Cada día, cuando voy a mi trabajo, paso por delante de la fachada de la Residencia de El Buen Pastor. A esas horas, ya la actividad ha tomado cuerpo y los ancianos se mueven de un sitio para otro. Me resulta inevitable pensar cuánta experiencia se acumula callada entre esas paredes, cuántos años de vida y de muerte, cuántas energías reducidas, cuántas pasiones calmadas, cuánta vida puesta en stand by.
Leo en algún sitio que esa institución tiene casi un millar de asociados. De sobra sé lo que significa este centro para la ciudad, pero no tenía idea de la cantidad casi ingente de personas que ayuda económicamente a su mantenimiento. Hasta el punto de que resulta difícil pensarlo y creerlo. Hay en esa casa un buen resumen de la buena voluntad de muchas de las personas de esta pequeña ciudad y de la tradición de solidaridad que se encierra entre sus paredes.
Anda El Buen Pastor empeñado en ampliar las instalaciones, y ya tiene muy adelantadas las reformas. Pronto se inaugurarán y, en aquel momento, se pasará de la atención de 8o residentes a 122. Si ya significa un lugar al que acuden muchos bejaranos en sus últimos años, desde ese momento significará que muchos más lo podrán hacer, casi el cincuenta por ciento más. Y, a pesar de todo, tiene una lista de espera larguísima. De su mantenimiento se ocupan diecisiete trabajadores más catorce personas que conforman la junta directiva. Este sí que es un buen ejemplo de austeridad y de economía. Cuántas horas gastadas por los directivos de turno, cuánta necesidad atendida sin pedir nada a cambio.
Pues me entero de que aspiran a doblar el número de benefactores. !Hasta dos mil! ¿Cómo es posible esto? Se me hace difícil hasta pensarlo. Pero no es lo más importante que se consiga o que no se consiga, sino el intento puesto en ello. !Qué cantidad de buenas voluntades! !Cuánta solidaridad! !Qué derroche de bonhomía!
Hay algo que me intranquiliza cuando pienso en el futuro de este centro benéfico: si con el volumen actual de beneficiarios no resulta sencillo el sostenimiento con la estructura de una junta que actúa desde su mejor voluntad pero sin recibir nada a cambio, ¿cómo se va a poder mantener eso si se aumentan tantas plazas? Sospecho que, a pesar de todo, las formas van a tener que cambiar, y las fórmulas tan hermosas de apoyo y de ayuda incondicional se tendrán que adaptar a fórmulas más profesionalizadas. Si ese cambio se hiciera necesario -yo lo veo inevitable-, habrá muchas personas ajenas al día a día de la casa que no lo entenderán fácilmente.
Mientras tanto, la vida y el bullicio tranquilo y diario siguen entre las paredes de la Residencia de El Buen Pastor, dejando pasar el tiempo, dejando correr la vida, viendo de cerca a la muerte, compartiendo ilusiones y fracasos, sosteniendo desilusiones y tristezas, acompañando a los que están más solos, y haciendo un guiño a la vida en su transcurrir diario. Ahí están cada día los ancianos, las gentes de estas tierras más cargadas de experiencia vital, los que se sientan y esperan, y, mientras esperan, nos miran con mirada perdida. Yo sé que están ahí cada día cuando paso. Buen reducto este para reflexionar sobre el paso del tiempo y sobre el sentido de la vida.
lunes, 14 de abril de 2008
domingo, 13 de abril de 2008
JESÚS CALDERA
Necesito decir unas palabras. He vuelto satisfecho de andar por esas tierras extremeñas pero también con algo de tristeza colgada en mi mochila. El rumor estaba muy extendido y se hizo noticia: Jesús Caldera deja el Gobierno. No he nacido en Béjar pero me siento bejarano. Aquí vivo, aquí he pasado casi toda mi vida, aquí han nacido mis hijos, aquí están mis raíces familiares, aquí he querido seguir trabajando a pesar de otras oportunidades, y el futuro me mira en estas tierras. Jamás he ocultado mis ideas de izquierdas, que exhibo con prudencia, tratando de respetar las de aquellos que opinan de otra forma, nunca he tenido una relación próxima a Jesús Caldera a pesar de la proximidad de militancia y de ideas. En fin, que lo que digo lo digo con distancia y sentimiento a la vez.
