lunes, 7 de abril de 2008

EL ÚLTIMO PELLIZCO

Cualquiera que se ponga a escribir, a juntar palabras ordenadamente, con alguna voluntad de estilo y con el último e íntimo deseo de producir en sí mismo o en el otro un estremecimiento, está aprendiendo el camino del artista. Son tres los elementos que configuran el arte de la palabra: el propio uso de la palabra como herramienta, su ordenamiento de una forma especial y misteriosa que no hay quien la defina porque entonces desaparece el arte y se abre la fábrica de porcelanas todas iguales, y el pellizco emocional al que siempre se aspira en el receptor y en el propio creador. Ahí está todo el mundo del arte, también el arte de la palabra. El primer elemento es obvio y mostrenco, no necesita ninguna explicación, como tampoco necesita el músico acreditar que utiliza las notas musicales para componer. Es básico el segundo y a la vez muy complejo. ¿Cuál es el orden bueno, el fetén y el acertado? Aquí vienen los llantos y las diferencias. El arsenal retórico es inmenso pero a veces se reduce por la falta de su conocimiento, y a veces se amplifica en un retorcimiento exagerado. ¿Cuál es el punto medio? ¿Dónde poner el límite? Luego vienen los gustos, y lo que para uno es adecuado para el otro resulta remilgado, y lo que para una tendencia es ajustado, para otra resulta materia desechable. No hay modelo unificador; por eso las disputas, las falsas disputas pues todas las variables seguramente son buenas si el que las sostiene sabe sostenerlas con lógica y continuidad. Ahí radica la clave de esto de las tendencias y de los estilos. Y de las variables, y de los premios, y de las clasificaciones, y de las ventas, y de… y del mundo de la creación literaria y de la escritura en general, ese espacio infinito en el que caben Góngora y el realismo sucio, el nivel más coloquial y la sinfonía retórica más desatada.
Y, con ser este segundo elemento fundamental, es el tercero el que da la nota final a la creación. Nadie sabe muy bien por qué caminos se llega, pero todo el mundo reconoce que hay que llegar al lugar de la emoción, al abrevadero en el que uno bebe y se queda contemplando las imágenes, tocado en el espíritu y con una sensación extraña que puede ser tanto positiva como negativa. Cuando es positiva, el fin está logrado; cuando es negativa, también se ha conseguido el final del camino, aunque no con los resultados deseados.
¿En qué manera tiene que ser consciente el creador de este proceso? ¿Y el lector y el oyente? Acaso no del todo, pero el proceso está ahí, rascando en la mente y en los sentidos de todos nosotros.
Parece una lección elemental de introducción en el arte. No me está mal recordármelo.

domingo, 6 de abril de 2008

DOY FE DE ELLO

Hoy todo lo han llenado la luz de Gredos y mis paseos por su geografía. El Puerto del Pico y su Calzada Romana, la Villas, con Mombeltrán como cabecera y su castillo en medio, Hoyos del Espino, con el Almanzor al fondo, y toda la serranía como barco flotante en el azul de los cielos. El Puerto del Pico viene a certificar la dificultad de paso entre la meseta inferior y la superior en todo este occidente de España. Puerto del Pico, Tornavacas y Calzada de la Plata, por aquí, por las tierras bejaranas, son los únicos resquicios que permiten angostamente el paso entre una zona y la otra. Por eso la acidez de los caminos, su permanencia a lo largo de los siglos, y la incomunicación entre seres tan próximos geográficamente. Bienvenidas sean las nuevas vías, aunque estén tan ridículamente llenas de moteros como estas.
En Hoyos del Espino tengo un poco de tiempo para sentir la hermosura de la casualidad. Por la estrecha carretera veo caminar con firmeza a un anciano. Me acerco, lo saludo y lo invito a que suba a la acera y se aleje del medio de la vía. "No, me dice, me guío por las rayas blancas y además no tengo que subir ni bajar". Lo miro y me sorprende su aspecto. Pregunto por su edad. "Cuántos me echa?". "Ochenta y cinco". "Pronto voy a cumplir los ciento cuatro". Me paro y lo saludo, lo felicito y vuelvo a mirarlo sorprendido. Va él solo hasta el bar a pasar un rato con "los suyos". Camina bien erguido y pega bien la hebra. "Yo he ido muchas veces a Béjar". Y se arranca a cantar la primera estrofa de la Bejarana. Yo ya no sé qué decir al comprobar la firmeza de su memoria. "¿Cómo se llama?" "Julio Chamorro" "Y dígale a cualquier montañero bejarano que presuma de haber subido muchas veces al Almanzor que no habrá subido ni la mitad de las veces que lo he hecho yo". Lo acompaño gozoso hasta la puerta del bar. Parece que el tiempo lo tiene congelado y que la muerte se ha olvidado de él. Yo me pido otro tanto para mí. Qué planta, qué memoria, qué autonomía. En el altar de Gredos, en el fresco de Hoyos del Espino, Julio Chamorro lleva a cuestas sus ciento cuatro años con una dignidad a prueba de bomba. Yo anduve hoy por las sierras y los aires, me cansé y bebí el agua de sus nieves, quedé cansado y alegre. Aquí doy fe de ello. Hasta mañana.

