obligar a cambiar la lengua a un extremeño de origen o de ascendencia, o a un catalán que habla catalán con su familia y con sus vecinos? No es lo mejor forzar el uso de una lengua, pero tampoco es malo cuidarla y mimarla según la situación en la que se encuentre.
Luego vienen las otras variables, que son muchas y a veces muy importantes. Hay manifiestos con los que se puede estar de acuerdo pero que exigen firmas por separado porque es mejor no confundirse con algunos agitadores profesionales; o manifiestos que obedecen sencillamente a intereses de otro tipo que poco tienen que ver con lo que se promociona; o momentos que parecen elegidos para molestar sencillamente.
Siempre que me toca hablar en público de este tema, apelo a dos coordenadas que me parecen fundamentales: a) La riqueza que supone la existencia de cualquier lengua y lo bueno que resulta cuidarlas a todas; b) La necesidad de la buena voluntad como medio para subsanar todos los vacíos de los textos y las exageraciones de los interesados en otros asuntos y que utilizan las lenguas como pretextos y agitaalmas.
Todo lo demás es exceso, mala leche y enfrentamientos aldeanos. Me parece que en este país seguimos con la vista corta y con el cuchillo afilado. Mala cosa.