Renovarse en los cargos es algo que se encarna en la naturaleza de las cosas; por tanto, este cambio debería ser visto con prudencia, sin levantar la voz en demasía, como otras tantas cosas. Pero hay aquí evidencias que desentonan mucho y que hacen del hecho una noticia al menos no esperada. Jesús Caldera estuvo desde el primer momento en el lanzamiento político del actual Presidente del Gobierno, en aquella llamada “tercera vía”, ha sido siempre un peso pesado en el PSOE, él ha sido el coordinador de los dos últimos programas que han recogido la confianza de la mayoría de los españoles, y, sobre todo, por sus manos han pasado las leyes de mayor proyección social de los últimos cuatro años. Leyes como la Ley de Dependencia justifican -lo he afirmado en otras ocasiones- toda una legislatura. Pero es que a ella hay que sumar muchas más de intenso calado social y socialista. Como él decía con frecuencia, era el ministro de las personas, el que trataba los asuntos mirando a los ciudadanos como personas con necesidades y con valores. Sostengo que va a ser difícil volver a encontrar otro ministro con la trayectoria social de Jesús Caldera. Yo me siento orgulloso, muy orgulloso de ser su paisano y de pertenecer a una línea política e ideológica similar.
Béjar pierde también un gran apoyo y tal vez algunas realizaciones importantes. Ahí están las Premisas, la Casa del Buen Pastor, el parador y tantas otras obras en proyecto. Sinceramente, creo que Béjar no ha tratado demasiado bien a uno de los vecinos que más ha luchado por conseguir mejoras para la ciudad. Algo similar ha ocurrido en la provincia. Los medios de comunicación en general han sido sencillamente despiadados con él y no quiero leer ni oír los comentarios que pueden aparecer estos días. Así somos de agradecidos. Y todo ello sin contar con que un buen ministro socialista tiene que mirar para toda la colectividad y no para su patria chica, llevando la ayuda allí donde más se necesite.
En los tiempos que corren, no entiendo demasiado una plataforma política que consiste en presidir una fundación. Aunque tal vez sea la hora de reivindicar de nuevo la necesidad de una ideología como sustentadora de un ideal político y de un programa social y de gobierno. Ahí podrá echar el resto. Cabeza no le falta, espero que tampoco ganas. Los que reclamamos ideología por delante de todo podríamos estar un poco contentos. No estoy demasiado seguro de que la sociedad le haga mucho caso a las ideas. Ojalá se generen y consigan impacto.
Por mi parte, gracias por todos estos años, por entender que el hombre es algo más que pasta y que tantos por ciento, por desarrollar programas de incidencia social, por ser humano, no más, eso es bastante. Y a seguir practicando desde cualquier espacio y cualquier tiempo. Como tantas personas, como tantos paisanos anónimos y oscuros, ajenos a los medios, retirados del cauce de las voces, activos día y noche, al servicio de todo ser humano.
Gracias por todo.
Renovarse en los cargos es algo que se encarna en la naturaleza de las cosas; por tanto, este cambio debería ser visto con prudencia, sin levantar la voz en demasía, como otras tantas cosas. Pero hay aquí evidencias que desentonan mucho y que hacen del hecho una noticia al menos no esperada. Jesús Caldera estuvo desde el primer momento en el lanzamiento político del actual Presidente del Gobierno, en aquella llamada “tercera vía”, ha sido siempre un peso pesado en el PSOE, él ha sido el coordinador de los dos últimos programas que han recogido la confianza de la mayoría de los españoles, y, sobre todo, por sus manos han pasado las leyes de mayor proyección social de los últimos cuatro años. Leyes como la Ley de Dependencia justifican -lo he afirmado en otras ocasiones- toda una legislatura. Pero es que a ella hay que sumar muchas más de intenso calado social y socialista. Como él decía con frecuencia, era el ministro de las personas, el que trataba los asuntos mirando a los ciudadanos como personas con necesidades y con valores. Sostengo que va a ser difícil volver a encontrar otro ministro con la trayectoria social de Jesús Caldera. Yo me siento orgulloso, muy orgulloso de ser su paisano y de pertenecer a una línea política e ideológica similar.
Béjar pierde también un gran apoyo y tal vez algunas realizaciones importantes. Ahí están las Premisas, la Casa del Buen Pastor, el parador y tantas otras obras en proyecto. Sinceramente, creo que Béjar no ha tratado demasiado bien a uno de los vecinos que más ha luchado por conseguir mejoras para la ciudad. Algo similar ha ocurrido en la provincia. Los medios de comunicación en general han sido sencillamente despiadados con él y no quiero leer ni oír los comentarios que pueden aparecer estos días. Así somos de agradecidos. Y todo ello sin contar con que un buen ministro socialista tiene que mirar para toda la colectividad y no para su patria chica, llevando la ayuda allí donde más se necesite.