sábado, 5 de abril de 2008

UNA DE RELATIVISMO

Cada día me confirmo más en la idea de que todo es comparativo y de que nada se puede definir sin la presencia de otros elementos con los que ser comparado el concepto. Me vale para la justicia, para el deporte, para la enseñanza, para la religión, para la economía..., para la vida en general. Por eso resulta tan importante abrir los ojos, extender la vista y hacerla panorámica, detenerse un momento a contar y a percibir otros fenómenos, escuchar lo que viene de fuera, no encerrarse demasiado en uno mismo, sentir otros sentidos, notar el latido de otras personas, hacer más relativo lo que ya es relativo. ¿Hay algo absoluto por algún sitio? Y, si lo hubiera, el ser humano, por comparación, ¿no debe situarse en la relatividad de sus acciones y de sus conocimientos? ¿Hasta dónde puede llegar en sus comprensiones?, ¿cuál es el cuajarón de las cosas que relamente percibe?, ¿cuál es la última capa de la cebolla que sabe salada?, ¿hay más capas debajo de esa? No sé si realmente importa porque lo que realmente se percibe es que no todos llegamos a degustar de la misma manera.
No llevo buenos días por razones que no importan al caso. Hoy he sentido la necesidad de llamarme a mí mismo la atención por comparación con algún amigo que está pasando peores ratos. En un momento me he sentido privilegiado y sin derechos para bajar el tono de mi ánimo, con la obligación de hacerle un guiño cómplice a la vida y de decirme, colega, qué suerte tienes.
No hay nada, pues, que roce en lo absoluto, al menos de esas tres o cuatro cosillas que controla el ser humano; somos nosotros mismos los que las hacemos enormes o pequeñas según nuestro carácter, según nuestras escalas de valores. A veces la sonrisa se nos va de la boca, se nos tuerce inútilmente el gesto y parecemos verdaderas almas en pena.
Yo no soy buen ejemplo para el caso. Tampoco para el resto de las cosas. Habrá que andar al quite, echarse la sonrisa por montera y gozar de la vida. Hoy son solo propósitos, mañana ya veremos.
Y esta mañana a salto por los montes. El Cancho de la Muela y sus veredas, con todo el valle del Ambroz al fondo. Esto sí que bordea lo absoluto.