En los tiempos que corren, no entiendo demasiado una plataforma política que consiste en presidir una fundación. Aunque tal vez sea la hora de reivindicar de nuevo la necesidad de una ideología como sustentadora de un ideal político y de un programa social y de gobierno. Ahí podrá echar el resto. Cabeza no le falta, espero que tampoco ganas. Los que reclamamos ideología por delante de todo podríamos estar un poco contentos. No estoy demasiado seguro de que la sociedad le haga mucho caso a las ideas. Ojalá se generen y consigan impacto.
Por mi parte, gracias por todos estos años, por entender que el hombre es algo más que pasta y que tantos por ciento, por desarrollar programas de incidencia social, por ser humano, no más, eso es bastante. Y a seguir practicando desde cualquier espacio y cualquier tiempo. Como tantas personas, como tantos paisanos anónimos y oscuros, ajenos a los medios, retirados del cauce de las voces, activos día y noche, al servicio de todo ser humano.
Gracias por todo.
sábado, 12 de abril de 2008
OTRA VEZ EL AMBROZ
Necesito seguir metiendo imágenes en mi cabeza para que mis sentidos se repartan y no miren siempre al mismo horizonte. Hoy le ha tocado el turno al Valle del Ambroz. Con Jesús y Manolo, mis dos montañeros de cabecera, he emprendido el camino de la frontera entre Salamanca y Cáceres, bordeando el pantano de Navamuño, un poco más alto tras las intensas lluvias de estos últimos días, pero todavía bastante sediento y con el cazo dispuesto a recibir todo lo que le llegue. El azud lleva agua y seguirá creciendo, los regatos que bajan del Cancho de la Muela y de Peña Negra también dejan su líquido en la presa.
Pero la frontera entre valles está ahí mismo y enseguida llegamos en coche. Al otro lado se abre, extenso y amplio, el valle del Ambroz. Hay una carretera que se hunde durante doce kilómetros por lo hondo del valle, pero la visión desde lo alto resulta majestuosa. Hoy el aire está más limpio y parece que huele de otra manera. El cielo está azul y nítido. También "Dios está azul y anuncia ya su sol de primavera". El panorama que se dibuja tiene como cabecera la imponente masa del Pinajarro, allá en lo alto, como vigilando todo, como padre del valle, como aguilucho en el cielo. Las dos laderas cierran y abren paulatinamente el horizonte hasta dar lugar al pueblo de Hervás y a las llanuras de la alta Extremadura, entre las que destacan la presa de Baños y el majestuoso pantano de Gabriel y Galán. Lo demás ya es llanura y amplitud.
La primavera anda fragante, luminosa e intensamente verde. Aquí arriba es el gris el que destaca pues aún los robles empiezan a echar hojas. Pero enseguida se ofrecen los verdes más tiernos y algún blanco de la flor del cerezo. En cuanto se extiende la vista, verdes y más verdes, con una intensidad desconocida. Parecen las hojas niños asustados que abren los ojos por primera vez. En pocos días se harán fuertes y grandes, llenarán el paisaje, harán crecer los árboles, y darán fe certera del triunfo de la vida. Qué vista tan hermosa.
Pero los valles son para gozarlos, para anegarse en ellos, para meterse dentro de sus hoces y barrancos, para sentir el agua corriendo por gargantas y regatos. Y vaya que si lo hacemos. La nueva carretera (ha sido arreglada hace poco tiempo) nos permite contemplar el paisaje más despacio. Lo que antes eran apuntes de brotes en los altos robles empieza a ser ya frondosidad por todos los lugares. Los robles, los cerezos, los arces, los espinos albares, los primeros apuntes del castaño, los pinos sempiternos, las escobas cargadas de amarillos, los rosados brezos colgados de lo alto. Todo en fin es muestrario de firme primavera.