viernes, 4 de abril de 2008

OTAN-NATO-NOTA-TANO

Mientras se van marcando los seriales del fútbol, la canción y la política, mientras camina el tiempo hacia ninguna parte, mientras pasan los días con claros altibajos, se reúne la OTAN en Bucarest, en un palacio inmenso, alzado a mayor gloria de Ceaucescu. Tiene huevos la cosa. No sé cuántos jefes de gobierno, presidentes al uso, mandamases, ministros, ministrillos, consejeros, delegaciones plenas, traductores, subsecretarios y otros, todos en un espacio defendido por miles de sesudos policías, que guardan el espacio cual si de un ara pacis se tratara. Ni un simple caminante se puede pasear por esos pagos. Todo es desconfianza, sospecha y malas caras, camina y tente tieso. Los altos mandatarios se reúnen en cenas y cenáculos, hablan de muchas cosas, se confabulan todos para guardar con celo sus países de no sé qué invasores, se preparan con fe para la guerra, por si acaso es preciso alzarse en armas. Siempre viendo enemigos y contrarios, y siempre sospechando lo malvado. En estos contubernios se gastan lo que no está en los escritos, descerrajan las cajas de las perras, alteran presupuestos, se convierten en duros centinelas de la paz en el mundo, de una paz exigida a golpe de armas, blindada con paraguas nucleares, asustando a cualquiera en todas partes, haciendo bueno el dicho “si vis pacem, para bellum”, asustando a los hombres que no entienden ni jota.
Porque a la vez se extiende la sequía, el paro sube y el trabajo baja, anuncian tiempos malos para el asunto de la economía, la primavera viene, el sol se apropia en pleno de las horas, la sed es compañera de muchas latitudes, todo el mundo se aplica a conseguir trocitos de poder, los alumnos se aplican o se desaplican, los ancianos se mueren y los niños van probando la vida, los medios siguen siempre pertinaces en levantarnos héroes para luego tirarlos mientras venden anuncios, mismamente la gente sale al aire, se ama y se desprecia, las flores se apoderan de los prados, las cigüeñas -sigo muy bien sus pasos- se asientan en sus nidos, la ciencia no descansa, tampoco el dogmatismo, hay gentes que se apuran para llegar acaso a fin de mes, comercios, mercadillos, personas que se juntan y se hablan, dolor, placer, amor, vida diaria… Tanto por cada calle y cada esquina…
Y estos julais rompiéndose lo sesos por ver cómo se mata más deprisa. Ámense un poco, coño, que el mundo es más hermoso con buenas voluntades que con armas al hombro, gilipollas.

jueves, 3 de abril de 2008

TABULA RASA

No es fácil dar un corte en el tronco de un árbol porque el árbol sufre, no es sencillo cortar la circulación de una calle porque los vehículos se despistan, no es conveniente interrumpir una sonrisa ni un llanto porque son el desahogo natural de cualquier sentimiento. Quiero decir, coño, que la vida en una línea recta o curva o quebrada pero continua y sin solución de continuidad. Todo se resuelve desde el pasado; sin él no se explica nada. Somos lo que hemos vivido, lo que hemos comido, lo que hemos aprendido, lo que hemos rechazado, lo que hemos incorporado. Somos un proyecto inacabado siempre que echa un ojo hacia atrás y otro hacia adelante.
Pero me pregunto si no sería necesario y hasta conveniente hacer tabula rasa en algún apartado del camino, deshacer las correas que nos atan, cortar las cuerdas que nos sujetan, olvidarse de todo lo pasado. Lo pienso y lo propongo sobre todo para los malos rollos, para tantos malos entendidos que se van fraguando al amparo de la falta de comunicación, de la interpretación aviesa y retorcida de tantas tonterías, de tantos castillos en el aire como se levantan mientras reina la oscuridad y se oculta la palabra serena y meditada, trabada y lenta. Cuántas veces he hecho mundos de donde apenas se podía sacar sustancia. Cuántas veces me los han creado a mí. Cuántas veces los malos entendidos que se solucionan con un vaso de vino y unas palabras lentas y tranquilas.
No siempre es tan sencillo olvidarse de tanto sobresalto. A veces la madeja se lía y se relía con ahínco, como tela de Ariadna, y se arma un laberinto que no hay por dónde darle luz en positivo.
Suplico para mí un poco de fuerza para sentarme a veces y medirme, soltarme las amarras, olvidarme de todo, tener por verdadero aquello de pelillos a la mar, empezar desde cero, dar rienda suelta a todo el sentimiento y sentir que es mejor una mano tendida y un abrazo que cualquier mal rollete, que cualquier mal infundio, que una mala interpretación de lo que no fue nada. Y la súplica alcanza para aquellos que limitan mi vida, que tienen algún trato con mis cosas, que pueden arañar mis sentimientos y causarme dolor. Creo que ya he descubierto hace bastante tiempo que no hay nada que explique una malicia, que solo es necesario lo que produzca bien, que, sin los dos pilares del sentido común y la buena voluntad, nada sigue adelante en tono razonable. "Quien lo probó lo sabe". Bien sé por qué lo digo tantas veces.