Ya bien andado el valle, una pista se aparta del asfalto y emprende una subida suave y hasta delicada. Alguien la ha bautizado -no sé si con mucho acierto- la pista Heidi. Por ella deslizamos nuestros pasos. Esta pista camina siempre a media ladera, con el Pinajarro echado encima de nosotros, las dos paredes del valle a los lados y el frente abierto y casi infinito. Los pueblos y los verdes intensos a los pies, las pedreras, los torrentes, el silencio que suena, la limpidez del aire, los restos de la nieve, el sonido de algunos altos pájaros que vuelan a su antojo, todo esto aquí en lo alto, lejos de las aceras y los coches, ajenos al bullicio y a las prisas.
Por aquí hemos echado la mañana, hemos perdido alegremente el tiempo, hemos mirado al cielo, hemos charlado, algo hemos arreglado las penas de este mundo. Yo, como en tantas mañanas, en el campo me siento más solo y más entero, más yo y menos la oscura circunstancia, un elemento más de tanta piedra, de tanto árbol tranquilo y solitario, un peregrino más que no controla ni el tiempo ni el espacio, pero que aquí se siente más tranquilo. No es poco, lo aseguro.
A la vuelta me entero de lo que ya sabía, o al menos presentía: Jesús Caldera sale del Gobierno. Escribiré ahora mismo unas palabras que alojaré en otro sitio. Mañana las dejaré en esta ventana.
Pero la frontera entre valles está ahí mismo y enseguida llegamos en coche. Al otro lado se abre, extenso y amplio, el valle del Ambroz. Hay una carretera que se hunde durante doce kilómetros por lo hondo del valle, pero la visión desde lo alto resulta majestuosa. Hoy el aire está más limpio y parece que huele de otra manera. El cielo está azul y nítido. También "Dios está azul y anuncia ya su sol de primavera". El panorama que se dibuja tiene como cabecera la imponente masa del Pinajarro, allá en lo alto, como vigilando todo, como padre del valle, como aguilucho en el cielo. Las dos laderas cierran y abren paulatinamente el horizonte hasta dar lugar al pueblo de Hervás y a las llanuras de la alta Extremadura, entre las que destacan la presa de Baños y el majestuoso pantano de Gabriel y Galán. Lo demás ya es llanura y amplitud.
La primavera anda fragante, luminosa e intensamente verde. Aquí arriba es el gris el que destaca pues aún los robles empiezan a echar hojas. Pero enseguida se ofrecen los verdes más tiernos y algún blanco de la flor del cerezo. En cuanto se extiende la vista, verdes y más verdes, con una intensidad desconocida. Parecen las hojas niños asustados que abren los ojos por primera vez. En pocos días se harán fuertes y grandes, llenarán el paisaje, harán crecer los árboles, y darán fe certera del triunfo de la vida. Qué vista tan hermosa.
Pero los valles son para gozarlos, para anegarse en ellos, para meterse dentro de sus hoces y barrancos, para sentir el agua corriendo por gargantas y regatos. Y vaya que si lo hacemos. La nueva carretera (ha sido arreglada hace poco tiempo) nos permite contemplar el paisaje más despacio. Lo que antes eran apuntes de brotes en los altos robles empieza a ser ya frondosidad por todos los lugares. Los robles, los cerezos, los arces, los espinos albares, los primeros apuntes del castaño, los pinos sempiternos, las escobas cargadas de amarillos, los rosados brezos colgados de lo alto. Todo en fin es muestrario de firme primavera.
Ya bien andado el valle, una pista se aparta del asfalto y emprende una subida suave y hasta delicada. Alguien la ha bautizado -no sé si con mucho acierto- la pista Heidi. Por ella deslizamos nuestros pasos. Esta pista camina siempre a media ladera, con el Pinajarro echado encima de nosotros, las dos paredes del valle a los lados y el frente abierto y casi infinito. Los pueblos y los verdes intensos a los pies, las pedreras, los torrentes, el silencio que suena, la limpidez del aire, los restos de la nieve, el sonido de algunos altos pájaros que vuelan a su antojo, todo esto aquí en lo alto, lejos de las aceras y los coches, ajenos al bullicio y a las prisas.
Por aquí hemos echado la mañana, hemos perdido alegremente el tiempo, hemos mirado al cielo, hemos charlado, algo hemos arreglado las penas de este mundo. Yo, como en tantas mañanas, en el campo me siento más solo y más entero, más yo y menos la oscura circunstancia, un elemento más de tanta piedra, de tanto árbol tranquilo y solitario, un peregrino más que no controla ni el tiempo ni el espacio, pero que aquí se siente más tranquilo. No es poco, lo aseguro.
A la vuelta me entero de lo que ya sabía, o al menos presentía: Jesús Caldera sale del Gobierno. Escribiré ahora mismo unas palabras que alojaré en otro sitio. Mañana las dejaré en esta ventana.
viernes, 11 de abril de 2008
TODOS RICOS
Este jodido mundo se articula en anhelos de amor y de justicia, pero siempre se anda lavando la cara con el jabón de la caridad. La practican los bancos cuando conceden préstamos, o eso les parece; la conceden las beatas el día de cualquier fiesta o en la misa de doce para salvar su conciencia; la realzan las mismas y los mismos cualquier jueves de Corpus con las mesas expuestas en las calles; la practican los dueños con alguna limosna a sus criados; la miran bien las fábricas con la cesta de marras en días de Navidades... En fin, es cosa seria para quien tiene pasta. Los otros, los de abajo, los que apenas vislumbran con sosiego los últimos días del mes apenas la practican. Son unos descreídos, no les alcanza el título del bien caritativo, practican con ahínco el egoísmo, hay que llamarlos muy seriamente al orden.
Fuera ya de coñitas, también en este asunto me confundo. Parece evidente que la caridad se practica como sustituto de la falta de justicia, pues un mundo en justicia no necesita de los caritativos. Hasta ahí todos de acuerdo. O casi. ¿Y mientras esto llega? ¿Qué hacemos esperando? Y un eterna pregunta: ¿Quién sabe articular esa justicia para que nada quede al albur de las conciencias? La ley es poca cosa, abarca solo parte de la vida, es pobre y desvalida, se deja mucho fuera de sus artículos, no hay forma de atrapar la realidad diaria. Y es ahí donde aparecen esos otros conceptos, peligrosos porque son la certeza de la desigualdad, pero acaso necesarios para seguir viviendo, aunque sea malamente y al amparo de atracones de mala conciencia que se aplaca con dádivas de la bolsa de sobras. Este juego perverso que defiende las desigualdades desde las capacidades diferentes de los seres, cuando no se parte de igualdad de oportunidades -y eso no se cumple nunca-, nos trae estas desdichas y estas dudas.
Por eso me resbala la caridad en la teoría pero la entiendo en la práctica, como actitud diaria, como signo de buena voluntad, como forma discreta de sustituir tantas desigualdades inmediatas, como disposición de ayuda,como forma de acallar la conciencia.
Y hay caridad con tintes económicos, pero también con tintes literarios, religiosos, sociales, de palabras. Una conversación ofrecida con buena voluntad a quien la necesita no es mala caridad. Y esto no está en las leyes, sí en los actos diarios de buena práctica. Y no hay que sacar pecho para hacerla. Hoy prefiero quedarme con esta variante de la caridad. Esta me sirve. Qué curioso que de esta liberalidad puede presumir también el pobre frente al rico. Quizá por eso aquel anónimo: "La caridad del pobre consiste en querer bien al rico". No para ser esclavo agradecido, por supuesto, sino para sentirse bien con uno mismo y para descubrir que entre todos podemos ofrecernos un buen intercambio caritativo. Porque hay ricos que no tienen más que dinero pero hay otros más ricos en un sin fin de cosas. Es hasta muy posible que todos seamos ricos.
Fuera ya de coñitas, también en este asunto me confundo. Parece evidente que la caridad se practica como sustituto de la falta de justicia, pues un mundo en justicia no necesita de los caritativos. Hasta ahí todos de acuerdo. O casi. ¿Y mientras esto llega? ¿Qué hacemos esperando? Y un eterna pregunta: ¿Quién sabe articular esa justicia para que nada quede al albur de las conciencias? La ley es poca cosa, abarca solo parte de la vida, es pobre y desvalida, se deja mucho fuera de sus artículos, no hay forma de atrapar la realidad diaria. Y es ahí donde aparecen esos otros conceptos, peligrosos porque son la certeza de la desigualdad, pero acaso necesarios para seguir viviendo, aunque sea malamente y al amparo de atracones de mala conciencia que se aplaca con dádivas de la bolsa de sobras. Este juego perverso que defiende las desigualdades desde las capacidades diferentes de los seres, cuando no se parte de igualdad de oportunidades -y eso no se cumple nunca-, nos trae estas desdichas y estas dudas.