miércoles, 2 de abril de 2008

SENTIRSE MÁS EL AIRE

Otro día bueno bueno, de los de la incipiente primavera pero con sol y un poco de calor. ¿Cómo se produce este milagro de la explosión de las flores y de las hojas? Los árboles respiran como respiro yo, beben la misma agua y se alimentan del mismo aire. ¿Tendría yo que renacer también en primavera? ¿Cuáles son en mí las flores y las hojas? La naturaleza se hace más densa, todo parece que aumenta de tamaño, el propio aire se deja tocar y manosear, como si se hubiera insuflado aire dentro del mismo aire, lo que antes era un árbol pelado se cubre de pieles, se adorna de vestidos, se pone de mudanza y hasta hace crecer la altura de la tierra. Contemplar un árbol es contemplar con él a todo el bosque, fijarse en sus brotes resulta una mirada para todo el espacio. El hombre está empeñado en reñir con la razón y con la lógica. Todo pide mirar en estos días, salir hacia las calles y los montes, no regresar a casa hasta la noche, sentirse más el aire, el fuego, el agua, la tierra con su hermosa primavera. Y no hay tal. Todos vamos deprisa, acelerados, con deberes encima del cogote. También yo tengo prisa en estas fechas, no sé mirar con calma y con sosiego, miro más mis heridas que este regalo hermoso de los días. Tengo que hacer examen de conciencia.
Esta mañana, en mi paseo matinal hacia mi centro de trabajo, he visto en una acera un pájaro tendido y muerto. Me pregunto por qué se fue en estos primeros días de buena primavera. Allí estaba tendido, asustadillo, como pidiendo perdón por haber muerto. Lo miré, miré al cielo, el sol aún no era cierto, y seguí mi camino.
Alguien lo habrá cogido y lo habrá dejado en la basura: cuando he vuelto la acera estaba vacía. También en primavera mueren seres contra el criterio alegre de la vida.

martes, 1 de abril de 2008

UN PRECISO EQUILIBRIO

La eterna realidad tiene mil caras, mil momentos, mil seres, mil caricias, mil manotazos burdos, mil arrugas, mil pecas y mil espejos en que mirarse todos. Y en ese mundo andamos cada tarde. Entregarse en sus brazos, en los dulces arrullos de la naturaleza, no siempre es buena cosa, porque nos deja huérfanos de nosotros mismos, porque nos zarandea a su manera, porque nada podemos en esa oferta nuestra.
Tengo para mí que el ser humano se mueve con dos patas. Una tiene que ver con el dominio que tiene de las cosas, con el control que tiene de su cuerpo, con sus fuerzas físicas, con la autonomía que pueda sesarrollar, con su mecánica biológica. La otra tiene que ver con la inteligencia, con la percepción, con el sentimiento que le sugieren los otros seres y las otras cosas, con la relación que traba con ellos.
Se hace absolutamente necesaria una relación estrecha, una coordinación adecuada entre la dos facultades, la mental y la física, la mecánica y la intelectual, para una vida sana y positiva. Y creo que se cumple en el discurrir normal de la vida. Salvo, ay, en el último tramo. Llega un momento en el que el ser humano se descompensa y pierde el equilibrio, o por defecto físico o por defecto mental. Es el momento en el que empieza la necesidad de la ayuda, de la presencia física, de la compensación.
Sostengo que no es lo mismo el desequilibrio en un sentido que en el otro. Cuando un ser humano mantiene por encima de su desequilibrio físico la capacidad mental, el dolor está garantizado; cuando lo que se resquebraja más es la salud mental, entonces el ser sufre menos pues su consciencia es menor y "no se entera". Serán tal vez sus cuidadores los que tendrán que prestar más esfuerzo, pero no el ser que ha enfermado, que decae, que pierde sus potencias.
Suscita reflexión, en todo caso, ver cómo se resienten las naturalezas, cómo llegan a un punto en el que todo pierde pie y nada se sostiene con mínimas fuerzas, con dignidad humana, con razón de existir. La razón piede apoyo y se derrumba cuando quiere explicar tales contextos. Solo son otras fuerzas las que dan resistencia, las que empujan un poco, las que no desalientan definitivamente.
Yo quisiera marcharme con escasa conciencia -tengo miedo al dolor-, me gustaría saberme sencillo y sin mostrar mis resistencias a entregarme a lo que esté dispuesto en la naturaleza, mejor un poco menos que un exceso penoso, siempre una horita corta mejor que una larga enfermedad. Son solo mis deseos, que no quiero imponer a los demás.
En fin, ¿por qué estas cosas en un día de sol y de primavera?