Por eso me resbala la caridad en la teoría pero la entiendo en la práctica, como actitud diaria, como signo de buena voluntad, como forma discreta de sustituir tantas desigualdades inmediatas, como disposición de ayuda,como forma de acallar la conciencia.
Y hay caridad con tintes económicos, pero también con tintes literarios, religiosos, sociales, de palabras. Una conversación ofrecida con buena voluntad a quien la necesita no es mala caridad. Y esto no está en las leyes, sí en los actos diarios de buena práctica. Y no hay que sacar pecho para hacerla. Hoy prefiero quedarme con esta variante de la caridad. Esta me sirve. Qué curioso que de esta liberalidad puede presumir también el pobre frente al rico. Quizá por eso aquel anónimo: "La caridad del pobre consiste en querer bien al rico". No para ser esclavo agradecido, por supuesto, sino para sentirse bien con uno mismo y para descubrir que entre todos podemos ofrecernos un buen intercambio caritativo. Porque hay ricos que no tienen más que dinero pero hay otros más ricos en un sin fin de cosas. Es hasta muy posible que todos seamos ricos.
jueves, 10 de abril de 2008
¿!QUÉ CARA!?
Las prisas, los descuidos, la dejadez, me empujan a no detenerme demasiado delante del espejo. Pero es inevitable cada día, cuando salgo del sueño, me afeito y me preparo para el baño, ver cómo me devuelve el espejo mi cara y mi mirada. Los años se acumulan al otro lado de la frontera y se vuelven contra mí, llenando mi cabeza de consciencia. Me pregunto si seré como me veo; y, aun más, me pregunto si los demás me verán en mi cara como realmente soy. ¿Es acaso la cara el espejo del alma? Como en todos los campos, tengo dudas. Naturalmente preciso que alma se refiere a la forma de ser y a la conciencia. Sí parece evidente que es una de las primeras aproximaciones que hacemos a cualquier ser. Su cara y su mirada nos frenan o nos acogen, nos atraen o nos despiden con cajas destempladas.
Acaso es la mirada la que mejor refleja el estado de ánimo de un ser. Pero con mucho tiento, que la equivocación nos puede llevar a la confusión en cualquier momento. Hay ojos que te miran y te matan; hay ojos que te miran y te aman. Pero hay ojos que evitan la mirada por efecto inmediato de la timidez. Y hay caras y miradas que no pueden esconder nunca un estado de ánimo demasiado exaltado.
Hay seres que caminan cabizbajos, con la mirada al suelo, como buscando el alma de las cosas a ras de las baldosas; los hay con la mirada por montera, perdonando al de enfrente, o tal vez afrontando la vida como quiere manifestarse, sin complejos ni escudos, sencillamente al pairo de los días y de las horas.
Necesito un tratado que me oriente y me guíe. También aquí soy ciego, y quiero mi mirada y las miradas de los que me rodean. Las quiero limpias, claras, sin malicia por dentro ni por fuera, con buena voluntad y sosegadas, con la duda en la esquina y la ilusión en medio. Y con el iris alto, con todos los colores a destajo, que el aire tibio y sano de la buena voluntad se cuele por todas las ventanas, que una mirada indique el espacio abierto de todos los caminos, que no haya demasiados maquillajes que perturben la realidad interna de las cosas. Y quiero que me miren a la cara, con la ternura al hombro, con el cariño al frente. Si yo supiera qué me dice mi mirada...
Acaso es la mirada la que mejor refleja el estado de ánimo de un ser. Pero con mucho tiento, que la equivocación nos puede llevar a la confusión en cualquier momento. Hay ojos que te miran y te matan; hay ojos que te miran y te aman. Pero hay ojos que evitan la mirada por efecto inmediato de la timidez. Y hay caras y miradas que no pueden esconder nunca un estado de ánimo demasiado exaltado.
Hay seres que caminan cabizbajos, con la mirada al suelo, como buscando el alma de las cosas a ras de las baldosas; los hay con la mirada por montera, perdonando al de enfrente, o tal vez afrontando la vida como quiere manifestarse, sin complejos ni escudos, sencillamente al pairo de los días y de las horas.
Necesito un tratado que me oriente y me guíe. También aquí soy ciego, y quiero mi mirada y las miradas de los que me rodean. Las quiero limpias, claras, sin malicia por dentro ni por fuera, con buena voluntad y sosegadas, con la duda en la esquina y la ilusión en medio. Y con el iris alto, con todos los colores a destajo, que el aire tibio y sano de la buena voluntad se cuele por todas las ventanas, que una mirada indique el espacio abierto de todos los caminos, que no haya demasiados maquillajes que perturben la realidad interna de las cosas. Y quiero que me miren a la cara, con la ternura al hombro, con el cariño al frente. Si yo supiera qué me dice mi mirada...
miércoles, 9 de abril de 2008
TARDE DE MÚSICA
Hay días cargados de lluvia (ya era hora); hay días cargados de sol; hay días cargados de risas, de llanto y de sal, y hay días cargados de música.
En los últimos días han llegado a mis manos discos con buena música, discos que dormían en la colección de Monolo Casadiego y que ha tenido a bien trasladarlos hasta mi casa para que yo los oiga, los reproduzca y haga con ellos lo que quiera. Gracias, amigo. Hay discos, deuvedés y muchas notas dulces en sus surcos. Hasta once cedés componen solo la colección "Il Giardino Armonico". Y aquí hay música de Bach, Biber, Corelli, Locke, Monteverdi, Rossi o Vivaldi, Uccellini, Rognoni, Piccinini, Torelli y muchos más. Dicen que la música amansa a las fieras. Yo no estoy precisamente hecho un fiera. Pero también la música anima el corazón y le da empuje, lo saca de la niebla y lo sitúa a la luz del sol y le da viento. Con ella "el alma se serena / y viste de hermosura y luz no usada...", y a su amparo se mezclan las imágenes y se armoniza el tiempo,se olvidan otros hechos que perturban la paz.
De modo que aprovecho y me anego con ella, me divierto con Bach interpretado al modo brasileño, con la maravillosa voz de Cecilia Bartoli, o con los pianistas Rosa Savater, Federico Mompou o Esteban Sánchez.
Fuera cae la lluvia, la gente tiene prisas y se enfada, el mundo es contemplado por muy diversos ojos, hasta el punto de hacerse tantos mundos como pares de ojos, y la naturaleza grita su angustia por la vida en estos días de primavera. Qué torbellino es todo, qué cantidad de savia saturando el misterio de la vida. Si en realidad supiéramos encauzar con cabeza tanta energía. O acaso sin cabeza; tan solo con la aguja certera del sentido común y la materia blanda de la buena voluntad.
Hay que vivir, vivir, vivir, y, mientras queda un resquicio de vida, seguir viviendo. Si yo supiera hacerlo con potencia...
Hoy recuerdo este breve poema de hace tiempo:
Amanecer, nacer, amar.
Anochecer, morir, seguir amando.
En los últimos días han llegado a mis manos discos con buena música, discos que dormían en la colección de Monolo Casadiego y que ha tenido a bien trasladarlos hasta mi casa para que yo los oiga, los reproduzca y haga con ellos lo que quiera. Gracias, amigo. Hay discos, deuvedés y muchas notas dulces en sus surcos. Hasta once cedés componen solo la colección "Il Giardino Armonico". Y aquí hay música de Bach, Biber, Corelli, Locke, Monteverdi, Rossi o Vivaldi, Uccellini, Rognoni, Piccinini, Torelli y muchos más. Dicen que la música amansa a las fieras. Yo no estoy precisamente hecho un fiera. Pero también la música anima el corazón y le da empuje, lo saca de la niebla y lo sitúa a la luz del sol y le da viento. Con ella "el alma se serena / y viste de hermosura y luz no usada...", y a su amparo se mezclan las imágenes y se armoniza el tiempo,se olvidan otros hechos que perturban la paz.
De modo que aprovecho y me anego con ella, me divierto con Bach interpretado al modo brasileño, con la maravillosa voz de Cecilia Bartoli, o con los pianistas Rosa Savater, Federico Mompou o Esteban Sánchez.
Fuera cae la lluvia, la gente tiene prisas y se enfada, el mundo es contemplado por muy diversos ojos, hasta el punto de hacerse tantos mundos como pares de ojos, y la naturaleza grita su angustia por la vida en estos días de primavera. Qué torbellino es todo, qué cantidad de savia saturando el misterio de la vida. Si en realidad supiéramos encauzar con cabeza tanta energía. O acaso sin cabeza; tan solo con la aguja certera del sentido común y la materia blanda de la buena voluntad.
Hay que vivir, vivir, vivir, y, mientras queda un resquicio de vida, seguir viviendo. Si yo supiera hacerlo con potencia...
Hoy recuerdo este breve poema de hace tiempo:
Amanecer, nacer, amar.
Anochecer, morir, seguir amando.
martes, 8 de abril de 2008
RETRATO EN NEGRO
La cultura grande, aquella que afecta a todos y que vamos conformando entre todos, nos marca de una manera casi indeleble y va articulando en nosotros una escala de valores que se nos mete en lo más profundo y que actúa luego como sin censura, como si se tratara de algo de ley natural. A ello se ajustan luego los comportamientos y no hay manera de cambiarlos. Ni siquiera, en muchas ocasiones, por los sujetos más concernidos, aunque sean tratados peor que mal. Se podrían poner mil ejemplos, pero hoy me quedo con el que afecta a la consideración histórica de las mujeres.
Releo estos días con mis alumnos La Celestina, obra que almacena casi todo, que se desborda por todas partes, que enseña como casi nadie, y me encuentro perlas tan sucias como la siguiente (se refiere a la naturaleza de las mujeres, Auto 1): "...muchas hubo y hay santas y virtuosas y notables, cuya resplandeciente corona quita el general vituperio. Pero de estas otras, ¿quién te contaría sus mentiras, sus tráfagos, sus cambios, su liviandad, sus lagrimillas, sus alteraciones, sus osadías? Que todo lo que piensan osan sin deliberar. ¿Sus disimulaciones, su lengua, su engaño, su olvido, su desamor, su ingratitud, su inconstancia, su testimoniar, su negar, su revolver, su presunción, su vanagloria, su abatimiento, su locura, su desdén, su soberbia, su sujeción, su parlería, su golosina, su lujuria y suciedad, su miedo, su atrevimiento, sus hechicerías, sus embaimientos, sus escarnios, su deslenguamiento, su desvergüenza, su alcahuetería? Considera !qué sesito está debajo de aquellas grandes y delgadas tocas, qué pensamientos so aquellas gorgueras, so aquel fausto, so aquellas largas y autorizantes ropas, que imperfección, qué albañares debajo de templos pintados!"
Y eso que esta obra rompe ya definitivamente la Edad Media y se sitúa en el umbral del Ranacimiento. Con asuntos como este, de muy poco sirve eso de la estructura, de los actos, de comedia o tragicomedia, de los diálogos, del léxico o del sursum corda. Han pasado cinco siglos desde entonces. Es tiempo. Habría que ver en qué medida han cambiado las valoraciones y quién ha contribuido a que esto se haya producido. Tengo para mí que nos encontraríamos alguna sorpresa negativa en el análisis. Cualquier día volveré sobre ello.
Releo estos días con mis alumnos La Celestina, obra que almacena casi todo, que se desborda por todas partes, que enseña como casi nadie, y me encuentro perlas tan sucias como la siguiente (se refiere a la naturaleza de las mujeres, Auto 1): "...muchas hubo y hay santas y virtuosas y notables, cuya resplandeciente corona quita el general vituperio. Pero de estas otras, ¿quién te contaría sus mentiras, sus tráfagos, sus cambios, su liviandad, sus lagrimillas, sus alteraciones, sus osadías? Que todo lo que piensan osan sin deliberar. ¿Sus disimulaciones, su lengua, su engaño, su olvido, su desamor, su ingratitud, su inconstancia, su testimoniar, su negar, su revolver, su presunción, su vanagloria, su abatimiento, su locura, su desdén, su soberbia, su sujeción, su parlería, su golosina, su lujuria y suciedad, su miedo, su atrevimiento, sus hechicerías, sus embaimientos, sus escarnios, su deslenguamiento, su desvergüenza, su alcahuetería? Considera !qué sesito está debajo de aquellas grandes y delgadas tocas, qué pensamientos so aquellas gorgueras, so aquel fausto, so aquellas largas y autorizantes ropas, que imperfección, qué albañares debajo de templos pintados!"
Y eso que esta obra rompe ya definitivamente la Edad Media y se sitúa en el umbral del Ranacimiento. Con asuntos como este, de muy poco sirve eso de la estructura, de los actos, de comedia o tragicomedia, de los diálogos, del léxico o del sursum corda. Han pasado cinco siglos desde entonces. Es tiempo. Habría que ver en qué medida han cambiado las valoraciones y quién ha contribuido a que esto se haya producido. Tengo para mí que nos encontraríamos alguna sorpresa negativa en el análisis. Cualquier día volveré sobre ello.
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